Una dalia no sale de un bulbo. Sale de un manojo de raíces engrosadas unidas a un trozo de tallo viejo, y esa diferencia decide cómo se planta, cómo se divide y por qué se pudre tan a menudo el primer año. Lo que se guarda en el cajón durante el invierno es un racimo de raíces tuberosas, y cada una de ellas solo sirve si lleva pegado un pedazo del cuello con una yema visible: una raíz suelta, por gorda que sea, no brota jamás.

Con eso resuelto, el calendario es sencillo en España. Los tubérculos se plantan cuando la tierra pasa de 12 grados y ya no hay riesgo de helada, lo que en la mitad sur cae a finales de marzo y en el interior norte en abril o principios de mayo. Florecen desde julio hasta la primera helada de otoño, y en el litoral mediterráneo pueden seguir hasta noviembre. El género Dahlia es mexicano, tiene unas 42 especies silvestres y es flor nacional de México desde 1963.

Dalias en flor mostrando la forma esferica de las variedades decorativas

Raíz tuberosa, no bulbo: lo que cambia al dividir

Un bulbo es un tallo comprimido rodeado de hojas carnosas y lleva sus yemas dentro. Un tubérculo verdadero, como el de la patata, es tallo engrosado y tiene yemas repartidas por toda la superficie. La dalia no es ninguna de las dos cosas: sus órganos de reserva son raíces hinchadas, y las raíces no producen yemas. Las yemas están únicamente en el cuello, la zona donde las raíces se unen al tallo del año anterior.

De ahí salen tres consecuencias prácticas. Al dividir una mata en primavera, cada porción debe llevar cuello con al menos una yema hinchada; conviene esperar a marzo, cuando las yemas ya se ven, en lugar de dividir a ciegas en otoño. Al plantar, la parte del cuello queda arriba y las raíces apuntando hacia abajo o tumbadas en abanico. Y al comprar, un manojo con muchas raíces pero el cuello dañado no vale nada, mientras que dos raíces con un cuello sano dan una planta perfecta.

La otra particularidad es que la dalia no se riega justo después de plantarla. Las raíces almacenadas no absorben agua todavía y el suelo húmedo las pudre. Se planta en tierra apenas fresca y no se vuelve a regar hasta que asoma el primer brote, quince o veinte días después.

De México a Madrid: cómo la dalia acabó llamándose dalia

Los mexicas la llamaban acocoxochitl, algo así como flor de tallo hueco de agua, y aprovechaban esos tallos huecos como conducciones. También cultivaban las raíces como alimento, y ahí sigue habiendo interés: en México se recuperan variedades tradicionales de flor y de raíz comestible.

La historia europea de la planta empieza en Madrid. En 1789 llegaron semillas al Real Jardín Botánico desde Nueva España, enviadas por Vicente Cervantes, y fue Antonio José Cavanilles quien describió y publicó el género en 1791, dedicándolo al botánico sueco Anders Dahl, discípulo de Linneo. Las primeras dalias que florecieron fuera de América lo hicieron por tanto en Madrid, y de ahí se repartieron al resto del continente. En Alemania, donde el nombre ya estaba ocupado por otra planta, se impuso durante décadas el nombre alternativo de Georgina.

Por qué existen decenas de miles de dalias distintas

El catálogo mundial de cultivares registrados de dalia supera con holgura las cincuenta mil entradas, una cifra que no tiene ninguna otra planta de arriate. La explicación es genética.

La dalia de jardín es octoploide: tiene ocho juegos de cromosomas en lugar de los dos habituales. Con ocho copias de cada gen, una mutación en una de ellas no se pierde ni resulta letal, sino que se queda ahí y se recombina. A eso se suma que el genoma de la dalia está muy cargado de elementos transponibles, fragmentos de ADN que cambian de posición y que son los responsables de esas flores con rayas, salpicaduras y sectores de color distinto que aparecen de forma espontánea en una mata.

El resultado práctico es que una dalia sembrada de semilla casi nunca se parece a su madre, y que cualquier cultivar con nombre solo se mantiene multiplicándolo por división de la mata o por esqueje de brote. Si siembras semilla de dalia obtendrás plantas nuevas, todas distintas, casi todas de flor simple.

Los grupos de dalia según la forma de la flor

Antes de la tabla, una aclaración que vale para toda esta familia: lo que llamamos flor de dalia es en realidad un capítulo, una inflorescencia compacta formada por decenas o cientos de flores diminutas. Las diferencias entre grupos son diferencias en la forma y proporción de esas flores individuales. La mecánica completa está explicada en la ficha del girasol, donde se ve a simple vista.

