Sedum morganianum, la cola de burro, es una crasulácea colgante mexicana de tallos largos cubiertos de hojas carnosas azuladas, muy apretadas y muy fáciles de desprender. Se cultiva casi siempre en maceta colgante, y sus dos exigencias reales son mucha luz y que el sustrato se seque entre riegos. Lo demás es cuestión de no tocarla.

Esa fragilidad de las hojas condiciona todo el manejo. No es una planta para un pasillo por donde se roce, ni para una repisa donde haya que moverla cada semana: se elige un sitio con buena luz y se deja ahí. A cambio, es de las suculentas más agradecidas y de las más fáciles de multiplicar, porque cada hoja que cae es una planta nueva en potencia.

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Cómo es la planta

Es originaria de México, donde crece en paredones rocosos, colgando de las grietas. Los tallos son flexibles y se van alargando con el tiempo: en una planta bien cultivada superan con facilidad el medio metro y en ejemplares viejos pueden acercarse al metro. Las hojas son cilíndricas o algo lanceoladas, gruesas, dispuestas en espiral muy densa alrededor del tallo, de un verde azulado que se debe a la pruina, la capa cerosa que las recubre.

Esa pruina es funcional: refleja parte de la radiación y reduce la pérdida de agua. Conviene saber que no se regenera en la hoja que la pierde, así que las marcas de dedos quedan para siempre en esa hoja. Se manipula la planta por la maceta, nunca por los tallos.

Florece en las puntas de los tallos, con pequeñas flores de tono rosado a rojizo agrupadas en ramilletes colgantes. En interior es raro verlas; unas horas de sol directo durante la temporada de crecimiento y un invierno fresco aumentan mucho las probabilidades.

Luz

Necesita luz muy brillante, y agradece varias horas de sol directo suave al día. Con luz insuficiente el resultado es inconfundible: tallos alargados con las hojas separadas entre sí, en lugar de esa columna compacta que caracteriza a la especie, y color pálido.

El sol de mediodía en verano, en cambio, la quema, sobre todo si viene de golpe tras un invierno en interior. En España la posición ideal es un balcón o una galería orientada al este, o un sitio a pleno sol de mañana y a la sombra durante las horas centrales. Si la vas a sacar al exterior en primavera, aumenta la exposición poco a poco a lo largo de dos o tres semanas.

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Riego: el punto donde se pierden

Se riega cuando el sustrato está seco en profundidad, no según un calendario. En primavera y verano, con la planta creciendo y en un balcón caluroso, eso puede ser cada semana o cada diez días; en un interior fresco, mucho menos. La forma de comprobarlo es el peso de la maceta o el dedo metido varios centímetros: si hay humedad, se espera.

En invierno la planta se para y el riego se reduce drásticamente. Aquí está el error que mata a estas plantas y merece la pena decirlo sin rodeos: lo que acaba con una cola de burro no es la sequía, es el riego de invierno sobre un sustrato que retiene agua. Con temperatura baja, poca luz y poca evaporación, el agua se queda en el cepellón, las raíces se pudren y para cuando los tallos se ablandan ya no hay marcha atrás.

Se riega siempre al sustrato, nunca por encima de la planta: el agua que queda entre las hojas apretadas no se evapora bien y arrastra además la pruina. Y nada de plato con agua permanente debajo.

Sustrato y maceta

Una mezcla para cactus y suculentas aligerada con material mineral grueso (arena de sílice, perlita, puzolana) funciona bien. Lo importante es que el agua atraviese el cepellón deprisa y que quede aire entre partículas.

La maceta debe ser colgante, con agujeros de drenaje libres, y no mucho más grande que el cepellón. Un tiesto desproporcionado guarda sustrato húmedo durante semanas sin que ninguna raíz lo aproveche. El barro sin esmaltar ayuda porque seca antes que el plástico, aunque pesa más colgado.

El abono es opcional y siempre moderado: un fertilizante para suculentas muy diluido, una o dos veces durante la temporada de crecimiento. El exceso da un crecimiento blando, con hojas más separadas y más propenso a pudrirse.

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Frío y ubicación durante el año

No tolera las heladas. En el litoral mediterráneo, en Baleares y en Canarias puede pasar el año en el exterior en un sitio resguardado y cubierto de la lluvia; en la meseta y en el interior peninsular hay que entrarla antes de las primeras heladas.

El invierno ideal es fresco, luminoso y seco: una galería sin calefacción, un porche acristalado, una habitación poco usada. Ese descanso en fresco es además lo que favorece la floración de la primavera siguiente. Lo que no le conviene es un salón caldeado y con poca luz, donde ni descansa ni crece bien y termina ahilándose.

Multiplicación

Es de las suculentas más sencillas de reproducir, y de hecho se propaga sola: las hojas que se desprenden y caen sobre el sustrato acaban enraizando por su cuenta.

Para hacerlo de forma deliberada, hay dos vías. Con hoja: se separa una hoja entera, con su base intacta, girándola suavemente a un lado y otro hasta que se suelta; se deja secar un par de días sobre una bandeja y luego se apoya sobre sustrato apenas húmedo, sin enterrarla. Con esqueje de tallo: se corta una punta de diez o quince centímetros, se retiran las hojas de la parte baja, se deja cicatrizar unos días y se planta. El esqueje de tallo da una planta lucida mucho antes que la hoja.

En ambos casos, luz brillante sin sol directo, sustrato apenas húmedo y paciencia. Regar en exceso durante el enraizamiento es la causa habitual de fracaso.

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Problemas habituales

Tallos pelados por la base. Con los años, la parte alta pierde hojas y la planta queda con el cuello desnudo y las puntas frondosas. No tiene arreglo directo: se cortan las puntas, se enraízan y se replanta la maceta con ellas.

Cochinilla algodonosa. Es la plaga típica y aquí resulta especialmente incómoda, porque se esconde entre unas hojas tan apretadas que no se ve nada. Se detecta por las motas blancas algodonosas y por la melaza pegajosa. En una planta doméstica lo eficaz es aislarla, retirar las cochinillas con un bastoncillo y revisarla cada pocos días durante varias semanas.

Hojas que caen a montones. Si es por roce, es normal. Si caen solas, sin tocarlas, y los tallos se notan blandos, el problema es riego y hay que revisar el drenaje de inmediato.

Si un problema se resiste, ten presente que en jardinería particular solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, consultables en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y que la dosis y los plazos son los de la etiqueta.

En resumen

La cola de burro pide luz muy brillante con sol directo suave, sustrato drenante en maceta colgante ajustada y riego solo cuando el cepellón se ha secado. En invierno, sitio fresco, luminoso y seco, y riego reducido al mínimo: el riego de invierno sobre sustrato húmedo es lo que la mata, no la sed.

Manipúlala lo menos posible y siempre por la maceta, porque las hojas se desprenden al mínimo roce y la pruina no se recupera. Cuando los tallos queden pelados por arriba, corta las puntas y vuelve a enraizarlas: es la forma normal de rejuvenecer la planta, y con las hojas caídas tendrás ejemplares nuevos sin proponértelo.


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