Si la gardenia del salón tiene las hojas amarillas con los nervios todavía verdes, no le falta abono: le falta hierro que pueda absorber, y el culpable casi siempre es el agua del grifo. Si además se le caen los capullos cerrados justo antes de abrir, el problema suele ser la temperatura nocturna, el aire seco de la calefacción o un cambio de sitio. Esas dos cosas explican la inmensa mayoría de las gardenias que se estropean en una casa española.

Gardenia jasminoides es un arbusto perenne de hoja lustrosa y flor blanca cérea originario del sur de China, Japón y Vietnam (no del Cabo, pese al nombre popular de jazmín del Cabo) que pertenece a las rubiáceas, la familia del café y de la quinina. Es exigente, pero sus exigencias son concretas y se pueden enumerar. Eso es lo que sigue.

Flor blanca de gardenia entre hojas verdes brillantes

Hojas amarillas con los nervios verdes: clorosis férrica

La gardenia es una planta calcífuga estricta: necesita un pH de suelo entre 5,0 y 6,5. Por encima de 7, el hierro del sustrato se transforma en compuestos insolubles que la raíz no puede tomar, aunque haya hierro de sobra. La planta lo nota primero en las hojas nuevas, que amarillean entre los nervios mientras estos siguen verdes, dibujando una retícula muy característica. Si la situación se prolonga, la hoja pasa a blanquecina y acaba con los bordes quemados.

En España el problema no viene del sustrato de la maceta, que suele venir bien acidificado del vivero, sino del agua de riego. Buena parte del agua de red española es dura o muy dura, con bicarbonatos que van neutralizando el sustrato riego a riego. En seis u ocho meses el pH ha subido lo suficiente para bloquear el hierro.

Qué hacer, por orden de eficacia:

  • Cambiar el agua. Agua de lluvia recogida, o agua osmotizada, o agua del grifo acidificada. Basta con dejar el agua reposar y ajustar ligeramente su acidez; hay material específico sobre esto en el sitio.
  • Aplicar quelato de hierro EDDHA, no cualquier quelato. La distinción importa: los quelatos EDTA y DTPA se descomponen por encima de pH 6,5 y 7 respectivamente, mientras que el EDDHA sigue siendo estable hasta pH 9. Es el único que funciona de verdad en agua dura, y se reconoce porque tiñe el agua de rojo intenso. Dos aplicaciones al año, en marzo y en junio.
  • Renovar el sustrato cada dos o tres años con tierra para plantas acidófilas, la misma que se usa para azaleas y camelias.

La corrección no reverdece las hojas ya amarillas: esas se quedan así. Lo que se ve en tres o cuatro semanas es que la brotación nueva sale verde. Ese es el indicador de que se ha acertado.

Una advertencia: hoja amarilla uniforme, sin retícula, y que además cae, no es clorosis sino exceso de agua o frío. Las causas son distintas y el tratamiento también.

Los capullos se caen antes de abrir

La gardenia practica la abscisión de botones florales con una facilidad exasperante. Es un mecanismo de defensa: ante cualquier estrés, la planta suelta primero lo más caro de mantener, que son las flores. Las causas, por frecuencia:

Oscilación brusca de temperatura. Una corriente de aire frío al abrir una ventana en enero, o la proximidad de un radiador, bastan. La planta necesita estabilidad durante las cuatro a seis semanas que tarda un botón en desarrollarse.

Aire seco. Por debajo del 50% de humedad relativa, los botones se secan y caen. En una vivienda con calefacción en invierno se baja fácilmente al 30%.

Cambio de sitio. Girar o mover la maceta con botones formados provoca caída. Se elige la ubicación antes de que aparezcan y no se toca hasta que hayan abierto.

Riego irregular. Tanto un cepellón que se ha secado por completo una vez como un platillo con agua estancada acaban con los botones.

Falta de luz. Con menos de cuatro horas de luz clara, la planta forma botones que no tiene energía para abrir.

La temperatura de noche decide si hay flores

Este es el dato que casi nunca aparece en las etiquetas y el que explica por qué muchas gardenias de interior no vuelven a florecer nunca después de la primera vez.

La gardenia induce sus botones florales con un diferencial térmico entre el día y la noche. Necesita entre 21 y 24 grados de día y, sobre todo, entre 15 y 17 grados de noche. Por encima de 18 grados nocturnos, la inducción floral falla: la planta crece, saca hoja nueva, se ve estupenda y no forma un solo botón.

Un salón español con calefacción está a 20 o 21 grados a las once de la noche. Ahí no hay flores, haga uno lo que haga con el abono. Las soluciones son: sacar la planta a una terraza o galería fresca de septiembre a noviembre, ponerla en la habitación menos caldeada de la casa, o directamente cultivarla en el exterior donde el clima lo permita.

La otra ventana de floración depende de la variedad: las de tipo Veitchii florecen sobre todo en primavera y otoño, mientras que las variedades de flor de verano concentran todo entre mayo y julio.

