Una planta flotante hace dos cosas a la vez en un acuario: tapa la luz y se come el nitrato. Las dos son buenas hasta cierto punto y malas a partir de ahí, y todo el manejo de este grupo consiste en decidir cuánta superficie les dejas. Si ocupan un tercio del espejo de agua tienes sombra, refugio para los alevines y competencia contra las algas. Si ocupan el ciento por ciento, las plantas del fondo se apagan y el acuario huele.

Este artículo va de las flotantes dentro de una pecera, con su tapa, su filtro y su corriente, que es un escenario distinto al del estanque de jardín. Si lo tuyo es el estanque, la selección legal y el manejo por estaciones están en plantas flotantes para estanque.

Superficie de un acuario cubierta por varias plantas flotantes de hoja redonda y matas verdes Varias especies flotantes compartiendo superficie. Con esta densidad, lo que quede debajo tiene que ser tolerante a la sombra.

Por qué crecen tan deprisa

Una planta sumergida toma el dióxido de carbono disuelto en el agua, que es poco y se agota rápido alrededor de la hoja. Una flotante tiene la hoja al aire y coge el carbono directamente de la atmósfera, que es una fuente sin límite práctico. Por eso multiplican su masa en cuestión de días mientras las de abajo van despacio.

De ahí viene su utilidad real. Como crecen tanto, retiran del agua mucho nitrato y mucho fosfato, que son los mismos nutrientes que alimentan a las algas. Un acuario recién montado o con carga de peces alta se estabiliza antes con un puñado de flotantes que sin ellas, y lo que retiras cuando aclaras la superficie con un vaso son nutrientes que salen del sistema.

Y de ahí viene también su problema, que es exactamente el mismo mecanismo visto desde el otro lado.

La luz que le roban a las de abajo

Una capa cerrada de flotantes puede dejar el fondo prácticamente a oscuras. Las plantas que toleran esa penumbra son pocas y conocidas: anubias, helecho de Java, musgos y criptocorinas. Cualquier tapizante, cualquier tallo de crecimiento rápido y cualquier planta de color rojo se apagan debajo de una manta de lenteja.

La regla de trabajo es sencilla: deja libre al menos la mitad de la superficie y decide tú cuál es esa mitad. No conviene esperar a que el acuario se cierre para reaccionar, porque cuando notas que la planta del fondo se estira buscando luz ya lleva semanas perdiendo hojas.

Hay un uso en el que esa sombra es justo lo que buscas: los peces de aguas negras y umbrías, como el Betta splendens o muchos cíclidos enanos, se comportan mucho mejor con la superficie parcialmente cubierta y salen más a la vista.

El filtro, la corriente y la tapa

Aquí está lo específico del acuario, y lo que casi nunca se cuenta.

Las flotantes odian la corriente de superficie. La salida del filtro que rompe el agua, un difusor de aire fuerte o una cascada mantienen la hoja constantemente mojada por arriba. Salvinias, azollas y lechugas de agua tienen la cara superior cubierta de pelos que la mantienen seca; si se empapan, se hunden y se pudren. Si quieres flotantes, orienta la salida del filtro hacia abajo o hacia el cristal para que mueva el agua sin salpicar la superficie.

La tapa condensa. Las gotas que se forman en el cristal caen sobre las hojas y producen el mismo efecto que la salpicadura. Y si la pantalla de luz va pegada a la tapa, las hojas que la tocan se queman. Un par de centímetros de aire entre el agua y la tapa cambian bastante las cosas.

La toma del filtro se atasca. Las raíces largas y los fragmentos pequeños acaban en la rejilla de aspiración. Una esponja de prefiltro en la toma resuelve el problema y además protege a los alevines y a las gambas pequeñas.

Para acotar dónde flotan, el truco de toda la vida funciona: un aro hecho con tubo flexible de aire, cerrado sobre sí mismo y sujeto al cristal con dos ventosas. Las plantas quedan dentro del aro y el resto de la superficie se mantiene despejado.

Las que se manejan bien en una pecera

El bocado de rana del Amazonas, Limnobium laevigatum, es la flotante de acuario por excelencia: rosetas de hojas redondas con el envés esponjoso y una cabellera de raíces finas que es el mejor refugio que hay para los alevines. Crece rápido, se retira con la mano y no se desmenuza en mil pedazos.

Mano retirando una roseta de bocado de rana de la superficie de un acuario iluminado El bocado de rana se retira de una en una con la mano, que es justo lo que no puedes hacer con una lenteja. No está prohibido en España, pero es tropical y nunca debe acabar en un cauce.

Las salvinias son helechos flotantes de hojitas emparejadas y aterciopeladas, muy decorativas y muy sensibles a la salpicadura. Con ellas hay que fijarse en la especie, porque a simple vista todas se parecen y una de ellas, Salvinia molesta, está prohibida en la Unión Europea. La diferencia está en los pelos de la hoja, y se ve con lupa: en la especie prohibida las cuatro puntas de cada pelo se unen en el ápice formando una jaulita.

Hojas emparejadas de salvinia flotando junto al cristal de un acuario Salvinia en un acuario. Las especies del género no se distinguen de un vistazo: si el vendedor no sabe darte el nombre científico, no la compres.

