Roza un folíolo con la yema del dedo y en menos de dos segundos toda la hoja se ha plegado y el peciolo ha caído hacia abajo, como si la planta se hubiera desmayado. Diez o quince minutos después está otra vez desplegada, esperando. Ese movimiento es lo que ha convertido a la Mimosa pudica en un regalo habitual para los niños. También es lo que despista: la planta se compra por el truco de las hojas y se muere en diciembre por razones que no tienen nada que ver con él.

Merece la pena separar las dos cosas desde el principio: el mecanismo del movimiento, que es fascinante y está bien estudiado, y el cultivo, que es el de una planta tropical exigente en humedad y calor. Confundirlos lleva a tratarla como un juguete y a olvidar que es una leguminosa de clima cálido a la que el aire seco de un radiador le sienta fatal.

Hojas de Mimosa pudica plegadas tras recibir un estímulo táctil

Qué planta es exactamente

Mimosa pudica L. pertenece a las fabáceas (leguminosas), subfamilia de las mimosoideas. Es originaria de la América tropical —Brasil, Centroamérica y el norte de Sudamérica— y hoy está naturalizada en casi toda la franja tropical del planeta. En su tierra es un subarbusto perenne de vida corta, con tallos semileñosos que se tumban y arraigan, y que alcanza entre 30 y 100 centímetros.

Las hojas son bipinnadas, divididas en dos o cuatro pinnas que salen del mismo punto y que a su vez llevan entre diez y veinticinco pares de folíolos diminutos. Los tallos van armados de aguijones finos pero reales: al manipularla conviene sujetarla por la base del cepellón y no cerrar la mano sobre los tallos.

La flor es una cabezuela globosa de un centímetro escaso, rosa lila, formada por decenas de estambres largos que le dan aspecto de pompón. En cultivo de interior florece de junio a septiembre si tiene luz suficiente. Después vienen los frutos: legumbres pequeñas agrupadas en racimos, cubiertas de cerdas ganchudas que se enganchan al pelaje de los animales —así es como esta planta ha viajado por medio mundo.

Por qué se cierra al tocarla

El movimiento se llama sismonastia o tigmonastia, y el motor está en unos engrosamientos que hay en la base de cada folíolo, de cada pinna y del peciolo entero: los pulvínulos. Son cojinetes de células con paredes elásticas que en reposo están turgentes, llenas de agua.

Cuando la planta recibe un estímulo —un roce, un soplo de aire caliente, una vibración, incluso una llama acercada a un folíolo— se genera una señal eléctrica que viaja por el tejido a varios centímetros por segundo. Al llegar al pulvínulo, las células de su mitad inferior expulsan iones de potasio y cloruro; el agua sale detrás por ósmosis, esas células pierden turgencia y el órgano se dobla hacia donde ha cedido. No hay músculo ni nervio: es hidráulica pura. La recuperación es lenta porque el potasio hay que volver a bombearlo hacia dentro, y eso cuesta energía.

Lo interesante es que la señal se propaga: si tocas un folíolo del extremo, se cierran los vecinos, luego la pinna entera y a veces la hoja completa. Ese contagio es la clave de la función biológica más aceptada: un herbívoro pequeño que se posa a comer se encuentra de pronto con que la mata se ha encogido, ha perdido volumen y ha dejado los aguijones al descubierto. También se ha propuesto que el plegado reduce la superficie expuesta al sol en pleno mediodía y limita la pérdida de agua.

Al margen de eso, la Mimosa pudica cierra las hojas todas las noches por su cuenta, sin que nadie la toque. Es nictinastia, un movimiento gobernado por el reloj circadiano y no por el tacto. Encontrarla plegada a las once de la noche no significa que esté enferma ni sedienta: significa que es de noche.

Una creencia que conviene desmontar

Circula la idea de que tocarla es inofensivo porque "es lo suyo". No es exactamente así. Cada cierre y cada reapertura consumen ATP para rebombear iones, y una planta a la que se estimula durante un rato largo se queda con las hojas plegadas mucho más tiempo, deja de fotosintetizar mientras tanto y termina amarilleando los folíolos más viejos. Una tarde entera de visitas dándole toquecitos deja una planta apagada durante días. Trátala como planta, no como interruptor.

Hay además un detalle curioso documentado en 2014 por el equipo de Monica Gagliano: sometiendo plantas de Mimosa pudica a caídas repetidas e inofensivas, dejaban de plegarse a ese estímulo concreto en particular, pero seguían respondiendo a otros distintos. Es decir, aprendían a ignorar lo que ya sabían que no era peligroso, y mantenían esa respuesta durante semanas. El hallazgo sigue discutiéndose en la literatura, pero encaja con lo que ve cualquiera que tenga una en casa: la planta del salón, con tráfico constante, acaba respondiendo menos que la del cuarto tranquilo.

Y una aclaración que conviene dejar por escrito: no es una planta carnívora. No captura nada, no digiere nada y no hay que darle moscas. El movimiento es defensivo, no depredador.

