El tepezcohuite saltó a la fama en México en una fecha concreta: septiembre de 1985. Tras el terremoto de la capital, y antes de eso tras la explosión de San Juan Ixhuatepec en 1984, el polvo de corteza de este árbol se empleó de forma masiva sobre quemaduras y heridas, y de ahí pasó a la prensa, a las farmacias y después a la cosmética. Casi todo lo que se escribe hoy sobre la planta arranca de aquel episodio.

La planta es Mimosa tenuiflora (Willd.) Poir., una leguminosa arbórea de 3 a 8 metros que crece desde Chiapas y Oaxaca hasta el nordeste de Brasil, donde se llama jurema preta. Es un árbol pionero, espinoso, de crecimiento vertiginoso y capaz de colonizar terrenos que ninguna otra especie leñosa tolera. Su corteza tiene una composición interesante y una tradición de uso larga; sobre lo que esa tradición demuestra, y sobre lo que no, hay que ser preciso, y a eso dedicamos la segunda mitad del artículo.

Tepezcohuite, Mimosa tenuiflora, con sus hojas bipinnadas y espigas de flores blancas

Cómo se reconoce el árbol

Porte de arbolillo o arbusto grande, con copa abierta y ramas armadas de aguijones cortos y curvos, más abundantes en las ramas jóvenes. La corteza del tronco es parda, fibrosa y se desprende en tiras longitudinales; por dentro es rojiza, y ese color rojo al descubierto es un buen indicio de identificación.

La hoja es bipinnada y extraordinariamente fina: cada hoja se divide en cuatro a nueve pares de pinnas, y cada pinna en quince a treinta pares de folíolos diminutos de unos 3 milímetros. El conjunto da una textura plumosa que deja pasar la luz, un rasgo típico de todo el grupo mimosoide.

Las flores son blancas o crema, sin pétalos llamativos, agrupadas en espigas cilíndricas de 4 a 8 centímetros. Lo que se ve es un cepillo de estambres, porque en este grupo la corola es minúscula y todo el efecto visual lo aportan los filamentos. Son fragantes y muy visitadas por abejas; en Brasil se aprovecha para producir miel. La floración va de noviembre a abril en su área natural.

Lo que aporta ser una leguminosa

Las Fabaceae rondan las 19.500 especies y son la tercera familia de plantas con flor en número de especies, presente en todos los climas del planeta. Comparten unos cuantos rasgos que explican buena parte del comportamiento del tepezcohuite.

El fruto. Toda la familia produce legumbres, frutos secos formados por un solo carpelo que se abre por dos suturas. El grupo mimosoide, al que pertenece este árbol, tiene una variante particular llamada craspedio: la vaina se rompe en segmentos transversales, cada uno con una semilla, y queda colgando en la rama el marco de la vaina, como el bastidor vacío de un cuadro. Es una imagen muy reconocible en las mimosas y acacias.

Los nódulos y el nitrógeno. Las raíces se asocian con bacterias fijadoras que capturan nitrógeno atmosférico y lo ceden a la planta a cambio de azúcares, formando nódulos visibles a simple vista. Esta capacidad es lo que permite a una leguminosa instalarse en suelos sin materia orgánica. Un matiz que hace especial a este género: mientras la mayoría de las leguminosas se asocian con rizobios del grupo alfa, muchas Mimosa están noduladas por bacterias del género Paraburkholderia, del grupo beta, un descubrimiento relativamente reciente que cambió la idea que se tenía sobre quién fija nitrógeno con quién.

El pulvínulo. En la base de cada folíolo hay un engrosamiento de células que puede cambiar de turgencia y mover la hoja. Es el mecanismo que permite a las leguminosas plegar los folíolos de noche, y el que en la mimosa sensitiva se dispara al mínimo roce; puedes verlo en mimosa pudica. El tepezcohuite pliega sus folíolos al anochecer y con calor extremo, aunque no reacciona al tacto.

Conviene añadir una precisión taxonómica que se encuentra desactualizada en casi todas partes: la antigua subfamilia Mimosoideae ya no existe como tal. Desde la reclasificación de 2017 forma un clado dentro de las Caesalpinioideae, de modo que hoy un tepezcohuite es formalmente una cesalpiniácea con flores mimosoides.

