El xanadú no trepa. Esa es la primera cosa que hay que saber, porque decide todo lo demás: no necesita tutor, no se guía, no se pinza para que ramifique. Se construye a sí mismo un tronco corto y grueso del que sale una roseta de hojas recortadas, y con los años ese tronco engorda y la roseta se ensancha. Es una planta de estructura, no una liana, y hay que darle sitio antes que soporte.

Cuidados, en una línea: luz clara, y si es al aire libre incluso algo de sol suave; riego generoso en verano y escaso en invierno dejando secar el tercio superior; sustrato aireado; entre 15 y 30 grados. Aguanta bastante más frío y bastante más luz que la mayoría de las aráceas de interior, lo que la convierte en una de las pocas que funcionan en un patio del litoral mediterráneo todo el año.

Mata de Thaumatophyllum xanadu con hojas profundamente lobuladas

Su nombre botánico ya no es Philodendron

En 2018, un trabajo de revisión de las aráceas americanas concluyó que el grupo llamado subgénero Meconostigma no encajaba dentro de Philodendron, y lo separó devolviéndole un nombre de género antiguo. Nuestra planta pasó a llamarse Thaumatophyllum xanadu, y con ella se fueron el conocido Philodendron selloum, hoy Thaumatophyllum bipinnatifidum, y otras especies del mismo grupo.

Los Thaumatophyllum comparten precisamente lo que caracteriza al xanadú: porte autoportante, con un tallo grueso y erecto en lugar de un tallo trepador, hojas profundamente divididas y raíces de anclaje muy gruesas. El comercio sigue usando el nombre viejo, y no pasa nada por decir «filodendro xanadú», pero conviene tenerlo claro al buscar información técnica.

Un detalle de identificación que evita confusiones: sus hojas están divididas en lóbulos desde el margen, entre quince y veinte a cada lado del nervio, pero no tienen agujeros cerrados en el interior de la lámina. Los agujeros en pleno tejido son cosa de las monsteras, que además trepan. Si la planta se sostiene sola y sus hojas parecen recortadas con tijera desde el borde, es un Thaumatophyllum.

De dónde salió: una patente australiana y una especie brasileña

La historia de esta planta es curiosa y explica el nombre. A mediados de los años ochenta apareció en un vivero australiano una mata compacta de hojas muy recortadas que se registró comercialmente en 1988 con el nombre 'Winterbourn', presentándola como una plántula surgida de semillas de Philodendron bipinnatifidum. Con el nombre comercial de Xanadu se difundió por todo el mundo como planta ornamental.

Años después, al comparar el material con herbarios brasileños, se comprobó que no era una selección de nada: era una especie silvestre de Brasil, del estado de Bahía y zonas próximas, que hasta entonces no había sido descrita formalmente. Se publicó como especie en 2002, y en 2018 llegó el cambio de género. Es decir, una planta que llevaba dos décadas circulando por los viveros del mundo antes de tener nombre científico propio.

Planta de estructura: cómo se construye

El xanadú crece desde un único ápice situado en el centro de la roseta. Ese ápice va emitiendo hojas en espiral apretada, y el tallo que queda por debajo engrosa poco a poco. Con los años, las hojas viejas se desprenden y dejan en el tallo unas cicatrices anchas en forma de media luna, muy características, que le dan aspecto de tronco escamoso.

De ese tronco salen también raíces gruesas y rígidas que bajan hasta el suelo y funcionan como puntales, sujetando una mata que puede pesar bastante. En una maceta suelen asomar por fuera y desconciertan; no las cortes salvo que estorben mucho, y si puedes, dirígelas al sustrato.

Al no ser trepador, el xanadú no responde a la poda como un arbusto: no hay yemas laterales repartidas por un tallo largo esperando su turno. Lo que sí hace, con la edad y en buenas condiciones, es emitir hijuelos desde la base, brotes completos con su propio ápice, que es como se ensancha la mata y como se multiplica.

