Las plantas de acuario no se plantan todas igual, y ese es el motivo por el que la mayoría de los primeros acuarios plantados fracasan. Si compras cinco bolsas, las clavas todas en la grava y enciendes la luz, en tres semanas tendrás un helecho pudriéndose por la base, una espada tirando adelante y un manojo de tallos flotando boca arriba. No es cuestión de suerte ni de abono: cada grupo se sujeta al acuario de una manera distinta, y a dos de ellos enterrarlos los mata.

Aquí tienes el reparto por tipo de sujeción, que es la forma útil de ordenarlo: rizoma, roseta, cinta, tallo, musgo y las que no tienen raíz en absoluto. Antes, lo que hay que hacer con la planta el rato que pasa entre la tienda y el agua, que también decide bastante.

Acuario densamente plantado con helechos, espadas y musgos y un banco de peces pequeños En un acuario así conviven cinco formas de sujeción distintas: rizomas atados a la madera, rosetas enraizadas en el fondo, cintas, tallos y musgo.

Lo primero: sacar la planta de su envase

Casi todas las plantas de acuario llegan en uno de estos cuatro formatos, y ninguno se mete tal cual en el agua.

  • Maceta de plástico con lana de roca. El cepellón blanco o amarillento no es sustrato: es el soporte de vivero. Hay que sacar la planta del tiesto y retirar la lana con paciencia, deshaciendo la mata bajo un chorro fino de agua templada. Si dejas lana dentro del acuario, la raíz queda encapsulada, la materia se descompone entre los filamentos y acaba oliendo.
  • Manojo con una tira de plomo. Los tallos vienen apretados por una banda metálica que estrangula la base. Se quita siempre, y los tallos se separan uno a uno.
  • Bote in vitro. Plantas cultivadas en gel, estériles y muy limpias, pero el gel hay que enjuagarlo entero: es azúcar y alimenta bacterias y hongos dentro del acuario.
  • Porción atada a una piedra o a un trozo de madera. Se mete tal cual, aunque conviene revisar el hilo, que a veces viene demasiado tenso.

Dos advertencias que se dan poco en la tienda. La primera es que con la planta entran polizones: caracoles, sus puestas, planarias y a veces algas filamentosas. Si tienes gambas, no uses productos anticaracoles sin leer la composición, porque varios llevan cobre y el cobre mata invertebrados. Lo prudente es revisar hoja por hoja y, si puedes, pasar la planta por una cuarentena en un recipiente aparte durante un par de semanas.

La segunda es que la mayoría de las plantas de acuario se cultivan en vivero fuera del agua, porque así crecen más deprisa. Al sumergirlas, esas hojas aéreas se deshacen y la planta emite hojas nuevas de forma distinta. Ese desmoronamiento inicial es normal y no significa que la hayas matado: se retira lo que se disuelve y se espera.

Rizoma: lo que no se entierra jamás

Es el grupo de las anubias y del helecho de Java, Microsorum pteropus. Lo que parece un tallo grueso y rastrero es el rizoma, y de él salen las hojas por arriba y unas raíces oscuras y ásperas por abajo. Esas raíces no son de absorción principal: son de agarre. La planta come del agua.

Mata de helecho de Java con hojas alargadas y nervadura marcada dentro de un acuario El helecho de Java se agarra por el rizoma. Si ese rizoma queda bajo la grava se pudre, por muy sana que esté la hoja.

Si entierras el rizoma bajo la grava, se pudre. Tarda unas semanas, y cuando lo notas ya se ha reblandecido por dentro. La forma correcta es atarlo a una piedra o a un trozo de madera con hilo de algodón o de nailon fino, o fijarlo con una gota de adhesivo de cianoacrilato en gel, que es inocuo una vez curado bajo el agua. En unos meses las raíces habrán colonizado la superficie y el hilo se puede retirar, o lo cubre la propia planta.

Son las plantas más agradecidas que existen para empezar: viven con poca luz, no piden CO2 inyectado y crecen despacio, así que no dan trabajo de poda. Los cuidados concretos del helecho de Java están en su ficha.

Rosetas: espadas y criptocorinas

Aquí sí hay raíz de verdad, y abundante. Las espadas del género Echinodorus y las criptocorinas forman una corona de hojas sobre un pie corto y desarrollan un sistema radicular que puede ocupar media maceta. Son las plantas que justifican tener sustrato en el acuario.

Roseta de espada amazónica de hojas anchas enraizada en la grava clara de un acuario Una espada bien plantada: las raíces enterradas y la corona justo a ras de la grava, ni un milímetro por debajo.

Se plantan con unas pinzas largas, hundiendo las raíces en diagonal y tirando después un poco hacia arriba, hasta dejar la corona, el punto de donde salen las hojas, exactamente a ras del sustrato. Si la corona queda enterrada, la planta se pudre por el centro. Si queda alta, flota a los dos días. Las raíces largas se recortan a la mitad antes de plantar: rebrotan mejor y entran sin doblarse.

Como comen sobre todo por la raíz, agradecen una pastilla de abono enterrada cerca del pie. Y una advertencia con las criptocorinas: es normal que pierdan todas las hojas al cambiarlas de sitio o tras un cambio brusco de agua. Se les llama derretirse, y no hay que arrancarlas. Se retiran las hojas deshechas y rebrotan del rizoma en unas semanas.

Mata de Echinodorus de hojas anchas y textura martilleada junto a un tronco sumergido Las espadas son plantas de fondo: alcanzan un porte considerable y tapan el cristal trasero, así que conviene calcular el sitio antes de plantarlas.

