Identificar una suculenta se hace por descarte y en un orden concreto: primero decidir si es un cactus o no, después a qué familia pertenece, luego el género, y solo al final, si es posible, la especie. Saltarse ese orden e ir directamente a comparar fotos es lo que hace que la mayoría de la gente se atasque, porque hay miles de especies suculentas que a primera vista se parecen entre sí.

Y no es un ejercicio académico. De la identificación depende cómo se riega la planta, porque unas crecen en verano y otras en invierno; si es tóxica al manipularla; y si su comercio está regulado. Una Echeveria y un Sempervivum se confunden constantemente y sin embargo uno pasa el invierno bajo la nieve en Soria y el otro no.

Paso 1: ¿es un cactus?

El carácter que define a la familia Cactaceae y que no comparte ninguna otra planta es la areola: una almohadilla, a menudo con aspecto de fieltro, de la que brotan las espinas, los pelos, las ramificaciones y también las flores. Si las espinas salen de una areola, es un cactus. Si salen directamente del tejido del tallo o del borde de una hoja, no lo es.

Ese detalle resuelve la confusión más frecuente y más peligrosa del mundo suculento, la de los cactus con las euforbias suculentas. Muchas Euphorbia africanas tienen columnas verdes con costillas y espinas, y a distancia parecen cactus americanos. Se distinguen por dos cosas:

  • Las espinas. En la euforbia salen normalmente por pares, de un escudete situado en el borde de la costilla, no de una areola afieltrada.
  • El látex. Si se rompe un trozo, una euforbia suelta un líquido blanco lechoso; un cactus no suelta látex blanco. Ese látex es irritante para la piel y muy peligroso si alcanza los ojos, así que la prueba se hace con guantes y sin llevarse después las manos a la cara. Ante un contacto que dé problemas, la consulta es al médico.

Paso 2: la familia

Si no es un cactus, hay unas pocas familias que cubren casi todo lo que se vende. Reconocerlas por su aire general es más útil que memorizar especies.

  • Crassulaceae. La familia más numerosa en el comercio: Echeveria, Sedum, Sempervivum, Aeonium, Crassula, Kalanchoe, Graptopetalum. Hojas carnosas y enteras, sin espinas ni dientes duros, muchas veces en roseta, y flores pequeñas de cinco piezas agrupadas en ramilletes.
  • Asphodelaceae. Aloe, Haworthia, Gasteria. Rosetas de hojas lanceoladas, a menudo moteadas o con verrugas blancas, dientes blandos en el margen y flores tubulares en espiga.
  • Asparagaceae. Agave, Sansevieria. Hojas fibrosas y rígidas, y en los agaves una espina terminal dura.
  • Aizoaceae. Lithops, Conophytum, Delosperma, Carpobrotus, Aptenia. Hojas muy carnosas, a veces reducidas a un par de cuerpos casi enterrados, y flores llamativas con muchísimos pétalos finos, con aire de margarita.
  • Apocynaceae. Ceropegia, Hoya, Stapelia, Huernia. Tallos suculentos sin espinas verdaderas y flores muy raras, estrelladas, carnosas y en algunos géneros con olor desagradable.
  • Euphorbiaceae. Euphorbia suculentas. Látex blanco, siempre.

Paso 3: mirar la planta con método

Con la familia acotada, toca fijarse en caracteres concretos. Estos son los que más discriminan:

Disposición de las hojas. ¿Roseta compacta, hojas alternas a lo largo de un tallo, pares opuestos y cruzados, o un solo par de cuerpos? La roseta apretada apunta a Echeveria, Sempervivum, Aeonium o Haworthia; los pares opuestos y cruzados, a muchas Crassula.

Sección de la hoja. Corta mentalmente la hoja por la mitad: ¿es plana, triangular, cilíndrica, esférica? Una hoja cilíndrica de punta redondeada en una planta colgante lleva directamente a Senecio o Curio; una hoja triangular en sección, a muchas aizoáceas.

Superficie. ¿Lisa, aterciopelada, con pelos, con verrugas, con ventanas translúcidas en la punta? Las ventanas son característica de varias Haworthia. La pruina, esa capa cerosa blanquecina que se marca con el dedo, es habitual en Echeveria, Graptopetalum y Sedum.

