La palabra amate viene del náhuatl āmatl, que significaba a la vez el árbol y el papel que se sacaba de su corteza. Sigue significando las dos cosas. Son varias higueras americanas del género Ficus, y es el papel de corteza batida que se fabrica todavía hoy en la Sierra Norte de Puebla y sobre el que pintan los artesanos nahuas de Guerrero. Este artículo va sobre eso: de qué árbol sale el papel y cómo se hace.

Antes de nada, un aviso que el texto original de esta página no daba y que además contradecía. Todos los Ficus tienen un látex blanco que es irritante para la piel, las mucosas y los ojos. Al cortar corteza o ramas hay que trabajar con guantes y no llevarse las manos a la cara. Y ese látex no se bebe: la página anterior recomendaba tomarlo en ayunas mezclado con leche y miel como purgante y desparasitante. Eso se retira. Si hay contacto con los ojos o alguien lo ingiere, la respuesta es el médico, el veterinario si es un animal, o el Instituto Nacional de Toxicología.

Tronco liso y ramas extendidas de un higuerón americano visto desde abajo Los amates son higuerones de tronco liso y copa muy extendida, propios del bosque tropical americano.

Qué árbol es el amate

El original identificaba el amate como Ficus insipida, y es una identificación correcta para una de las especies: un higuerón grande de las tierras bajas tropicales de América, conocido también como oje, chilamate o higuerón, de tronco recto y corteza lisa y grisácea, hoja entera y alterna, látex blanco abundante y fruto en sicono, esa higuita cerrada por dentro de la cual ocurre la polinización gracias a avispas diminutas.

Pero amate no es una sola especie. El nombre se reparte entre varias higueras americanas según el color de la corteza y la zona: el amate amarillo es Ficus petiolaris, el amate negro y el amate blanco corresponden a otras especies, y alguna crece estrangulando a su árbol soporte hasta sustituirlo. En el sitio tienes ya la ficha del amate amarillo, y el mecanismo del estrangulamiento está contado en la higuera estranguladora.

Esa variedad importa para lo que viene después, porque el papel amate nunca ha salido de un solo árbol.

Higuerón americano con raíces adventicias descolgándose del tronco junto a una carretera Otra higuera americana del mismo género, con raíces adventicias. Bajo el nombre de amate caben varias especies de Ficus.

El papel amate: corteza, ceniza y piedra

El proceso es de una sencillez engañosa y no ha cambiado en lo esencial.

  • Se descorteza. Se retiran tiras de la corteza interna, la parte fibrosa y flexible que está pegada a la madera, en la estación húmeda, que es cuando se despega bien.
  • Se cuece. Las tiras se hierven en agua con ceniza de leña o con cal durante horas, hasta que la fibra queda blanda y se puede separar hilo a hilo. El álcali es el que hace el trabajo: deshace lo que une las fibras sin destruirlas.
  • Se lava y se tiende. Ya limpias, las fibras se colocan sobre una tabla de madera formando una retícula, unas en vertical y otras en horizontal, con el tamaño de la hoja que se quiere obtener.
  • Se golpea. Con una piedra plana y acanalada se machaca la retícula hasta que las fibras se aplastan, se entrelazan y se funden en una lámina continua. El sonido del golpeteo es la banda sonora del oficio.
  • Se seca al sol sobre la misma tabla, y la hoja se desprende sola.

Fíjate en lo que no hay: no se tritura la fibra hasta hacer pasta, ni se forma la hoja en una tina con agua. El amate no es papel en sentido estricto, es papel de corteza batida, de la misma familia técnica que el tapa polinesio o el papiro, no de la del papel chino. De ahí su textura desigual, sus vetas visibles y su tacto de tela rígida.

