Las listas que reparten plantas por habitaciones —esta para el salón, esta para la cocina, esta para el recibidor— dan por hecho algo que no se sostiene: que dos salones se parecen. Un salón con balcón al sur en un tercero sin obstáculos y un salón con una ventana al norte cegada por el patio de luces son ambientes distintos, y ninguna especie se comporta igual en los dos. La variable que decide no es el nombre de la estancia, sino cuánta luz llega al punto exacto donde va a estar la maceta.

La luz cae mucho más rápido de lo que ve el ojo

La pupila se adapta al descenso de iluminación sin que el cerebro registre el cambio, de modo que un rincón que parece razonablemente claro puede tener veinte veces menos luz que el alféizar de la misma habitación. Unas cifras aproximadas de un día despejado de primavera en la meseta ayudan a hacerse una idea del orden de magnitud.

Al aire libre, a pleno sol, unos 80.000 o 100.000 lux; a la sombra de un árbol, entre 5.000 y 10.000. Pegado al cristal de una ventana grande orientada al sur y sin obstáculos delante, entre 3.000 y 5.000. A un metro hacia el interior, alrededor de 1.000 o 1.500. A dos metros, entre 400 y 700. A tres metros, apenas 200 o 300, menos que la iluminación de una oficina. Junto a un cristal orientado al norte, entre 800 y 1.500 lux, es decir, poco más de lo que hay a un metro de la ventana sur.

De ahí sale la primera conclusión útil: el metro y medio que separa una planta del cristal cuenta más que la orientación de la fachada. Una Monstera pegada a una ventana norte recibe más luz que la misma planta a tres metros de una ventana sur, aunque la segunda habitación parezca la luminosa.

La prueba de la sombra de la mano

No hace falta un luxómetro para clasificar un sitio. El procedimiento es este: hacia el mediodía de un día claro, con la iluminación artificial apagada, se pone una hoja de papel blanco en el lugar donde iría la maceta y se sostiene la mano unos treinta centímetros por encima. Lo que se lee es la sombra.

Sombra nítida, con los dedos perfectamente recortados y el contorno duro. Luz alta, por encima de 2.000 lux. Sitio para plantas de sol o de mucha claridad.

Sombra reconocible pero de bordes blandos, se ve la forma de la mano sin distinguir bien los dedos. Luz media, del orden de 800 a 2.000 lux. Es la banda donde vive la mayoría de las plantas de interior.

Sombra apenas insinuada, una mancha gris que se adivina. Luz baja, entre 200 y 700 lux. Solo unas pocas especies mantienen aquí un aspecto decente.

Ninguna sombra. El sitio no da para una planta viva a medio plazo, por muy resistente que sea; hará falta luz artificial de apoyo o cambiar de ubicación.

Conviene repetir la prueba en diciembre y en junio, porque no dan lo mismo. En Madrid el sol está a unos 72° sobre el horizonte al mediodía de junio y a unos 26° en diciembre: un balcón al sur con voladizo puede quedarse sin sol directo en pleno verano y recibirlo hasta el fondo del salón en enero. La planta que se quemó en marzo puede estar en penumbra en julio sin que nadie haya movido nada.

Lo que resta luz sin que se note

Un visillo blanco fino se queda con un 30 o un 40 % de la radiación; una cortina de lino tupido, más de la mitad. Un cristal doble con capa de control solar, habitual en obra nueva y en rehabilitaciones, filtra otra parte, y además recorta el infrarrojo, con lo que la ventana calienta menos de lo que aparenta. Una mosquitera metálica llega a descontar un 20 %. El polvo acumulado en el cristal y en las propias hojas resta lo suyo, y limpiar ambas cosas dos veces al año es la mejora más barata que existe.

En sentido contrario, las paredes claras devuelven luz: una habitación pintada de blanco reparte bastante más iluminación útil en su fondo que la misma habitación en gris oscuro, y un espejo frente a la ventana desplaza la zona aprovechable un buen trecho hacia dentro. También cuenta lo que hay fuera: un edificio a diez metros, un árbol de hoja caduca —que quita luz justo cuando sobra y la deja pasar cuando escasea— o un patio interior con paredes claras cambian el resultado más que la orientación teórica.

Qué colocar en cada banda

Luz alta, junto al cristal en fachadas sur, este u oeste. Aquí caben las plantas que en interior suelen fracasar por defecto de luz: Yucca elephantipes, Crassula ovata, Euphorbia trigona, cactus de bola, Beaucarnea recurvata y las suculentas en general. También Ficus lyrata y Ficus benjamina, siempre que el sol de mediodía de verano llegue tamizado, porque el directo detrás de un cristal quema por efecto lupa.

Luz media, de medio metro a metro y medio de una ventana, o pegado a una ventana norte. Es la banda más agradecida: Monstera deliciosa, Ficus elastica, Epipremnum aureum, Philodendron hederaceum, Chlorophytum comosum, Strelitzia nicolai, Calathea y Maranta, Spathiphyllum. Las variegadas pertenecen aquí y no más allá: sus zonas blancas o crema no fotosintetizan, así que necesitan más luz que la especie verde para sostener la misma planta, y en penumbra revierten a verde.

Luz baja, fondos de habitación, pasillos, distribuidores. La lista es corta y conocida: Zamioculcas zamiifolia, Dracaena trifasciata —la antigua Sansevieria—, Aspidistra elatior, Aglaonema de variedades verdes y Asplenium nidus. Ninguna de ellas crece en esas condiciones: sobreviven consumiendo reservas y emitiendo una hoja nueva de vez en cuando, así que hay que regarlas muy poco y no esperar que ganen tamaño.

Spathiphyllum, planta de interior de luz media

Dos estancias que además cambian otras variables

El cuarto de baño suele tener la peor luz de la casa y una ventana pequeña, o ninguna. La humedad no compensa esa carencia: si en el punto donde iría la maceta no hay sombra de mano, la planta no aguantará por mucho vapor que reciba. En un baño con ventana pequeña al norte funcionan Asplenium nidus, Epipremnum y Aspidistra; el detalle de por qué la humedad de un baño engaña se explica en el artículo sobre plantas para el cuarto de baño.

El dormitorio añade dos factores propios: se ventila poco y suele estar más frío por la noche que el resto de la casa, con oscilaciones de seis o siete grados entre el día y la madrugada. Eso descarta las tropicales sensibles al frío y favorece a las de la banda baja. La selección concreta está en el artículo sobre plantas para dormitorios con poca luz.

La cocina es, con luz equivalente, mejor sitio que el salón: se ventila a diario, la humedad puntual del vapor de cocinar es bienvenida y las temperaturas son estables. El recibidor es casi siempre el peor: sin ventana propia, con corriente cada vez que se abre la puerta y de paso obligado.

Yucca, planta para las zonas de más luz de la casa

En resumen

Repartir plantas por nombres de habitación falla porque dos salones pueden diferir en un factor de veinte en iluminación. Lo que hay que medir es el punto concreto donde irá la maceta, y la distancia a la ventana pesa más que la orientación: a tres metros de un ventanal al sur hay menos luz que pegado a un cristal al norte. La prueba de la sombra de la mano sobre un papel blanco al mediodía clasifica el sitio en cuatro bandas sin aparatos, y conviene repetirla en invierno y en verano porque la altura del sol cambia el reparto. Visillos, cristales de control solar y polvo restan sin avisar; paredes claras y espejos suman. Con la banda identificada, la elección es directa: suculentas y ficus junto al cristal, la mayoría de tropicales de hoja en la franja media, y zamioculca, aspidistra o sansevieria en los fondos, entendiendo que ahí resisten pero no crecen.


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