Agua, humedad y sustrato

Sustrato. Mezcla para acidófilas, aligerada con un 20 o 30% de perlita o corteza de pino fina. La gardenia tiene raíces finas y superficiales que se asfixian con facilidad, así que el drenaje pesa tanto como la acidez.

Riego. El cepellón se mantiene fresco, nunca encharcado ni completamente seco. En verano y en interior, cada dos o tres días; en invierno, cada siete a diez. La comprobación es el dedo: se riega cuando los dos primeros centímetros están secos al tacto. El agua sobrante del platillo se retira siempre a los diez minutos.

Humedad ambiental. Es el punto crítico en interior. Se necesita un 60% o más. La forma que funciona es una bandeja de guijarros con agua bajo la maceta, con el fondo del tiesto por encima del nivel del agua, y agrupar la gardenia con otras plantas. Pulverizar la hoja ayuda poco y tiene un inconveniente: las flores de gardenia se manchan de marrón al mojarse, y también al tocarlas con los dedos, porque sus pétalos son muy delicados.

Abonado. De marzo a septiembre, cada quince días, con fertilizante para plantas acidófilas. En invierno, nada. Un exceso de fósforo agrava el bloqueo del hierro.

Dónde aguanta en España y hasta qué frío

Gardenia jasminoides es más rústica de lo que se cree. Una planta establecida en suelo tolera hasta unos -7 grados, aunque por debajo de -3 la hoja se daña y se queda con manchas negras. En maceta, donde el cepellón se congela entero, hay que ser bastante más prudente.

Eso significa que en la cornisa cantábrica, en Galicia y en buena parte del litoral mediterráneo se puede cultivar al aire libre todo el año, y de hecho es donde mejores gardenias hay en España, porque además esas zonas tienen suelos más ácidos y agua más blanda. En el interior peninsular y en zonas calizas, la maceta con sustrato controlado es el camino sensato.

La exposición ideal es sol de mañana y sombra de tarde. A pleno sol de julio en el sur, la hoja se broncea y se quema; en sombra plena no florece.

Cuándo podar y cuánto

Se poda justo después de la floración principal, y no más tarde, porque los botones del ciclo siguiente se forman sobre la brotación nueva que emite tras el corte y necesita tiempo para madurar. En una gardenia de floración estival, la poda va a finales de agosto o en septiembre.

La intervención es ligera: se despuntan los extremos para forzar ramificación, se eliminan las ramas que crecen hacia dentro y se retiran las flores marchitas. Cada tres o cuatro años se puede rebajar un tercio del volumen para renovar una planta desgarbada; rebrota bien de madera vieja.

Cochinilla algodonosa, mosca blanca y negrilla

La gardenia es un imán para insectos chupadores, sobre todo en interior y con aire seco.

Cochinilla algodonosa: motas blancas algodonosas en las axilas de las hojas y en el envés. Se retiran con un bastoncillo empapado en alcohol en infestaciones pequeñas; en las grandes, aceite de parafina o jabón potásico, dos aplicaciones separadas diez días, siempre sin sol directo.

Mosca blanca: nubecilla de mosquitas blancas que salen al mover la planta, con las ninfas pegadas al envés. Trampas cromáticas amarillas y jabón potásico dirigido al envés.

Araña roja: punteado fino y aspecto polvoriento. Aparece exactamente en las mismas condiciones que provocan la caída de botones, es decir, con aire seco. Subir la humedad la combate.

Negrilla o fumagina: esa capa negra pegajosa que cubre las hojas no es una enfermedad de la planta, sino un hongo que crece sobre la melaza azucarada que excretan cochinillas y mosca blanca. Se limpia con un paño húmedo, pero no vuelve a aparecer solo si se elimina al insecto que la alimenta.

Variedades que se encuentran en España

VariedadPorteFlorNota
'Veitchii'Compacto, hasta 1 mDoble, medianaLa clásica de maceta, florece en varias tandas
'Fortuniana'Hasta 2 mDoble, muy grande, hasta 10 cmLa de flor más espectacular, algo más delicada
'Radicans'Rastrero, 30 cm de altoDoble, pequeñaPara borduras, rocallas y jardineras
'Kleim's Hardy'60-90 cmSimple, de seis pétalosLa más resistente al frío y muy aromática
'Crown Jewel'60-90 cmDobleSelección rústica de floración larga

Fuera de G. jasminoides, la especie interesante es Gardenia thunbergia, sudafricana, arbustiva y de flor simple con tubo largo. Se usa poco como ornamental pero mucho como portainjertos, por una razón que se ve en el apartado siguiente.

Cómo sacar esquejes, y el injerto para suelos calizos

Por esqueje semileñoso, entre abril y julio. Se cortan extremos de 10 a 12 centímetros con tres o cuatro pares de hojas, se eliminan las de la mitad inferior, se moja la base en hormona de enraizamiento y se clavan en turba y perlita a partes iguales. Necesitan calor de fondo, en torno a 24 grados, y ambiente saturado bajo una bolsa o un propagador. Enraízan en cuatro a ocho semanas. Es un esqueje agradecido, de los que salen bien a la primera con calor.

