Las raíces que salen del tallo de una suculenta, por encima del sustrato, son raíces adventicias. No son una enfermedad, no son un parásito y en la mayoría de los casos no exigen ninguna intervención. Son un tejido normal que la planta puede formar en cualquier punto del tallo cuando las condiciones lo favorecen.

Dicho eso, sí son informativas. Aparecen casi siempre por una de cuatro razones, y saber cuál es en cada caso permite decidir si hay que corregir algo del cultivo, si conviene trasplantar o si simplemente hay una oportunidad fácil de multiplicar la planta.

Qué son exactamente

Una planta tiene dos sistemas: el caulinar, que incluye tallo, hojas, flores y frutos, y el radicular, que ancla la planta y absorbe agua y nutrientes. Las raíces normales nacen de la radícula del embrión y de sus ramificaciones. Las adventicias nacen fuera de ese sistema, a partir de tejido del tallo, y se forman cuando se acumulan hormonas de crecimiento en la zona y las condiciones de humedad las favorecen.

Es exactamente el mismo mecanismo por el que enraíza un esqueje. Un tallo cortado y apoyado sobre sustrato húmedo emite raíces adventicias en pocos días; un tallo que sigue unido a la planta pero rodeado de aire húmedo hace lo mismo, solo que en el aire. De ahí su aspecto: al principio finas y blanquecinas, luego rosadas y finalmente pardas y algo leñosas si no encuentran sustrato donde entrar.

Cuándo son completamente normales

En algunos grupos las raíces aéreas forman parte del diseño de la planta y no significan nada:

  • Suculentas colgantes y rastreras como Sedum morganianum, Crassula de porte tendido o Senecio, que en la naturaleza se propagan echando raíz allí donde el tallo toca el suelo.
  • Cactáceas epífitas y trepadoras: Rhipsalis, Schlumbergera, Epiphyllum, Selenicereus. Viven sobre ramas y rocas y usan raíces adventicias para agarrarse y para captar humedad del aire. Cortarlas en estas especies es quitarles una función.
  • Hoya y otras trepadoras suculentas, por la misma razón.

En Aloe y Haworthia, en cambio, son raras, y si aparecen conviene mirar el resto de la planta con más atención.

Las cuatro causas habituales

Humedad ambiental alta. Es la causa más frecuente y la más benigna. Un tallo rodeado de aire húmedo durante días emite raíces sin más. Ocurre en la cornisa cantábrica y en las noches húmedas del litoral mediterráneo, en otoños lluviosos, en cuartos de baño, en terrarios cerrados y en armarios de cultivo. La planta no está pidiendo nada; simplemente responde al ambiente.

Sustrato seco de forma prolongada con aire húmedo. Aquí sí hay un desajuste. Si la maceta lleva mucho tiempo sin agua pero el ambiente es húmedo, la planta emite raíces por el tallo, que es donde encuentra humedad disponible. Suele acompañarse de hojas algo arrugadas y de crecimiento parado. La corrección no es regar más a menudo, sino regar más a fondo: empapar hasta que salga agua por el drenaje y volver a dejar secar.

Tallo etiolado. Una planta con poca luz alarga el tallo, separa las hojas y pierde compacidad. Ese tallo largo y desnudo emite raíces aéreas con facilidad. La raíz aérea es aquí un síntoma secundario; el problema es la luz, y no se arregla cortando las raíces.

Maceta agotada. Cuando el cepellón está lleno de raíces y ya no queda sustrato útil, la planta busca alternativas. Se reconoce porque además salen raíces por el agujero de drenaje, el agua atraviesa la maceta sin empapar y la planta se seca en uno o dos días tras el riego.

