Este artículo se puede resumir en una frase: ninguna planta contiene colágeno, ninguna planta fabrica colágeno y ninguna planta se lo puede dar a tu piel. No es una cuestión de dosis ni de calidad del extracto. El colágeno es una proteína animal, la proteína estructural más abundante del cuerpo de los vertebrados, y los vegetales sencillamente no la producen porque no tienen el gen que la codifica ni la maquinaria que la ensambla. Un listado de «diez plantas que producen colágeno» es una imposibilidad biológica, no una exageración publicitaria.

Lo que las plantas tienen para sostenerse es otra cosa: celulosa, hemicelulosa, pectinas y lignina, polímeros de azúcares y de compuestos fenólicos que forman la pared celular. Son materiales excelentes, pero no tienen nada que ver con el colágeno ni química ni estructuralmente. Un árbol se aguanta de pie con lignina; un tendón aguanta un tirón con colágeno. Son dos soluciones distintas al mismo problema, inventadas por linajes que se separaron hace más de mil millones de años.

Qué es el colágeno y quién lo fabrica

El colágeno es una familia de proteínas fibrosas formadas por tres cadenas enrolladas entre sí en una triple hélice. Esa estructura tan característica depende de una secuencia repetitiva riquísima en glicina, prolina e hidroxiprolina, y es la que le da su resistencia a la tracción. Está en la dermis, en los tendones, en los ligamentos, en el hueso, en el cartílago y en la córnea.

Quien lo fabrica son tus propias células, sobre todo los fibroblastos, que lo sintetizan dentro y lo ensamblan fuera en fibras. Nadie te lo puede «dar» ya hecho: cuando comes colágeno (gelatina, por ejemplo), el aparato digestivo lo rompe en aminoácidos y péptidos pequeños, como hace con cualquier otra proteína, y esos aminoácidos van al fondo común del organismo sin dirección postal ni destino garantizado.

El grano de verdad: la vitamina C

Hay un punto de contacto real entre las plantas y el colágeno, y es el único, así que conviene contarlo bien. Uno de los pasos de la síntesis del colágeno es la hidroxilación de la prolina y la lisina, y las enzimas que hacen ese trabajo necesitan vitamina C para funcionar. Sin ella, la triple hélice no se estabiliza y el colágeno que se produce es defectuoso. Eso es exactamente lo que ocurre en el escorbuto, con encías sangrantes y heridas que no cierran, y es el motivo por el que la vitamina C entró en la historia de la navegación.

Y aquí está lo interesante desde el punto de vista legal: esa sí es una declaración de salud autorizada. La fórmula aprobada dice que la vitamina C contribuye a la formación normal de colágeno para el funcionamiento normal de la piel, los huesos, los cartílagos, las encías, los dientes y los vasos sanguíneos. Está en el registro de declaraciones del Reglamento (CE) 1924/2006, y las concede la Comisión, no un artículo de internet.

Léela con atención, porque dice mucho menos de lo que parece. Habla de la vitamina C, no de una planta. Habla de formación normal, es decir, de que el proceso funcione como debe, no de producir más. Y no dice nada sobre arrugas, ni sobre estrías, ni sobre rejuvenecer. De ahí a «esta planta produce colágeno» hay un abismo entero.

La única de la lista con vitamina C de verdad

De las diez plantas del listado original, la que sí tiene una relación honesta con esta historia es la rosa mosqueta, o más exactamente el escaramujo, el fruto rojo de los rosales silvestres del género Rosa. Los escaramujos están entre los frutos con más vitamina C que se pueden recoger en el campo europeo, y ese es un dato de composición, no una promesa de salud.

Escaramujos rojos maduros en un rosal silvestre con hojas rugosas Escaramujos maduros en un rosal silvestre. Son de los frutos más ricos en vitamina C de la flora europea, y esa es la única conexión real de toda la lista con el colágeno.

El nombre «rosa mosqueta» es de los que hay que mirar con lupa, porque en el comercio designa a especies distintas según el país y el producto. El aceite que se vende con ese nombre se obtiene de las semillas, no de la pulpa, y es un producto cosmético. Su cultivo está en cómo plantar rosa de mosqueta.