El truco menos conocido es el injerto sobre Gardenia thunbergia. Esta especie tolera mucho mejor los suelos alcalinos y los nematodos que G. jasminoides, así que injertar la variedad ornamental sobre ella permite cultivar gardenias en jardines de suelo calizo donde una planta franca de pie no prospera. Es una práctica habitual en viveros australianos e italianos y explica por qué algunas gardenias compradas en jardinería aguantan condiciones que otras no.

La familia Rubiaceae: el café, la quinina y las estípulas

Rubiaceae es la cuarta o quinta familia más numerosa de plantas con flor, con unos 13.500 especies y más de 600 géneros. Su miembro económicamente decisivo es Coffea, el cafeto; también le pertenece Cinchona, el árbol de cuya corteza se extrajo la quinina, primer tratamiento eficaz contra la malaria; Rubia tinctorum, la rubia de tintoreros, que da nombre a la familia y de cuya raíz se obtenía la alizarina para teñir de rojo; el noni (Morinda citrifolia); y en la flora española géneros humildes como Galium (el amor de hortelano que se pega a la ropa), Asperula y Sherardia.

El carácter que identifica a la familia es fácil de comprobar en la propia gardenia: hojas opuestas o en verticilo, con estípulas interpeciolares, es decir, dos escamas soldadas entre los pecíolos de cada par de hojas, formando un anillito alrededor del tallo. Añádase un ovario ínfero (el fruto se forma por debajo de donde se insertan los pétalos) y una corola soldada en tubo, y se tiene la combinación diagnóstica. En los Galium de cuneta, esas estípulas se han ensanchado tanto que parecen hojas más, y de ahí sus verticilos de seis u ocho.

¿Es tóxica para gatos y perros?

La gardenia se clasifica como de toxicidad leve para perros y gatos. Contiene geniposidos y gardenósidos, iridoides que en cantidad producen molestias digestivas: vómitos, diarrea y a veces urticaria. No hay riesgo cardíaco, neurológico ni renal descrito, y no es una planta que figure entre las peligrosas de un hogar.

Dicho eso, si un animal ha mordisqueado hojas o frutos y presenta síntomas persistentes conviene llamar al veterinario. Para consultas toxicológicas en personas, el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20.

El fruto de Gardenia jasminoides tiene un uso curioso: es la fuente del colorante amarillo tradicional japonés kuchinashi, obtenido de la crocina que contiene (la misma molécula que da color al azafrán), empleado para teñir arroz, fideos y dulces en Asia oriental. Sus derivados también producen el llamado azul de gardenia, evaluado por las agencias europeas de seguridad alimentaria. El fruto figura además en la farmacopea tradicional china; su tradición está bien documentada, pero la evidencia clínica de esos usos es limitada y hay descritas interacciones y hepatotoxicidad asociadas a algunos preparados, de modo que cualquier consumo debe consultarse con el médico o el farmacéutico y no se aborda aquí.

Por qué no existe el perfume natural de gardenia

Todos los perfumes que huelen a gardenia son reconstrucciones. La flor no rinde absoluto por extracción con disolventes de forma económicamente viable: el rendimiento es ínfimo y el material que se obtiene pierde por el camino los volátiles que la hacen reconocible. Alguna casa ha producido absoluto de gardenia como rareza a precios estratosféricos, pero no existe en el mercado corriente.

Los perfumistas la recrean combinando acetato de estirilo, que aporta la nota cremosa y ligeramente láctea tan característica, con cis-jasmona, benzoato de metilo, linalool y alfa-farneseno. Es una de las flores llamadas mudas en el oficio, junto con el muguete y la lila: se huelen en la planta, no se pueden destilar y se reinventan en el laboratorio a partir del análisis del aire que las rodea.

Ese aroma tiene, además, un patrón horario: la gardenia emite mucho más al anochecer y durante la noche, igual que el jazmín, porque sus polinizadores originales son polillas de trompa larga.

En resumen

La gardenia es una rubiácea calcífuga y de trópico húmedo metida a planta de salón, y sus dos fallos característicos tienen causa conocida: las hojas amarillas con nervios verdes son clorosis por agua dura, que solo se corrige con agua blanda y quelato de hierro EDDHA, el único estable en pH alto; y la caída de capullos responde al aire seco, a las corrientes y a mover la maceta. Para que vuelva a florecer necesita noches entre 15 y 17 grados, algo incompatible con un salón con calefacción, así que conviene pasarla a una galería fresca en otoño. Sustrato de acidófilas, sol de mañana, humedad por encima del 60% con bandeja de guijarros, poda ligera nada más terminar la floración y vigilancia constante de cochinilla y mosca blanca. Al aire libre prospera bien en el norte húmedo y en el litoral, donde el agua y el suelo juegan a su favor.


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