Elegir un agave para el jardín se reduce a dos preguntas: cuánto espacio va a ocupar dentro de diez años y si va a pinchar a alguien. Todo lo demás (sustrato drenante, pleno sol, riego escaso) es prácticamente igual para el género entero. Lo que cambia de una especie a otra es el porte final y la agresividad del borde de la hoja, y esos dos datos son los que casi nunca aparecen en la etiqueta del vivero.
Aquí tienes veinte especies y cultivares agrupados exactamente por eso. Primero los que caben en una maceta o en un primer plano de arriate, después los de porte medio que sirven de planta focal, y al final los grandes, que piden metros de verdad. En cada uno se dice qué lo distingue de sus parientes y si se puede plantar junto a un paso sin arrepentirse.
Agaves pequeños, para maceta y primer plano
Agave parviflora. Uno de los más pequeños del género. Hojas cortas y oscuras con rayas blancas nítidas y filamentos blancos rizados que se desprenden del borde. Cabe en una maceta de sobremesa y no supone ningún riesgo por tamaño, aunque conserva punta terminal. Está catalogado como especie amenazada en su área natural del norte de México y el sur de Arizona, así que conviene comprarlo de cultivo.
Agave victoriae-reginae. El más ornamental de todos los pequeños. Hojas anchas, rígidas, verde oscuro, con los márgenes marcados por líneas blancas que parecen dibujadas, y una espina terminal negra. Al madurar las hojas se curvan hacia dentro y forman una cúpula casi geométrica. Crece muy despacio y es un clásico de maceta. Tiene su propia ficha en el agave reina Victoria.
Agave bracteosa. La excepción del grupo: no tiene dientes en el borde ni espina terminal dura. Las hojas son estrechas, verde claro y se arquean hacia fuera como los brazos de un calamar, que es su nombre común en inglés. Es el agave pequeño que sí puedes plantar al borde de un camino o en un jardín con niños.
Agave geminiflora. Cientos de hojas muy finas, casi cilíndricas, dispuestas en una esfera densa y simétrica. No corta ni desgarra: el efecto es el de un acerico. Aguanta más sombra que la media del género y es de los pocos que funcionan bien en un patio orientado al este.
Agave potatorum. Roseta compacta de hojas anchas y onduladas, grisáceas, con dientes rojizos que contrastan mucho. Crece lento y en maceta se mantiene pequeño sin esfuerzo. Es una de las especies con las que se elabora mezcal en Oaxaca, aunque en el jardín se cultiva por la forma de la hoja.
Agave titanota. Hojas anchas de verde muy claro, casi blanquecinas en algunos clones, con dientes gruesos y una espina terminal aplanada y llamativa. Roseta solitaria y compacta, de crecimiento lento. Es la especie de moda entre coleccionistas, con decenas de selecciones con nombre propio.
Agave macroacantha. Hojas estrechas, rectas y de un gris azulado muy limpio, cada una rematada por una espina terminal negra y larga. Forma colonias con hijuelos, así que con el tiempo hace una mancha densa en lugar de una roseta aislada. Pincha de verdad, pese al tamaño modesto.
Agave 'Blue Glow'. Híbrido entre Agave attenuata y Agave ocahui, obtenido en viveros californianos. Roseta pequeña y muy regular de hojas azuladas con un fino borde rojo y amarillo que se enciende a contraluz. Ese borde es su gracia: colócalo donde le dé el sol de tarde por detrás.
Agave filifera. Hojas verde oscuro con una línea blanca en la cara y, sobre todo, filamentos blancos que se separan del margen y quedan colgando. Forma una roseta densa de tamaño contenido y se distingue de Agave parviflora por ser bastante mayor y de hoja más ancha.
Agave lophantha. Hojas estrechas y alargadas con una franja central más clara. Las selecciones variegadas, como 'Quadricolor', son las que se ven en jardinería: rayas amarillas sobre verde y márgenes rojizos con dientes bien marcados. Produce hijuelos con facilidad, así que se multiplica solo.
Agaves medianos, como planta focal
Agave attenuata. El único agave común sin espina terminal ni dientes en el borde. Hojas anchas, blandas, de un verde claro casi translúcido, y con los años desarrolla un tronco visible que hace que la roseta se incline. Su inflorescencia se arquea como una cola de zorro. Es el agave para plantar junto a una piscina o un paso estrecho, con el detalle de que el sol directo de un verano muy duro le quema la hoja. Lo tienes desarrollado en la ficha del Agave attenuata.
Agave desmettiana. Roseta abierta de hojas curvadas hacia fuera, lisas, brillantes y de bordes con dientes muy pequeños. Es de los más amables al tacto dentro de los que sí tienen punta. Produce hijuelos en abundancia alrededor de la base y forma grupos. La forma variegada, de franjas amarillas, es la que más se vende.
