Empecemos por lo que condiciona todo lo demás: la elodea densa, Egeria densa, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras aprobado por el Real Decreto 630/2013, y esa inclusión conlleva la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio, tanto de ejemplares vivos como de sus restos o propágulos. Quien busca esta planta para meterla en un acuario está buscando algo que en España no puede tener legalmente, aunque se siga viendo a la venta en algunos sitios.
Qué implica estar en el catálogo
El Real Decreto 630/2013 regula el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y establece una prohibición general para todas las especies incluidas en él. No es una recomendación ni un régimen de licencias para particulares: alcanza a la introducción en el medio natural, pero también a la tenencia, el transporte, el tráfico y el comercio de ejemplares vivos, de sus restos y de cualquier parte capaz de propagarse.
El régimen sancionador se apoya en la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, que tipifica como infracción grave la introducción de especies catalogadas y prevé multas que arrancan en varios miles de euros. Junto a Egeria densa están catalogadas otras hidrófitas sumergidas del mismo comercio acuariófilo: Elodea canadensis, Elodea nuttallii, Lagarosiphon major, Myriophyllum aquaticum y Cabomba caroliniana. Varias de ellas están además en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea, con el mismo efecto en todos los Estados miembros.
Cómo es y con qué se confunde
Es una hidrófita perenne sumergida de la familia Hydrocharitaceae, originaria del sureste de Sudamérica: cuenca del Paraná, sur de Brasil, Uruguay y noreste de Argentina. Forma tallos cilíndricos, frágiles y ramificados, que pueden superar los dos metros, con hojas sésiles de un verde vivo dispuestas en verticilos de cuatro a seis, finamente aserradas en el margen. La flor, cuando aparece, emerge sobre la superficie: tres pétalos blancos de unos dos centímetros, con estambres amarillos.
Ese detalle de los verticilos es lo que la separa de las elodeas verdaderas. Elodea canadensis y Elodea nuttallii llevan las hojas en verticilos de tres y son más pequeñas y estrechas; Lagarosiphon major las lleva alternas y curvadas hacia atrás. Se confunden con frecuencia y en el comercio se han mezclado unas con otras durante décadas, lo que explica parte de la dispersión.
Por qué resulta tan problemática
Se multiplica por fragmentos. Es el mecanismo central. Un trozo de tallo con un solo nudo enraíza y forma una planta nueva. Basta el paso de una embarcación, la hélice de un motor, una siega mal hecha, una crecida o el aparejo de un pescador para que un rodal se convierta en cien. En Europa las poblaciones conocidas son masculinas, de modo que no hay reproducción sexual ni semilla: toda la expansión es clonal, y aun así ha bastado para colonizar cuencas enteras.
Colmata el cauce. En aguas remansadas, ricas en nutrientes y templadas, forma masas compactas que ocupan toda la columna de agua desde el fondo hasta la superficie. Esas masas frenan la corriente, favorecen la sedimentación de limos, obstruyen tomas de riego, rejillas de centrales y canales, y complican el baño, la navegación y la pesca.
Desplaza a la flora autóctona. Al cerrar la superficie intercepta la luz y deja a oscuras a las macrófitas nativas de porte bajo —Potamogeton, Ranunculus acuáticos, Callitriche, carófitos— que no compiten con ella. El resultado es una comunidad empobrecida, prácticamente monoespecífica.
Altera la química del agua. Aquí está el efecto menos visible y más profundo. Durante el día, la fotosíntesis de una masa tan densa consume el CO₂ disuelto a mayor velocidad de la que se repone, el equilibrio de los carbonatos se desplaza y el pH sube, llegando a superar valores de 9 o 10 en aguas duras, con precipitación de carbonato cálcico sobre las hojas. De noche el proceso se invierte: la respiración de la biomasa vegetal y la descomposición de los tallos muertos consumen oxígeno y provocan caídas bruscas de oxígeno disuelto de madrugada, que son las que matan peces e invertebrados. La oscilación diaria de pH y oxígeno es mucho más ancha que en un tramo con vegetación diversa, y pocos organismos la soportan.
A eso se suma su tolerancia: vegeta bien entre 10 y 25 °C, resiste el invierno peninsular sin problema porque no necesita desecarse ni formar órganos de resistencia, y aguanta aguas turbias y cargadas de nutrientes donde otras plantas no prosperan.