Riccia fluitans es una hepática que forma masas verde brillante muy vistosas. Flotando es fácil; atada a una piedra para hacer alfombra es otra cosa, porque tiende a desprenderse y a subir. Tienes el manejo detallado en su ficha.

Alfombra compacta de Riccia fluitans con burbujas de oxígeno sobre una piedra sumergida Riccia fijada al sustrato duro y perlando. Es su versión difícil: flotando libre no da ningún trabajo.

La cola de zorro, Ceratophyllum demersum, no es una flotante de superficie sino una planta sin raíces que queda suspendida en el agua. Aguanta frío, sombra y aguas duras, y es probablemente la más útil de todas para un acuario que empieza.

Mata de cola de zorro suspendida en agua natural con la luz atravesándola La cola de zorro flota entera, sin raíces y sin anclaje. En inglés se llama hornwort, un nombre que designa además a un grupo de briófitos que no tiene nada que ver.

Y una curiosidad con letra pequeña: las utricularias son plantas carnívoras acuáticas que flotan en mata y sacan florecillas amarillas. Sus utrículos capturan microcrustáceos, así que en un acuario de cría conviene saber lo que estás metiendo. Están descritas en la ficha del género.

Flores amarillas de utricularia emergiendo sobre la lámina de agua de una charca Las utricularias son carnívoras: lo que se ve es la flor, y las trampas están abajo, en los tallos sumergidos.

La lenteja de agua, capítulo aparte

La lenteja no se planta: aparece. Llega pegada a una hoja de una planta nueva, en el agua de una bolsa de peces o en el cepellón de cualquier cosa, y a partir de ahí se duplica sola. Cada individuo mide unos milímetros y se multiplica por gemación, sin necesidad de flor ni de semilla.

Manto continuo de lenteja de agua cubriendo por completo la superficie de una charca Manto cerrado de flotantes minúsculas. Esto es lo que ocurre en un acuario en tres semanas si no se aclara la superficie.

Sacarla del todo es muy difícil, y conviene saberlo antes de aceptar un puñado que te regalen. Lo que funciona es convivir con ella con tres medidas: retirarla con un vaso o con un colador cada semana, poner esponja en la toma del filtro para que no se acumule dentro, y bajar el nivel del agua unos centímetros el día que quieras hacer una limpieza a fondo, porque así se concentra y se recoge mejor.

Pequeñas plantas flotantes agrupadas en la superficie de un acuario con sus raíces colgando A esta escala cuesta separar una lenteja de un bocado de rana joven, y no es un detalle menor: Lemna minor es autóctona y legal, y Lemna minuta está prohibida.

Hay un matiz legal importante. La lenteja de agua común, Lemna minor, es autóctona en la península y legal. La lenteja menuda, Lemna minuta, es americana y está prohibida en la Unión Europea. Se distinguen mirando a contraluz: la común tiene tres nervios visibles, la menuda uno solo, y es algo más pequeña y translúcida.

Las prohibidas, que se siguen viendo

Varias de las flotantes que aparecen en los listados antiguos de acuariofilia no se pueden tener en España. No es una cuestión de opinión ni de rigor excesivo: son plantas que han taponado tramos enteros de río.

Rosetas de lechuga de agua vistas a través del cristal con sus raíces plumosas sumergidas Lechuga de agua, Pistia stratiotes. Fue de las flotantes más vendidas en acuariofilia y hoy figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea.

El jacinto de agua, Pontederia crassipes, antes Eichhornia crassipes, está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y en la lista de la Unión Europea. Sus muchos nombres comerciales están contados en taruya, que es uno de ellos. La lechuga de agua, Pistia stratiotes, el helecho de agua Azolla filiculoides, Salvinia molesta y Lemna minuta completan la lista de las que no pueden comercializarse.

Alfombra de azolla cubriendo el agua entre hojas de nenúfar Azolla filiculoides tapizando el agua. Esa manta compacta impide el intercambio de gases entre el agua y la atmósfera, y es el motivo de que esté catalogada.

Si has heredado alguna, la retirada es la misma en todos los casos: se saca entera, se deja secar por completo lejos del agua y se tira a la basura o al compost. Nunca al fregadero, al inodoro ni a un imbornal, porque un solo fragmento funda una población nueva.

En resumen

Las flotantes crecen deprisa porque toman el carbono del aire, y eso las convierte en la mejor herramienta contra el nitrato y, a la vez, en la mayor amenaza para la luz de las plantas del fondo. Deja libre como mínimo la mitad de la superficie, acótalas con un aro de tubo flexible, evita la salpicadura de la salida del filtro y pon una esponja en la toma para que no se atasque.

Para empezar, el bocado de rana del Amazonas y la cola de zorro son las dos apuestas seguras. Con las salvinias hay que confirmar la especie, y con la lenteja de agua, asumir que ha venido para quedarse. Y antes de aceptar cualquier flotante, pide el nombre científico: lechuga de agua, jacinto de agua, azolla, Salvinia molesta y Lemna minuta están prohibidas, y ninguna planta de acuario se vierte jamás a un desagüe ni a un cauce.


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