El cactus San Pedro (Echinopsis pachanoi, antes Trichocereus pachanoi) es un cactus columnar andino, de crecimiento rápido para lo que es habitual en la familia, y uno de los más fáciles de mantener vivo. Quiere sol pleno, sustrato mineral que drene deprisa y un riego que se corta casi por completo en invierno. Con eso, en el litoral mediterráneo y en Canarias vive fuera todo el año y supera con holgura los tres metros.

Es también un cactus que llega con dos preguntas de cultivo recurrentes: cómo distinguirlo de Echinopsis peruviana, con el que se vende indistintamente, y hasta qué punto aguanta el frío del interior peninsular. Las dos tienen respuesta clara.

Qué planta es

Es originario de la vertiente andina de Perú y Ecuador, donde crece a bastante altitud, y se cultiva desde hace mucho en otros países de la zona y en jardines de medio mundo. Forma columnas verticales de color verde claro a verde azulado que oscurecen con la edad, con costillas anchas y redondeadas y areolas con espinas cortas, escasas y a veces casi ausentes, de tono amarillento a pardo. Ramifica desde la base y con los años forma matas de varios brazos.

Las flores son grandes, blancas, muy perfumadas y nocturnas: abren al anochecer y se marchitan a lo largo del día siguiente. Aparecen en ejemplares ya crecidos y cerca del ápice de las columnas.

La confusión con Echinopsis peruviana, la antorcha peruana, es constante y en el comercio los nombres se intercambian con alegría. La diferencia práctica está en la espina: el San Pedro tiene espinas cortas, pocas por areola y de color claro, mientras que E. peruviana las tiene más largas, más numerosas y pardas, y el tallo suele verse más glauco. Distinguir con seguridad ejemplares jóvenes o mal etiquetados es difícil incluso para gente con experiencia, así que si el dato importa, conviene comprar en un vivero especializado.

Hay que mencionar un punto que no es de jardinería pero que rodea siempre a esta planta: contiene mescalina, una sustancia incluida en la Lista I del Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971, y ese es el motivo de que su uso esté regulado en distintos países. Su papel en rituales andinos está documentado desde hace milenios. Todo eso queda fuera del cultivo ornamental, que es de lo que trata este artículo.

Luz y temperatura

A pleno sol, con una salvedad importante. Un ejemplar maduro y aclimatado aguanta el sol de julio en Murcia sin inmutarse, pero una planta joven, o una que ha pasado el invierno dentro de casa o en un invernadero, se quema si se saca de golpe al sol directo. La quemadura deja una cicatriz blanquecina o parda permanente en la columna. La aclimatación se hace en dos o tres semanas, aumentando poco a poco las horas de sol o usando una malla de sombreo al principio.

En cuanto al frío, es más resistente que la mayoría de los cactus de interior porque procede de la montaña, y tolera heladas ligeras y breves siempre que el sustrato esté seco. La combinación que lo mata no es el frío por sí solo, sino el frío con el sustrato húmedo. En el litoral mediterráneo, Baleares y Canarias pasa el invierno en el exterior sin protección; en la meseta y en el interior conviene cultivarlo en maceta y resguardarlo en un lugar fresco, luminoso y seco, o cubrirlo si está plantado en suelo y las heladas son fuertes.

Riego y sustrato

De primavera a otoño se riega de forma moderada pero regular: se empapa bien el sustrato y no se vuelve a regar hasta que se ha secado en profundidad. En una ola de calor agradece algo más de agua que un cactus de desierto, porque en su hábitat hay estación de lluvias. En invierno se reduce el riego al mínimo o se suprime, según la temperatura a la que esté.

Ese es el punto crítico y conviene dejarlo claro: lo que mata a estos cactus es el riego de invierno sobre un sustrato que retiene agua, no la falta de riego. Un San Pedro puede pasar meses secos sin más consecuencia que arrugarse un poco; un mes con las raíces frías y encharcadas lo pudre desde la base.

