La pregunta que hace casi todo el mundo, cuál es el insecticida que no daña a las abejas, tiene una respuesta incómoda: la seguridad depende mucho menos del producto que del momento en que se aplica. No tratar plantas en floración y no tratar en horas de vuelo protege a los polinizadores con cualquier producto, y saltarse esas dos reglas los mata incluso con productos autorizados en agricultura ecológica.
Eso no significa que todos los productos sean iguales. Los hay muy tóxicos por contacto, los hay selectivos que solo afectan a un grupo concreto de insectos y los hay que actúan sobre hongos y no sobre fauna. Pero el orden de las decisiones es siempre el mismo: primero evitar el tratamiento, después elegir el más selectivo, y en todo caso aplicarlo cuando no haya abejas trabajando.
Qué polinizan de verdad
Conviene ajustar la idea. Una parte muy grande de los cultivos de los que nos alimentamos se beneficia en algún grado de la polinización animal, y en muchos frutales la diferencia entre tener cosecha y no tenerla es literalmente esa. En otros casos la relación es más indirecta: la zanahoria y la cebolla se consumen antes de florecer, así que la polinización solo hace falta para producir su semilla.
También hay reparto de trabajo entre especies. El tomate, la berenjena o el arándano se polinizan mucho mejor por vibración, algo que hacen los abejorros y no la abeja de la miel. Y detrás de la abeja doméstica, que es ganado y tiene quien la cuide, está el grupo que peor lo lleva: alrededor de un millar de especies de abejas silvestres en España, la mayoría solitarias, que anidan en el suelo o en tallos huecos y no tienen apicultor que las reponga.
A ellas se suman abejorros, sírfidos, mariposas y polillas nocturnas como polinizadores, y mariquitas, crisopas y avispas parasitoides como controladores de plagas. Todo ese conjunto es lo que se pierde cuando se pulveriza un jardín en flor a media mañana.
Las reglas que valen para cualquier producto
- Nunca sobre planta en flor, ni sobre cultivo con flores abiertas debajo. Si el árbol está en floración, el tratamiento espera.
- Al atardecer, cuando ha terminado el vuelo, o de noche. Muchos productos pierden buena parte de su actividad antes del amanecer siguiente.
- Segar antes las hierbas en flor del suelo del huerto o bajo los árboles. Es donde están las abejas aunque el cultivo no esté florecido.
- Sin viento, para que no haya deriva hacia setos, márgenes floridos o parcelas vecinas.
- Sin mezclas improvisadas: combinar productos puede multiplicar la toxicidad respecto a cada uno por separado.
- Cuidado con el agua: las abejas beben. Charcos, bebederos y superficies mojadas con producto también son una vía de exposición.
Lo que hay que mirar en la etiqueta
La etiqueta no es papeleo: es la única fuente válida de dosis, de plazos de seguridad y de las frases de precaución que indican expresamente el riesgo para abejas y para otros artrópodos beneficiosos. Si un producto es peligroso para los polinizadores, lo pone. Y la dosis correcta es la que figura ahí, ni más, porque contamina y daña fauna útil, ni menos, porque selecciona plagas resistentes.
Qué productos están autorizados en cada momento se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, que es el dato estable frente a cualquier lista publicada en un artículo, porque las autorizaciones se retiran y se conceden continuamente. En un jardín particular solo pueden usarse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, indicados como tales en el envase; el uso profesional exige el carné de aplicador.
Primero, no tratar
El Real Decreto 1311/2012 establece el marco de uso sostenible de los fitosanitarios y la gestión integrada de plagas como principio de partida: prevención y medios físicos y biológicos antes del tratamiento químico. Aplicado a un jardín o a un huerto pequeño, eso significa cosas muy concretas.
- Elegir especies y variedades adaptadas al clima y al suelo del lugar, que se enferman mucho menos.
- Revisar las plantas con regularidad y actuar sobre focos pequeños, cuando basta con retirar a mano un brote con pulgón.
- Usar barreras físicas: mallas antiinsecto, trampas cromáticas para vigilar, collarines contra orugas.
- No abonar de más con nitrógeno, porque el brote tierno es lo que llama al pulgón.
- Mantener refugio para la fauna auxiliar: setos mixtos, márgenes con flor, hojarasca en un rincón.
