Un injerto de cactus prende o falla por tres cosas: limpieza, contacto entre los anillos vasculares y presión constante hasta que suelden. Todo lo demás (el tipo de corte, la herramienta, la marca de las gomas) es secundario. Si tienes esas tres controladas, la tasa de éxito con cactáceas es alta incluso la primera vez que lo intentas.
La época importa casi tanto. Se injerta en plena temporada de crecimiento, de finales de primavera a mediados de verano, cuando las dos plantas están turgentes y con savia en movimiento. Un injerto hecho en octubre sobre plantas que ya van hacia el reposo se queda parado, se seca por los bordes y acaba desprendiéndose. Si tienes que hacerlo por urgencia, porque estás rescatando una planta que se pudre, se hace en el momento y punto, pero es una excepción.
Elegir el patrón
El patrón tiene que estar sano, bien enraizado y en crecimiento activo. Una planta recién comprada, recién trasplantada o que lleva meses seca no sirve: no tiene empuje para alimentar nada. Riega el patrón unos días antes, para que llegue turgente al momento del corte.
Estos son los que más se usan y para qué sirve cada uno.
- Pereskiopsis. El patrón de las plántulas diminutas. Tallo fino, crecimiento vertiginoso, permite injertar semilleros de pocas semanas. A cambio necesita calor y humedad ambiental altos, y no es un patrón para largo plazo: se usa para criar y después se traspasa la planta a otro sitio.
- Echinopsis pachanoi y otros Trichocereus. El caballo de batalla. Columnar grueso, vigoroso, tolerante a la humedad y bastante resistente al frío, lo que en España lo hace la mejor opción general. Además tiene las areolas pequeñas y hundidas, así que la superficie de corte queda limpia.
- Selenicereus undatus, antes Hylocereus undatus. Muy usado en producción comercial porque es rápido y no se pudre con facilidad. Su punto débil es el frío: en un invierno de interior peninsular sufre, y con él se va la púa. Es el patrón de los cactus de colores que se venden en floristería, y explica por qué duran tan poco.
- Myrtillocactus geometrizans. Buen equilibrio entre vigor y aguante, con injertos que se mantienen bien en forma.
- Opuntias y cilindropuntias. Para injertar sobre ellas material del mismo grupo. Trabajar con gloquidios es incómodo, así que guantes.
El diámetro no tiene que coincidir. Lo habitual es que el patrón sea más grueso que la púa, y eso no es problema mientras los anillos vasculares se crucen en algún punto.
Preparar el sitio y el material
Un injerto se hace en pocos segundos y no admite ir a buscar cosas a mitad. Prepara todo antes.
- Una mesa despejada, plana y con buena luz. Los injertos de plántula son diminutos y se pierden de vista con nada.
- Hoja muy afilada: bisturí, cúter con hoja nueva o cuchilla de afeitar. Unas tijeras aplastan el tejido y no valen.
- Alcohol para desinfectar, y papel absorbente para secar la hoja después de cada pasada. El alcohol residual sobre la superficie de corte la daña.
- Pinzas, si vas a manejar plántulas.
- Gomas elásticas, hilo de algodón o pesas pequeñas para mantener la presión.
La limpieza es lo que separa un injerto que prende de uno que se pudre. Desinfecta la hoja antes de empezar y entre corte y corte, seca siempre, y no toques con los dedos las superficies cortadas.
Los tres cortes
El tipo de corte lo elige la forma de las dos plantas, no la preferencia personal.
Corte plano. El más común y el más fácil. Se decapita el patrón con un corte horizontal limpio y se corta la base de la púa igual. Conviene rematar biselando el borde del patrón, rebajando el canto alrededor del anillo vascular, porque el tejido de fuera se contrae al secarse y, si queda un reborde alto, levanta la púa y deshace el contacto. Ese biselado es el detalle que más injertos salva y el que más gente omite.
Corte en cuña o de hendidura. Para superficies muy pequeñas, o cuando quieres que la púa siga creciendo en vertical. Se hace una hendidura en V en el patrón y se afila la base de la púa en cuña para encajarla dentro. Sujeta sola bastante bien, lo que ayuda cuando poner una goma es complicado.
