Hacer compost en casa consiste en dejar que los microorganismos descompongan restos vegetales de la cocina y del jardín hasta convertirlos en una materia oscura, suelta y con olor a tierra de bosque. El resultado no es un fertilizante concentrado sino una enmienda orgánica: aporta nutrientes de forma lenta y, sobre todo, mejora la estructura del suelo, su capacidad de retener agua y la vida microbiana que hay dentro.

Para que funcione hacen falta cuatro cosas y ninguna más: una mezcla equilibrada de material húmedo y material seco, humedad como la de una esponja escurrida, aire y tiempo. Todo lo que sale mal en un compostador doméstico se explica por el fallo de alguna de esas cuatro. Con la mezcla bien hecha y removiendo de vez en cuando, en cuatro a ocho meses hay compost utilizable, más rápido en verano y más lento en invierno.

Verdes y marrones: la mezcla que lo decide todo

Los materiales se agrupan en dos familias. Los verdes son húmedos y ricos en nitrógeno: césped recién segado, restos de huerto, peladuras de fruta y verdura, posos de café. Los marrones son secos y ricos en carbono: hojarasca, ramas trituradas, paja, cartón sin tintas, serrín de madera natural.

Los microorganismos necesitan bastante más carbono que nitrógeno para trabajar. En la práctica eso significa que el volumen de marrones debe igualar o superar al de verdes. La proporción exacta no importa tanto como el criterio de corrección: si huele mal y está apelmazado, faltan marrones; si no pasa nada y sigue todo entero al cabo de semanas, faltan verdes o falta humedad.

Sí, sin problemaCon moderaciónMejor no
Restos de fruta y verdura crudaCésped segado, siempre en capas finasCarne, pescado, lácteos y comida cocinada
Hojarasca y restos de poda trituradosCítricos y cebollaExcrementos de perro y gato
Posos de café, filtros de papel, bolsitas de téCeniza de leña, muy pocaPlantas enfermas o con plaga
Cáscaras de huevo trituradasPapel y cartón sin plastificarMalas hierbas con semilla o con rizoma
Paja, heno, virutas de madera naturalRestos de plantas tratadas hace tiempoMadera tratada o pintada, papel satinado

Las prohibiciones tienen su motivo. La comida cocinada, la carne y el pescado atraen roedores y generan malos olores; los excrementos de perro y gato pueden llevar parásitos que el compost doméstico no destruye; las plantas enfermas y las semillas de malas hierbas sobreviven porque una pila casera pequeña rara vez alcanza y mantiene la temperatura necesaria para esterilizar.

Dónde hacerlo

La pila abierta es la opción tradicional y la mejor si hay sitio. Necesita un volumen mínimo de aproximadamente un metro cúbico para conservar el calor que genera, y ese calor es justamente lo que acelera el proceso. Debajo, tierra desnuda, para que la fauna del suelo suba y el agua sobrante drene.

El compostador cerrado, el clásico contenedor de plástico de unos cuantos cientos de litros, ocupa poco, tiene mejor aspecto en un jardín pequeño y mantiene humedad y temperatura más estables. A cambio, su volumen suele quedarse corto para que la masa se caliente de verdad, y hay que removerlo con un aireador porque el material se compacta.

La ubicación importa más de lo que parece: terreno llano, en contacto directo con el suelo, resguardado del viento y en semisombra. A pleno sol en un verano mediterráneo se reseca en días y el proceso se para; a plena sombra bajo lluvia continua se encharca.

Cómo montarlo

Se empieza por una capa de material grueso en el fondo, ramas finas o restos leñosos troceados, que crea una cámara de aire y facilita el drenaje. Encima se van alternando capas de verdes y marrones, procurando que ninguna capa de material húmedo quede compacta y sola.

El troceado es la variable que más acelera el resultado. Cuanto menor es el tamaño de los fragmentos, más superficie ataca la microbiota. Los restos de poda leñosos sin triturar pueden tardar años; triturados, meses. Para el césped segado la regla es contraria a la intuición: nunca una capa gruesa, porque se apelmaza en una masa maloliente sin oxígeno. Se echa en capas de pocos centímetros y siempre acompañado de material seco.

