En enero, cuando el resto del género es un manojo de varas secas contra la pared, la clemátide de Armand sigue verde, brillante y tapando lo que se le encargó tapar. Clematis armandii es una de las contadas especies de hoja perenne del grupo, y esa sola característica la coloca en una categoría aparte: se planta por la hoja tanto como por la flor, y se cultiva con reglas que no son las del resto de las clemátides.

Clematis armandii en flor sobre un muro

La planta y su nombre

La describió el botánico francés Adrien Franchet en 1885 y la dedicó a Armand David, el misionero lazarista que recorrió China en el siglo XIX y que está también detrás del panda gigante y del Davidia involucrata. La especie es originaria del centro y el sur de China y del norte de Birmania, donde vive en bordes de bosque y barrancos húmedos entre los 500 y los 2.000 metros.

La hoja es lo primero que la identifica: trifoliada, con foliolos lanceolados de ocho a quince centímetros, coriáceos, de un verde oscuro lustroso por el haz y con tres nervios longitudinales muy marcados que le dan aire de laurel o de bambú antes que de clemátide. Los brotes nuevos salen de un bronce cobrizo que tarda semanas en virar a verde. Los tallos, delgados y flexibles de jóvenes, se lignifican pronto y se vuelven quebradizos.

Una floración de febrero

Abre en panículas axilares sobre la madera formada el verano anterior, y lo hace muy pronto: en el litoral mediterráneo y en el suroeste, a menudo ya en febrero; en la cornisa cantábrica y el interior templado, en marzo o principios de abril. Son flores blancas de cuatro a seis sépalos, de cuatro a seis centímetros, agrupadas en racimos densos que en una planta adulta cubren la superficie entera.

El perfume es real y considerable, entre vainilla y almendra amarga, y en día templado y sin viento se percibe a varios metros. Para un porche o la entrada de una casa es un argumento de peso, porque llega en una fecha en la que apenas hay nada más floreciendo.

De los cultivares, 'Apple Blossom' es el más extendido: botones rosados que abren en blanco rosado, con hoja de brote especialmente bronceada. 'Snowdrift' da flor blanco puro y algo mayor, sin el matiz rosa. 'Little White Charm' es una selección de porte más contenido, útil en patio pequeño o en maceta grande.

El viento frío quema la hoja

Aquí está el punto que decide si la planta prospera o va tirando. La madera de Clematis armandii resiste en torno a −10 o −12 ºC sin daño estructural, pero la hoja se estropea muy por encima de esa cifra si el frío llega acompañado de viento seco.

El mecanismo es una desecación, no una congelación. Al ser perenne, la planta sigue transpirando durante el invierno; cuando sopla viento frío y seco, la pérdida de agua por la hoja se dispara justo cuando el suelo frío hace más lenta la absorción por la raíz. El resultado son bordes y puntas de foliolo pardos, con el tejido necrosado avanzando desde el margen hacia el nervio central, a veces en una sola semana de viento norte. La planta no muere, pero queda con aspecto de quemada hasta que el brote nuevo de primavera la tapa, y si la floración estaba a punto se pierde.

De ahí que la ubicación no sea negociable: muro abrigado, orientación sur o sureste, y resguardo del norte y el nordeste. Contra la fachada de la casa, en un patio cerrado o en un ángulo protegido por otra construcción es donde da lo mejor de sí. Un enrejado exento en medio de un jardín abierto y ventoso es el peor sitio posible. Ese abrigo tiene además una contrapartida —el muro caliente concentra araña roja y cochinilla—, un asunto tratado en plagas en las plantas trepadoras, y el resto de sus achaques, empezando por el marchitamiento, en enfermedades de la clemátide de Armand.

Crece desordenada, y hay que conducirla desde el principio

Alcanza de cinco a ocho metros y sube deprisa, pero no lo hace de manera ordenada. Los tallos se lanzan en vertical buscando la luz, se enrollan unos con otros por el pecíolo y forman una madeja que se apoya sobre sí misma. Al cabo de pocos años el resultado típico es una masa densa y florida arriba, un metro y medio de tallos desnudos abajo, y entre medias una capa de hoja vieja marrón atrapada que la planta no suelta sola, porque no tiene una caída estacional que la limpie.

Se corrige conduciéndola, y hay que empezar el primer año:

Guiado horizontal. Cada tallo joven que se lanza hacia arriba se baja y se ata en horizontal o en diagonal suave sobre el enrejado, en abanico. Un tallo tumbado brota por muchas más yemas laterales que uno vertical, así que la planta se rellena por abajo en vez de vaciarse.