El sustrato debe ser francamente mineral: una mezcla comercial para cactus aligerada con arena gruesa de sílice, puzolana o grava volcánica, en proporción generosa. Las macetas de barro sin esmaltar ayudan mucho porque pierden humedad por la pared y secan el cepellón antes que el plástico. Los agujeros de drenaje, libres, y nada de plato con agua debajo.

El suelo de su hábitat es más rico que el de un cactus del desierto, de modo que agradece un abonado ligero durante el crecimiento, con fertilizante para cactáceas, bajo en nitrógeno y con más potasio y fósforo. Se suspende en invierno.

Multiplicación

Por esqueje es casi infalible, y es la vía normal. Se corta una sección de columna con un cuchillo limpio y afilado, se deja secar en vertical, en sombra y con buena ventilación, hasta que el corte cicatrice y forme una costra seca: en un tallo grueso eso puede llevar de una a varias semanas, y tener prisa aquí es la forma más común de perder el esqueje por podredumbre.

Después se planta apenas enterrado en sustrato seco o muy ligeramente húmedo, se sujeta con un tutor si hace falta, y no se riega hasta pasados unos días. La planta madre rebrota por la zona de corte, normalmente con varios brazos.

Plagas y podredumbres

Las plagas habituales son cochinilla algodonosa, cochinilla de las raíces y ácaros. La primera se instala en las areolas y en los pliegues entre costillas, y se detecta por las motas algodonosas blancas; la de raíces solo se ve al desenmacetar, y es una buena razón para revisar el cepellón cada vez que se trasplanta.

El orden de trabajo frente a plagas lo marca el Real Decreto 1311/2012, de uso sostenible de los productos fitosanitarios, que coloca la gestión integrada de plagas como principio: prevención y medios físicos y biológicos antes que el tratamiento químico. En un cactus de colección eso es perfectamente realista. Aislar la planta afectada, retirar las cochinillas una a una con un bastoncillo, revisar las raíces al trasplantar y mantener buena ventilación resuelven la mayoría de los casos sin aplicar nada.

Cuando el problema se repite, mucha gente que cultiva cactáceas recurre a productos de aceite de neem para plantas, que actúan por contacto sobre insectos de cuerpo blando y son cómodos de aplicar con pulverizador en una colección pequeña. Dos advertencias honestas: cualquier producto destinado a proteger plantas debe estar autorizado, y en jardinería particular la lista aplicable es la de productos para jardinería exterior doméstica del Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio; y la dosis, la frecuencia y los plazos son los de la etiqueta del envase, nunca los de un foro. Sobre un cactus, además, conviene aplicar al atardecer y no con la planta a pleno sol, porque el aceite sobre el tallo caliente favorece la quemadura.

Las podredumbres y los hongos aparecen casi siempre asociados al exceso de agua. Si detectas una lesión blanda, corta con cuchillo limpio hasta encontrar tejido sano y deja secar la superficie de corte. Si el daño llega demasiado abajo, la solución práctica es sacrificar la planta y rescatar la parte alta como esqueje. Sustrato drenante, calor, ventilación y herramientas limpias previenen casi todo.

En resumen

El San Pedro es un cactus columnar andino, rápido y agradecido: sol pleno con aclimatación previa, sustrato muy mineral, riego moderado y regular de primavera a otoño y prácticamente nulo en invierno. Tolera heladas ligeras si está seco, lo que le permite vivir fuera todo el año en el litoral mediterráneo y en Canarias, y aconseja maceta y resguardo en el interior peninsular.

Se multiplica por esqueje sin dificultad, con la única condición de dejar cicatrizar bien el corte antes de plantar. Y como toda la familia Cactaceae está incluida en el Apéndice II de CITES, el material debe proceder de propagación artificial, algo que en esta especie es lo normal precisamente por lo fácil que resulta reproducirla.


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