GrupoForma de la florDiámetro típicoUso donde luce
SimpleUna sola fila de lígulas y disco central visible7-10 cmArriate, muy buena para polinizadores
AnémonaLígulas externas y centro abultado de flósculos alargados8-12 cmBordura, jarrón
CollaretteFila externa y un collar corto de otro color alrededor del disco8-10 cmArriate, insectos
NenúfarLígulas anchas y planas, flor poco profunda10-15 cmLa mejor para flor cortada
DecorativaCompletamente doble, lígulas anchas y planas10-25 cmFondo de arriate, requiere tutor
BolaEsfera compacta de lígulas enrolladas en tubo8-15 cmJarrón, dura mucho cortada
PompónIgual que la bola pero por debajo de 5 cmmenos de 5 cmMacetas y ramos pequeños
CactusLígulas enrolladas hacia atrás en punta afilada10-25 cmEfecto espectacular, frágil con lluvia
SemicactusEnrolladas solo en la mitad exterior10-25 cmIntermedia, más resistente
PeoníaDos o tres filas de lígulas y disco visible10-15 cmArriate naturalista

Aparte de estos grupos está Dahlia imperialis, la dalia arbórea, que no se comporta como ninguna de las anteriores: alcanza seis o siete metros, no florece hasta que los días se acortan por debajo de doce horas y por eso en España abre en noviembre y diciembre, con riesgo de que la helada se la lleve antes. Tenemos ficha aparte de la dalia imperialis.

Cuándo, dónde y a qué profundidad se plantan

Quieren sol directo, seis horas como mínimo y ocho mejor, salvo en Andalucía y Murcia, donde una sombra a partir de las cinco de la tarde en julio evita que las flores se quemen y se abran mal. El suelo tiene que drenar: la dalia soporta bien la sequía puntual y nada bien el barro.

El hoyo se hace de unos 20 centímetros y el manojo de raíces se coloca tumbado, con el cuello a unos 10 o 12 centímetros de la superficie en variedades altas y 8 en las bajas. Si vas a poner tutor, se clava en ese momento y no después, cuando la planta tiene medio metro y las raíces ya están donde no las ves. La distancia entre plantas va de 40 centímetros en las enanas de bordura a 80 o 90 en las decorativas grandes.

En maceta se puede, con dos condiciones: recipiente de 30 litros como mínimo para una variedad de talla media, y riego diario en julio y agosto. Tenemos un artículo específico sobre plantar dalias en maceta.

Pinzar y tutorar: el trabajo de junio que decide la floración

Cuando la planta alcanza el cuarto par de hojas, unos 25 o 30 centímetros, se corta la punta justo por encima de ese par. La planta responde emitiendo dos brotes laterales en lugar de un solo tallo central, y a partir de ahí se ramifica. Una dalia pinzada da el doble de flores y aguanta mejor el viento; una sin pinzar da un tallo único, alto y quebradizo, con una flor grande arriba.

Las variedades por encima de un metro necesitan tutor sí o sí. Los tallos de la dalia son huecos y se parten con una tormenta de agosto llevándose la mata entera. Una caña por planta con dos ataduras flojas basta para las de talla media; las decorativas grandes agradecen tres cañas en trípode.

El desbotonado es opcional y depende de para qué las quieras: si retiras los dos capullos laterales de cada terna y dejas solo el central, obtienes flores mucho mayores con tallo largo, ideales para cortar. Si los dejas todos, tienes más flores y más pequeñas, que es lo que luce en el jardín.

Cómo distinguir un capullo de una flor pasada

Es una duda razonable, porque la dalia marchita cierra sus brácteas y vuelve a parecer un botón. La diferencia es la forma: un capullo por abrir es redondo, casi esférico, y se nota liso al tacto. Una flor pasada es cónica, con la punta más estrecha, y cede blanda si se aprieta. En cuanto lo compruebas una vez ya no se olvida.

Retirar las flores gastadas no es estética, es producción: mientras la planta esté formando semillas, deja de emitir capullos nuevos. Un repaso de cinco minutos cada semana, cortando el tallo hasta el primer par de hojas por debajo, alarga la floración hasta seis semanas más.

Riego y abono a lo largo del verano

Después del arranque, la dalia es una planta exigente en agua. En plena canícula pide dos o tres riegos abundantes por semana en suelo, no un rociado diario: el agua tiene que llegar a 25 centímetros de profundidad. Con riego superficial la mata se marchita a mediodía aunque el suelo parezca húmedo.