No confundir con la mimosa de los jardines

En España, cuando alguien dice "mimosa" en enero suele referirse a un árbol de seis metros cubierto de pompones amarillos y muy perfumados. Ese árbol es Acacia dealbata, australiano, y no tiene ninguna relación de cultivo con la planta sensitiva: no se pliega, resiste heladas moderadas, se planta en el suelo del jardín y en el noroeste peninsular se ha convertido en un problema serio. Acacia dealbata figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, con las restricciones de plantación y comercio que eso implica.

La Mimosa pudica es otra cosa: una herbácea tropical de un palmo que en el clima peninsular no sobrevive al invierno a la intemperie salvo en zonas muy protegidas del litoral sur y de Canarias. Si compras semillas por internet etiquetadas solo como "mimosa", mira el nombre científico antes de sembrar; lo que llega en el sobre y lo que esperabas pueden ser plantas separadas por medio planeta.

Toxicidad: lo que hay que saber

La planta contiene mimosina, un aminoácido no proteico presente también en Leucaena leucocephala y en otras mimosoideas. En animales que la consumen de forma continuada se ha descrito caída del pelo, problemas de crecimiento y alteraciones tiroideas. En una casa el riesgo es bajo, pero real si hay un gato o un perro que mordisquea macetas, o un niño pequeño con costumbre de llevarse hojas a la boca.

Regla práctica: ponla fuera del alcance de mascotas y de niños de menos de tres años, no la uses en infusiones ni preparados de ningún tipo, y si alguien ingiere una cantidad apreciable, llama al Servicio de Información Toxicológica (91 562 04 20). Los aguijones del tallo, por su parte, no son venenosos, pero pinchan y pueden infectarse como cualquier arañazo.

Luz y temperatura

Quiere mucha luz. En interior, junto a una ventana orientada al este o al sur, con sol directo por la mañana y luz filtrada el resto del día. Con poca luz se ahíla: los entrenudos se alargan, los tallos se tumban, la planta pierde compacidad y ya no la recupera. En verano, tras un cristal orientado al sur y a mediodía, el vidrio concentra calor y le quema los folíolos; una cortina fina basta para evitarlo.

Temperatura: entre 18 y 28 °C es su rango cómodo. Por debajo de 15 °C se detiene, por debajo de 10 °C empieza a perder hojas y con cualquier helada muere. Esto marca el calendario en la Península: se puede sacar a la terraza de mayo a septiembre en casi todo el país, y hay que entrarla antes de que las mínimas nocturnas bajen de 12 °C, es decir, a finales de septiembre en el interior y algo más tarde en la costa mediterránea.

El punto que decide si llega a marzo es la humedad ambiental. Necesita por encima del 50-60 %, y una casa española con calefacción en enero puede estar al 25 %. Un radiador debajo de la maceta seca los folíolos por los bordes en una semana y detrás llega la araña roja. Soluciones que funcionan: alejarla de fuentes de calor, agruparla con otras plantas, colocarla sobre un plato con arcilla expandida húmeda —sin que el agua toque la base de la maceta— o llevarla al baño si tiene ventana. Pulverizar las hojas ayuda poco y por poco tiempo.

Riego y sustrato

Quiere el sustrato fresco de forma constante, nunca encharcado y nunca seco del todo. Es un equilibrio incómodo en macetas pequeñas, que es como se vende. Riega cuando el centímetro superior esté seco al tacto; en pleno verano eso puede ser a diario y en enero cada seis o siete días.

Un secado completo del cepellón la mata en horas: se pliega, no vuelve a abrir y los folíolos se quedan de color paja. Es irreversible, no hay recuperación después de eso. En el extremo contrario, el plato con agua estancada pudre la raíz principal y la planta se viene abajo sin aviso previo, con el tallo blando en la base. Vacía el plato quince minutos después de regar.

El agua importa: es sensible a la cal. En buena parte de España el agua del grifo es dura y va dejando el sustrato alcalino, con el resultado de clorosis y crecimiento parado. Usa agua de lluvia, descalcificada o embotellada de baja mineralización, y a temperatura ambiente.

El sustrato ideal es ácido y aireado: en torno a pH 5,5-6,5. Una mezcla que funciona bien es dos partes de turba rubia o fibra de coco, una de perlita y una de mantillo o compost tamizado. La maceta, con agujeros generosos; el barro cocido reseca demasiado rápido para esta especie, así que el plástico o el esmaltado le van mejor.

Abonado

De abril a septiembre, un abono líquido para plantas de flor cada quince días, a la mitad de la dosis que indique el envase. Al ser leguminosa fija parte de su nitrógeno mediante bacterias del género Rhizobium alojadas en nódulos radiculares, así que un exceso de nitrógeno solo le produce follaje blando, entrenudos largos y ninguna flor. Un abono con más potasio que nitrógeno da mejor floración.

De octubre a marzo, abonado cero. Con menos luz y menos temperatura no va a usar esos nutrientes y las sales se acumulan en el cepellón hasta quemar las raicillas.

