Bajo el agua se invierte una costumbre que en tierra parece obvia: aquí el tallo no se entierra. El helecho de Java, Microsorum pteropus, tiene un rizoma rastrero verde que debe quedar expuesto al agua, atado a una piedra o a un tronco, y que plantado en la grava se pudre en cuestión de semanas. Ese único dato explica por qué la misma planta prospera durante años en un acuario y desaparece en otro.
Una epífita que vive bajo el agua
Microsorum pteropus (Blume) Copel. —reclasificado por parte de la taxonomía moderna como Leptochilus pteropus— pertenece a la familia Polypodiaceae, la misma de los helechos de rama y del cuerno de alce. No es casualidad: comparte con ellos la estrategia epífita. En el sudeste asiático crece sobre rocas y raíces en los márgenes y en el propio cauce de arroyos de Tailandia, Malasia, Java, Borneo y el sur de China, sumergido durante la estación húmeda y emergido cuando baja el nivel.
Su cuerpo tiene tres partes bien diferenciadas:
El rizoma. Un tallo horizontal de tres a seis milímetros de grosor, verde oscuro o pardo, que repta sobre la superficie del soporte. De su cara superior salen las hojas y de la inferior, unos filamentos negros y finos, parecidos a pelos, que no son raíces absorbentes al uso sino órganos de anclaje. El rizoma respira y fotosintetiza, y necesita agua circulando a su alrededor.
Las frondes. Lanceoladas, coriáceas, de un verde oscuro traslúcido, de 15 a 35 centímetros en la forma tipo, con el nervio central marcado. Son duras al tacto, y esa dureza tiene una consecuencia práctica muy valorada: los peces que destrozan cualquier planta blanda —carpas doradas, cíclidos americanos grandes, escalares adultos— apenas la tocan.
Los rizoides. Los filamentos oscuros del envés del rizoma. Con el tiempo se agarran a la roca con una fuerza notable, hasta el punto de que separar una mata vieja de su piedra exige cortarlos.
El error de enterrar el rizoma
Un helecho de Java clavado en la grava, con el rizoma bajo el sustrato, sigue así:
Las dos o tres primeras semanas no pasa nada aparente. Luego el rizoma enterrado deja de recibir oxígeno, empieza a oscurecerse y a reblandecerse por la zona en contacto con el sustrato anaerobio, y la podredumbre avanza hacia los extremos. Las hojas van amarilleando desde la base y se sueltan. Al mes o mes y medio, lo que queda es un manojo de hojas flotando y un trozo de tallo blando y marrón.
La regla, dicha del derecho: el rizoma va siempre por encima del sustrato, atado o pegado a algo. Los rizoides sí pueden meterse entre la grava, e incluso conviene que lo hagan si la planta está apoyada en el fondo; lo que no puede quedar cubierto es el tallo.
Hay un corolario que se pasa por alto: como el helecho no se alimenta por el sustrato, las pastillas y bolas de abono radicular no le sirven de nada. Toda su nutrición la toma disuelta del agua, así que lo que necesita es fertilización en columna —un abono líquido completo con hierro y potasio— y no enriquecer el fondo del acuario.
Cómo fijarlo a la roca o al tronco
Con hilo de algodón. Lo más limpio. Se dan cinco o seis vueltas alrededor del rizoma y de la piedra, apretando lo justo para que no baile, y se anuda. El algodón se descompone en el agua en cuatro u ocho semanas, tiempo suficiente para que los rizoides hayan agarrado, y desaparece sin dejar rastro.
Con hilo de pesca o sedal fino. Invisible y permanente. Útil en corrientes fuertes o en acuarios con peces excavadores, con la contrapartida de que hay que retirarlo o quedará ahí para siempre, atravesando el rizoma que engorda.
Con cianoacrilato en gel. El pegamento instantáneo en formato gel es inofensivo en acuario una vez polimerizado, y es lo que usa la mayoría de los acuascapers. Se aplica una gota pequeña en un punto seco de la roca, se apoya el rizoma encima y se sostiene veinte segundos. Un solo punto de pegado por mata, nunca una línea continua a lo largo del tallo: si se sella todo el envés, el rizoma queda sin contacto con el agua en esa cara.