Que sea natural no lo hace inofensivo
Aquí es donde muchas guías se equivocan. Las piretrinas naturales, extraídas del crisantemo Chrysanthemum cinerariifolium, son un insecticida de contacto de amplio espectro y son claramente tóxicas para las abejas. Su ventaja no es la inocuidad sino que se degradan muy deprisa con la luz, lo que hace que un tratamiento al anochecer haya perdido gran parte de su actividad para cuando las abejas salen. Aplicadas a mediodía sobre planta en flor, matan polinizadores igual que cualquier otro insecticida.
El jabón potásico actúa por contacto disolviendo la cubierta de insectos de cuerpo blando y no deja residuo apreciable. Es de lo más manejable que hay en un jardín, pero tampoco distingue: la mariquita o la crisopa que reciba el chorro muere igual que el pulgón. Se moja el foco, no la planta entera.
El azufre es un fungicida clásico contra el oídio, con acción acaricida en tiempo seco. Su problema no son las abejas sino la fitotoxicidad: con calor fuerte quema las hojas, y no debe emplearse cerca en el tiempo de un tratamiento con aceite, porque la combinación provoca daños serios.
El aceite de neem, del árbol Azadirachta indica, actúa alterando el desarrollo de los insectos jóvenes en lugar de matar por toxicidad directa. Se le atribuye a menudo una inocuidad completa que no tiene: puede afectar a larvas de polinizadores y a fauna auxiliar según cómo y cuándo se aplique.
Productos selectivos, y hasta dónde llegan
Bacillus thuringiensis es el mejor ejemplo de selectividad real. Sus toxinas solo actúan tras ser ingeridas por larvas de un grupo concreto, y la variedad kurstaki afecta a orugas de lepidópteros. Las abejas no se ven afectadas. La contrapartida es que tampoco distingue entre la oruga que se come la col y la de una mariposa que uno quería tener en el jardín, así que se aplica sobre el cultivo afectado y no a voleo.
Las trampas de feromonas capturan machos de una especie concreta y sirven sobre todo para saber cuándo empieza el vuelo de una plaga y decidir el momento de actuar. El fosfato férrico se emplea en cebos contra caracoles y babosas, que las abejas no visitan; aun así, cualquier cebo se coloca fuera del alcance de niños y de mascotas.
Hongos como Trichoderma harzianum trabajan en el suelo compitiendo con patógenos radiculares en lugar de envenenarlos. Y hay preparados a partir de sustancias básicas, una figura reconocida en la normativa europea para productos de uso común y bajo riesgo, como la cola de caballo (Equisetum arvense).
Lo que la Unión Europea ha prohibido
El caso más conocido es el de tres insecticidas neonicotinoides, imidacloprid, clotianidina y tiametoxam. En 2018 la Comisión Europea restringió su uso a invernaderos permanentes y prohibió su empleo al aire libre, después de que la evaluación científica concluyera que suponían un riesgo para las abejas. Son sustancias sistémicas: la planta las distribuye por todos sus tejidos, néctar y polen incluidos, de modo que la abeja se expone al visitar la flor aunque el tratamiento se hiciera semanas antes.
Ese mecanismo explica por qué la regla de no tratar en floración, siendo la más importante, no basta por sí sola con productos sistémicos, y por qué la lista de lo autorizado cambia con el tiempo. Cualquier relación de materias activas publicada hace unos años está hoy desfasada, incluidas las que aparecían recomendadas como seguras.
En resumen
Ningún fitosanitario es inofensivo para los polinizadores si se aplica sobre plantas en flor o en horas de vuelo, y eso incluye a los de origen natural y a los autorizados en producción ecológica. Tratar al atardecer, sin viento, segando antes las hierbas floridas del suelo y sin mezclar productos protege más que cualquier elección de marca.
Antes de llegar al tratamiento está todo lo demás, que es lo que ordena el Real Decreto 1311/2012: prevención, vigilancia, medios físicos y control biológico. Cuando haya que tratar, la dosis y las precauciones son las de la etiqueta, los productos disponibles se comprueban en el Registro de Productos Fitosanitarios y en jardín particular solo valen los autorizados para jardinería exterior doméstica.