Una valla no es un muro. Es un soporte ligero, montado sobre postes clavados en el suelo, que aguanta poco peso y que además hace de vela con el viento: cuanta más hoja le cuelgues, más empuje recibe cada racha y más trabaja el poste. Por eso la pregunta útil no es qué trepadora es más bonita, sino cuál puede sostener tu valla sin acabar tumbada en el suelo del vecino.

La respuesta corta: sirven las volubles ligeras, las de zarcillo y las anuales, que pesan poco y se sujetan solas a un alambre o a una malla. No sirven ni las que se agarran con raicillas adventicias, porque se meten entre las tablas y las separan, ni las leñosas pesadas, que con los años estrangulan los postes. Si quieres el detalle de cómo se sujeta cada una, está en cómo se agarran las trepadoras; aquí va lo que eso significa en una valla concreta.

Lo que una valla aguanta de verdad

Un panel de madera de dos metros clavado sobre dos postes soporta sin problema el peso de una anual, de una clemátide o de una madreselva joven. Lo que lo derriba es otra cosa: la superficie. Una trepadora densa convierte la valla en una pantalla maciza, el viento deja de atravesarla y todo el empuje se transmite a los postes, justo en el punto donde la madera entra en el suelo y donde ya se está pudriendo. Las vallas caídas tras un temporal casi siempre eran vallas cubiertas de vegetación.

De ahí dos decisiones antes de plantar. Una, revisar el estado de los postes y de los herrajes, porque cuando una trepadora lleva tres años encima ya no se puede sustituir un panel sin destrozar la planta. Y dos, no elegir nada que engorde en leño: la glicina (Wisteria) y la bignonia (Campsis radicans) son preciosas y son una condena para una valla, porque sus tallos se convierten en troncos que aprietan, levantan y parten lo que rodean.

Las que nunca van en una valla

La hiedra (Hedera helix), la hortensia trepadora (Hydrangea anomala subsp. petiolaris) y el Ficus pumila suben solos porque emiten raicillas adventicias que se meten en cualquier poro. Sobre una pared sana eso no es grave. Sobre una valla de tablas sí: las raicillas entran por las juntas, engrosan y separan las piezas, y al retirarlas se llevan la capa superficial de la madera. La parra virgen (Parthenocissus tricuspidata) se pega con discos adhesivos y deja el mismo problema, además de un peso considerable cuando cubre un panel entero.

Y hay un tercer grupo que se descarta por tamaño más que por mecanismo: cualquier trepadora que en su ficha diga que cubre una fachada. Si puede con una casa, con tu valla puede de sobra.

Volubles ligeras: se enroscan solas

La madreselva (Lonicera) es la voluble clásica de valla. Gira el tallo entero alrededor de lo que encuentre, así que necesita algo cilíndrico que rodear: sobre una tabla lisa no sube, pero con un par de alambres tensados en horizontal o una malla se sujeta sin ayuda. Las de flor perfumada, como Lonicera periclymenum, huelen sobre todo al atardecer. Tiene una contrapartida que conviene conocer: sus bayas son tóxicas por ingestión, así que si hay niños pequeños pásala a una zona donde no lleguen. Más detalle en la ficha de la madreselva.

Madreselva en flor cubriendo una valla

La madreselva enrosca el tallo entero: sobre una tabla plana no sube, sobre un alambre sí.

El jazmín estrella o falso jazmín (Trachelospermum jasminoides) es la otra opción de perenne para valla. También es voluble y también necesita alambre o malla. Es de crecimiento moderado los primeros años y luego se hace denso y algo leñoso, así que se poda después de la floración para que no cargue de peso.

Zarcillos y pecíolos: hilo fino y nada más

La clemátide no se agarra con el tallo sino con el pecíolo de la hoja, que se enrolla como un dedo alrededor de cualquier cosa delgada. Eso significa que no puede sujetarse a un listón ni a un poste: necesita un soporte de pocos milímetros, es decir, malla de cuadro fino, alambre o una red de cañas. Puesta contra una valla con malla, se sujeta sola y no pesa casi nada. Es probablemente la mejor trepadora para una valla en mal estado.

Clematide de flor violeta trepando por una valla de madera

La clemátide se sujeta con el pecíolo de la hoja y solo puede agarrarse a soportes de pocos milímetros.

Las clemátides tienen fama de difíciles por una sola razón: la poda depende del grupo de floración. Las que florecen en primavera sobre madera del año anterior se podan justo al acabar la flor; las que florecen en verano sobre madera nueva se cortan cortas al final del invierno. Si no sabes cuál tienes, el primer año no podes y observa cuándo florece. Y planta el cuello algo enterrado y con la base sombreada por otra planta o una teja: es una planta que quiere el pie fresco y la cabeza al sol. Tienes más en la ficha de las clemátides.

