Si tienes delante un cactus de barril aplanado y quieres saber si es Ferocactus latispinus, no mires el cuerpo: mira la espina central de abajo. En esta especie es ancha, plana como una hoja de cuchillo, acanalada, de color rojizo o rosado, y termina en un gancho pronunciado. Ninguna otra biznaga del género junta esas tres cosas a la vez, ancha, aplanada y ganchuda, y por eso el nombre científico significa literalmente espina ancha.

La segunda seña de identidad llega mucho más tarde en el año que la de sus parientes. Casi todos los Ferocactus florecen en verano. Este florece al final del otoño y a principios del invierno, cuando el resto de la colección lleva semanas parada, y lo hace con flores de embudo en tonos púrpura y magenta que salen de la corona lanuda del ápice. Esa floración a destiempo es lo que lo hace inconfundible en cuanto lo ves florecido.

Espinas centrales aplanadas y flor púrpura de Ferocactus latispinus Las espinas centrales anchas, aplanadas y acanaladas, con la inferior ganchuda, junto a la flor púrpura de finales de otoño.

La espina que le da el nombre

En cada areola hay dos grupos de espinas con funciones distintas. Las radiales son numerosas, finas, rectas y de color claro, entre el blanco y el rosa pálido, y se disponen abiertas alrededor como los radios de una rueda. Las centrales son pocas, de tres a seis, mucho más gruesas y de un rojo que va del carmín al pardo rojizo según el ejemplar y la luz que reciba.

De esas centrales, las de arriba son rectas o ligeramente curvadas y ya llaman la atención por lo anchas que son. La de abajo es la definitiva: la más larga de todas, claramente aplanada, con la superficie estriada a lo largo, y curvada hacia dentro en la punta hasta formar un gancho cerrado. Es la que dio origen al nombre común mexicano de lengua de diablo, porque vista de perfil se parece a una lengua plana saliendo de la planta.

Esa forma no es un capricho. En los cactus de barril, las espinas anchas y aplanadas hacen sombra sobre la epidermis y rompen el flujo de aire junto a la superficie, lo que reduce la evaporación, y las ganchudas se enganchan con eficacia en el pelo de los animales que pasan rozando, así que también funcionan como defensa activa y no solo como pincho pasivo.

El cuerpo, que despista

Mucha gente descarta la especie porque espera un barril y se encuentra con una tortita. Ferocactus latispinus se mantiene deprimido y aplanado durante años, más ancho que alto, y solo con el tiempo se va levantando hasta hacerse algo cilíndrico. Un ejemplar de tamaño respetable puede seguir pareciendo un plato hundido.

Las costillas son pocas y muy marcadas cuando la planta es joven, algo tuberculadas, y van aumentando en número con la edad. El color del cuerpo es un verde que tira a grisáceo o azulado, y el ápice lleva una corona de lana clara que es el tejido de crecimiento y el único punto del que pueden brotar flores nuevas.

Es una especie del centro y el sur de México, de zonas de matorral y pastizal seco en altitud, con inviernos frescos y lluvia concentrada en verano. Ese origen explica dos cosas: que aguante bastante bien el frío siempre que el sustrato esté seco, y que su reloj interno dispare la floración con el acortamiento del día y no con el calor.

Florece cuando los demás han terminado

La floración tardía es el rasgo más citado de la especie y también el que más expectativas frustradas genera, porque llega condicionada. Un ejemplar joven no florece por mucho que se le abone, y uno cultivado dentro de casa a temperatura constante puede no florecer nunca. Lo que dispara el proceso es la combinación de tamaño suficiente, un verano entero de sol abundante y después un descenso claro de temperatura y de horas de luz.

Las flores son infundibuliformes, es decir, con forma de embudo, de tonos que van del rosa fuerte al púrpura, y aparecen en corro alrededor del vértice. Duran pocos días y se marchitan sobre la planta, dejando restos secos que conviene retirar con unas pinzas para que no retengan humedad en la lana del ápice. Después viene un fruto ovoide y carnoso que madura despacio.

Ferocactus en maceta con restos de flores marchitas en el ápice Ferocactus en maceta. Las flores brotan siempre del ápice lanudo y se marchitan ahí mismo; los restos secos se retiran con pinzas.