Corte lateral. Corte diagonal en el tallo de las dos piezas, que se apoyan una contra otra. Es la opción para tallos cilíndricos y delgados, y es casi tan sencillo como el plano.
Encajar los anillos vasculares
Al cortar transversalmente un cactus aparece un círculo de puntos algo más oscuros: es el haz vascular. Ese anillo es lo que hay que hacer coincidir, no el contorno de las plantas.
Su diámetro cambia según a qué altura hayas cortado, así que puedes ajustarlo cortando un poco más arriba o más abajo hasta que los dos anillos sean parecidos. Si no logras que coincidan del todo, basta con desplazar la púa hacia un lado para que los dos círculos se crucen en un tramo. Lo que nunca funciona es dejar un anillo pequeño centrado dentro de uno grande sin que se toquen.
Al apoyar la púa, gírala un poco sobre el patrón antes de soltarla. Con ese movimiento se expulsa el aire atrapado entre las dos superficies, y las burbujas de aire son otra causa frecuente de fallo. Trabaja rápido: en cuanto las superficies empiezan a secarse forman una película que impide la soldadura.
Sujetar y esperar
La presión debe ser firme y constante, pero suave. Dos gomas elásticas cruzadas en ángulo recto, pasando por encima de la púa y por debajo de la maceta, es el sistema clásico y funciona. En injertos pequeños basta con una pesa ligera apoyada encima, o incluso nada si el encaje es en cuña. Si aprietas demasiado, hundes la púa y la deformas.
Después, la planta va a un sitio cálido, resguardado y a la sombra. Nada de sol directo sobre la unión durante las primeras semanas. Ambiente algo húmedo, temperaturas templadas del orden de veinte a treinta grados, que es lo que consiguen la mayoría de los injertos.
No riegues por encima ni mojes la unión. Riega el patrón por el sustrato, con moderación, y evita cualquier goteo sobre el corte.
Al cabo de dos o tres semanas, prueba con una presión muy suave lateral. Si la púa no se mueve, ha prendido: quita las gomas y empieza a devolver la planta a la luz de forma gradual, primero unas horas de sol suave y ampliando poco a poco. Sacar de golpe al sol una planta que lleva semanas en sombra la quema.
Después del injerto
Un injerto no se acaba cuando prende. El patrón va a emitir brotes por debajo de la unión, y si los dejas se llevarán el vigor que debería ir a la púa. Se retiran en cuanto aparecen, con la misma limpieza que el resto.
Con el tiempo, hay dos caminos. Uno es mantener la planta injertada de por vida, reinjertando la púa sobre un patrón nuevo cuando el viejo se agote. El otro es usar el injerto solo como fase de crecimiento acelerado y, cuando la púa tenga tamaño suficiente, separarla y enraizarla sobre sus propias raíces, dejándola secar hasta que forme callo antes de plantarla. La segunda opción da una planta de aspecto mucho más natural.
Si el injerto falla, casi siempre es por una de estas causas: superficies secas antes de juntarlas, anillos vasculares que no se cruzaban, aire atrapado, contaminación de la hoja, presión insuficiente o excesiva, o época equivocada. Merece la pena repasar la lista antes de volver a intentarlo, porque el fallo suele repetirse por el mismo motivo. Si aún estás decidiendo si compensa hacerlo, en el artículo sobre por qué injertar un cactus están las razones y los casos en los que es mejor no hacerlo.
En resumen
Injertar un cactus es unir dos cortes limpios con los anillos vasculares solapados y mantenerlos apretados hasta que sueldan. Se hace en plena temporada de crecimiento, con una hoja afilada y desinfectada, biselando el borde del patrón, girando la púa al apoyarla para expulsar el aire y sujetando con gomas cruzadas.
Después vienen dos o tres semanas en sombra, con calor y sin mojar la unión, y una vuelta gradual a la luz. Elige el patrón pensando en el clima donde va a vivir la planta, y no descuides después los brotes que el patrón emitirá por debajo del injerto.