Cuánto ocupa realmente

Es la parte que se subestima al comprarlo en una maceta de veinte centímetros. Un ejemplar adulto en interior alcanza de 60 a 90 cm de altura y de 1 a 1,5 metros de diámetro. En el suelo de un jardín mediterráneo, con espacio, puede pasar de los dos metros de ancho. Cada hoja mide unos 40 cm de largo y va sobre un peciolo de longitud parecida.

Crece a ritmo moderado: en interior, entre cuatro y ocho hojas nuevas al año, casi todas de abril a septiembre. Un ejemplar joven tarda tres o cuatro años en alcanzar su porte de adulto. No es una planta para una estantería: es para un rincón de suelo, un macetón grande o un parterre.

Luz: aguanta más que sus parientes de interior

Dentro de casa quiere luz clara indirecta abundante: cerca de una ventana al este, o a un metro y medio de un ventanal al sur o al oeste con visillo. Tolera zonas más sombrías que muchas aráceas, pero ahí saca hojas menos divididas, más pequeñas y sobre peciolos larguísimos que hacen que la mata se abra y se desparrame.

La diferencia con los filodendros trepadores está fuera: en el exterior, aclimatado poco a poco, tolera sol directo de mañana e incluso media jornada de sol en climas costeros, y a pleno sol adopta un color verde más claro y un porte más compacto. Lo que no soporta es pasar de golpe de un salón a un patio soleado en julio: se quema en dos días. La aclimatación se hace en dos o tres semanas, subiendo la exposición por etapas.

Riego

Riega cuando el tercio superior del sustrato esté seco, a fondo, hasta que salga agua por el drenaje, y vacía el plato. Con maceta de 25-30 cm en un piso a 21 grados, eso suele ser cada siete a diez días de mayo a septiembre y cada dos o tres semanas de noviembre a marzo. Al aire libre en verano, en la costa, puede necesitar riego cada dos o tres días.

Sus raíces gruesas almacenan agua, así que tolera bien un despiste. Lo que no perdona es el sustrato encharcado de forma continuada: la señal es el amarilleo de las hojas más viejas junto con peciolos que se ablandan en la base. Si además el sustrato huele, hay pudrición y toca sacar el cepellón, limpiar y replantar en mezcla nueva.

Sustrato, maceta y trasplante

Mezcla: dos partes de sustrato universal de calidad, una de corteza de pino media, una de perlita gruesa y un puñado de humus de lombriz. Necesita estructura para las raíces gordas y drenaje para no ahogarlas.

Maceta ancha, con drenaje generoso y pesada: la mata tiene el centro de gravedad alto y desplazado, y una maceta ligera se vuelca. Se trasplanta cada dos o tres años en primavera, subiendo cinco centímetros de diámetro. Cuando ya está en un macetón grande y no interesa aumentar, se sustituyen los cinco centímetros superiores de sustrato cada primavera.

Al aire libre en España: hasta dónde llega

Es una de las aráceas ornamentales más resistentes al frío, dentro de un margen limitado. Vegeta bien de 15 a 30 grados, se para por debajo de 12 y aguanta heladas breves de -1 o -2 grados con daños en las hojas expuestas pero rebrotando desde el tronco si el episodio es corto. Por debajo de -4 se pierde.

ZonaUso recomendado
Canarias, costa de Málaga, Almería, Alicante, MurciaPlantado en suelo, todo el año, a media sombra o sol suave
Litoral valenciano, catalán y de Cádiz y HuelvaEn suelo con ubicación resguardada, o en maceta grande protegida en enero
Interior peninsular y norte atlánticoEn maceta, exterior de mayo a octubre, dentro el resto del año

En jardín funciona muy bien como cubresuelos de gran talla bajo arbolado, en masas, y en macetones de terraza. Su tolerancia a la salinidad marina es moderada, así que en primera línea conviene resguardarlo del viento cargado.

Poda: qué se corta y qué no

Muy poco. Se cortan las hojas viejas cuando amarillean, seccionando el peciolo a dos o tres centímetros del tronco con tijera limpia; el resto del peciolo se secará y se desprenderá solo, dejando su cicatriz. También se retiran las hojas rotas o quemadas por razones estéticas.