Un árbol que crece sobre suelo arrasado

El tepezcohuite ocupa el nicho de especie pionera con una eficacia que asombra. Coloniza desmontes, campos abandonados, terrenos erosionados y bordes de camino, y allí donde entra forma masas densas en pocos años. Se han medido crecimientos de cuatro o cinco metros en un lustro.

Su resistencia al fuego es parte del asunto: rebrota desde la base y desde raíces superficiales después de un incendio, y sus semillas, de cubierta dura, sobreviven en el suelo y se benefician del calor. En la caatinga brasileña es la especie leñosa dominante de las zonas degradadas y la principal fuente de leña y carbón vegetal de la región, con una madera densa y de alto poder calorífico que además resiste bien a las termitas.

Esa misma facilidad tiene su reverso. Fuera de su área natural, la especie se comporta como invasora, y hay que valorarlo antes de plantarla: produce semilla abundante, rebrota de cepa y forma matorrales impenetrables. En un clima que le convenga, plantarla junto a un espacio natural no es buena idea.

¿Se puede cultivar en España?

En una parte del país, sí. Es un árbol de clima tropical seco y subtropical, con un rango de tolerancia razonable al frío una vez adulto: aguanta heladas breves de hasta 2 o 3 grados bajo cero perdiendo hoja y rebrotando después, mientras que los ejemplares jóvenes se pierden con la primera helada.

Eso lo sitúa como planta de exterior viable en Canarias, en la costa de Almería, Málaga y Murcia, y en zonas resguardadas del litoral alicantino. En el resto de la Península, solo en maceta grande con invernada en un local luminoso por encima de 8 grados, sabiendo que su tamaño natural lo convierte en un huésped incómodo.

Lo que exige es sol pleno y suelo que drene. Prospera en terrenos pobres, pedregosos, arenosos y con pH de neutro a ligeramente ácido; los suelos muy calizos le producen clorosis. Su tolerancia a la sequía, una vez establecido, es alta, y su tolerancia al encharcamiento es nula: en suelo pesado y regado en invierno se pudre la raíz.

Semillas: la escarificación no es opcional

La semilla tiene una cubierta impermeable que, sin tratamiento previo, puede quedar años sin germinar. Hay dos formas habituales de romper esa impermeabilidad: lijar suavemente un costado de la semilla con papel de lija fino hasta que asome el color claro del interior, o sumergirla en agua a unos 80 grados dejándola enfriar dentro durante veinticuatro horas. Las semillas viables se hinchan visiblemente; las que siguen del mismo tamaño al día siguiente no van a germinar.

Se siembran a un centímetro de profundidad en sustrato arenoso, a 25-30 grados, y emergen entre siete y veinte días después. El crecimiento inicial es rápido, con una raíz pivotante que baja enseguida, así que conviene usar contenedores altos o macetas forestales desde el principio y trasplantar antes del año.

Los esquejes semileñosos también enraízan, con hormona y calor de fondo, aunque con menos fiabilidad que la semilla.

Riego, poda y lo que lo mata

Durante el primer año se riega para asentarlo, dejando secar bien entre riegos. A partir del segundo año, en clima mediterráneo costero, se puede dejar prácticamente sin riego salvo en veranos extremos. El exceso de agua produce crecimiento blando y ramas que se parten.

La poda se hace a finales de invierno y consiste sobre todo en definir un tronco si se quiere porte de árbol, porque de forma natural tiende a ramificar desde abajo. Tolera podas severas y rebrota con fuerza, algo que en su tierra se aprovecha para explotarlo por rotación como monte bajo. Al podar, guantes gruesos: los aguijones son pequeños y se clavan.

Lo que sí lo mata es el frío prolongado, el encharcamiento invernal y el trasplante mal hecho de un ejemplar ya crecido, por la raíz pivotante.

Qué contiene la corteza

Los análisis de la corteza del tronco describen un contenido alto en taninos condensados, que puede rondar el 16 por ciento del peso seco, junto a saponinas, flavonoides, esteroles vegetales, lípidos y azúcares como la xilosa. Los taninos son astringentes y tienen actividad antimicrobiana demostrada in vitro, y son también los responsables del uso de esta corteza como colorante natural, que tiñe en tonos pardos y violáceos.