Con qué se confunde

La confusión clásica es con Ferocactus hamatacanthus, que también tiene la espina central ganchuda. La diferencia se ve de un vistazo cuando sabes dónde mirar: en hamatacanthus la central es larga, fina y redondeada en sección, como un anzuelo de alambre, mientras que en latispinus es ancha y plana como una cuchilla. Además, hamatacanthus florece en verano y con flores amarillas.

Ferocactus recurvus es un caso distinto: está tan próximo que, según el autor que consultes, aparece como especie independiente o como parte del mismo complejo que latispinus. En el comercio las etiquetas se mezclan con frecuencia.

Y hay dos confusiones más de vivero. Ferocactus macrodiscus comparte el porte aplanado y la flor rosada, pero sus espinas no son anchas ni ganchudas. Y Ferocactus glaucescens se distingue sin margen de duda por el cuerpo azulado y las espinas amarillas rectas. En una colección con etiquetas viejas o cambiadas, la espina central inferior es el carácter más fiable que tienes a mano.

Cactus de barril con espinas rojas finas y radiales blancas Así no es latispinus: este barril de espinas rojas tiene las centrales finas y de sección redonda, no anchas ni aplanadas, y el cuerpo alargado en vez de deprimido.

Los nombres, y por qué conviene conocerlos

En México se le llama lengua de diablo, lengua de demonio, uña de gato y uña de cuervo, todos ellos por la espina ganchuda. También aparece como biznaga, que es el nombre genérico mexicano de los cactus de barril y que no designa a una especie concreta: bajo esa palabra caben desde esta hasta la biznaga del acitrón, que es otra planta y tiene otra historia.

Saber esto sirve para algo muy concreto: si compras por internet guiándote solo por el nombre común, tienes bastantes papeletas de recibir otra cosa. El nombre común no identifica la planta, la espina sí.

Manejo, porque el gancho engancha de verdad

Una espina ganchuda no se comporta como una recta. La recta pincha y sale; la ganchuda entra, se agarra y al tirar arrastra piel, ropa o guante. Trasplantar un latispinus de tamaño medio sin precauciones acaba mal con más frecuencia de lo que parece.

Lo que funciona es sujetar la planta por el cepellón, nunca por el cuerpo, con guantes gruesos de cuero y unas pinzas largas, o rodeando el cactus con una tira de papel de periódico doblada varias veces a modo de asa. Si una espina se engancha en la ropa, no tires: acerca la mano a la areola y suéltala girando en el sentido del gancho. Y conviene colocarlo donde nadie pase rozando, porque a la altura de una pierna es un accidente esperando a ocurrir.

Papeles antes de comprar

Todas las cactáceas figuran en los apéndices del convenio CITES, que la Unión Europea aplica mediante el Reglamento (CE) 338/97. Una planta recolectada en el campo o importada sin documentación es ilegal, y en este género el expolio de ejemplares adultos ha sido y sigue siendo un problema serio, porque tardan décadas en alcanzar ese tamaño. Cómprala en vivero y pide el justificante de propagación artificial.

Los cuidados generales no tienen nada especial dentro del grupo y están explicados en la guía de cuidados del Ferocactus: sustrato mineral que drene al instante, sol abundante con aclimatación previa, riego espaciado en crecimiento y parada invernal completamente seca.

En resumen

Ferocactus latispinus se identifica por una sola cosa: la espina central inferior, ancha, aplanada, acanalada y rematada en gancho, de color rojizo, rodeada de radiales finas y claras. El cuerpo, deprimido y más ancho que alto durante muchos años, despista a quien espera un barril, y el nombre común de lengua de diablo viene justo de esa espina.

Su segunda particularidad es el calendario: florece a finales de otoño y principios de invierno, con flores de embudo púrpura o magenta en la corona lanuda del ápice, cuando el resto del género hace meses que ha terminado. Para que ocurra hacen falta tamaño, un verano entero de sol y un otoño realmente fresco, y para manejarla hacen falta guantes, pinzas y la costumbre de no tirar nunca cuando el gancho ya ha agarrado.


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