Cómo saber cuál es el caso

Un repaso rápido resuelve casi siempre el diagnóstico. Se mira el tallo: si está alargado y con las hojas separadas, la causa es la luz. Se levanta la maceta después de un riego: si pesa poco y el agua salió enseguida, el cepellón está agotado y toca trasplantar. Se toca el sustrato en profundidad y se recuerda cuándo se regó por última vez: si lleva semanas seco, el riego es insuficiente en cantidad. Y si nada de eso encaja y la planta está compacta, con buen color y creciendo, la causa es la humedad ambiental y no hay que hacer nada.

Qué hacer

No hacer nada. Es la opción correcta en la mayoría de los casos. Las raíces aéreas no dañan a la planta ni le restan energía de forma apreciable. Con el tiempo se endurecen, se vuelven pardas y parecen ramitas secas pegadas al tallo. Es normal.

Cortarlas. Si molestan estéticamente, se cortan con tijera limpia y afilada, a ras del tallo y sin desgarrar. La planta no sufre. Hay que asumir que volverán a salir mientras las condiciones que las provocaron sigan ahí, así que es una solución cosmética y repetitiva.

Enterrarlas. Si la planta se ha alargado y las raíces están en la parte baja del tallo, se puede trasplantar a una maceta algo más profunda enterrando ese tramo. Las raíces aéreas se convierten en raíces normales, la planta gana anclaje y la parte desnuda del tallo desaparece de la vista. Es la solución más elegante para un ejemplar algo estirado.

Trasplantar. Si el cepellón está agotado, se pasa a una maceta una talla mayor con sustrato mineral drenante, en primavera preferiblemente. Se aprovecha para revisar las raíces y retirar las secas o pardas.

Corregir la luz. Si el tallo está etiolado, más luz, y de forma gradual para no quemar la planta. La parte ya estirada no se recupera nunca: si el resultado no gusta, hay que decapitar y enraizar de nuevo.

Aprovecharlas para multiplicar

Una suculenta con raíces aéreas es un esqueje con medio trabajo hecho. Lo más lento al propagar suculentas es la espera hasta que aparecen las primeras raíces, y aquí ya están.

Se corta el tallo por debajo del punto donde salen las raíces, con hoja limpia. Se deja secar el corte a la sombra durante unos días, hasta que cicatrice, y se planta en sustrato drenante dejando las raíces cubiertas. Se riega con moderación al principio y después se pasa al régimen normal. La planta madre, por su parte, suele rebrotar por los laterales del tallo cortado y acaba dando varias cabezas.

El mejor momento son la primavera y el otoño. En pleno verano, con calor extremo, y en invierno, con la planta parada, el enraizamiento va lento y hay más bajas.

Lo que no hay que confundir con raíces aéreas

Dos cosas se parecen y no lo son:

  • Cochinilla algodonosa. Forma masas blancas algodonosas en las axilas de las hojas y en el cuello. Se distingue porque no tiene forma de hilo, se deshace al tocarla y deja una mancha, y bajo el algodón hay insectos ovalados que se mueven. Una raíz es un filamento firme y unido al tallo.
  • Micelio de hongos. Aparece sobre el sustrato o en la base del tallo como un fieltro blanco extendido, no como filamentos individuales, y suele ir acompañado de tejido blando y oscuro. Eso sí es un problema y hay que actuar.

En resumen

Las raíces aéreas de una suculenta son raíces adventicias, un tejido normal que la planta forma cuando el ambiente es húmedo o cuando busca dónde anclarse. En cactáceas epífitas, colgantes y trepadoras son parte de su funcionamiento y no significan nada. En el resto, conviene leerlas como un aviso y comprobar cuatro cosas: la luz que recibe la planta, la profundidad del riego, el estado del cepellón y la humedad del ambiente.

Con el diagnóstico hecho, las opciones son sencillas: dejarlas, cortarlas por estética, enterrarlas trasplantando a una maceta más profunda o usar el tallo con raíces como esqueje, que es la vía más rápida para multiplicar la planta. Lo que no hay que hacer es tratarlas como una enfermedad, porque no lo son.


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