No hace falta ningún activador comprado. Un puñado de compost maduro o de tierra de jardín aporta los microorganismos de arranque, y la orina diluida es un aporte de nitrógeno perfectamente válido si se quiere acelerar en frío.

Humedad, aire y temperatura

El punto de humedad correcto se comprueba con la mano: un puñado apretado debe formar una bola húmeda que no gotee. Si gotea, sobra agua y falta material seco. Si se deshace en polvo, hay que regar. En el interior peninsular y en verano habrá que regar la pila cada pocas semanas; en el norte húmedo el problema será el contrario.

El volteo introduce oxígeno y redistribuye la humedad. Cada dos o tres semanas es un buen ritmo, y siempre después de añadir una cantidad grande de un solo material. Sin aire, la descomposición se vuelve anaerobia y aparece el olor a podrido característico.

Una pila de buen tamaño y bien equilibrada se calienta sola en pocos días y puede superar con holgura los cuarenta grados en el centro. Ese calor es señal de que la cosa funciona y ayuda a destruir parte de las semillas y patógenos, pero en un compostador doméstico pequeño es normal que apenas se note, sobre todo en invierno. No es un fallo: solo significa que el proceso irá más despacio y que no conviene meter en él nada que se quiera esterilizar.

Qué significa cada problema

  • Olor a podrido o a amoniaco: exceso de humedad y de verdes, falta de aire. Se airea y se añade material seco.
  • Hormigas dentro: la pila está demasiado seca. Regar y voltear.
  • Moscas alrededor: hay restos de cocina en la superficie. Se entierran bajo el material y se cubren con marrones.
  • No se descompone nada: falta nitrógeno, falta humedad o el material está demasiado grueso.
  • Roedores: casi siempre por haber echado comida cocinada, carne o pescado. Retirar y pasar a compostador cerrado.

Cuándo está listo y cómo se usa

El compost maduro es oscuro, homogéneo, huele a tierra de bosque y no a basura, está frío y no rezuma agua al apretarlo. Ya no se reconocen los materiales originales salvo algún trozo de rama. Si todavía está caliente o huele fuerte, no está terminado, y aplicado así puede quemar las raíces y competir por el nitrógeno del suelo.

Una criba separa la parte fina de los fragmentos gruesos, que vuelven a la pila como material de arranque para la siguiente tanda. La parte fina se emplea de tres maneras: incorporada a los primeros centímetros del suelo antes de plantar, extendida como acolchado alrededor de las plantas, o mezclada con sustrato en maceta en una proporción minoritaria. Sembrar directamente sobre compost puro no es buena idea: la concentración de sales puede frenar la germinación.

Compostar sin jardín

En un piso con terraza o balcón, la vía practicable es el vermicompostaje, con lombrices en cajas apiladas. Ocupa lo que una papelera grande, no huele si se maneja bien y produce un material de mucha calidad, además de un lixiviado que se diluye en agua de riego. Las lombrices piden temperaturas moderadas, así que la caja no puede quedarse al sol de agosto ni a la intemperie con heladas.

Conviene además preguntar en el ayuntamiento. La Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, obliga a implantar la recogida separada de biorresiduos, y muchos municipios españoles apoyan el compostaje doméstico y comunitario dentro de esa misma línea, con cesión de compostadores o con puntos de compostaje de barrio.

En resumen

El compost casero se resuelve con una mezcla equilibrada de restos húmedos y secos, humedad de esponja escurrida, aireación periódica y paciencia. Los marrones deben pesar al menos tanto como los verdes en volumen, el césped segado va siempre en capas finas y el troceado del material es lo que más acorta los plazos.

Fuera quedan la carne, el pescado, la comida cocinada, los excrementos de perro y gato, las plantas enfermas y las malas hierbas con semilla, porque una pila doméstica no alcanza la temperatura que haría falta para neutralizarlas. Y no se aplica hasta que esté frío, oscuro y con olor a tierra: un compost sin terminar hace más daño que bien.


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