Soportes que funcionan: roca volcánica y lava, con superficie rugosa y llena de poros, que es la que mejor agarre da; dragon stone; madera de mopani, redmoor o manzanita; mallas de acero inoxidable; y cocos partidos. La seiryu y otras calizas también valen, pero suben la dureza y el pH del agua, cosa que al helecho no le molesta y a otros habitantes puede que sí. Lo que no sirve es el cristal liso ni la silicona de las juntas.
Luz baja, agua tibia y ningún CO₂
Su fama de planta para principiantes está bien ganada, y viene de un margen de tolerancia amplísimo.
Temperatura entre 18 y 28 °C, con la zona cómoda de 22 a 25. Aguanta acuarios de agua fría templada mejor que la mayoría de las plantas tropicales, lo que lo hace habitual en tanques de carpas y de gambas. pH entre 5,5 y 8 y dureza de 2 a 15 °dGH: prácticamente cualquier agua de grifo española.
Luz baja a media. Es una planta de sotobosque de arroyo, acostumbrada a la sombra, y bajo una pantalla potente no crece más deprisa, sino que se llena de algas. Ahí está el matiz que conviene entender: como su crecimiento es lento por constitución, no puede competir con las algas por los nutrientes cuando la luz es abundante, y las frondes viejas, que además viven muchos meses, terminan tapizadas de algas pincel o de barba negra. La solución no es más abono ni más luz, sino menos luz y retirar las hojas más veteranas.
Inyección de CO₂: innecesaria. La agradece —crece bastante más deprisa con ella—, pero no la exige, y funciona perfectamente en acuarios de bajo mantenimiento sin equipo.
Ritmo de crecimiento: una hoja nueva cada dos o tres semanas por corona en condiciones razonables. Una mata pequeña tarda de seis meses a un año en formar un grupo denso. Es una planta para tener paciencia y para no cambiar de sitio.
Un aviso sobre las plantas recién compradas: la mayoría se cultiva emergida, en tarritos con lana de roca. Esas hojas están hechas para el aire y se derriten en el acuario a las pocas semanas, cosa que asusta bastante. Hay que retirar la lana de roca por completo, enjuagar el rizoma, dividirlo en porciones y atarlas. Las hojas emergidas se pierden y las sumergidas que salgan después son las definitivas.
Las variedades que se encuentran
Forma tipo. Hoja entera, lanceolada, de 20 a 35 centímetros. La más robusta y la más grande. Va a la zona media o al fondo del acuario.
'Windeløv'. Cultivar seleccionado por el vivero danés Tropica y bautizado con el apellido de su fundador. El ápice de cada hoja se ramifica en un penacho fino, casi de encaje, muy característico. Se queda entre 10 y 20 centímetros, crece más despacio todavía y es la variedad más decorativa para primeros planos y para pegar en piedras sueltas.
'Trident'. Hojas divididas en lóbulos estrechos y profundos, como un tridente. Más rápido y más ramificado que el tipo, con 15 a 25 centímetros. La opción más agradecida para quien quiera cubrir un tronco.
'Narrow leaf' y 'Needle leaf'. Hojas de correa, de uno a dos centímetros de ancho, dispuestas en ángulo abierto. La de aguja es aún más estrecha y compacta, de 10 a 15 centímetros, y funciona muy bien en nanoacuarios y en gambarios.
'Latifolia'. Hoja ancha y corta, de aspecto más carnoso. Grande y de crecimiento lento.
Todas comparten manejo y todas se atan igual. La diferencia es de talla y de textura.
Se multiplica solo, en la propia hoja
La reproducción vegetativa es lo que hace que un helecho de Java, con el tiempo, se reparta por todo el acuario sin ayuda.
Sobre el limbo de las frondes maduras —sobre todo en las que empiezan a envejecer y a amarillear— aparecen pequeños abultamientos oscuros que se desarrollan en helechitos completos, con dos o tres hojas diminutas y un manojo de rizoides negros. Es una forma de viviparidad foliar: la planta hija se forma directamente sobre el tejido de la madre, sin pasar por espora. Cuando pesan lo suficiente, se desprenden, caen, flotan un tiempo y acaban engancharse donde pillan.
