Unas 850 especies caben en el género Ficus, y entre ellas están la higuera del huerto, la planta de salón que pierde las hojas al cambiarla de sitio y los estranguladores tropicales que matan al árbol sobre el que germinan. Todas comparten dos rasgos: el higo y el látex.

El higo no es un fruto sino un sicono: una inflorescencia cerrada sobre sí misma, con las flores mirando hacia dentro, que se poliniza mediante avispas diminutas de la familia Agaonidae. Cada especie de Ficus tiene, salvo excepciones, su propia avispa, que entra por el ostiolo, poliniza y muere dentro. Sin esa avispa no hay semilla viable, y por eso los ficus ornamentales plantados fuera de su área de origen normalmente no se reproducen. Hay excepciones importantes: la avispa de Ficus microcarpa se ha establecido en el sur peninsular y en Canarias, y allí la especie empieza a naturalizarse.

El látex: lo primero que hay que saber

Cualquier corte en un ficus exuda un látex blanco irritante para la piel y especialmente para los ojos. Contiene proteasas —la ficina— y otros compuestos que producen enrojecimiento y escozor. Se trabaja con guantes y no se lleva la mano a la cara.

La higuera añade un riesgo distinto y peor entendido: su savia contiene furanocumarinas, que provocan fitofotodermatitis. El contacto con la savia de hojas y ramas seguido de exposición al sol produce, entre seis y veinticuatro horas después, una quemadura con enrojecimiento intenso y ampollas que deja manchas oscuras durante meses. Podar una higuera en julio a mediodía en manga corta acaba mal. Lo sensato es podarla en invierno, con manga larga y guantes, y si hay contacto en verano, lavar con agua y jabón y mantener la zona cubierta del sol un par de días.

El Ficus benjamina de interior tiene además relevancia alergológica: sus proteínas del látex sensibilizan por vía respiratoria y presentan reactividad cruzada con el látex natural y con el higo. En una casa con una persona asmática o alérgica al látex, no es la planta indicada.

Ficus benjamina y la caída de hoja

Originario del sureste asiático y de Australia, donde llega a 20-25 m, en interior se maneja como arbusto o arbolito de hoja pequeña, brillante y péndula. Su fama viene de lo mismo que casi siempre le pasa: se compra, se lleva a casa y en dos semanas alfombra el suelo de hojas.

La explicación no es un capricho. Una hoja se construye con una anatomía ajustada a la intensidad luminosa en la que se formó. Las hojas de sol son gruesas, con dos capas de empalizada y mucha maquinaria fotosintética por unidad de superficie; las hojas de sombra son más delgadas y extienden más superficie por gramo invertido. Esa anatomía queda fijada al madurar la hoja y no se puede reconvertir.

Un benjamina procede de un invernadero con luz altísima. Al pasar al salón, sus hojas de sol siguen respirando al ritmo que corresponde a su grosor, pero ya no captan luz suficiente para pagarlo: pasan a ser un gasto. La planta las abscinde, retirando antes el nitrógeno aprovechable, y produce después un juego nuevo de hojas ajustadas a la nueva luz. El proceso dura entre cuatro y ocho semanas.

De ahí salen las recomendaciones útiles: elegir el sitio definitivo antes de comprar y no moverla luego; si viene de invernadero, aclimatarla de forma gradual, con una o dos semanas en la posición más luminosa disponible; no trasplantarla, podarla ni cambiarla de sitio en invierno; y sobre todo, no reaccionar a la caída de hoja regando más y abonando, que es lo que remata a la planta añadiendo pudrición de raíz a un problema de luz. Riego cuando los dos o tres centímetros superiores estén secos, y paciencia. Una corriente de aire frío de una puerta que se abre en invierno produce exactamente el mismo síntoma.

Ficus benjamina de hoja pequeña y ramas péndulas

Ficus elastica, el más tolerante

El árbol del caucho procede de Assam, Birmania e Indonesia. La hoja es grande, coriácea y muy brillante, y cada yema nueva sale envuelta en una estípula roja con forma de vaina que cae al abrirse la hoja: ese despojo rojo en el suelo es normal y no indica ningún problema.

Es bastante más indulgente que el benjamina con la poca luz, con la sequía ocasional y con los cambios de sitio, lo que lo convierte en la mejor puerta de entrada al género en interior. Cultivares habituales: 'Robusta' (verde ancho), 'Abidjan' y 'Burgundy' (casi negro con nervio rojo), 'Tineke' (variegado crema, que sí necesita luz alta).

Tiende a crecer en un solo tallo vertical sin ramificar. Para que abra copa hay que pinzar el ápice en primavera, o hacer una incisión superficial en la corteza justo por encima de una yema dormida, lo que libera la inhibición apical sobre ella. Las hojas se limpian con un paño húmedo; los abrillantadores en aerosol tapan estomas y no aportan nada.

Ficus lyrata, el exigente

De África occidental tropical. La hoja, enorme y con forma de violín, es lo que lo ha puesto de moda, y también lo que lo hace difícil: es la especie del grupo con menos margen de error.

Quiere luz brillante indirecta abundante y constante, temperatura estable entre 18 y 24 °C sin bajar de 15, ninguna corriente y ningún traslado. En el riego no admite ni secarse del todo ni encharcarse. Dos síntomas que conviene distinguir: manchas marrones en el centro del limbo, con aspecto húmedo y a veces halo amarillo, apuntan a exceso de riego y a infección secundaria de raíz o de hoja; bordes secos y quebradizos, a falta de agua o aire demasiado seco. Cuando pierde una hoja, no la repone en ese punto: la cicatriz queda vista para siempre, así que el daño en un lyrata es acumulativo y visible.

