Las especies del género Sansevieria prosperan con el mínimo cuidado y viven durante muchos años. Son muy populares como plantas ornamentales entre diseñadores y decoradores por su atractivo...
Las Haworthia son suculentas pequeñas de la familia Asphodelaceae, originarias de Sudáfrica, que forman rosetas de hojas carnosas de pocos centímetros. Son de las mejores suculentas para interior porque, a diferencia de casi todas las demás, no necesitan sol directo: viven bien con luz clara e indirecta, que es exactamente lo que hay en una habitación con ventana.
Esa es su ventaja y también el origen del error más común. Al ser suculentas, mucha gente las trata como cactus y las pone al sol de mediodía, donde se broncean, se enrojecen y acaban con quemaduras. Y por el otro lado, al ser plantas de interior, reciben el mismo riego que un potos, que es lo que las mata. El punto correcto está en medio y es fácil de mantener.
Haworthia, Haworthiopsis y Tulista
Lo que en el comercio sigue vendiéndose como Haworthia se repartió hace unos años en tres géneros, y la distinción es útil porque los cuidados no son idénticos.
- Haworthiopsis. Hojas duras, rígidas, de punta afilada y con tubérculos blancos que forman bandas. Aquí están las clásicas plantas cebra, Haworthiopsis fasciata y Haworthiopsis attenuata. Son las más resistentes y las más tolerantes a la luz fuerte.
- Haworthia en sentido estricto. Hojas blandas, turgentes y a menudo con ventanas translúcidas en la punta, como Haworthia cooperi o Haworthia retusa. En su hábitat crecen semienterradas y solo asoman esas ventanas, que dejan pasar la luz hacia el interior de la hoja. Son las más sensibles al sol directo y al exceso de agua.
- Tulista. Rosetas más grandes y duras, de crecimiento lento.
Si la planta tiene hojas de punta transparente, hay que tratarla con más cuidado en luz y riego que si tiene hojas rayadas y ásperas.
Luz
Luz brillante, filtrada, sin sol directo en las horas centrales. Junto a una ventana orientada al este, o algo separada de una ventana al sur, es el sitio ideal. En una ventana al sur y a pleno sol de verano peninsular, las hojas se vuelven rojizas o pardas y aparecen manchas secas irreversibles.
La señal contraria también es reconocible: con poca luz la roseta se abre, las hojas se alargan y se inclinan hacia la fuente de luz y el color verde se vuelve pálido. Girar la maceta cada pocas semanas mantiene la roseta simétrica.
En exterior pueden vivir perfectamente en una terraza, pero siempre en sombra luminosa o bajo la protección de otra planta, nunca expuestas al sol de julio en el interior peninsular o en el valle del Guadalquivir.
Riego
Se riega empapando el sustrato y luego se deja secar por completo antes de volver a hacerlo. En primavera y otoño eso puede significar una vez cada una o dos semanas en una maceta pequeña; en invierno, mucho menos.
El agua no debe quedarse en el centro de la roseta. En las especies de hojas apretadas, esa humedad retenida entre las hojas basales es el punto por donde entra la podredumbre. Se riega al sustrato o, mejor aún, por inmersión: se pone la maceta en un plato con agua, se deja que absorba unos minutos y se retira el sobrante.
Una Haworthia con exceso de agua tiene las hojas hinchadas, blandas, translúcidas de forma anormal y a veces reventadas por la base. Una con sed tiene las hojas algo arrugadas y replegadas hacia dentro, y se recupera en dos días tras un riego. La segunda situación es reversible; la primera, casi nunca.
Sustrato y maceta
Sustrato para cactáceas mezclado con material mineral grueso, picón, pómice o arena silícea, hasta que la mezcla drene con rapidez. La turba sola retiene demasiada agua y, cuando se seca del todo, se vuelve hidrófoba y el agua resbala por los bordes sin mojar el cepellón.
Son plantas de raíz relativamente gruesa y sistema radicular pequeño, así que van bien en macetas ajustadas y poco profundas. La costumbre de cultivarlas en cuencos anchos y bajos, con varias rosetas juntas, funciona bien mientras el recipiente tenga agujero de drenaje. Una taza de té decorativa sin agujero es una trampa: no hay forma de vaciar el agua sobrante y el sustrato se mantiene húmedo indefinidamente.