Dónde está establecida en España
Las primeras citas peninsulares se remontan a mediados del siglo XX y desde entonces se ha ido asentando en tramos bajos y embalsados de varias cuencas. Está presente en Galicia, con poblaciones conocidas en el Miño y en varias masas de agua del noroeste; en la cuenca del Duero; en el Ebro y sus canales de riego; en el Guadiana y el Guadalquivir; y en humedales y acequias del litoral mediterráneo, en Cataluña y en la Comunidad Valenciana. También hay citas en Baleares y en Canarias. El patrón es siempre el mismo: aguas lentas, someras y con exceso de nutrientes, muchas veces aguas abajo de un núcleo urbano o dentro de una red de riego.
El vector documentado con más frecuencia es el vaciado de acuarios y estanques ornamentales a un cauce, a una alcantarilla o a un descampado con encharcamiento estacional. De ahí que la prohibición de tenencia no sea un formalismo administrativo.
Qué hacer si ya se tiene
La regla que no admite excepción: nunca verterla a un río, a un embalse, a una charca, a una acequia, a un desagüe ni al inodoro. La red de saneamiento acaba en una depuradora y los aliviaderos de tormenta descargan al medio; un fragmento sobrevive a ese viaje sin dificultad. Tampoco al contenedor de restos vegetales ni a la compostera de jardín si esta puede recibir agua de lluvia y escorrentía.
La eliminación correcta pasa por matar el material y sacarlo del ciclo del agua. En la práctica: extraer toda la planta del acuario, incluidos los fragmentos sueltos y los restos atrapados en el filtro y en la grava; introducirla en una bolsa cerrada y dejarla desecar por completo al sol durante varios días, o congelarla, hasta que el tejido quede pardo y quebradizo; y depositarla después en la fracción resto, en bolsa bien cerrada. Conviene desinfectar o secar a fondo redes, sifones, cubos y decoración antes de reutilizarlos.
Si la planta se ha encontrado en un cauce, o si el volumen es grande, lo procedente es avisar al organismo competente: la consejería de medio ambiente de la comunidad autónoma o la confederación hidrográfica de la cuenca. La retirada mecánica de rodales establecidos es trabajo especializado precisamente porque una siega mal ejecutada disemina fragmentos aguas abajo y agrava el problema en lugar de resolverlo.
Alternativas autóctonas para acuario y estanque
Para un acuario de agua fría o templada, Ceratophyllum demersum, la cola de zorro, es la sustituta natural: nativa de la Península, sumergida, sin raíces verdaderas, de crecimiento rápido y muy eficaz consumiendo nitratos, que es lo que se le suele pedir a la elodea. Potamogeton crispus aporta hojas onduladas y translúcidas de aspecto muy distinto, y las Callitriche forman rosetas flotantes finas para la superficie.
Para estanque de jardín, la lista se amplía. Myriophyllum verticillatum y Myriophyllum alterniflorum cubren el papel de oxigenadoras sumergidas —conviene no confundirlas con Myriophyllum aquaticum, que está catalogada como invasora—. Ranunculus peltatus y Ranunculus aquatilis dan flor blanca en primavera sobre la lámina. Nymphaea alba, el nenúfar blanco europeo, cubre superficie y da sombra al agua. Y en la orilla, Iris pseudacorus, Mentha aquatica, Butomus umbellatus o Alisma plantago-aquatica completan la estructura y filtran nutrientes.
Al comprar cualquiera de ellas, merece la pena exigir procedencia de vivero y revisar el material: los lotes de plantas acuáticas viajan a menudo con polizones adheridos, y una brizna de elodea entre las raíces de un nenúfar es exactamente la forma en que empezó todo.
En resumen
Egeria densa es una hidrófita sudamericana catalogada como especie exótica invasora en España por el Real Decreto 630/2013, lo que prohíbe poseerla, transportarla, comerciar con ella y, por supuesto, soltarla al medio. Se reconoce por sus verticilos de cuatro a seis hojas, frente a los tres de las elodeas verdaderas.
Su peligrosidad viene de multiplicarse íntegramente por fragmentos —en Europa solo hay clones masculinos—, de colmatar cauces lentos formando masas monoespecíficas que dejan sin luz a la flora autóctona, y de disparar la oscilación diaria de pH y oxígeno hasta niveles que la fauna acuática no tolera. Está establecida en cuencas del Miño, Duero, Ebro, Guadiana y Guadalquivir y en humedales del litoral mediterráneo, casi siempre a partir del vaciado de un acuario.
Si se tiene, hay que extraerla entera, desecarla o congelarla en bolsa cerrada y tirarla a la fracción resto, jamás al desagüe ni a un cauce, y avisar a la confederación hidrográfica o a la consejería de medio ambiente si aparece en el medio natural. Para acuario y estanque hay sustitutas autóctonas que hacen el mismo trabajo: Ceratophyllum demersum, Potamogeton crispus, Myriophyllum verticillatum o Ranunculus peltatus.