Plantar suculentas en un tronco o en un trozo de madera flotante funciona por una razón concreta: casi ninguna suculenta necesita profundidad de suelo. Sus raíces son superficiales y exploran a lo ancho, así que una oquedad de cuatro o cinco centímetros de fondo les basta para vivir años. Lo que no perdonan es que esa oquedad retenga agua, y ahí es donde la madera puede jugar en contra.
Así que el trabajo real de este montaje no está en cavar el hueco, que es la parte fácil, sino en dos decisiones: qué madera usas y cómo resuelves el drenaje. Con eso resuelto, una composición sobre madera aguanta perfectamente en una terraza española y se convierte en una de las formas más agradecidas de tener suculentas fuera de una maceta.
Qué madera sirve
La madera flotante clásica, la que el mar deja en la orilla, es buena porque llega ya descortezada, curada y con la superficie erosionada, con grietas y huecos que ahorran trabajo. Tiene un inconveniente serio: viene cargada de sal, y la sal en la zona de raíces deshidrata la planta y arruina el montaje. Antes de plantar nada hay que sumergirla en agua dulce varios días, cambiando el agua a diario, y después dejarla secar del todo a la sombra.
Si vas a recogerla, ten en cuenta que en un espacio natural protegido no se retira material sin comprobar antes qué está permitido allí, y que la madera arrastrada por el mar forma parte del ecosistema de la playa. Un cepellón de madera de un tronco caído en el monte de una finca propia, o un resto de poda de olivo, vid o frutal, cumple exactamente la misma función estética y no plantea ese problema.
Lo que no sirve, en ningún caso:
- Madera tratada, pintada, barnizada o con restos de creosota. Los tratamientos protectores están pensados para matar hongos y xilófagos, y lo que hay dentro de un trozo de traviesa vieja no tiene por qué ser bueno para una raíz ni para quien lo manipula.
- Madera de palé, de tablero aglomerado o contrachapado. Llevan adhesivos, se hinchan y se deshacen con el riego.
- Madera todavía verde o recién cortada. Se mueve al secarse, se agrieta por donde no toca y suelta savia.
- Madera ya podrida, blanda al clavar la uña y con el corazón deshecho. Aguanta una temporada y se cae a trozos.
La madera dura de encina o de olivo cuesta mucho más de vaciar pero dura años a la intemperie. Las coníferas y las maderas blandas se trabajan en un rato con una gubia pero se degradan antes. El corcho de alcornoque es el punto intermedio ideal: ligero, fácil de vaciar y muy duradero, y las placas y los troncos huecos de corcho se venden en tiendas de jardinería y de terrarios.
Preparar la pieza
Primero se limpia. Cepillo duro para quitar arena, tierra y corteza suelta, y agua a presión moderada. La corteza que se despega hay que retirarla del todo, porque debajo se acumula humedad y es donde se instalan los insectos.
Después se seca por completo, a la sombra y con aire, el tiempo que haga falta. Una pieza gruesa puede tardar semanas. Una madera plantada todavía húmeda por dentro mantiene la humedad contra el cepellón durante meses.
Luego se cava. Se empieza siempre por una grieta o una oquedad que ya exista, y se agranda hacia dentro con una gubia, una escoplo o una fresa de rotativa. Con protección para los ojos, que la madera seca salta. Basta con cuatro a seis centímetros de profundidad y el ancho suficiente para acomodar los cepellones; ir a más solo debilita la pieza y añade volumen de sustrato que tardará en secarse.
El drenaje, que es todo
Una oquedad ciega en un trozo de madera es un cubo sin desagüe. Aunque riegues poco, el agua se queda en el fondo, la madera la absorbe y la devuelve despacio, y la raíz vive semanas en humedad constante. Eso es exactamente lo que mata a las suculentas.
La solución es perforar el fondo. Con una broca larga de madera, uno o varios agujeros de ocho a diez milímetros que atraviesen desde la cavidad hasta la cara inferior de la pieza. Si el hueco es largo, un agujero cada quince o veinte centímetros. Por dentro se cubren con un trocito de malla plástica o de fibra de coco para que no se escape el sustrato, y listo.
Si la grieta atraviesa la madera de lado a lado y el sustrato se sale por debajo, se cierra la abertura inferior con un trozo de malla fijado con grapas o puntas de acero inoxidable, dejando la salida del agua libre. Grapas galvanizadas o de inoxidable, no de hierro, que se oxidan y manchan.