Lo que no se hace es cortar el centro de la roseta buscando que ramifique. Ahí está el único ápice de ese eje, y su pérdida frena la planta durante mucho tiempo, obligándola a esperar a que despierte algún hijuelo basal.

Si la mata se ha abierto demasiado y quieres reducirla, la vía correcta es separar hijuelos, no recortar por arriba.

Multiplicarlo

División de hijuelos. Es el método principal y se hace en primavera, aprovechando el trasplante. Se saca el cepellón, se localiza un brote basal que tenga ya tres o cuatro hojas propias y raíces, y se separa con cuchilla limpia llevándose el máximo de raíz. Se planta en maceta ajustada, se riega y se mantiene a la sombra luminosa dos o tres semanas mientras se recupera.

Esqueje de tronco. Si un ejemplar viejo tiene el tronco muy alto y desnudo, se puede cortar la corona con quince o veinte centímetros de tallo y replantarla; el tocón que queda suele emitir hijuelos. Es una operación de rejuvenecimiento que conviene hacer en mayo o junio.

Acodo aéreo. Envolviendo un tramo de tronco con raíces incipientes en esfagno húmedo y plástico durante cinco o seis semanas antes de cortar. Es lo más seguro con ejemplares grandes.

Por semilla es impracticable en casa: la floración en cultivo es rarísima y necesita polinización específica.

Abonado, temperatura y humedad

Abono líquido para plantas verdes cada dos o tres semanas de abril a septiembre, a la dosis del envase, sobre sustrato húmedo; en exterior y en suelo, un abono de liberación lenta en marzo resuelve la temporada. Nada de octubre a marzo en interior.

Humedad ambiental: le viene bien por encima del 50 %, pero no es exigente, y sus hojas coriáceas aguantan el aire seco mucho mejor que las de una calathea. Lo que sí conviene es limpiarle el polvo con un paño húmedo cada pocas semanas, porque sus hojas grandes lo acumulan y pierde luz.

Problemas frecuentes

Hojas nuevas con pocos lóbulos, casi enteras: falta de luz, o simplemente juventud. Las plantas jóvenes hacen hojas menos divididas y van complicándolas con la edad.

Peciolos larguísimos y mata abierta que se cae hacia los lados: poca luz. Acércalo a la ventana.

Bordes marrones y secos: aire muy seco o sales acumuladas por abono o por agua dura. Lava el cepellón con agua abundante.

Manchas amarillas grandes en hojas viejas con sustrato húmedo: exceso de riego.

Gotas en las puntas por la mañana: gutación, normal en las aráceas bien hidratadas.

Cochinilla algodonosa en las axilas de los peciolos y en el tronco, y araña roja en invierno con calefacción, son las dos plagas habituales. Revisión mensual y tratamiento con alcohol o jabón potásico; el detalle está en cómo combatir la cochinilla algodonosa.

Toxicidad

Contiene rafidios de oxalato cálcico en hojas, peciolos y savia, como toda la familia. Morder un trozo produce escozor inmediato, hinchazón de labios y lengua, babeo y molestia al tragar; consta como tóxico para perros, gatos y caballos.

Su tamaño y su porte a ras de suelo lo ponen justo al alcance de un perro o de un niño pequeño, así que en una casa con ambos conviene valorar la ubicación. Recoge los recortes de poda y lávate las manos después de manipularlo, porque la savia irrita también la piel y los ojos.

En resumen

Su nombre actual es Thaumatophyllum xanadu, y llegó al comercio australiano en los años ochenta antes de que nadie supiera que era una especie silvestre brasileña. No trepa: forma un tronco corto y una roseta que llega a metro y medio de diámetro, así que hay que darle suelo, no estantería. Luz clara, y en exterior aclimatado incluso sol suave. Riego cuando el tercio superior esté seco, sustrato con corteza y perlita, maceta pesada. Se poda solo lo seco, nunca el centro, y se multiplica separando hijuelos basales en primavera. Aguanta heladas cortas de un par de grados bajo cero, lo que permite tenerlo en suelo en la costa mediterránea. Y contiene oxalatos: tóxico si se muerde.


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