Agave vilmoriniana. Inconfundible: hojas largas, estrechas y retorcidas que se arquean hacia abajo como tentáculos. No tiene dientes y la punta es blanda. Pide espacio en horizontal más que en altura y queda muy bien colgando sobre un muro bajo o en un talud.
Agave parryi. El más resistente al frío de los que se encuentran con facilidad, lo que lo convierte en la opción para el interior peninsular donde otros agaves no pasan el invierno. Roseta compacta y muy cerrada de hojas anchas y grises con punta negra, con aspecto de alcachofa. La condición es que el suelo drene: soporta el frío seco mucho mejor que el frío con humedad. Detalles en la ficha del Agave parryi.
Agave ovatifolia. Hojas muy anchas, cóncavas y de un gris azulado intenso, con una roseta simétrica que parece esculpida. Procede de las montañas del noreste de México, y de ahí le viene una tolerancia al frío mejor que la media. Roseta solitaria: no llena el arriate de hijuelos.
Agave angustifolia. Hojas estrechas, rectas y rígidas, muchas veces con margen blanco crema en la forma variegada. Las puntas son especialmente duras y afiladas, de las peores del grupo medio, así que lejos de los pasos. Es la especie base del mezcal espadín y se ha naturalizado en zonas cálidas fuera de su área.
Agave montana. Vive en bosques de montaña del noreste de México, a gran altitud, y eso lo hace inusual: tolera más frío y más humedad que casi cualquier otro agave. Hojas anchas, verde intenso, con marcas impresas de las hojas vecinas y dientes rojizos. Buena opción para zonas del norte donde el resto del género se pudre.
Agaves grandes, solo si tienes metros
Agave americana. El clásico y el que más problemas da por tamaño. Hojas larguísimas, verde azulado, con dientes de sierra en el borde y una punta terminal capaz de atravesar ropa. La roseta alcanza varios metros de diámetro y emite hijuelos que forman una mata que avanza. En el litoral mediterráneo está naturalizado y compite con la flora de dunas y acantilados, así que no conviene dejar que semille cerca de espacios naturales. Las formas variegadas 'Marginata' y 'Mediopicta' son igual de grandes.
Agave salmiana. Todavía más masivo que el americano en algunas formas. Hojas muy anchas, carnosas, curvadas hacia arriba en canal y con espinas grandes. Es el maguey del que se extrae el aguamiel para el pulque en el altiplano mexicano. En un jardín particular solo tiene sentido si dispones de una superficie amplia y despejada.
Agave tequilana. El agave azul del tequila, de hojas estrechas, rectas y de un azul grisáceo muy característico. Como planta de jardín es atractivo y de porte grande, aunque su interés real está en que todo el cultivo comercial procede de un mismo genotipo clonado, lo que lo hace frágil frente a plagas. Ese asunto está contado en la ficha del agave azul, y sus usos en el agave comestible.
Cómo decidir entre todos ellos
Empieza por el sitio, no por la planta. Si el agave va a estar a menos de un metro de un paso, una escalera, un tendedero o una zona donde juegan niños, la lista se reduce a los que no pinchan: Agave attenuata, Agave bracteosa, Agave vilmoriniana y Agave geminiflora. Recortar las puntas de un agave espinoso es un parche feo que hay que repetir con cada hoja nueva.
Después, el clima. En el litoral mediterráneo y en el sur puede casi cualquiera. En el interior, con heladas, mira hacia Agave parryi, Agave ovatifolia y Agave montana, y asegura un drenaje excelente, porque lo que mata no suele ser el frío sino el frío con el suelo mojado. En la franja atlántica, con lluvia invernal constante, el drenaje es todavía más determinante y compensa plantar en talud o en un montículo elevado.
Y una advertencia común a todos: la savia irrita la piel y los ojos, y las hojas secas conservan las puntas duras. Guantes y gafas para podar o separar hijuelos, sea la especie que sea.
En resumen
Los agaves comparten cuidados, así que la elección se juega en el porte y en si pinchan. Para maceta y primer plano, especies pequeñas de crecimiento lento como Agave victoriae-reginae, Agave parviflora o Agave titanota. Para planta focal, los medianos de roseta limpia como Agave ovatifolia, Agave parryi o Agave attenuata. Para grandes superficies, y con conocimiento de causa, Agave americana y Agave salmiana.
Si el sitio tiene tránsito de personas, elige directamente uno de los que carecen de espina terminal dura. Y si vives donde hiela o donde llueve todo el invierno, el drenaje pesa más que la especie: un agave resistente al frío en un suelo que se encharca acaba igual de mal que uno que no lo es.