Bajo la etiqueta de abono orgánico se venden productos que no tienen nada que ver entre sí. Hay materiales que aportan sobre todo estructura y muy pocos nutrientes, como la turba o la corteza compostada. Hay abonos muy concentrados y de efecto rápido, como la gallinaza o el guano, que quemarán tus plantas si los usas como si fueran compost. Y hay productos que corrigen el pH más que alimentar, como las cenizas.

Confundirlos es lo que produce los resultados decepcionantes que mucha gente atribuye a que lo orgánico funciona peor. Este es el repaso de los principales, con lo que aporta cada uno y cómo se usa realmente.

Turba rubia, compost, humus de lombriz (primera fila, por la derecha); estiércol, guano de aves marina, abono en verde (segunda fila). Abajo, restos para compostar.

Compost

Es el resultado de la descomposición controlada y aerobia de restos orgánicos, sobre todo vegetales. Aporta pocos nutrientes en términos absolutos, pero los libera de forma sostenida, y su gran valor está en la materia orgánica estabilizada y en la vida microbiana que introduce en el suelo.

Es el material de base para enmendar jardín y huerto: tres a cinco centímetros en superficie, o mezclado con los veinte primeros centímetros antes de plantar. Se puede fabricar en casa a partir de restos de cocina vegetales y de jardín, lo que además reduce lo que va a la basura. Tienes el proceso en cómo fabricar compost en casa.

Un compost bien hecho huele a tierra de bosque, no se reconocen los materiales de partida y no se calienta. Si huele a amoniaco o a podrido, o si al meter la mano está caliente, no está terminado y no debe usarse todavía.

Humus de lombriz

Es el producto de la digestión de restos orgánicos por lombrices, normalmente Eisenia fetida. Es más fino, más homogéneo y de nutrientes más disponibles que el compost corriente, y aporta una carga microbiana muy alta.

Se usa en dosis pequeñas: un puñado en el hoyo de plantación, una capa fina espolvoreada sobre el sustrato de las macetas dos o tres veces durante la temporada de crecimiento, o mezclado al diez por ciento en un sustrato de siembra. No es un material para cubrir grandes superficies, porque sale caro y porque no tiene la fibra que necesita un suelo para ganar estructura.

Producirlo en casa es sencillo con un vermicompostador, y tiene la ventaja de que no huele y puede tenerse en una terraza o incluso en un office.

Estiércoles

Sus propiedades cambian mucho según el animal. El de oveja y cabra es concentrado y rico en nitrógeno y potasio. El de caballo es más fibroso y aporta mucha estructura, además de calentarse bien al compostar. El de vaca es más suave y acuoso, con menor concentración de nutrientes. La gallinaza es, con diferencia, el más rico en nitrógeno y fósforo, y también el más peligroso: aplicada fresca quema las raíces con toda seguridad.

La regla que vale para todos: el estiércol se usa maduro o compostado, nunca fresco sobre plantas en cultivo. El fresco se puede incorporar a terreno vacío con varios meses de antelación, y aun así trae semillas de malas hierbas. El que se vende en sacos, granulado, ya viene madurado y desecado, es inodoro y se puede aplicar directamente respetando la dosis.

Guano

Deyecciones acumuladas de aves marinas o de murciélagos. Es un fertilizante potente, con niveles altos de nitrógeno y fósforo, y de efecto bastante rápido para ser un producto orgánico. Se comercializa en líquido para diluir en el riego, en granulado y en varitas.

No es una enmienda: no aporta estructura al suelo, aporta nutrientes. Se usa como abonado de apoyo durante el cultivo, respetando escrupulosamente la dosis, porque es fácil pasarse. Conviene además tener presente que el guano procede de recursos extraídos de ecosistemas frágiles y que su disponibilidad es limitada.

Harinas de hueso, de sangre, cuerno y pezuña

Son subproductos de origen animal con perfiles muy específicos. La harina de hueso es rica en fósforo y calcio y de liberación lenta, y se usa como abonado de fondo en plantación. Tiene una limitación importante en España: en suelos calizos y de pH alto, que son la mayoría en el este, el centro y el sur, el fósforo queda bloqueado y su eficacia baja mucho. Además, su aporte de calcio alcaliniza aún más el suelo, así que es un mal producto para plantas acidófilas.

