Con la subida de temperaturas de la primavera se disparan a la vez el crecimiento de las plantas y las poblaciones de los organismos que viven de ellas. Casi todo lo que aparece en un jardín particular se reduce a media docena larga de responsables, y reconocerlos a tiempo cambia por completo la dificultad del problema.

El planteamiento correcto está fijado por el Real Decreto 1311/2012, que establece el marco de uso sostenible de los fitosanitarios en España y sitúa la gestión integrada de plagas como principio: primero prevención y cultivo adecuado, después medios físicos y biológicos, y el tratamiento químico solo cuando lo anterior no basta. Ese orden es el que se sigue aquí.

Pulgones negros, cochinilla y cochinilla algodonosa en una hoja de areca (fila de arriba). Ataque de araña roja en una hoja de alocasia, mariposa del geranio y oídio (fila de abajo). Abajo, babosa.

1. Pulgón

Insectos chupadores de dos a tres milímetros, verdes, negros, amarillos o rosados según especie (Aphis, Myzus, Macrosiphum). Se agrupan en brotes tiernos, en el envés de las hojas jóvenes y en los botones florales.

Síntomas. Hojas enrolladas y pegajosas, brotes deformados, crecimiento detenido. La melaza que segregan queda sobre el follaje y sobre ella se instala la negrilla, un hongo negro que no parasita la planta pero le tapa la luz. Las hormigas subiendo y bajando por un tallo son un indicador fiable: se alimentan de esa melaza y protegen la colonia.

Qué hacer. Un chorro de agua a presión sobre los brotes desaloja buena parte de la colonia. El agua jabonosa (jabón potásico) actúa por contacto y es uno de los pocos remedios caseros con eficacia real. Los enemigos naturales hacen el resto si se les deja: mariquitas, larvas de crisopa, sírfidos y avispas parasitoides. Un jardín que se trata a fondo cada quincena se queda sin ellos y depende del tratamiento para siempre.

Prevención. No abusar del abono nitrogenado. El nitrógeno en exceso produce brote tierno y suculento, que es exactamente lo que el pulgón busca.

2. Cochinilla

Un grupo amplio. Las de escudo duro (diaspídidos) forman costras marrones o grisáceas adheridas a tallos y hojas; las algodonosas, como Planococcus citri, forman masas blancas cerosas en axilas y envés; las de caparazón blando, como Saissetia oleae, dan bultos oscuros y abundante melaza.

Síntomas. Hojas que amarillean y pierden brillo, crecimiento parado, melaza pegajosa y negrilla. En interior es la plaga más frecuente y la más persistente, porque el ambiente cálido y seco de una casa le va perfecto todo el año.

Ataca a. Prácticamente todo: cítricos, olivo, adelfa, ficus, palmeras de interior, orquídeas, plantas crasas.

Qué hacer. En interior y en plantas pequeñas, el método físico funciona: retirar una a una con un bastoncillo empapado en alcohol de farmacia, revisando tallos, axilas y envés. Es tedioso y hay que repetirlo, porque siempre quedan ninfas. En plantas muy invadidas, podar y eliminar las partes afectadas antes que intentar salvarlas.

Prevención. Revisar el envés y las axilas de las hojas cada vez que riegas. Poner en cuarentena cualquier planta nueva unas semanas antes de juntarla con las demás: casi todas las infestaciones de interior entran así.

3. Araña roja

Tetranychus urticae no es un insecto sino un ácaro, y esa distinción importa porque los insecticidas normales no le afectan. Mide menos de medio milímetro y vive en el envés.

Síntomas. Punteado fino amarillento o plateado en el haz, hojas que palidecen, se abarquillan, se secan y caen. En ataques avanzados, telarañas muy finas entre hojas y tallos. Se detecta antes con una lupa o sacudiendo la hoja sobre un papel blanco.

Condiciones. Calor y aire seco. Es la plaga del verano peninsular, de las terrazas orientadas al sur y de los interiores con calefacción.

Qué hacer. Subir la humedad ambiental y evitar el estrés hídrico reduce mucho su desarrollo. Existe control biológico con ácaros depredadores, habitual en cultivo profesional y disponible también para huerto y jardín. Tienes más detalle en Conoce y controla la araña roja.

4. Mariposa del geranio

Cacyreus marshalli, un licénido originario del sur de África que llegó a Europa por vía comercial y se ha extendido por toda la cuenca mediterránea. Ataca a los Pelargonium, sobre todo a los geranios de balcón y a las gitanillas.

Síntomas. La oruga, verde y con pelos cortos, empieza comiendo el botón floral y luego se introduce dentro del tallo y lo vacía por dentro. Los tallos se ennegrecen, se ablandan y presentan perforaciones con serrín; la planta deja de crecer y se marchita por partes. Cuando se ve el daño, la oruga suele llevar tiempo dentro.

