Cleistocactus es un género de plantas de la familia Cactaceae, son fáciles de cuidar y de rápido crecimiento. El nombre del género deriva del griego Kleistos, que significa «cerrado»...
Suculenta no es una categoría botánica, es una forma de vida. Se llama así a cualquier planta que almacena agua en tejidos engrosados de la hoja, el tallo o la raíz para sobrevivir a periodos secos. Esa adaptación ha aparecido de forma independiente en decenas de familias que no tienen parentesco cercano entre sí, y por eso plantas de aspecto casi idéntico pueden estar separadas por millones de años de evolución.
De ahí salen las dos ideas que ordenan todo lo demás. La primera: todos los cactus son suculentos, pero la mayoría de las suculentas no son cactus. Cactus son exclusivamente las plantas de la familia Cactaceae. La segunda: saber a qué familia pertenece una planta dice bastante sobre cómo cultivarla, porque los ciclos de crecimiento y las necesidades de riego no son iguales en una crasulácea mexicana que en una aizoácea sudafricana.
Qué hace suculenta a una planta
La suculencia combina varios rasgos que se repiten con independencia de la familia:
- Tejido de reserva de agua, formado por células grandes con una vacuola enorme, en hoja, tallo o raíz.
- Superficie reducida en relación con el volumen. Formas globosas, cilíndricas o en roseta compacta minimizan la superficie por la que se pierde agua.
- Cutícula gruesa, ceras y pruina, que reducen la evaporación y filtran radiación.
- Pocos estomas y a menudo hundidos, para limitar la pérdida de vapor.
- Raíces superficiales y extendidas en muchas especies, capaces de captar rápidamente una lluvia breve.
- Espinas, pelos o pilosidad, que protegen de la herbivoría y de la radiación, y en algunos casos condensan humedad.
Un rasgo fisiológico común a muchas de ellas es el metabolismo CAM, siglas del inglés Crassulacean Acid Metabolism, descrito por primera vez en las crasuláceas. La planta abre los estomas de noche, cuando el aire es fresco y húmedo, fija el dióxido de carbono en forma de ácidos orgánicos y lo almacena; de día mantiene los estomas cerrados y usa ese carbono para fotosintetizar. Pierde muchísima menos agua que una planta normal, a cambio de crecer despacio.
Suculentas de hoja, de tallo y de raíz
Suculentas de hoja. El agua se almacena en hojas engrosadas, muy a menudo dispuestas en roseta. Es la forma dominante en Crassulaceae, Aizoaceae y Asphodelaceae. En este grupo están Echeveria, Sedum, Sempervivum, Aloe, Haworthia y los Lithops. Casi ninguna tiene espinas, aunque hay excepciones claras como los agaves, con la punta y los bordes de la hoja armados.
Suculentas de tallo. El tallo se engrosa y asume el almacenamiento y, cuando es verde, también la fotosíntesis. Las hojas se reducen, caen en la estación seca o desaparecen por completo. Es el modelo de las cactáceas, de las euforbias suculentas africanas y de muchas apocináceas. La ausencia de hojas no es un defecto: es el mismo ahorro llevado al extremo.
Suculentas de raíz y caudiciformes. Aquí la reserva está en una base engrosada, el caudex, que puede ser un tallo hinchado o una raíz tuberosa, normalmente gris o parda y de aspecto leñoso. La parte verde es estacional y a veces caduca. Adenium, Pachypodium, Dioscorea elephantipes, Cyphostemma y varios Pelargonium sudafricanos entran en este grupo, que tiene su propio círculo de coleccionistas y se cultiva a menudo con estética de bonsái, dejando el caudex a la vista.
Cómo se distingue un cactus de una suculenta parecida
La respuesta no está en las espinas, porque hay euforbias espinosas y cactus sin espinas. Está en la areola, una estructura exclusiva de la familia Cactaceae: una pequeña almohadilla, a menudo con pelos o lana, de la que brotan las espinas, las flores y los brotes nuevos. Equivale a una yema modificada. Si las espinas salen de una areola, es un cactus; si salen directamente del tallo o del borde de una hoja, no lo es.
Hay un segundo indicio muy fiable: el látex. Las cactáceas no tienen látex blanco. Las euforbias sí, y abundante. Ante una planta columnar espinosa de origen dudoso, un pequeño rasguño lo aclara enseguida, aunque conviene hacerlo con guantes por lo que se explica más abajo.
El parecido entre un cactus americano y una euforbia africana es el ejemplo de manual de evolución convergente: dos linajes sin relación cercana que, sometidos a las mismas presiones de clima seco y luz intensa, llegan a la misma forma. Las cactáceas son originarias del continente americano, con la única excepción de Rhipsalis baccifera, presente también en África y Sri Lanka.
Las familias con más suculentas
Cactaceae. Alrededor de dos mil especies americanas, casi todas suculentas de tallo, con areolas. Incluye desde los Pereskia, que conservan hojas verdaderas y aspecto de arbusto, hasta las formas globosas y columnares clásicas y las epífitas de selva como Rhipsalis o Schlumbergera. Los tallos acostillados se expanden y se contraen como un acordeón según el agua disponible.
Crassulaceae. La familia de Sedum, Echeveria, Crassula, Kalanchoe, Sempervivum, Aeonium y Graptopetalum. Distribución mundial, con centros de diversidad en México, en el sur de África, en la región mediterránea y en Macaronesia. Es la más presente en el jardín español y la más fácil de multiplicar, a menudo a partir de una sola hoja.