Cintas: la vallisneria y sus estolones

La vallisneria es la planta de hoja en cinta que sube desde el fondo y se dobla en la superficie. Se planta como una roseta, con el mismo cuidado de dejar la corona a ras, y con una regla añadida: las hojas no se recortan por la punta para igualarlas, porque el corte se necrosa y la hoja se va perdiendo desde ahí.

Cintas verdes y doradas de vallisneria peinadas por la corriente en aguas someras La vallisneria no se multiplica por semilla en el acuario: emite estolones horizontales bajo la grava y va sacando plantas hijas a los lados.

Su forma de extenderse es por estolones: emite un tallo rastrero bajo el sustrato y saca una planta hija a unos centímetros. En unos meses tienes una pantalla cerrada en la pared del fondo. Para controlarla se cortan los estolones con tijera y se retiran las hijas sobrantes, nunca tirando de la mata, que arrastra a las vecinas.

Tallos: las que se podan cortando la punta

Cabombas, ludwigias, rotalas y compañía llegan como manojos de tallos cortados. Cada tallo es una planta independiente, así que se separan, se les retiran las hojas de los dos o tres nudos inferiores y se clavan uno a uno, con unos centímetros entre ellos, para que la luz llegue a la base. Un manojo plantado de golpe se pudre por dentro.

Tallos de cabomba con hojas muy divididas en forma de abanico dentro de un acuario Cabomba. El género es exigente en luz y frágil de manejo, y una de sus especies, Cabomba caroliniana, figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea, con la venta y la tenencia prohibidas.

Son las plantas de crecimiento rápido, y por eso son también las que más luz y más nutrientes piden. Con luz escasa se estiran, pierden las hojas de abajo y quedan como palos pelados. La poda no consiste en recortarlas por arriba y dejarlas: se corta la punta sana de unos centímetros, se replanta esa punta y se retira el trozo viejo, que ya no vuelve a lucir igual.

Musgos: se atan, no se plantan

El musgo de Java y los demás musgos de acuario no tienen raíz. Se sujetan por rizoides, unos filamentos de agarre que no absorben nada. Se extiende una capa fina sobre una piedra o una madera y se sujeta con hilo de algodón o con una red, y en unas semanas queda pegado por su cuenta.

Almohadilla compacta de musgo de Java de color verde intenso bajo el agua Capa fina y bien sujeta: si el musgo se ata en bola, el interior se queda sin luz y sin corriente y se pudre mientras la superficie sigue verde.

El error clásico es poner demasiada cantidad de golpe. Una almohadilla gruesa se apaga por dentro, se llena de detrito y acaba desprendiéndose en trozos. La poda con tijera cada pocos meses es todo el mantenimiento que pide. Tienes el detalle en la ficha del musgo de Java.

Las que no se plantan de ninguna manera

La cola de zorro, Ceratophyllum demersum, no tiene raíces en ningún momento de su vida. Se echa al agua y ya está: flota o se apoya donde caiga, y toma los nutrientes por toda su superficie. Es de las plantas más útiles para un acuario que empieza, porque compite con las algas por el nitrato desde el primer día y sirve de refugio para los alevines.

Mata de cola de zorro con verticilos de hojas finas sobre grava clara La cola de zorro no se planta: se suelta. Si la clavas en la grava, la parte enterrada se deshace igualmente.

Su contrapartida es que crece muy deprisa y suelta agujas cuando cambian las condiciones, así que hay que aclararla a menudo. Comparte nombre con otra planta que no tiene nada que ver, y eso está contado en hornwort, dos plantas distintas con el mismo nombre.

Lo que no puede entrar ni salir del acuario

Dos reglas que no son de estilo. La primera: no se recogen plantas de ríos, charcas ni acequias, porque con ellas entran parásitos y patógenos de peces silvestres, y porque en muchos espacios la recolección está prohibida.

Rama de Egeria densa con verticilos de hojas estrechas sostenida en la mano sobre el agua Egeria densa, la elodea densa de las tiendas de toda la vida, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013.

La segunda: no se tira una planta de acuario a un cauce, ni a una acequia, ni al desagüe, ni al váter. Un fragmento de pocos centímetros de muchas acuáticas regenera una planta entera. Egeria densa está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, y su historia la tienes en su ficha. Otras habituales del escaparate, como Cabomba caroliniana, Lagarosiphon major, Elodea nuttallii, Myriophyllum aquaticum o Ludwigia grandiflora, están prohibidas en la Unión Europea por el Reglamento (UE) 1143/2014. Antes de comprar, pide el nombre científico. El excedente de poda se seca fuera del agua y va a la basura o al compost.

En resumen

Lo que decide si una planta de acuario prospera no es el abono ni la luz, sino haberla sujetado como pide su anatomía. Los rizomas de anubia y helecho de Java se atan a una piedra y nunca se entierran. Las rosetas de espada y criptocorina se plantan con la corona justo a ras de sustrato y agradecen abono en la raíz. La vallisneria se planta igual y se extiende sola por estolones. Los tallos se separan y se clavan uno a uno, y se podan replantando la punta. Los musgos se atan en capa fina. Y la cola de zorro no se planta en absoluto.

Con las plantas hay que quitar antes la lana de roca, la tira de plomo o el gel del bote, revisar los polizones y aceptar que las hojas de vivero se deshagan durante las primeras semanas. Y una vez dentro, no se mezcla el acuario con el medio natural en ninguna dirección: ni plantas recogidas del río, ni restos vertidos al agua, que es como Egeria densa acabó en el catálogo de invasoras.


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