Podar una clemátide sin saber a qué grupo pertenece es jugársela a cara o cruz: con la mitad de las variedades acertarás y con la otra mitad te habrás llevado por delante la floración del año. El género Clematis se cultiva bien y no pide gran cosa, pero está partido en tres comportamientos de floración distintos, y esa división es la que ordena todo lo demás: cuándo se corta, cuánto, y qué se puede esperar de la planta el primer año.

Clemátide de flor grande abierta en un enrejado

Qué es una clemátide

Clematis es un género de la familia Ranunculaceae con alrededor de trescientas especies repartidas por casi todo el hemisferio norte, más un puñado en el sur. La mayoría son trepadoras leñosas o semileñosas, aunque hay especies herbáceas que no trepan en absoluto, como Clematis integrifolia o Clematis recta.

Trepa de una manera muy concreta: no tiene zarcillos ni ventosas ni raíces adventicias, sino que enrolla el pecíolo de la hoja alrededor de lo que encuentre. Eso tiene una consecuencia práctica que conviene entender antes de plantar. El pecíolo abraza soportes finos —alambre, caña, malla, tallos de otro arbusto—, pero resbala sobre un poste grueso o un tronco liso. Contra una pared desnuda no sube; hay que darle enrejado, cable tensado o una red. El detalle de cómo se sujetan y a qué distancia del muro está desarrollado en consejos a la hora de colocar enredaderas, y la comparación con otros sistemas de trepado, en enredaderas.

La flor tampoco es lo que parece. Lo que se toma por pétalos son sépalos petaloides: la clemátide carece de corola verdadera. Por eso el color aguanta tantos días abierto y por eso hay flores de cuatro, seis u ocho «pétalos» según la especie. Después vienen los aquenios rematados en un apéndice plumoso y plateado que en algunas especies dura hasta el invierno y vale tanto como la floración.

Grupo 1: florece en madera vieja y casi no se poda

Aquí entran Clematis montana, Clematis armandii, Clematis alpina, Clematis macropetala y Clematis cirrhosa. Todas ellas forman las yemas de flor durante el verano y el otoño anteriores, sobre madera ya hecha, y las abren en cuanto el tiempo lo permite: de febrero a mayo según la especie.

La consecuencia es directa. Si se cortan en invierno se corta la floración entera, sin excepción. Estas plantas no se podan como norma; solo se recortan lo justo para contenerlas, y siempre inmediatamente después de florecer, dejando por delante todo el verano para que rebroten y formen la madera del año siguiente. Con eso basta: un despunte de los tallos que se salen, la retirada de lo seco y poco más.

Son también las de crecimiento más suelto y las que peor toleran quedarse desnudas por abajo. Quien quiera una mata compacta y ordenada tiene que buscar en otro grupo.

Grupo 2: flor grande temprana, poda ligera

El grupo 2 lo forman los híbridos de flor grande que abren pronto, de mayo a principios de junio, sobre madera del año anterior: 'Nelly Moser', 'The President', 'Multi Blue', 'Doctor Ruppel', 'Miss Bateman', 'Vyvyan Pennell'. Son las de flores de quince o veinte centímetros, las que se compran por la foto de la etiqueta.

La poda es de recorte, no de rebaje. A final de invierno, cuando las yemas empiezan a hincharse y se ve cuáles están vivas, se acorta cada tallo hasta el primer par de yemas gordas y sanas contando desde arriba, y se elimina lo muerto o lo enredado. La estructura vieja se conserva: es la que va a florecer.

Muchas de estas variedades dan una segunda tanda más pequeña a finales de verano sobre los brotes nuevos. Si interesa esa repetición, conviene despuntar los tallos que ya han florecido en cuanto se marchitan las primeras flores. En este grupo, además, las flores dobles o semidobles suelen salir dobles solo en la floración de primavera sobre madera vieja, y sencillas en la de otoño.

Grupo 3: florece en madera del año y se poda a fondo

El tercer grupo florece de junio en adelante sobre los brotes emitidos esa misma primavera. Entran aquí Clematis viticella y sus cultivares ('Étoile Violette', 'Polish Spirit', 'Madame Julia Correvon'), el grupo Jackmanii, Clematis tangutica, Clematis texensis, Clematis flammula y las herbáceas.

Se podan a final de invierno —en España, entre enero y primeros de marzo según la zona— dejando la planta entre veinte y cincuenta centímetros del suelo, siempre por encima de un par de yemas visibles. Es una poda drástica, se hace todos los años y no hay nada que dudar: lo que se corta no iba a florecer de todos modos.

Este grupo es el más agradecido para empezar. Al rehacerse entero cada temporada no acumula madera vieja desnuda, tolera mejor el calor y, si el marchitamiento le tumba un tallo, rebrota sin drama. Clematis viticella y sus derivados son, con diferencia, los más sólidos en clima español.

