Conviene empezar por lo que no admite matices: ninguna planta previene el cáncer, y ninguna planta lo trata. No hay un alimento, una infusión ni un extracto vegetal del que se pueda decir eso, y quien lo diga en una etiqueta o en una página web está incumpliendo la norma que regula lo que se puede afirmar sobre un alimento. El cáncer lo diagnostica y lo trata el sistema sanitario, y los programas de cribado que sí reducen mortalidad están en la cartera de servicios del sistema nacional de salud, no en el herbolario.
Esta página listaba diez plantas «con propiedades para prevenir el cáncer». La lista se ha retirado. Lo que queda aquí es lo que sí es información útil y comprobable: qué permite declarar exactamente el Reglamento (CE) 1924/2006, por qué la palabra «antioxidante» no es una declaración de salud autorizada aunque aparezca en medio envase del supermercado, y qué son de verdad esas diez plantas, que en su mayoría son cultivos de huerto perfectamente interesantes por otros motivos.
La molécula no es el alimento
El truco visual del artículo original era literal: fotos de comida con una fórmula química superpuesta encima. Apigenina sobre unas hojas, curcumina sobre un rizoma, crocetina sobre unas flores de Crocus. La imagen sugiere una conclusión que el texto no tiene que demostrar.
La imagen del artículo original: unas hojas de hierba de cocina con la fórmula de la apigenina encima. La foto no demuestra nada, pero lo parece.
Que una molécula haga algo en una placa de cultivo no dice nada sobre lo que hace cuando te comes la planta que la contiene. Entre las dos cosas hay una distancia enorme: la cantidad presente en el alimento, si sobrevive a la cocción, si se absorbe en el intestino, si llega al tejido en cuestión, si llega en concentración suficiente y si el organismo entero se comporta como un cultivo de células. Casi siempre, la respuesta a alguna de esas preguntas rompe la cadena. Por eso el paso de «esta molécula hace tal cosa» a «come esta planta» no es un resumen divulgativo: es un salto en el vacío.
Qué se puede declarar por ley y qué no
Esto no es una cuestión de opinión, está escrito. En la Unión Europea no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. Las autorizadas están recogidas en un registro público, evaluadas una a una por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, y la enorme mayoría corresponde a vitaminas, minerales y unos pocos componentes bien definidos, no a plantas enteras.
Hay además una frontera que la norma marca con claridad: un alimento no puede atribuirse la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad. Eso no es una declaración de salud que esté pendiente de aprobación, es algo que directamente no se puede afirmar de un alimento, y el cáncer es una enfermedad. Un medicamento a base de plantas es otra categoría distinta, con su propia evaluación y su registro.
La palabra «antioxidante» merece párrafo aparte, porque es donde se cuela casi todo. Decir de un alimento que es antioxidante, a secas, no es una declaración autorizada. Lo que sí está autorizado son unas pocas fórmulas muy concretas y referidas a nutrientes concretos, del tipo «la vitamina C contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo». Nótese lo que dice y lo que no dice: habla de una vitamina, no de una planta, y habla de protección celular frente a la oxidación, no de enfermedades.
Y ahora la parte buena: estas plantas son cultivos de huerto
Quitada la promesa, lo que queda no es poco. La mayoría de la lista original son plantas comestibles con un cultivo real, y algunas de ellas están entre las más agradecidas que puedes meter en un huerto o en una maceta.
Perejil y berro, dos verdes de huerto
El perejil (Petroselinum crispum) es una umbelífera bienal, de siembra fácil aunque de germinación lenta, que agradece media sombra en verano y riego constante. Se cultiva en casi cualquier maceta con algo de fondo. Su ficha está en cómo plantar perejil y en cómo cultivar perejil.
El berro (Nasturtium officinale) es otra cosa: una crucífera de agua corriente, con hojas compuestas y flores blancas de cuatro pétalos. Crece en arroyos y acequias limpias, y ese detalle es el que importa de verdad, porque el berro silvestre recogido en aguas por las que pasa ganado puede transmitir parásitos. El berro de consumo se cultiva en agua controlada, y en el huerto casero se puede tener en un recipiente con agua limpia y renovada. Lo tienes en cultivo de los berros y en cómo plantar berros.
