Si te encuentras esta planta en un vivero sin la etiqueta, no dirás que es un rosal. Es un montículo gris de 60 centímetros, erizado de púas finas y pálidas hasta parecer un cactus, con hojas diminutas de tres foliolos que recuerdan más a una grosellera que a una rosa. Solo cuando abre la flor (una corola simple de cinco pétalos magenta, de cuatro a seis centímetros) queda claro de qué género se trata.

Rosa stellata Wooton es un rosal de desierto de montaña del suroeste de Norteamérica, y pertenece a una rama del género tan apartada del resto que los botánicos le dieron sección propia. Es también uno de los pocos rosales que prosperan en suelo calizo, con veinticinco centímetros de lluvia al año y con inviernos de helada seria: una combinación que en buena parte de España resulta muy interesante.

Rosa stellata, rosal de desierto

De dónde viene el nombre y por qué parece una grosellera

El epíteto stellata no alude a la flor sino a los pelos. Toda la planta (hojas, peciolos, sépalos, brotes jóvenes) está cubierta de pelos estrellados, tricomas ramificados en forma de estrella de varios brazos que se ven bien con una lupa de mano y que dan al follaje ese tono gris verdoso apagado. Es un carácter poco frecuente en el género y uno de los que separan a esta especie del resto.

El nombre común inglés más extendido, gooseberry rose, «rosa grosellera», se refiere a otra cosa: a la hoja. En lugar de los cinco o siete foliolos aserrados de un rosal normal, Rosa stellata tiene casi siempre tres foliolos, muy pequeños, de medio a un centímetro y medio, con forma de cuña y con solo tres o cinco dientes agrupados en el extremo. Puesta al lado de una hoja de grosellero espinoso, Ribes uva-crispa, la semejanza es desconcertante.

El tercer elemento que completa el disfraz son los aguijones. La planta está densamente armada de púas rectas, finas y de longitud desigual, mezcladas con cerdas, formando una cobertura tan tupida que desde un metro de distancia parece un tallo de cactus más que de rosal. Sobre la diferencia entre estas formaciones y las espinas verdaderas, hay una explicación en el artículo sobre las espinas.

Una rama aparte dentro del género

Rosa stellata se clasifica en la sección Hesperhodos, que agrupa únicamente a dos especies: ella misma y Rosa minutifolia, un rosal de la Baja California igualmente adaptado a la aridez. Es la agrupación más pequeña y más divergente del género, tan distinta que algunos autores han llegado a proponer tratarla como género independiente. Ambas especies son diploides, con 2n = 14 cromosomas.

Esa distancia genética tiene una consecuencia práctica: cruzar Rosa stellata con rosales de jardín es muy difícil, y por eso su enorme resistencia a la sequía y al calor no se ha incorporado a la rosa moderna a pesar de llevar más de un siglo descrita. Sigue siendo una reserva de caracteres sin explotar. En el contexto general de los grupos del género, el encaje se ve mejor en la clasificación de las rosas.

Las tres subespecies y dónde vive cada una

TaxónDistribuciónRasgo distintivo
R. stellata subsp. stellataSuroeste de Nuevo México y oeste de TexasAguijones muy densos, foliolos diminutos
R. stellata subsp. mirificaMontañas Sacramento, Nuevo MéxicoMenos armada, foliolos algo mayores; es la más cultivada
R. stellata subsp. abyssaRegión del Gran Cañón, ArizonaDescrita a finales del siglo XX; porte más alto

La subespecie mirifica, conocida como rosa de las montañas Sacramento, es la que aparece en catálogos de viveros especializados y en colecciones botánicas, y llegó a figurar durante unos años en la lista federal de especies amenazadas de Estados Unidos, de la que fue retirada al localizarse poblaciones adicionales.

El hábitat es común a las tres: laderas rocosas y cañones sobre caliza, entre bosque abierto de enebro y pino piñonero o encinar de montaña, entre unos 1.200 y 2.700 metros de altitud. Precipitación anual de 25 a 45 centímetros, concentrada en tormentas de verano, y heladas invernales frecuentes. Es un desierto frío de altura, no un desierto cálido.

Cómo es la planta a lo largo del año

  • Porte. Montículo denso y redondeado, de 30 centímetros a poco más de un metro de alto, con tendencia a extenderse por rebrotes de raíz y a formar manchas.
  • Follaje. Caduco, gris verdoso, de hojas muy pequeñas. En sequía intensa la planta se defolia y espera; es un comportamiento de caducifolia por sequía, no por frío.
  • Flor. Solitaria en el extremo de los brotes cortos, de 4 a 6 centímetros, con cinco pétalos de un rosa purpúreo intenso y centro más claro, con estambres amarillos bien visibles. Ligeramente perfumada.
  • Floración. Larga y ligada a la lluvia: en su medio natural abre desde finales de primavera hasta septiembre, con oleadas después de las tormentas. En cultivo mediterráneo florece sobre todo de mayo a julio.
  • Fruto. Escaramujo globoso u obovoide, de 1 a 1,5 centímetros, cubierto de cerdas espinosas, que se seca y permanece en la planta. Es tan característico como la hoja.