Margen. Liso, con pelos finos, con dientes blandos, con dientes duros. Los dientes duros y la espina terminal son de agave.

Base de la planta. ¿Emite hijuelos desde la base? ¿Tiene tallo leñoso? ¿Es rastrera y enraíza donde toca el suelo?

Paso 4: la flor, si la tienes

Es el carácter más fiable de todos y el que menos se aprovecha, porque la mayoría de la gente intenta identificar la planta cuando no está florecida.

Fíjate en de dónde sale la inflorescencia (del centro de la roseta, de un lateral, de la areola), en la forma de la flor y en la época del año. Una Echeveria emite una inflorescencia lateral arqueada con flores acampanadas; un Aeonium, una gran panícula desde el centro de la roseta, tras la cual la roseta muere; un cactus, una flor que nace directamente de una areola. La época también informa: el cactus de Navidad florece en invierno porque responde a los días cortos, y muchos aloes florecen a final del invierno.

Si la planta ha florecido alguna vez, fotografía la flor aunque en ese momento no te interese: cuando quieras identificarla, esa foto valdrá más que veinte de las hojas.

Lo que despista

La edad. Muchas suculentas cambian por completo de aspecto al crecer. Lo que empieza como una roseta a ras de suelo acaba, años después, siendo una planta alta con tallo leñoso y hojas solo en las puntas. Comparar un ejemplar joven con la foto de uno adulto puede llevar a descartar la especie correcta.

La luz. Una misma planta cultivada a pleno sol y a la sombra parece dos especies distintas: al sol se compacta y coge tonos rojizos, morados o anaranjados; a la sombra se estira, separa las hojas y se vuelve de un verde uniforme. El color no es un carácter fiable de identificación.

El tamaño. Es orientativo pero engañoso, porque el volumen de la maceta condiciona mucho lo que crece una suculenta.

Los híbridos y cultivares. Buena parte de lo que se vende como Echeveria son híbridos hortícolas sin nombre de especie, y en Haworthia ocurre otro tanto. Ahí llegar al género es un buen resultado y empeñarse en la especie no lleva a ninguna parte.

Herramientas y atajos honestos

El primer atajo es preguntar en el punto de venta: en un vivero especializado suelen saber qué te están vendiendo, y la etiqueta, cuando existe, ahorra el trabajo entero.

Las aplicaciones de reconocimiento por foto son útiles para acotar la familia o el género, y bastante poco fiables a nivel de especie en este grupo. Sirven como punto de partida, no como respuesta. Si las usas, fotografía la planta entera, un detalle de la hoja con luz lateral, la base con los hijuelos y, si hay, la flor.

Un dato que suele resolver más que cualquier aplicación es el origen: saber si la planta vino de un vivero, de un esqueje de un balcón de la costa o de un intercambio acota muchísimo, porque el repertorio de lo que se distribuye habitualmente en España es limitado.

Por qué merece la pena acertar

La identificación cambia tres cosas prácticas. La primera, el calendario de riego: los aeonios canarios crecen en otoño e invierno y se paran en verano, mientras que una Echeveria hace lo contrario. Regar una de ellas con el calendario de la otra la mata.

La segunda, la seguridad: las euforbias suculentas sueltan un látex irritante y hay que manipularlas con guantes, y el látex amarillo de las hojas de aloe se considera tóxico para perros y gatos.

Y la tercera, la legalidad: toda la familia Cactaceae está incluida en el Apéndice II de CITES, igual que las euforbias suculentas y el género Aloe salvo Aloe vera, de modo que saber lo que tienes es también saber qué se puede intercambiar y qué no.

En resumen

Identifica por descarte: comprueba primero si hay areolas, que es lo único que define a un cactus, y si aparece látex blanco, que delata a una euforbia. Sitúa después la familia por el aire general de la planta, y solo entonces fíjate en la disposición y la sección de las hojas, la superficie, el margen y la base.

La flor es el carácter más fiable, así que fotografíala cuando aparezca. Y desconfía del color y del tamaño, que dependen de la luz y de la maceta más que de la especie. En muchos híbridos hortícolas, llegar al género ya es la respuesta completa, y con eso basta para acertar con el riego, con las precauciones de manejo y con la ubicación.


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