De códice prehispánico a artesanía de mercado

Antes de la conquista, el papel de corteza se producía en cantidad y circulaba como tributo. Sobre él se pintaron códices y se recortaron figuras rituales. Después, su uso ceremonial fue perseguido y la producción se hundió, pero no desapareció: sobrevivió en zonas de montaña, y muy en particular en la comunidad otomí de San Pablito, en el municipio de Pahuatlán, Puebla, donde el papel siguió fabricándose para recortar en él las figuras que se usan en las ceremonias.

El giro moderno llegó en el siglo XX. Pintores nahuas de varios pueblos del alto Balsas, en Guerrero, que hasta entonces decoraban cerámica, empezaron a pintar sus mismos motivos (pájaros, flores, escenas de pueblo, orlas de colores) sobre las hojas de amate que compraban a los otomíes. Aquello encontró comprador y creó un oficio nuevo: el amate pintado que hoy se vende en cualquier mercado de artesanía mexicano y que mucha gente cree, equivocadamente, que es una tradición prehispánica de Guerrero. La tradición prehispánica es el papel; la pintura sobre él es reciente.

La presión sobre los árboles

Cuando la demanda creció, el descortezado también. Un higuerón descortezado a fondo no se recupera, y las zonas productoras acabaron quedándose sin amates cerca del pueblo, con la corteza llegando desde cada vez más lejos.

La respuesta fue cambiar de materia prima. Buena parte del papel que se vende hoy no se hace con corteza de Ficus, sino con la de otras especies de crecimiento rápido, sobre todo el jonote (Trema micrantha), y con mezclas que incluyen fibras de morera. El color y el tacto delatan la diferencia: el papel de jonote sale más claro y uniforme, el de amate más oscuro, veteado y áspero. Los tonos marrones, ocres y casi negros que verás en las hojas más apreciadas corresponden a cortezas distintas, no a tintes.

El amate como árbol de jardín

Como planta, un amate es un árbol tropical de gran porte: veinte metros o más, copa muy ancha, raíces superficiales potentes y látex abundante. Fuera de Canarias y de los litorales españoles sin heladas no prospera al aire libre, y donde prospera hay que darle sitio de verdad, lejos de muros, aceras, arquetas y piscinas, porque las raíces de los Ficus grandes son famosas por lo que levantan.

Nada de esto tiene que ver con los ficus de maceta que se venden en cualquier centro de jardinería, que son otras especies del mismo género y de otro tamaño. Si lo que buscabas era eso, el repaso está en tipos de ficus.

Sobre las propiedades medicinales del látex

El látex de Ficus insipida tiene un uso tradicional documentado en la Amazonia y en Centroamérica como desparasitante, y se conoce localmente como leche de oje. Eso es un dato etnográfico y así hay que leerlo: es tradición, no indicación, y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.

No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no un artículo de internet. Las listas de propiedades antirreumáticas, cicatrizantes, febrífugas y potenciadoras de la memoria que ocupaban esta página no tenían respaldo, y la recomendación de beber el látex era además una mala idea por sí sola.

En resumen

Amate es el nombre de varias higueras americanas del género Ficus, entre ellas Ficus insipida y Ficus petiolaris, y también el del papel que se obtiene golpeando su corteza interna. Ese papel se fabrica cociendo las fibras con ceniza o cal, tendiéndolas en retícula sobre una tabla y machacándolas con una piedra hasta que se funden en una lámina, un método de corteza batida que no tiene nada que ver con el papel de pasta. Su centro de producción es la comunidad otomí de San Pablito, en Puebla, y su pintura de colores, la que se ve en los mercados, es obra de artesanos nahuas de Guerrero y es reciente, no prehispánica.

Dos avisos para terminar. El látex de cualquier Ficus irrita la piel, las mucosas y los ojos, así que se manipula con guantes y no se ingiere, por muchos usos tradicionales que arrastre. Y como árbol, el amate solo se puede plantar al aire libre en España en Canarias y en litorales sin heladas, con espacio de sobra alrededor: es un higuerón de veinte metros con raíces a la altura.


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