Sustrato
La mezcla es la misma que para cualquier suculenta en maceta, y en este caso conviene todavía más mineral de lo habitual porque el volumen es pequeño y queremos que se seque rápido. Sirve una mezcla de sustrato para suculentas comercial aligerada con árido, o una casera de una parte de sustrato de calidad y dos partes de material mineral (arena gruesa de río lavada, picón, puzolana, arlita fina o perlita gruesa). Arena de playa no, por la sal, y arena fina de construcción tampoco, porque compacta y sella.
Se rellena hasta un centímetro por debajo del borde de la oquedad, para que quede sitio al regar, y se remata con una capa de gravilla o picón que sujeta el sustrato y mantiene seco el cuello de las plantas.
Qué suculentas plantar
Las que mejor funcionan son las de raíz superficial, porte pequeño y crecimiento lento o moderado.
Los Sedum tapizantes (Sedum album, Sedum acre, Sedum spurium) y los Sempervivum son la apuesta segura al exterior: rústicos, resistentes al frío, con raíz mínima y capaces de cubrir la madera con el tiempo. Los Sempervivum además producen hijuelos que ruedan y arraigan solos en cualquier grieta, que es justo el efecto que se busca.
Las Echeveria pequeñas, los Graptopetalum, los Graptoveria y las Crassula de porte bajo dan el color y las formas de roseta. Los Delosperma y los Sedum colgantes se usan para que caigan por los bordes y rompan la línea de la madera.
Si la pieza va a estar a la sombra o en interior, las Haworthia y las Gasteria son mejor opción que cualquier roseta de sol, porque en su medio natural viven precisamente así, protegidas.
Lo que conviene evitar: Aeonium y Kalanchoe arbustivos, que se hacen grandes y hacen palanca; Agave y Aloe de tamaño medio o grande, que acaban partiendo la madera con el engrosamiento del cuello; y cualquier cactus con espinas serias en una pieza que se vaya a manipular o que esté al alcance de niños.
Cómo se planta
Se colocan las plantas todavía en sus macetas dentro de la oquedad hasta encontrar la composición. Las de más porte al centro o hacia el extremo más ancho, las tapizantes y las colgantes hacia los bordes. No hace falta dejar espacio de crecimiento: la composición está pensada para verse llena, y cuando una planta se sale de sitio se recorta o se saca.
Se sacan de la maceta, se afloja el cepellón con los dedos y se retira la tierra sobrante, sobre todo si venían en turba muy húmeda. Se acomodan, se rellena con la mezcla y se afirma con un palo fino en vez de con los dedos, para no aplastar el sustrato.
Y aquí el detalle que más se salta: no se riega al plantar. Se espera de tres a cinco días para que cicatricen las raíces que se hayan roto y solo entonces se da el primer riego. Los esquejes de roseta sin raíz, que en este montaje funcionan muy bien, se dejan secar el corte un par de días antes de colocarlos y no se riegan hasta pasada una semana.
Riego, sitio y mantenimiento
Se riega poco y con boquilla fina o con una pera, mojando el sustrato y no las rosetas, y siempre esperando a que el hueco esté seco del todo. En una pieza pequeña al aire libre en verano eso puede ser cada semana o diez días; en invierno, casi nunca. La madera avisa: cuando el hueco está seco, la pieza pesa notablemente menos.
El sitio ideal en España es una zona con sol de mañana y sombra en las horas centrales del verano, sobre todo en el interior y en el sur. La madera se calienta mucho al sol directo de julio y transmite ese calor al cepellón, que es un volumen minúsculo y se cuece. En invierno, si la pieza está fuera y llueve, conviene ponerla bajo un alero: el problema del invierno peninsular húmedo no es el frío, es el agua acumulada en el hueco.
Con el tiempo hay que reponer sustrato, que se va lavando con los riegos, retirar hoja seca acumulada en las grietas (es donde se instalan la cochinilla y las babosas) y sacar y dividir las plantas que se hayan ido de tamaño. Una composición así se rehace cada tres o cuatro años, y esa es parte de la gracia.
En resumen
Sembrar suculentas en madera o en un tronco funciona porque estas plantas viven con muy poca profundidad de raíz, pero solo si la oquedad drena de verdad. Perforar el fondo con una broca larga, cubrir los agujeros con malla y usar una mezcla muy mineral es lo que separa un montaje que dura años de uno que se pudre el primer otoño.
La madera hay que elegirla curada, seca, sin corteza, sin tratamientos y sin sal si viene del mar, y las plantas hay que elegirlas pequeñas y de raíz superficial: Sedum, Sempervivum, Echeveria pequeñas, Graptopetalum y Crassula de porte bajo al sol, y Haworthia o Gasteria si el sitio es sombrío. Riego escaso, sombra en las horas centrales del verano y resguardo de la lluvia en invierno.