La harina de sangre es todo lo contrario: muy rica en nitrógeno y de efecto rápido, útil para corregir una carencia visible, pero fácil de sobredosificar. Los abonos de cuerno y pezuña también son ricos en nitrógeno pero de liberación muy lenta, de varios meses, lo que los hace adecuados como abonado de fondo en huerto y frutales.

Cenizas de madera

Aportan potasio, calcio y magnesio, y nada de nitrógeno. Su pH es muy alcalino, así que funcionan como corrector en suelos ácidos: en Galicia o en el norte húmedo pueden tener sentido, y en un suelo calizo del interior o del sur son directamente contraproducentes.

Tres precauciones. Solo ceniza de madera natural sin tratar: nunca de aglomerados, maderas barnizadas o pintadas, briquetas con aglutinantes, carbón mineral ni papel impreso, porque aportan metales pesados y otros contaminantes. En dosis pequeñas, un puñado por metro cuadrado, no capas. Y nunca sobre plantas acidófilas ni sobre patatas, a las que la alcalinización favorece la sarna común.

Abonos verdes

Consisten en sembrar un cultivo con el único fin de segarlo e incorporarlo al suelo antes de que semille. Las leguminosas (veza, trébol, altramuz, guisante forrajero, habas) son las más usadas porque, en simbiosis con bacterias del género Rhizobium en sus nódulos radiculares, fijan nitrógeno atmosférico que queda en el suelo. También se emplean gramíneas como el centeno o la avena, que aportan mucha biomasa y descompactan con sus raíces, y crucíferas como la mostaza, de crecimiento muy rápido.

En el huerto español el calendario habitual es sembrar en otoño y segar e incorporar a finales del invierno, entre dos y cuatro semanas antes de plantar el cultivo siguiente, para dar tiempo a que empiece a descomponerse. Es la manera más barata de mejorar un suelo agotado y, además, protege el terreno de la erosión por las lluvias de invierno, que en zonas de pendiente no es un detalle menor.

Turba y sus alternativas

La turba no es un abono: es materia vegetal parcialmente descompuesta en condiciones de saturación de agua y falta de oxígeno, y aporta esponjosidad y capacidad de retención hídrica, no nutrientes. La turba rubia es muy ácida y sirve de base para sustratos de plantas acidófilas y semilleros; la negra, más descompuesta, tiene pH más próximo al neutro pero retiene peor el agua, sobre todo si llega a secarse del todo, y entonces cuesta mucho rehidratarla.

Hay un problema de fondo que conviene conocer: las turberas son ecosistemas que tardan miles de años en formarse y almacenan enormes cantidades de carbono. Su explotación para jardinería libera ese carbono y destruye hábitats singulares, y por eso en Europa se está reduciendo su uso. La alternativa práctica más extendida es la fibra de coco, que aporta una esponjosidad comparable, un pH cercano al neutro y se rehidrata mucho mejor. La corteza de pino compostada y el propio compost cubren buena parte de las funciones restantes.

Cómo elegir entre todos ellos

Simplificando: si lo que quieres es mejorar el suelo, tu material es el compost, el estiércol maduro o un abono verde, en cantidades grandes y en otoño e invierno. Si lo que quieres es alimentar un cultivo en marcha, tu material es el guano, el humus de lombriz o un abono orgánico líquido, en cantidades pequeñas y durante el crecimiento. Si lo que quieres es corregir una carencia concreta, hay productos específicos, y conviene identificar bien el síntoma antes.

Y en cualquier caso, dosis moderadas. Que un producto sea de origen orgánico no significa que no pueda quemar una planta ni contaminar un acuífero: la gallinaza fresca y el guano mal dosificado hacen ambas cosas.

En resumen

Compost y estiércol maduro son la base de la mejora del suelo, y se aportan en cantidad durante el otoño y el invierno. Humus de lombriz y guano son abonos de apoyo, de dosis pequeña y aplicación durante el cultivo. Los abonos verdes son la opción más barata para recuperar un huerto agotado, y las harinas animales tienen usos concretos que conviene conocer, sobre todo la limitación del fósforo en suelos calizos.

Las cenizas solo tienen sentido en suelo ácido, en dosis mínimas y procedentes de madera sin tratar. Y la turba, más que un abono, es un componente de sustrato con un coste ambiental alto que hoy tiene sustitutos razonables, empezando por la fibra de coco. Sobre cómo y cuándo incorporar todo esto al terreno, tienes el detalle en enmiendas orgánicas para el suelo.


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