El abono es donde más gente se equivoca. Un abono universal rico en nitrógeno produce dalias de un metro y medio, verdes, densas y sin flor. Lo que necesitan es fósforo y sobre todo potasio: un abono de tomate o de floración cada dos semanas desde que aparecen los primeros capullos hasta septiembre. Puedes ampliar en cómo abonar las dalias.

Otoño: levantarlas o dejarlas en el suelo

La primera helada ennegrece el follaje en cuestión de horas. A partir de ese momento, y esperando una semana para que las raíces terminen de madurar, se corta el tallo a 10 centímetros, se levanta el cepellón con horca, se sacude la tierra y se deja secar boca abajo unos días en un lugar ventilado y sin sol.

El almacenaje se hace en cajas con vermiculita, serrín o virutas apenas humedecidas, a una temperatura de entre 5 y 10 grados. Ni congelado ni caliente: por encima de 12 grados brotan en enero dentro de la caja y por debajo de 2 se hielan. Una revisión en enero para retirar lo que empiece a enmohecer evita perder el lote entero.

En Canarias, en el litoral mediterráneo y en general donde no se baje de 4 o 5 grados bajo cero, se pueden dejar en tierra con 10 centímetros de acolchado, siempre que el suelo drene y el arriate no reciba riego en invierno. El enemigo no es el frío, es el agua estancada sobre unas raíces dormidas.

Tijeretas, babosas y el oídio de septiembre

Las babosas y los caracoles se comen los brotes tiernos en cuanto asoman, en abril y mayo, y pueden acabar con una planta antes de que se vea. Es el único momento del año en que hay que vigilar a diario.

Las tijeretas suben de noche y agujerean los pétalos de las flores dobles claras, donde más se nota. El remedio clásico sigue funcionando: una maceta pequeña boca abajo rellena de paja sobre la caña del tutor, que recogerlas por la mañana.

El oídio aparece a partir de finales de agosto, cuando las noches refrescan y hay rocío, como un polvillo blanco en las hojas bajas. Rara vez mata la planta a esas alturas de temporada, y se limita mucho separando las plantas para que corra el aire y regando al pie en lugar de por aspersión. Tienes más detalle en el oídio.

Lo que sí es irreversible es el virus del mosaico de la dalia, que produce aclarados y arrugas en las hojas jóvenes y plantas cada vez más achaparradas. Se transmite por pulgón y por herramienta de corte. No hay cura: la mata se destruye y las tijeras se desinfectan.

Cómo hacer que duren en jarrón

La dalia tiene fama de flor cortada mala, y es injusta: dura de cuatro a siete días si se hace bien. Se corta a primera hora de la mañana, con la flor ya abierta del todo, porque un capullo de dalia cortado no abre nunca. Y el tallo hueco es el problema, porque forma un tapón de aire que impide la subida del agua.

La solución habitual de las floristas consiste en meter los cinco centímetros finales del tallo recién cortado en agua muy caliente, casi hirviendo, durante unos sesenta segundos, y pasarlo después a agua fría hasta el borde del jarrón. El calor coagula el látex y elimina la burbuja. Los grupos de bola y pompón son los que más aguantan; los cactus, los que menos.

La inulina, la reserva que no es almidón

Las raíces de dalia no almacenan almidón sino inulina, un polímero de fructosa que la planta comparte con la achicoria, el topinambur y la alcachofa, todas ellas también de la familia de las compuestas. Es un rasgo bastante extendido en el grupo.

Ese detalle tuvo su momento de gloria en el siglo XIX, cuando la inulina de dalia se usó como fuente industrial de fructosa y llegó a proponerse como alimento para personas con diabetes, antes de que se entendiera bien el metabolismo. Hoy la inulina de dalia se sigue empleando en laboratorio, en medios de cultivo y en pruebas de función renal. Como planta comestible doméstica no tiene interés: las raíces son fibrosas y de sabor irregular, y algunas variedades ornamentales producen reacciones cutáneas al manipularlas.

En resumen

La dalia se planta en primavera cuando la tierra pasa de 12 grados, a 10 centímetros de profundidad, tumbada y con el cuello arriba, y no se riega hasta que brota. Cada trozo de mata debe llevar cuello con yema, porque las raíces engrosadas por sí solas no brotan. Pinzada al cuarto par de hojas, tutorada, regada en profundidad y abonada con potasio en lugar de nitrógeno, florece de julio hasta la primera helada. Después se levanta y se guarda entre 5 y 10 grados, o se deja en tierra acolchada si el invierno es suave y seco. Es mexicana, se describió y bautizó en el Real Jardín Botánico de Madrid en 1791, y su condición octoploide explica que existan decenas de miles de variedades y que ninguna se reproduzca fiel por semilla.


Contenidos relacionados