Berro de agua (Nasturtium officinale) en flor: cuatro pétalos blancos y hojas compuestas. Crece en agua corriente, y de ahí viene la precaución con el berro silvestre.
Azafrán, el cultivo español de la lista
De todas las plantas del listado, la que de verdad tiene arraigo aquí es el azafrán, Crocus sativus. Es un bulbo que florece en otoño, con flores lila y tres estigmas rojos que se recogen a mano, flor por flor, de madrugada. Ese trabajo manual es la razón entera de su precio. En Castilla-La Mancha existe una denominación de origen protegida, y el cultivo está descrito paso a paso en cómo cultivar azafrán y en la flor del azafrán.
Flores de Crocus con la fórmula de la crocetina superpuesta, tal como las publicó el artículo original. La planta es real y el cultivo es real; la promesa que se le colgaba encima, no.
Un aviso que sí corresponde dar con este género: el azafrán de cocina viene de Crocus sativus, pero hay otras plantas llamadas «azafrán» que no lo son, y el cólquico (Colchicum autumnale), con flor parecida y otoñal, es muy tóxico. No se recolecta azafrán en el campo por parecido de flor.
Cúrcuma y jengibre, dos rizomas tropicales
La cúrcuma (Curcuma longa) y el jengibre (Zingiber officinale) son dos zingiberáceas de rizoma, originarias del sur y sureste de Asia, y en España no prosperan al aire libre salvo en Canarias y en zonas costeras muy resguardadas. En el resto se cultivan en maceta, con calor, humedad y protección del frío en invierno.
Rizoma y polvo de cúrcuma con la fórmula de la curcumina encima. La curcumina existe; el titular que la acompañaba en el original, no.
Ambas se multiplican partiendo el rizoma con alguna yema y enterrándolo poco profundo en primavera, con el sustrato húmedo pero sin encharcar. Su cultivo está en cómo plantar cúrcuma y en cómo plantar jengibre.
Las cuatro que ni siquiera eran plantas de huerto
El resto de la lista se sostenía aún peor. El pasto agropiro o «wheatgrass» no es una especie exótica: son brotes jóvenes de trigo, del género Triticum, germinados en bandeja. La espirulina no es una planta: es una cianobacteria del género Arthrospira, que se cultiva en balsas. El extracto de semilla de uva es un subproducto industrial del orujo de Vitis vinifera, no una planta que se cultive para eso. Y la maca (Lepidium meyenii) es una crucífera de raíz del altiplano andino, adaptada a una altitud y una amplitud térmica que aquí no existen.
Queda el regaliz (Glycyrrhiza glabra), una leguminosa mediterránea que sí se puede cultivar en España. Merece un aviso real que la lista original no daba: el consumo continuado de regaliz en cantidad se asocia a subidas de tensión arterial y a pérdida de potasio, y por eso existen recomendaciones de moderación para quien tiene hipertensión. Es un ejemplo perfecto de que «natural» y «sin efectos» no son sinónimos.
En resumen
Ninguna planta previene ni trata el cáncer, y eso no es una cautela sino el límite que marca la ley: un alimento no puede atribuirse la propiedad de prevenir, tratar o curar una enfermedad, y las declaraciones de salud que sí existen están autorizadas una a una en el registro del Reglamento (CE) 1924/2006. «Antioxidante», a secas, no es una de ellas. Que una molécula haga algo en una placa de cultivo no dice nada sobre lo que hace un plato de comida.
Lo que queda de la lista, una vez quitada la promesa, es un puñado de plantas que merecen la pena por sí mismas: el perejil y el berro como verdes de huerto, el azafrán como el cultivo con más historia y más trabajo manual de todos, y la cúrcuma y el jengibre como rizomas de maceta para quien quiera intentarlos fuera de su clima. Y tres de los diez nombres ni siquiera eran plantas de huerto: brotes de trigo, una cianobacteria y un subproducto del orujo.