Cómo saber a qué grupo pertenece la planta que has comprado

Cuatro vías, por orden de fiabilidad:

La etiqueta. Los viveros serios indican el grupo de poda con un número, o con las siglas inglesas pruning group 1, 2 o 3. En etiquetas centroeuropeas puede aparecer como A, B y C, que equivalen a 1, 2 y 3 en ese orden.

El nombre botánico. Si la planta lleva nombre de especie —montana, armandii, alpina, cirrhosa, viticella, tangutica, flammula— el grupo se deduce de inmediato con la lista de arriba. Las etiquetas que solo traen un nombre de cultivar entrecomillado son las que obligan a seguir buscando.

La fecha de floración impresa. Es un buen sustituto. Floración indicada de febrero a mayo, con flor de tamaño medio o pequeño y muchísimas: grupo 1. Floración de mayo a junio con flor grande: grupo 2. Floración de junio a septiembre: grupo 3.

La observación directa el primer año. Cuando no hay dato de ningún tipo, la solución es no podar nada el primer invierno y mirar en primavera de dónde salen las flores. Si aparecen sobre los tallos leñosos del año pasado, es 1 o 2 (los distingue la fecha y el tamaño de la flor). Si aparecen en el extremo de brotes tiernos nacidos esa misma primavera, es 3. Perder un año de forma controlada sale más barato que podar a ciegas.

Clematis alpina con flores acampanadas colgantes

El pie a la sombra y la cabeza al sol

Es la regla de oro del género y no es una frase hecha. La clemátide florece bien con la parte aérea a pleno sol o en solana suave, pero tiene raíces superficiales y muy sensibles al calentamiento del suelo. Si la base se cuece en verano, la planta amarillea, cierra la floración y en el interior peninsular llega a secarse aunque se riegue.

Formas de dar esa sombra al pie, de menos a más trabajo:

Una losa o unas piedras planas apoyadas sobre el suelo, junto al cuello, que mantienen la tierra fresca y frenan la evaporación. Un acolchado de cinco a ocho centímetros de corteza, paja o compost, sin llegar a tapar el cuello. O una planta de porte bajo delante: lavanda, nepeta, geranio vivaz, salvia. Esta última es la mejor solución en jardín, porque además tapa la parte inferior desnuda de las clemátides adultas.

Se plantan preferentemente en otoño o a final de invierno, en hoyo amplio, con suelo profundo, fresco y bien drenado. Van bien en caliza moderada, pero en suelo muy calizo y con riego de agua dura acaban clorosando. Y a diferencia de casi cualquier otro arbusto, la clemátide se planta con el cuello enterrado unos centímetros por debajo del nivel del cepellón: es una excepción deliberada a la norma general, y el motivo está explicado en enfermedades de la clemátide, junto con el marchitamiento y el resto de problemas del género.

El riego, el abonado y el primer año

Durante el primer verano hay que regar en serio: la planta está construyendo el sistema radicular y no perdona un golpe de sequía. A partir del segundo o tercer año se vuelve mucho más autónoma, aunque en clima mediterráneo seco sigue pidiendo agua entre junio y septiembre. Sobre las especies que sí resisten un verano duro sin apenas riego hay una selección aparte en clemátides para clima seco.

El abonado se concentra a la salida del invierno y en primavera, con un compuesto equilibrado o rico en potasio; el exceso de nitrógeno da tallo y hoja a costa de flor. Y conviene aceptar que el primer año casi ninguna clemátide da lo que promete la foto: dedica la temporada a enraizar y suele florecer poco. La tercera primavera es la que enseña de qué es capaz la planta.

En cuanto a plagas, el muro caliente donde suelen ir plantadas favorece araña roja y cochinilla; ese microclima está tratado en plagas en las plantas trepadoras.

Un apunte de seguridad

Todo el género contiene protoanemonina, un compuesto que la savia fresca libera al romperse el tejido. Es irritante y vesicante sobre la piel sensible y tóxico por ingestión, para personas y para animales domésticos. No es motivo para renunciar a la planta —basta con guantes al podar y con no dejar restos frescos al alcance de mascotas o de niños pequeños—, pero sí para no manipularla con despreocupación. El asunto se trata con detalle en la muermera, la especie ibérica que le dio nombre popular al problema.

En resumen

Las clemátides se manejan bien si se identifica primero el grupo de poda. Grupo 1 (montana, armandii, alpina, cirrhosa): flor sobre madera vieja, solo recorte después de florecer. Grupo 2 (híbridos de flor grande tempranos): también sobre madera vieja, poda ligera a final de invierno hasta el primer par de yemas sanas. Grupo 3 (viticella, Jackmanii, tangutica, flammula): flor sobre madera del año, corte a fondo cada final de invierno. Si la etiqueta no lo dice, lo dicen el nombre de especie, la fecha de floración o un año de observación sin tocar la planta. A todo eso se le añade lo que no cambia entre grupos: soporte fino al que agarrarse con el pecíolo, cuello enterrado unos centímetros, pie a la sombra y cabeza al sol.


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