Anuales: la solución para una valla que no aguanta peso

Si la valla está justa, o si es de simple torsión y no quieres comprometerla, las anuales resuelven la temporada y desaparecen en otoño sin dejar rastro ni peso acumulado. La campanilla o gloria de la mañana (Ipomoea) es voluble, crece a toda velocidad desde semilla sembrada en primavera y cubre varios metros en un verano. Sus semillas son tóxicas por ingestión y no se comen bajo ningún concepto.

Campanillas azules de ipomea cubriendo un cerramiento

La ipomea cubre una valla en un verano y muere con los primeros fríos, sin dejar peso sobre la estructura.

El guisante de olor (Lathyrus odoratus) trabaja con zarcillos, así que necesita malla o red, y da el mejor aroma del grupo. Se siembra al final del invierno en clima suave, pincha la punta cuando tenga unos centímetros para que ramifique y corta flores a menudo, porque en cuanto cuaja semilla deja de florecer. Ojo con una confusión peligrosa: es pariente de los guisantes de huerto pero no se come, sus semillas son tóxicas.

Flores de guisante de olor rosas y moradas con gotas de agua

El guisante de olor se sujeta con zarcillos y pide malla. Pese al parecido, sus semillas no son comestibles.

El rosal trepador no trepa

Un rosal trepador no tiene ningún mecanismo de agarre. Lo que hace en la naturaleza es lanzar varas largas sobre otros arbustos y quedarse enganchado por las espinas. En una valla eso significa que lo atas tú, cada año, sin excepción. Cuando alguien dice que su rosal no sube, casi siempre lo que pasa es que nadie ha atado nada.

Átalo en horizontal o en abanico, no recto hacia arriba. Al tumbar las varas, la savia deja de concentrarse en la yema terminal y brotan flores a lo largo de todo el tallo en lugar de solo en la punta, que es la diferencia entre una valla florida de arriba abajo y una mata con tres rosas en lo alto. Usa cinta ancha de goma o rafia holgada, nunca alambre desnudo, y revisa las ataduras cada invierno porque la vara engorda y la atadura acaba anillándola. Más sobre su manejo en la ficha del rosal trepador.

Rosal trepador rosa cubriendo una valla blanca

El rosal no se agarra a nada: depende por completo de que alguien ate las varas, y mejor en horizontal.

Según el tipo de valla

  • Panel de madera: no ofrece nada a lo que agarrarse. Atornilla alambres con separadores o una celosía que se pueda descolgar entera para pintar detrás.
  • Malla de simple torsión: es el soporte ideal, ya es una red. Van perfectas clemátides, guisantes de olor e ipomeas.
  • Barrotes metálicos o reja: barras demasiado gruesas para un zarcillo y demasiado finas para nada leñoso. Tiende hilos entre ellos.
  • Valla de chapa lisa: nada se agarra. Aquí es obligatorio montar malla o alambre separado unos centímetros.

La valla es medianera: mira la distancia

Antes de plantar en el límite de la parcela conviene saber qué dice la ley. El artículo 591 del Código Civil fija que no se puede plantar cerca de una finca ajena sino a la distancia que marquen las ordenanzas o la costumbre del lugar y, a falta de ellas, a dos metros de la línea divisoria si son árboles altos y a cincuenta centímetros si son arbustos o árboles bajos. El artículo 592 añade que el vecino puede reclamar que se corten las ramas que se extiendan sobre su finca, y que las raíces que invadan puede cortarlas él mismo dentro de su propiedad. Antes de nada, consulta la ordenanza municipal, que es la que manda por delante del criterio supletorio del Código Civil.

En resumen

Una valla es un soporte ligero que además hace de vela, así que lo que le pongas encima tiene que pesar poco y no engordar en leño. Van bien las volubles ligeras como la madreselva y el jazmín estrella sobre alambre, las de pecíolo y zarcillo como la clemátide y el guisante de olor sobre malla fina, las anuales como la ipomea cuando la estructura no está para muchos trotes, y el rosal trepador siempre que aceptes atarlo cada año. Quedan fuera la hiedra, la hortensia trepadora, el Ficus pumila y la parra virgen, que se meten entre las tablas o pesan demasiado, y también la glicina y la bignonia, que acaban con los postes.

Revisa el estado de los postes antes de plantar, monta el soporte que pida el mecanismo de agarre de la planta que has elegido, y comprueba la distancia al lindero en la ordenanza de tu municipio. Y ten presente que las bayas de madreselva y las semillas de ipomea y de guisante de olor son tóxicas por ingestión: ante una ingestión, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología.


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