La corteza de la raíz es otra cosa y contiene además alcaloides triptamínicos en cantidades apreciables, entre ellos la N,N-dimetiltriptamina. Esa sustancia está sometida a fiscalización en España y en la práctica totalidad de la Unión Europea, así como su obtención a partir de material vegetal. No hay más que decir al respecto, más allá de que quien compre corteza en polvo por internet debería saber qué está manejando.

Tradición, cosmética y evidencia

El uso tradicional sobre quemaduras, heridas y úlceras cutáneas está documentado en Chiapas y en el nordeste brasileño desde antes de la fama mediática de los años ochenta, y la explicación farmacológica plausible existe: los taninos coagulan proteínas superficiales formando una película protectora, tienen efecto astringente y frenan el crecimiento bacteriano.

La investigación publicada incluye ensayos in vitro de actividad antibacteriana y antifúngica de los extractos, estudios de cicatrización en modelos animales con resultados favorables y algunos informes clínicos pequeños sobre úlceras de pierna. Es un cuerpo de evidencia preliminar: series cortas, sin grupo control adecuado en muchos casos, sin dosis estandarizadas. La industria cosmética lo emplea en cremas y jabones, donde está regulado como ingrediente cosmético y no como medicamento, lo que significa que no puede atribuírsele efecto terapéutico.

Traducido a lo práctico: no hay base para tratar una quemadura en casa con corteza en polvo, y una quemadura que merezca tratamiento merece que la vea un profesional. Aplicar materia vegetal sin esterilizar sobre una herida abierta introduce un riesgo de infección que no compensa. Con otras plantas mexicanas de tradición larga hemos hecho el mismo ejercicio en las fichas del muicle y del estafiate.

Dos advertencias que no suelen aparecer

La primera es veterinaria y está bien documentada en la caatinga brasileña: el consumo continuado de Mimosa tenuiflora por cabras y ovejas gestantes se ha asociado con malformaciones congénitas en las crías, sobre todo en ojos y extremidades. Es un problema real de manejo ganadero en la región y hay literatura específica sobre ello. Ese antecedente, por prudencia elemental, desaconseja cualquier uso interno durante el embarazo.

La segunda es de interacción y sentido común: cualquier producto con actividad farmacológica plausible puede interferir con la medicación que ya se esté tomando. La consulta previa corresponde al médico o al farmacéutico, no a un artículo de jardinería.

No confundirlo con la mimosa de las floristerías

En España, mimosa se dice sobre todo de la Acacia dealbata, el árbol australiano de pompones amarillos que florece en enero y febrero y que está declarado invasor en el noroeste peninsular. No tiene relación con el tepezcohuite más allá del parentesco familiar amplio.

Tampoco debe confundirse con la mimosa sensitiva, Mimosa pudica, que sí es del mismo género pero es una herbácea pequeña de interior que se cultiva por el movimiento de sus hojas; su ficha está en la mimosa pudica. Y el nombre Mimosa hostilis, que aparece constantemente en el comercio, es un sinónimo antiguo de la misma especie que tratamos aquí; puedes verlo en mimosa hostilis.

En resumen

Mimosa tenuiflora es un árbol pionero mesoamericano y brasileño de 3 a 8 metros, espinoso, de hoja bipinnada finísima y espigas blancas de estambres, que fija nitrógeno, rebrota tras el fuego y crece cuatro metros en cinco años sobre suelos degradados. En España solo prospera al aire libre en Canarias y en el litoral cálido, con sol pleno, suelo drenado y casi sin riego una vez asentado; sus semillas exigen escarificación previa. Su corteza es rica en taninos, tiñe, tiene actividad antimicrobiana demostrada en laboratorio y una tradición documentada de uso sobre heridas, pero la evidencia clínica es preliminar y no autoriza tratar quemaduras en casa. La corteza de raíz contiene alcaloides fiscalizados en España, hay antecedentes de malformaciones en ganado que lo consume durante la gestación, y cualquier uso interno debe consultarse antes con un profesional sanitario.


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