La higuera, Ficus carica

Es el único miembro del género plenamente rústico en toda España. Caducifolia, mediterránea, aguanta -12 a -15 °C y brota tarde, en abril. Se distinguen dos tipos productivos: las bíferas ('Cuello Dama', 'San Pedro'), que dan brevas en junio sobre madera del año anterior y luego higos en agosto-septiembre sobre madera nueva, y las uníferas, que dan una sola cosecha de higos en verano.

Esa distinción manda en la poda. Una unífera se poda en reposo, entre enero y febrero, sin problema. En una bífera, una poda invernal fuerte elimina precisamente la madera que llevaba las brevas, así que se poda ligero y se respetan los brotes del año anterior.

El punto crítico de la higuera es la raíz: superficial, extensa y agresiva en la búsqueda de agua. Levanta soleras, entra en arquetas y en juntas de saneamiento y coloniza el alcorque del vecino. La distancia mínima razonable a una edificación o a una conducción son cinco o seis metros, y en patio pequeño lo prudente es plantarla en un contenedor enterrado o con barrera antirraíces vertical.

Los estranguladores

No es una especie sino una estrategia de vida, aparecida varias veces dentro del género. Un pájaro deposita la semilla en la horquilla o en una grieta de la corteza de otro árbol. Allí germina y crece como epífita, sin competir por luz en el suelo del bosque, que es donde está el cuello de botella. Después emite raíces aéreas que descienden por el tronco del hospedador hasta alcanzar el suelo; al llegar engrosan, se anastomosan entre sí y forman una malla que va rodeando y comprimiendo al árbol soporte. Cuando este muere y se descompone, queda un ficus adulto con el tronco hueco por dentro.

Practican esta estrategia Ficus benghalensis —el banian, que además convierte sus raíces aéreas en pilares y acaba ocupando hectáreas—, Ficus religiosa (el árbol bo, de hoja acorazonada con una larga cola de goteo), Ficus macrophylla, Ficus microcarpa y Ficus aurea. Todas ellas son árboles enormes en su medio.

Ficus microcarpa y macrophylla: el problema de las raíces en la acera

El laurel de Indias (Ficus microcarpa) y la higuera de Moreton Bay (Ficus macrophylla) se plantaron abundantemente en el siglo XIX y XX en Valencia, Sevilla, Málaga, Cádiz, Barcelona y Canarias. Como ejemplares de parque son magníficos: un macrophylla adulto pasa de 20 m de altura y puede desplegar 30 o 40 m de copa, con raíces contrafuerte que forman muros vivos.

En una calle son incompatibles con el pavimento. El sistema radicular es somero, muy agresivo y de gran diámetro: rompe el alcorque, levanta losas y bordillos, deforma la calzada, se introduce en colectores y en canalizaciones antiguas y obliga a reparaciones cada pocos años. A eso se suma que las raíces cortadas repetidamente en esas reparaciones comprometen el anclaje de un árbol de copa inmensa, lo que crea un riesgo real de vuelco. De ahí las talas periódicas y los conflictos vecinales que las acompañan.

La regla práctica es sencilla: ninguno de los dos va en alcorque de acera, ni a menos de ocho o diez metros de una edificación, un muro o una conducción. En un parque con suelo profundo y espacio de sobra, sí; en cualquier otro sitio, no. Para arbolado viario en clima cálido hay opciones sin ese comportamiento radicular: Koelreuteria paniculata, Lagerstroemia indica, Cercis siliquastrum o Fraxinus ornus.

Ficus microcarpa adulto con raíces superficiales

Interior o exterior en España

Depende del mínimo invernal, no de la media. Ficus benjamina y Ficus elastica soportan brevemente 4-5 °C con daño foliar, y mueren con helada; Ficus lyrata es más delicado y no debería bajar de 12-15 °C. En la mayor parte de la Península son, por tanto, plantas de interior o de invernadero.

Viven fuera todo el año en Canarias, en la Costa del Sol, en el litoral de Almería, Murcia y Alicante y en zonas resguardadas de la costa valenciana. Ahí el benjamina se usa como seto recortado y el microcarpa como arbolado, con las precauciones de raíz ya dichas. La higuera, en cambio, va fuera en toda España, incluida la meseta.

Para las de interior que salen a la terraza en verano, la aclimatación es en los dos sentidos: sacarlas a media sombra y no a pleno sol, y meterlas antes de que las noches bajen de 12 °C, no cuando ya está helando.

En resumen

Todo Ficus exuda látex irritante, y la higuera añade fitofotodermatitis por furanocumarinas: guantes y poda en invierno. Benjamina pierde la hoja al cambiar de luz porque su follaje está anatómicamente ajustado a la intensidad en que se formó y debe renovarlo entero; se corrige eligiendo bien el sitio y esperando, no regando más. Elastica es el más tolerante, lyrata el más exigente y sin capacidad de reponer hoja perdida. Los estranguladores son una estrategia de crecimiento hemiepífito, no un grupo. Y Ficus microcarpa y macrophylla tienen raíces someras y agresivas que hacen inviable plantarlos en acera o cerca de edificación, aunque sean espléndidos en parque.


Contenidos relacionados