Ataduras revisadas. La madera engorda, y una brida apretada estrangula el tallo en dos temporadas. Cinta de rafia o de tela ancha, en ocho, y revisión cada otoño.

Limpieza anual de hoja muerta. Una pasada con la mano enguantada por el interior de la mata, en primavera, retira la hoja parda acumulada. Mejora el aspecto y ventila, que es exactamente lo que necesita para no coger oídio.

Poda solo después de florecer. Pertenece al grupo 1: la flor viene de madera vieja, y todo corte de invierno la elimina. La ventana es abril, en cuanto se marchitan los últimos racimos. Se recortan los tallos que se salen, se suprime lo seco y, cada pocos años, se saca de raíz alguno de los brazos más viejos y pelados para forzar renovación desde abajo. Tolera un rebaje moderado, pero rebrota más despacio que viticella o Jackmanii, así que conviene repartir esa renovación en varios años. El reparto general del género está en Clematis y sus tres grupos de poda.

Flores blancas y perfumadas de Clematis armandii

Mediterráneo frente a atlántico

Las dos fachadas de la Península la tratan de forma distinta, y merece la pena saber cuál toca antes de comprarla.

En la España atlántica —Galicia, cornisa cantábrica, norte de Portugal— encuentra casi su clima ideal: inviernos suaves, humedad ambiental alta y verano sin extremos. La hoja se mantiene impecable, la planta crece sin cesar y la floración cae en marzo. El único riesgo es el viento del norte en zona expuesta y, en suelo pesado y muy lluvioso, el encharcamiento; conviene plantar en alto o mejorar el drenaje.

En el litoral mediterráneo y el sur —Cataluña costera, Levante, Andalucía occidental, Baleares— florece antes, en febrero, y de forma espectacular, pero el problema se traslada al verano. El sol directo de mediodía en julio le broncea y le acartona la hoja, y la sequía estival la frena. La solución es orientación este o sureste, con sol de mañana y sombra a partir del mediodía, riego regular de junio a septiembre y pie acolchado o cubierto por una vivaz. Sin eso, se queda pequeña y se llena de araña roja.

En el interior peninsular —ambas mesetas, Aragón, interior andaluz— es una planta de patio abrigado, no de jardín abierto. La combinación de heladas de −8 ºC con viento seco en enero y cuarenta grados en agosto le pega por los dos lados. Hay ejemplares magníficos en patios de Madrid o de Córdoba, siempre contra pared y con riego; en un talud expuesto no aguanta.

Plantación, suelo y maceta

Suelo profundo, fresco, con materia orgánica y drenaje franco; acepta caliza moderada pero clorosa en terreno muy calcáreo. Se planta en otoño o a la salida del invierno, con el cuello enterrado unos centímetros bajo el nivel del cepellón, como el resto del género. Necesita enrejado, malla o cables de sección fina a los que agarrarse con el pecíolo, separados unos centímetros del muro; contra pared lisa no sube, y los criterios de anclaje están en consejos a la hora de colocar enredaderas.

En maceta es viable con matices: recipiente de sesenta litros como mínimo, sustrato que retenga agua sin encharcar, riego frecuente y abonado equilibrado en primavera. Al ser perenne, en maceta transpira también en invierno, así que hay que seguir regando en los meses fríos, poco pero sin dejarla seca del todo. Sobre trepadoras en recipiente y terraza hay una selección en trepadoras para el balcón.

Una advertencia común a todo el género: la savia contiene protoanemonina, irritante al contacto y tóxica por ingestión. Guantes al podar y sin dejar restos frescos al alcance de mascotas.

En resumen

Clematis armandii es la clemátide de hoja perenne: foliolos lanceolados y coriáceos que aguantan todo el invierno, y racimos de flor blanca muy perfumada en febrero o marzo sobre madera del año anterior. Resiste unos −10 ºC de madera, pero la hoja se quema con viento frío y seco, así que exige muro abrigado al sur o sureste y resguardo del norte. Crece desordenada y se desnuda por abajo, de modo que hay que guiarla en horizontal desde el primer año, revisar ataduras y limpiar la hoja muerta cada primavera; se poda solo en abril, después de florecer. En clima atlántico va sola; en el mediterráneo pide sol de mañana, riego de verano y pie fresco; en el interior, patio abrigado o nada.


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