Qué hacer. Revisar los tallos con frecuencia entre primavera y otoño y cortar por debajo de la zona perforada, eliminando el material cortado (no al compost). Los ejemplares bien asentados rebrotan tras una poda severa, porque el insecto no afecta a la raíz. Vigilar las plantas nuevas antes de subirlas al balcón.

5. Oídio

No es una plaga sino una enfermedad, causada por hongos del orden de las erisifales. No hay un solo oídio: cada huésped tiene el suyo, y por eso el que ataca al rosal (Podosphaera pannosa) no pasa a la vid (Erysiphe necator) ni al calabacín.

Síntomas. Polvo blanco harinoso sobre haz de hojas, brotes y botones. Las hojas atacadas se deforman, amarillean y se secan.

Condiciones. A diferencia de casi todos los hongos, no necesita agua líquida sobre la hoja: le basta humedad ambiental alta con días templados y noches frescas. Aparece por eso en primavera y otoño, y en plantaciones densas y mal ventiladas incluso en tiempo seco.

Prevención. Espaciar las plantas, aclarar el interior de la mata, ventilar invernaderos y galerías, no regar por encima y retirar las partes afectadas, que no se recuperan.

6. Míldiu

Tampoco es un hongo verdadero sino un oomiceto, un grupo distinto. Los más conocidos son Plasmopara viticola en vid y Peronospora sparsa en rosal, con especies propias en hortícolas y ornamentales.

Síntomas. Manchas de aspecto aceitoso o verde claro en el haz, delimitadas a menudo por los nervios, y un fieltro grisáceo o violáceo en el envés justo debajo. Las hojas amarillean, se vuelven pardas y caen. Puede defoliar en pocos días.

Condiciones. Necesita agua líquida sobre la hoja durante horas y temperaturas suaves. Una primavera lluviosa es su escenario ideal.

Prevención. Regar al pie y nunca sobre el follaje, regar de madrugada para que la hoja se seque pronto, ventilar y retirar los restos vegetales enfermos.

7. Caracoles y babosas

Moluscos, no insectos. Los caracoles de jardín más habituales son Cornu aspersum (antes Helix aspersa) y las babosas del género Arion, sin concha.

Síntomas. Agujeros irregulares en hojas y brotes tiernos, plántulas de huerto desaparecidas de un día para otro, y un rastro de mucosa brillante que los delata. Trabajan de noche y en días húmedos.

Qué hacer. La recogida manual nocturna, con linterna, tras un día de lluvia, es más eficaz de lo que parece si se hace varias noches seguidas. Retirar los refugios diurnos (tablas, macetas volcadas, restos de poda amontonados junto al huerto) reduce la población de forma estable.

Sobre los remedios que circulan conviene ser claro. La sal no se usa: mata al animal, pero saliniza el suelo y ese daño es duradero y difícil de revertir. Las trampas de cerveza atraen y ahogan babosas, pero también atraen a las de las parcelas vecinas y matan escarabajos del suelo que son depredadores naturales de los propios limacos, así que su balance es discutible. La eficacia de las bandas de cobre como barrera tiene resultados desiguales en los ensayos, así que no cuentes con ellas como única medida. Los cebos antilimacos autorizados cambian con el tiempo; qué está permitido hoy se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios.

Si al final hay que tratar

Dos datos que son los que sirven y no caducan en un artículo:

  • En un jardín particular solo se pueden usar productos autorizados para jardinería exterior doméstica. Cuáles lo están en cada momento figura en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. Buena parte de las materias activas que recomendaban los manuales de hace diez años ya no están aprobadas en la Unión Europea.
  • La dosis, el momento de aplicación y el número máximo de tratamientos son los que indica la etiqueta del envase. No existe una pauta general para todos los productos.

El uso profesional exige carné de aplicador. Y una regla independiente del producto: no tratar plantas en flor ni en horas de vuelo de abejas y otros polinizadores. Sobre esto hay más en Fitosanitarios que no perjudican a las abejas.

En resumen

Identificar bien es la mitad del trabajo: un punteado amarillo puede ser araña roja, un hongo o una carencia, y cada cosa se resuelve de forma distinta. Revisar el envés de las hojas al regar detecta casi todo cuando aún es manejable a mano.

El resto es orden de actuación. Cultivo correcto, ventilación, riego al pie y retirada de material enfermo evitan la mayoría de los problemas; los medios físicos y los enemigos naturales resuelven buena parte de los que aparecen; y si se llega al tratamiento, la referencia son los productos autorizados para uso doméstico y la etiqueta del envase.


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