Aizoaceae. La mayor familia de suculentas de hoja del mundo, con su núcleo en el sur de África. Hojas opuestas, muy engrosadas, y en los casos extremos reducidas a un par de hojas fusionadas que imitan piedras, como en Lithops y Conophytum. Aquí están también los Delosperma de jardín y el género Carpobrotus, que en el litoral español es un problema serio de especie invasora.
Asphodelaceae. Monocotiledóneas del Viejo Mundo, sobre todo del sur y este de África. Reúne Aloe, Haworthia, Haworthiopsis, Gasteria y Astroloba, con rosetas de hojas carnosas y flores tubulares en racimo.
Asparagaceae. Incluye lo que antes se trataba como familia Agavaceae, hoy la subfamilia Agavoideae, con Agave y Yucca, plantas de roseta de hojas fibrosas y duras, propias de las zonas secas de América y especialmente de México. También pertenecen aquí las sansevierias, hoy incluidas en Dracaena.
Apocynaceae. Familia muy diversa que aporta caudiciformes espectaculares como Adenium y Pachypodium, y todo el grupo de las asclepiadáceas suculentas: Stapelia, Huernia, Ceropegia, Hoya. Muchas tienen flores llamativas y, en el caso de las estapelias, con olor a carroña para atraer moscas polinizadoras.
Euphorbiaceae. El género Euphorbia, con más de dos mil especies, incluye desde hierbas de campo hasta grandes candelabros africanos de aspecto cactiforme. Todas se reconocen por su inflorescencia particular, el ciatio, y por el látex blanco.
Amaranthaceae. Aporta las suculentas de marisma, Salicornia, Sarcocornia y Suaeda, adaptadas a suelos salinos y presentes en todo el litoral español.
Portulacaceae y familias próximas. Tras las reordenaciones recientes, este conjunto reparte entre varias familias plantas como Portulaca, Lewisia y Anacampseros.
La lista no acaba ahí. Hay suculentas en Geraniaceae, con los Pelargonium caudiciformes, en Vitaceae con Cyphostemma, en Cucurbitaceae, en Asteraceae con Senecio y Othonna, y en Apiaceae, donde solo unas pocas especies alcanzan verdadera suculencia.
Precauciones que conviene conocer
El látex de las euforbias es tóxico e irritante. Provoca ampollas y dermatitis en la piel, y el contacto con los ojos puede causar lesiones oculares graves. La ingestión es peligrosa. Cualquier poda o esqueje de una euforbia se hace con guantes y sin llevarse las manos a la cara; si el látex alcanza un ojo, hay que acudir al médico. Con niños y animales en casa, conviene colocarlas fuera de su alcance.
Varias apocináceas también tienen látex tóxico, algunas con glucósidos cardiacos, y se manipulan con la misma precaución.
Las espinas de las cactáceas y las puntas de los agaves causan heridas reales. Las gloquidios de las opuntias, esas espinas diminutas y con ganchos que se desprenden al menor roce, son especialmente molestas y difíciles de retirar de la piel.
Comercio: lo que hay que saber
Toda la familia Cactaceae está incluida en el Apéndice II de CITES, el convenio sobre comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres, y algunas especies concretas figuran en el Apéndice I, con protección mayor. También están en el Apéndice II el género Aloe, con la excepción de Aloe vera, las especies suculentas de Euphorbia y el género Pachypodium.
Para el aficionado esto se traduce en una regla sencilla: las plantas se compran en vivero, propagadas en cultivo y con su documentación en regla. La recolección de ejemplares en el medio natural y el mercado de plantas de origen silvestre son una amenaza real para especies con áreas de distribución diminutas, y en muchos casos están directamente prohibidos.
En sentido contrario, hay suculentas que no deben plantarse aquí por razones ambientales. Carpobrotus edulis, la uña de gato del litoral, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras regulado por el Real Decreto 630/2013, lo que conlleva la prohibición de su comercio y de su introducción en el medio natural.
Por qué importa la familia a la hora de cultivar
El ciclo de crecimiento no es igual en todos los grupos, y ahí se explican muchos fracasos. La mayoría de las crasuláceas mexicanas y las cactáceas crecen en primavera y otoño y se paran en el pico del verano. Los Aeonium canarios y los Lithops tienen su ciclo desplazado hacia los meses frescos y descansan en verano. Regar y abonar a una planta parada, sea la estación que sea, es la vía directa a la podredumbre de raíz.
En resumen
La suculencia es una solución al mismo problema, la escasez de agua, alcanzada de forma independiente por familias que no están emparentadas. Se puede almacenar agua en la hoja, en el tallo o en una base engrosada, y muchas de estas plantas comparten además el metabolismo CAM, que las hace muy eficientes y lentas. El rasgo que separa a los cactus del resto es la areola, no la espina.
Conocer la familia de una planta orienta su cultivo mejor que cualquier consejo genérico, porque marca el ciclo de crecimiento, la exigencia de luz y el momento de regar. Y conviene tener presentes dos cosas al comprar: el látex de euforbias y apocináceas es tóxico y se manipula con guantes, y buena parte de este grupo está bajo el Apéndice II de CITES, de modo que la planta siempre debe venir de vivero y nunca del medio natural.