Calendario en España
Crecen sobre todo en primavera y otoño. En el calor fuerte del verano mediterráneo se paran, y en ese periodo hay que reducir el riego y no abonar: una planta que no crece y recibe agua es una planta que se pudre.
El invierno lo pasan sin problema dentro de casa. En exterior toleran el fresco, pero no las heladas, así que en el interior peninsular deben entrar antes de las primeras noches bajo cero. Con la planta a temperatura fresca, el riego se espacia mucho o se suspende.
El trasplante se hace en primavera o a principios de verano, cada dos o tres años, o cuando el grupo de rosetas haya llenado el recipiente. Es también el momento de separar los hijuelos.
Abonado
Muy poco y solo en crecimiento. Un abono para cactáceas y suculentas, bajo en nitrógeno y muy diluido, una o dos veces en primavera y otra en otoño es más que suficiente. Estas plantas viven en suelos pobres y minerales; el exceso de abono produce crecimiento blando y hojas que pierden el dibujo característico.
Multiplicación
Lo normal es multiplicarlas por hijuelos. Las rosetas laterales aparecen solas alrededor de la planta madre y se separan en el trasplante, con un corte limpio lo más cerca posible del tallo y llevándose todas las raíces que se pueda. El hijuelo se deja secar uno o dos días y se planta en el mismo tipo de sustrato, con riego moderado hasta que se note crecimiento nuevo.
Las hojas también enraízan, pero mucho peor que en Echeveria. Funcionan mejor en las especies de hoja dura del grupo Haworthiopsis, y aun así el proceso es lento y con muchas bajas. La hoja debe desprenderse entera, con su base, y se trata igual: secar el corte primero, apoyar sobre sustrato después.
La semilla es viable pero exige polinización cruzada entre dos plantas distintas y mucha paciencia, porque el crecimiento es lento.
Problemas frecuentes
Raíces que se secan solas. Es normal. Estas plantas renuevan sus raíces gruesas de forma cíclica, y en el trasplante es habitual encontrar raíces secas y pardas junto a otras blancas y activas. Se retiran las muertas y no pasa nada.
Cochinilla algodonosa. Se refugia entre las hojas basales y en el cuello, y también en las raíces, donde es más difícil de detectar. Si una planta pierde vigor sin causa aparente, conviene sacarla de la maceta y mirar el cepellón. Con focos pequeños, la retirada manual con un bastoncillo empapado en alcohol funciona bien.
Manchas pardas secas. Casi siempre son quemaduras de sol, no una enfermedad, y no desaparecen. La planta sigue viva, pero esas hojas quedan marcadas hasta que se renuevan.
Base blanda y oscura. Es podredumbre por exceso de agua. Si el daño está en el cuello, la roseta no se salva; si hay hijuelos sanos separados de la zona afectada, se pueden rescatar cortándolos y enraizándolos aparte.
Floración y origen de las plantas
Las Haworthia emiten una inflorescencia larga y fina, muy desproporcionada respecto al tamaño de la roseta, con flores pequeñas, blancas y con nervios verdosos o pardos. No son plantas monocárpicas, así que la roseta sigue viva después de florecer. La flor tiene poco interés ornamental y muchos aficionados cortan el escapo para que la planta no gaste energía.
Un apunte sobre la procedencia. Varias especies de Haworthia tienen áreas de distribución muy reducidas en Sudáfrica y sufren recolección ilegal para el mercado de coleccionistas. Todas las que interesan al aficionado se propagan sin dificultad en vivero, así que no hay ninguna razón para comprar plantas de origen silvestre.
En resumen
Una Haworthia pide luz clara sin sol directo, un sustrato mineral que se seque entre riegos y una maceta con agujero. Con eso vive muchos años en el interior de una casa española, incluso en habitaciones donde otras suculentas se estirarían por falta de luz.
Los dos errores que hay que evitar son el sol de mediodía en verano, que quema las hojas de forma permanente, y el riego frecuente, sobre todo en invierno y en el parón del calor, que pudre el cuello. Si el grupo de rosetas ha llenado la maceta, se trasplanta en primavera y se aprovecha para separar hijuelos, que es la forma más sencilla de multiplicarlas.