Trasplante y manejo de la raíz

Aquí está la trampa: la Mimosa pudica desarrolla una raíz pivotante que tolera muy mal que la toqueteen. Un trasplante en el que se deshaga el cepellón o se corten raíces suele terminar en una planta que se pliega y ya no abre.

Consecuencias prácticas. Primera: trasplanta en primavera, cuando esté arrancando el crecimiento, nunca en pleno invierno ni con la planta en flor. Segunda: saca el cepellón entero, sin desmenuzarlo, sin lavarlo y sin recortar nada. Tercera: sube un solo número de maceta, de 10 a 12 cm, de 12 a 14; una maceta enorme retiene agua que la raíz no puede absorber y acaba en podredumbre. Cuarta: riega bien justo después y déjala unos días en luz suave antes de devolverla a su sitio.

Si vas a sembrarla tú, ahórrate el problema: siembra en macetas de turba prensada o en alvéolos biodegradables que puedas enterrar completos, sin desnudar la raíz.

Cabezuelas florales rosadas de Mimosa pudica

Multiplicación por semilla

La semilla es el camino natural y el más fiable. La cubierta es dura e impermeable, así que sin tratamiento previo la germinación es irregular y lenta. Dos opciones, y con una basta:

Remojo: veinticuatro horas en agua a unos 40 °C al empezar, dejando que se enfríe sola. Las semillas que se hinchan al doble están listas; las que siguen duras y pequeñas rara vez nacen.

Escarificación mecánica: frotar cada semilla unos segundos sobre papel de lija fino, lo justo para desgastar la cubierta sin llegar al embrión. Después, remojo de un par de horas.

Siembra de marzo a mayo, a medio centímetro de profundidad, en sustrato ligero y húmedo, tapando con plástico o con una campana para mantener la humedad. Necesita 22-28 °C para germinar bien; por debajo de 20 °C la germinación se dispara en tiempo y se desploma en porcentaje. Con calor suficiente nacen entre los siete y los veintiún días. Airea la campana un rato cada día para evitar el damping-off, el hongo que siega las plántulas por el cuello.

Cuando tengan tres o cuatro hojas verdaderas, pasa cada plántula a su maceta definitiva de 10-12 cm sin tocar el cepellón. Con buenas condiciones puede florecer el mismo año de la siembra.

Esquejes y renovación

Los esquejes de tallo semileñoso de 8-10 cm, tomados en primavera o principios de verano, enraízan en agua o en perlita húmeda con calor de fondo y ambiente saturado, aunque el porcentaje de éxito es bastante inferior al de la semilla y no compensa salvo que quieras conservar una planta concreta.

Cuenta con que la planta envejece mal. Al segundo año, y sobre todo si ha pasado un invierno de interior con poca luz, se queda leñosa en la base, desgarbada y con pocos folíolos. Es normal y no es culpa tuya. Lo razonable es guardar semillas de la floración del verano y sembrar tanda nueva cada primavera, tratándola como una anual de lujo. Una poda de un tercio a finales de invierno ayuda a que rebrote más compacta si quieres estirarle un año más.

Plagas y problemas frecuentes

Araña roja (Tetranychus urticae). Es la plaga que se lleva por delante estas plantas en invierno. Aparece con aire seco y calefacción: punteado amarillo en el haz, telillas finas entre folíolos. Se combate subiendo la humedad ambiental y tratando con jabón potásico o aceite de neem, insistiendo en el envés y repitiendo cada cinco o siete días.

Pulgón en brotes tiernos durante la primavera y mosca blanca en verano, ambos manejables con jabón potásico.

Folíolos que no vuelven a abrirse en todo el día: falta de agua grave, frío por debajo de 10 °C o raíz dañada. Comprueba el cepellón antes de regar más, porque si la causa es podredumbre el riego lo empeora.

Amarilleo general con nervios verdes: clorosis por agua caliza. Cambia el agua de riego y aplica quelato de hierro.

Tallos largos y desnudos: falta de luz. No tiene arreglo en la parte ya crecida; poda y traslada a un sitio más luminoso.

Caída masiva de hojas al llegar a casa: cambio brusco de condiciones desde el invernadero del vivero. Dale dos semanas en sitio luminoso, húmedo y estable antes de tocar nada más.

En resumen

La Mimosa pudica pliega las hojas por un mecanismo hidráulico de los pulvínulos, no por capricho ni por carnivorismo, y también las cierra sola cada noche. Es una leguminosa tropical de vida corta: quiere luz abundante, entre 18 y 28 °C, humedad ambiental alta, sustrato ácido siempre fresco y agua sin cal. El aire seco de la calefacción y el secado total del cepellón son lo que acaba con ella en invierno; la raíz pivotante hace que cualquier trasplante brusco sea un riesgo. Contiene mimosina, así que fuera del alcance de mascotas y niños pequeños, y sin usos internos de ninguna clase. Y no la confundas con Acacia dealbata, el árbol amarillo de enero, que es especie invasora catalogada en España y no comparte con ella ni el cultivo ni el clima. Lo más práctico: sembrar cada primavera, disfrutarla un año y guardar semilla.


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