Se puede recoger la plántula cuando tenga dos centímetros y atarla donde interese, o dejar que la naturaleza reparta. La hoja madre se consume y se retira cuando esté deshecha.
La otra vía es la división del rizoma: se corta con tijera un fragmento de al menos cuatro o cinco centímetros que lleve tres o cuatro hojas y sus rizoides, y se ata aparte. Es la forma de controlar dónde crece la mata y de rejuvenecer un grupo que se ha amontonado.
Las manchas negras: casi siempre no son enfermedad
La consulta más repetida sobre esta planta es la de unos puntos oscuros que aparecen en las hojas. Hay tres causas distintas y se distinguen bien.
Soros. Los esporangios. Se ven como puntos pardo-negruzcos ligeramente abultados, dispuestos en filas ordenadas y simétricas a ambos lados del nervio central, en el envés, siguiendo la nerviación. Al tacto son secos y rugosos, y el tejido de alrededor está firme y verde. Aparecen en hojas maduras y en muchos casos son la antesala de las plántulas. Es la señal de una planta adulta y sana, y lo único que hay que hacer es no tocarlos.
Deshojado o «melt». Manchas negruzcas irregulares, de contorno difuso, que empiezan por la punta o por el borde y se extienden por el limbo. El tejido afectado está blando, traslúcido y se deshace entre los dedos. La causa suele ser un cambio brusco de condiciones —traslado, cambio grande de agua, arranque de un acuario nuevo— o un exceso de luz sostenido. Se retiran las hojas afectadas cortándolas en la base y se deja que la planta rehaga; el rizoma casi siempre sobrevive.
Carencia de potasio. Perforaciones pequeñas y redondeadas, con un halo pardo o negruzco alrededor y a menudo un agujero en el centro, repartidas por todo el limbo sin orden. Es típica de acuarios con cambios de agua frecuentes y sin fertilización, o con agua de ósmosis remineralizada solo con calcio y magnesio. Se corrige añadiendo un abono líquido que aporte potasio y hierro.
El criterio rápido: si está en el envés, en filas y el tejido es firme, son esporas; si está en cualquier sitio, es irregular y el tejido está blando o agujereado, es un problema.
Dónde encaja en el acuario
Por talla y por textura, la forma tipo va al fondo y a los laterales, formando masa; 'Trident' y 'Windeløv' cubren troncos y rocas del plano medio; las de hoja estrecha valen para tanques pequeños.
Combina especialmente bien con Anubias y con musgo de Java (Taxiphyllum barbieri), que comparten exactamente el mismo manejo epífito y las mismas exigencias bajas de luz, de modo que los tres se atan al mismo tronco y se cuidan igual. Es planta habitual en gambarios, donde el fieltro de algas de sus hojas viejas y el ramaje del rizoma dan superficie de pasto y refugio.
También aguanta bien en paludarios y en acuaterrarios de tortugas y anfibios, creciendo emergido con humedad alta, y en filtros de estanque interior. Fuera del agua las hojas son más gruesas, más pequeñas y de verde más claro.
En resumen
Microsorum pteropus es un helecho epífito de la familia Polypodiaceae cuyo rizoma verde debe quedar por encima del sustrato, atado con hilo de algodón, sedal o una gota de cianoacrilato en gel a una roca o a un tronco; enterrado en la grava se pudre en pocas semanas y se lleva la planta por delante. Como no se alimenta por el fondo, las pastillas de abono radicular no le aportan nada y lo que necesita es fertilización líquida en el agua. Vive entre 18 y 28 °C, en cualquier dureza y pH razonables, sin CO₂ y con luz baja, porque con luz fuerte no crece más rápido sino que se cubre de algas. Emite una hoja cada dos o tres semanas y se multiplica solo mediante plántulas que se forman sobre el limbo de las frondes viejas, además de por división del rizoma. Las variedades 'Windeløv', 'Trident', las de hoja estrecha y de aguja y 'Latifolia' cambian el porte, no el cuidado. Y los puntos negros del envés, alineados junto al nervio y sobre tejido firme, son soros con esporas y no una enfermedad: lo preocupante son las manchas irregulares y blandas o los agujeros con halo, que apuntan a estrés o a falta de potasio.