Dos de la lista ni siquiera son plantas

El puesto cinco lo ocupaba el «Phytessence Wakame», que es un nombre comercial. Detrás está el wakame, Undaria pinnatifida, un alga parda japonesa. Y el puesto seis era «Focus», con una errata: se refiere al fucus, otra alga parda, la de las vejigas llenas de aire que revientan al pisarlas en las rocas de la costa atlántica.

Alga parda de tipo fucus con frondes gruesas y brillantes sobre roca húmeda Alga parda del tipo fucus sobre roca. Las algas no son plantas: son otro linaje distinto, y ninguna de ellas fabrica colágeno tampoco.

Las algas pardas no son plantas. Pertenecen a un linaje completamente distinto, con su propia pared celular a base de alginatos y fucoidanos, y tampoco producen colágeno. Conviene además saber que el Undaria pinnatifida es una especie introducida con carácter invasor en varias costas europeas, incluida la nuestra.

Cola de caballo, sílice y un aviso que faltaba

La cola de caballo es Equisetum, un género de plantas vasculares sin flor, con tallos articulados, huecos y de tacto áspero por la sílice que acumulan en la epidermis. Son fósiles vivientes: sus parientes gigantes formaron bosques en el Carbonífero.

Tallos articulados de cola de caballo con ramas en verticilo Cola de caballo (Equisetum): tallos articulados con ramas en verticilo y textura áspera por la sílice acumulada en la epidermis.

La sílice es real y el tacto de lija se nota con el dedo, pero de ahí no sale colágeno por ninguna vía. Y hay un aviso que la lista original no daba: dentro del género hay especies problemáticas. Equisetum palustre es tóxica para el ganado, y los equisetos contienen tiaminasa, una enzima que degrada la vitamina B1, lo que ha causado intoxicaciones en caballos que comieron heno con cola de caballo. No es una planta para andar recolectando por parecido. En jardinería húmeda sí tiene su sitio, y está en cola de caballo para jardines húmedos y en Equisetum hyemale.

Las demás, y dónde encaja la cosmética

El resto son plantas normales con cultivo propio. El karité (Vitellaria paradoxa) es un árbol de la sabana de África occidental cuya grasa de semilla es un emoliente clásico, y aquí no se cultiva; su ficha está en karité. El granado (Punica granatum) sí es un árbol mediterráneo de toda la vida, resistente a la sequía y excelente en jardín seco, y lo tienes en Punica granatum. El té verde y el té blanco, que ocupaban dos puestos distintos, salen de la misma planta, Camellia sinensis, y solo se diferencian en el tratamiento posterior a la recolección. El arándano (Vaccinium) es un arbusto de suelo ácido que va bien en el norte peninsular y en maceta con sustrato de brezo.

Arándanos azules maduros en la mata junto a unas bayas rojas Arándanos maduros con su típica pruina azulada. Son un cultivo de suelo ácido, y eso es lo que de verdad hay que saber de ellos.

Queda la caléndula, planta de flor anual facilísima de sembrar y muy socorrida en el huerto, que tienes en cómo plantar caléndula y en la caléndula.

Y hay una distinción legal que aclara el resto del enredo. Una crema no es un alimento: los productos cosméticos se rigen por el Reglamento (CE) 1223/2009, que exige que el producto sea seguro y que su etiquetado no atribuya características que no posee. Un extracto vegetal puede formar parte de una crema perfectamente legal sin que eso signifique que «produce colágeno».

En resumen

El colágeno es una proteína animal de triple hélice que fabrican tus propios fibroblastos. Las plantas se sostienen con celulosa y lignina, que son materiales sin ninguna relación con él, así que «plantas que producen colágeno» describe algo que no existe. Dos de las diez del listado ni siquiera eran plantas, sino algas pardas, y la cola de caballo aporta sílice, no proteína.

Lo único cierto de toda la historia es que la vitamina C interviene en la síntesis del colágeno propio, y esa sí es una declaración autorizada en el registro del Reglamento (CE) 1924/2006, con una redacción muy medida que habla de formación normal y no de producir más. La planta de la lista que de verdad tiene mucha vitamina C es el escaramujo. Las demás son buenas plantas por sus propios méritos: un granado para jardín seco, arándanos para suelo ácido y caléndula para sembrar sin complicarse.


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