Cultivarla en España: dónde sí y dónde no

Es una planta para jardín seco, no para arriate. Quien la trate como a un rosal corriente la pierde en un par de temporadas.

Dónde funciona. Interior peninsular y sureste: Aragón, Castilla, Navarra media, Murcia, Almería, altiplanos de Granada y Albacete. Le van bien los suelos calizos, pedregosos y pobres (justo lo que un rosal de jardín detesta) y aguanta sin problema tanto los 40 °C de julio como heladas fuertes; su resistencia al frío se sitúa en torno a los -20 °C.

Dónde no. Cornisa cantábrica, Galicia y en general cualquier sitio con veranos húmedos o suelos pesados que retengan agua. La humedad estival prolongada y el encharcamiento invernal la matan por la raíz. Tampoco es planta de maceta salvo en contenedor muy profundo con mezcla mineral.

Cómo plantarla.

  • Sol pleno, sin excepciones, y sitio aireado.
  • Sustrato mineral. Tierra del lugar mezclada a partes iguales con grava caliza o arena gruesa. Sin turba, sin estiércol, sin sustrato universal.
  • Plantación en caballón o en rocalla elevada si el terreno tiene la menor tendencia a encharcar.
  • Acolchado de grava, de 4 a 5 centímetros, nunca de corteza ni de material orgánico, que retiene humedad junto al cuello.
  • Riego. Abundante el primer verano para que arraigue, cada diez o quince días. A partir del segundo año, prácticamente nada: dos o tres riegos de socorro en el pico de agosto y basta.
  • Abonado. Ninguno. El exceso de nitrógeno le provoca crecimientos blandos que después no resisten.
  • Poda. Solo retirar madera muerta al final del invierno. No admite la poda de renovación que se aplica a los híbridos de té, y cortar en la mata compacta la estropea de forma permanente.

Un aviso sobre el trasplante: no le gusta que le toquen la raíz. Conviene plantarla joven, en su sitio definitivo, y no moverla.

Cómo multiplicarla

Por semilla es la vía más fiable, aunque lenta. El escaramujo se recoge maduro, se limpia y las semillas necesitan estratificación en frío húmedo durante tres o cuatro meses a temperatura de nevera antes de sembrarse; una parte germina el primer año y otra el segundo. Es un proceso similar al de otras especies del género, descrito en cómo se siembra el escaramujo.

La segunda opción es separar rebrotes de raíz en invierno, con cuidado y llevándose un cepellón razonable. El esqueje da resultados irregulares y bajos porcentajes de enraizamiento; no es la vía recomendable para un aficionado.

Con qué plantarla

Encaja en el mismo tipo de composición que una rocalla o un jardín de grava mediterráneo, y no en un arriate de rosales. Combina bien con:

  • Gramíneas secas como Stipa tenacissima, Festuca glauca o Nassella tenuissima.
  • Matas aromáticas de suelo pobre: Santolina chamaecyparissus, Thymus vulgaris, Teucrium fruticans, Helichrysum italicum.
  • Salvia yangii y Nepeta × faassenii, cuyo azul contrasta con el magenta de la flor.
  • Bulbos de secano que florecen antes que ella, como Muscari o Allium de especies mediterráneas.

Entre los rosales silvestres, sus compañeros lógicos en un jardín seco español son Rosa canina y, en el litoral arenoso, Rosa rugosa, que resuelven situaciones distintas con la misma filosofía de bajo mantenimiento.

Dónde conseguirla

No la vas a encontrar en un centro de jardinería. Se mueve entre viveros especializados en rosales de especie y en plantas de clima árido, colecciones de jardines botánicos y redes de intercambio de semillas de sociedades roseras y de plantas alpinas. Merece la pena buscar por el nombre completo, incluida la subespecie, porque mirifica y abyssa se ofrecen a veces por separado.

En resumen

Rosa stellata es un rosal de desierto frío del suroeste norteamericano que parece cualquier cosa menos un rosal: montículo gris de 30 centímetros a un metro, densamente armado de púas finas, con hojas minúsculas de tres foliolos idénticas a las de un grosellero espinoso y cubierto de pelos estrellados, que es de donde le viene el nombre. Pertenece junto a Rosa minutifolia a la sección Hesperhodos, la rama más divergente del género, lo que hace casi imposible cruzarla con rosales de jardín y deja su resistencia a la sequía sin aprovechar. Vive sobre caliza entre 1.200 y 2.700 metros, con 25 a 45 centímetros de lluvia anual y heladas fuertes, y esa combinación la hace viable en el interior y el sureste de España (Aragón, Castilla, Murcia, Almería) y desaconsejable en la cornisa cantábrica. Pide sol pleno, sustrato mineral, acolchado de grava, cero abono y prácticamente cero riego a partir del segundo año. Se multiplica por semilla con tres o cuatro meses de estratificación en frío, o separando rebrotes de raíz.


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