La araña roja no es una araña ni es siempre roja. Son ácaros de la familia Tetranychidae, de medio milímetro escaso, que viven en el envés de las hojas, las perforan y se alimentan del contenido de las células. La especie más común en jardín, huerto e interior es Tetranychus urticae, que en buena parte del año se ve verdosa o amarillenta con dos manchas oscuras a los lados, y que solo adquiere el tono anaranjado o rojizo en las formas invernantes.
El síntoma que delata la plaga aparece antes que el bicho. La hoja se llena de un punteado fino, blanquecino o plateado, como si estuviera salpicada de polvo de tiza. Ese punteado se va uniendo hasta que la hoja pierde el color, se broncea y termina secándose. Cuando ya se ven telarañas finas envolviendo brotes y peciolos, la población es alta y el control será mucho más costoso.
El follaje de un rosal invadido por la araña roja, un ácaro de veloz proliferación. Foto: Mille dOrazio
Cómo confirmar que es araña roja
A simple vista los adultos son puntos móviles casi imperceptibles. Hay dos comprobaciones sencillas. La primera es dar la vuelta a una hoja sospechosa y mirarla con una lupa de diez aumentos, o incluso con la cámara del móvil al máximo de zoom: se ven los ácaros y, sobre todo, los huevos, esféricos y translúcidos, adheridos a los nervios. La segunda es el golpeo: se coloca un folio blanco bajo la rama y se sacude; si hay araña roja, aparecen puntitos que empiezan a caminar sobre el papel.
Conviene distinguirla de otros problemas que también decoloran hojas. El trips deja un punteado plateado, pero acompañado de manchitas negras de excrementos y con deformación de brotes. Las deficiencias nutricionales amarillean de forma más uniforme y siguiendo un patrón (entre nervios, hojas viejas o nuevas), sin punteado ni telaraña. Y el estrés hídrico seca desde el borde de la hoja hacia dentro.
Dónde y cuándo aparece
La araña roja prospera con calor y aire seco. En el verano mediterráneo, y en interiores con calefacción durante el invierno, encuentra sus condiciones ideales: con temperaturas altas su ciclo completo, de huevo a adulto, se acorta mucho, y una hembra deja bastantes decenas de huevos. Por eso una infestación pasa de discreta a grave en cuestión de semanas.
En exterior tiene predilección por rosales, cítricos, frutales de hueso, judías y tomateras, y por cualquier planta situada contra un muro orientado al sur, donde el calor reflejado y la falta de humedad la favorecen. En interior afecta sobre todo a plantas de hoja fina y ambientes secos: alocasias, calateas, dracenas, hiedras y palmeras de salón. En invernadero y galería acristalada encuentra el escenario perfecto porque no hay lluvia que lave el envés ni depredadores que la controlen.
Las plantas cubiertas de polvo, las que reciben exceso de nitrógeno (que produce brotes tiernos y suculentos) y las que sufren sequía prolongada son las más atacadas. Esto último resulta útil: una planta bien regada resiste bastante mejor que una que va justa de agua.
Prevención, que es donde se gana la partida
Con esta plaga, prevenir no es una fórmula de cortesía. Un ácaro que se reproduce a esa velocidad se controla mal cuando ya ha colonizado la planta entera, así que el trabajo útil se hace antes.
- Revisión semanal del envés en las plantas sensibles durante los meses de calor. Detectar el primer foco cambia por completo la dificultad del control.
- Subir la humedad ambiental en interior y en terraza cerrada: agrupar plantas, bandejas con grava y agua, pulverizar en las horas frescas. En exterior, mojar el envés con la manguera a presión moderada arrastra buena parte de la población y de sus huevos, y es una de las medidas más eficaces y baratas que existen.
- No dejar que las plantas pasen sed y no abusar del abono nitrogenado.
- Cuarentena de las plantas nuevas. La mayoría de las infestaciones de interior entran en casa dentro de una maceta recién comprada. Dos o tres semanas apartada y revisada evitan el contagio del resto.
- Retirar y desechar las hojas muy atacadas en bolsa cerrada, no al montón de compost junto al resto de plantas.
- Desinfectar las tijeras al pasar de una planta a otra, hábito que además corta la transmisión de enfermedades.
Control biológico
Es el método más eficaz a medio plazo, especialmente en invernadero, galería y huerto. Se basa en ácaros depredadores que se comen a la araña roja y no dañan la planta. Los dos más utilizados son Phytoseiulus persimilis, muy voraz y especializado en Tetranychus, que funciona bien cuando ya hay población que comer, y Neoseiulus californicus (citado también como Amblyseius californicus), más resistente a la sequedad y capaz de sobrevivir con poca presa, lo que lo hace útil como suelta preventiva.
Dos condiciones para que funcione. La primera es soltarlos pronto, cuando el foco es pequeño: si la planta ya está envuelta en telaraña, los depredadores llegan tarde. La segunda es no aplicar después tratamientos de amplio espectro, que los eliminan igual que a la plaga y dejan la planta sin ninguna defensa, con el resultado habitual de un rebrote de araña roja más fuerte que el inicial.
En jardín abierto, además, hay depredadores que se instalan solos si no se los mata: ácaros fitoseidos silvestres, crisopas, algunos coccinélidos y chinches depredadores. Un jardín tratado con moderación se autorregula bastante.
Cuándo se trata, y con qué criterio
Si se llega al tratamiento, el marco es el del Real Decreto 1311/2012, que establece el uso sostenible de los fitosanitarios: la gestión integrada de plagas coloca la prevención y los medios físicos y biológicos por delante del recurso químico. Los productos que puede usar un particular son los autorizados para jardinería exterior doméstica, y la lista vigente se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. La dosis, el número de aplicaciones y el plazo de seguridad son los de la etiqueta del envase, sin excepciones ni ajustes caseros.
Hay dos particularidades técnicas que conviene conocer con esta plaga. La primera es que el producto tiene que llegar al envés: un tratamiento aplicado solo por el haz no hace prácticamente nada, porque ahí no vive el ácaro. La segunda es que los huevos suelen quedar fuera del alcance de muchos productos, de modo que una sola aplicación deja siempre una generación por nacer.
La araña roja es, además, uno de los organismos que más rápido desarrolla resistencias, precisamente por su gran número de generaciones anuales. Repetir siempre el mismo producto es la forma más segura de que deje de servir. Y si se ha hecho una suelta de depredadores, un acaricida de amplio espectro anula la inversión.
En resumen
La araña roja se combate mirando el envés de las hojas una vez por semana durante los meses de calor, manteniendo la humedad ambiental alta, regando bien y lavando el follaje con la manguera en cuanto aparece el primer punteado. Todo eso, que no cuesta dinero, resuelve la mayoría de los casos domésticos antes de que haya telaraña.
Cuando el foco supera ese nivel, el control biológico con ácaros depredadores es la vía más sólida, sobre todo en invernadero y galería, siempre que se aplique pronto y no se combine con tratamientos de amplio espectro. Si finalmente hay que tratar, el producto debe estar autorizado para jardinería doméstica según el Registro de Productos Fitosanitarios, aplicarse mojando el envés y seguir lo que dice su etiqueta.