Una monstera adulta necesita luz clara indirecta, riego cuando los cinco primeros centímetros del sustrato estén secos, un sustrato muy aireado y algo a lo que agarrarse. Ese último punto es el que más se pasa por alto y el que decide si tendrás una planta con hojas grandes y agujereadas o una mata desparramada de hojas pequeñas y enteras.

Porque los agujeros no son opcionales ni aleatorios: aparecen cuando la planta trepa, gana altura y produce hojas por encima de cierto tamaño con suficiente luz. Una monstera que vive tumbada en una maceta ancha, a tres metros de la ventana, hace hojas juveniles enteras indefinidamente. Vamos con la parte que explica por qué, que además es interesante por sí misma.

Hoja adulta de Monstera deliciosa con perforaciones y cortes en el margen

Para qué le sirven los agujeros a la planta

La Monstera deliciosa Liebm. vive en los bosques nubosos que van del sur de México a Panamá, trepando por troncos hasta veinte metros de altura. Ahí, sus hojas adultas llegan a medir 90 cm de largo y están recortadas por dos motivos distintos que conviene separar: las hendiduras del margen, que llegan desde el borde hasta cerca del nervio central, y las perforaciones cerradas, agujeros redondeados u ovalados en pleno tejido. En la deliciosa adulta hay de las dos.

Se han propuesto varias explicaciones y no son excluyentes:

  • Resistencia al viento. Una lámina de casi un metro colgando de un tronco a veinte metros de altura es una vela. Los cortes y los agujeros dejan pasar el aire, reducen el arrastre y evitan que la hoja se desgarre o que el peciolo se rompa en una tormenta tropical.
  • Aprovechamiento de los destellos de luz. Esta es la hipótesis desarrollada por el biólogo Christopher Muir en 2013. En el sotobosque, la luz útil no llega de forma uniforme: llega en manchas móviles, rayos que se cuelan por los huecos del dosel y barren el suelo durante minutos. Para una planta que depende de esos destellos, una hoja grande con agujeros cubre mucha más superficie que una hoja pequeña y maciza de la misma cantidad de tejido, así que la probabilidad de que un destello caiga sobre alguna parte de la hoja es mayor. Se pierde algo de captación media, pero se gana regularidad, y en un ambiente de recursos escasos e impredecibles la regularidad vale más.
  • Dejar pasar la luz y la lluvia a las hojas de abajo. Como la planta trepa apilando hojas sobre el mismo tronco, las de arriba taparían a las de abajo si fuesen macizas.
  • Menos carga térmica. Una lámina perforada disipa mejor el calor y sufre menos sobrecalentamiento cuando le da un rayo directo.

El mismo razonamiento se aplica, con otra proporción, a la Monstera adansonii, que hace agujeros mucho más grandes en hojas mucho más pequeñas.

Cómo se forman los agujeros: no se rompen, se planifican

Un error frecuente es imaginar que la hoja sale entera y luego se rasga. No ocurre nada de eso. Los agujeros están decididos desde que la hoja es un primordio microscópico, cuando aún mide unos pocos milímetros y está enrollada dentro de la yema.

En ese primordio, unas zonas concretas de células dejan de dividirse y entran en muerte celular programada. El tejido de alrededor sigue creciendo y expandiéndose y, al hacerlo, esos puntos muertos se abren y se convierten en huecos de bordes limpios y cicatrizados. Por eso el margen de una perforación de monstera está perfectamente terminado, con su epidermis continua, y no parece un desgarro.

La consecuencia práctica es importante: una hoja que ya se ha desplegado sin agujeros no los va a desarrollar nunca. El destino de cada hoja se fija semanas antes de que la veas. Si quieres hojas fenestradas, tienes que cambiar las condiciones para las hojas que aún no han nacido.

Tu monstera no hace agujeros: las tres razones

Es joven. Las plantas pasan por una fase juvenil con hojas pequeñas, acorazonadas y enteras. La fenestración empieza cuando la hoja supera aproximadamente los 20-25 cm de longitud, lo que en interior suele ocurrir a partir del tercer o cuarto año, o del segundo si va bien.

Le falta luz. El factor que más pesa. Con poca luz la planta produce hojas de menor tamaño y no llega al umbral. Acércala a la ventana.

No trepa. Este es el punto decisivo y el menos conocido. La monstera es una planta que aumenta el tamaño de la hoja a medida que asciende: cada nudo nuevo, si tiene dónde agarrarse, produce una hoja mayor que la anterior. Sin apoyo, las hojas se estabilizan en un tamaño pequeño y la planta se dedica a alargar el tallo en horizontal. Ponle un tutor de musgo o de fibra de coco desde el principio y ata los tallos a él sin apretar; las raíces aéreas se sujetarán solas.

Trepa hacia lo oscuro: una rareza que explica su comportamiento

La Monstera deliciosa es hemiepífita: germina en el suelo del bosque, busca un tronco, trepa por él y con los años puede llegar a perder la conexión con el suelo, viviendo colgada del árbol con raíces aéreas que capturan agua y hojarasca.

Para encontrar ese tronco tiene un truco extraordinario. La plántula recién germinada no crece hacia la luz, como haría casi cualquier otra planta: crece hacia la zona más oscura de su entorno. Se llama escototropismo y se documentó en los años setenta con plántulas de monstera en el bosque de Barro Colorado, en Panamá. Tiene toda la lógica: en el suelo de una selva, la mancha más oscura del horizonte es la sombra de un tronco grande, y un tronco grande es una buena escalera. Una vez agarrada, invierte el comportamiento y sube hacia la luz.

De ahí vienen las raíces aéreas que salen de los nudos, y que en interior desconciertan tanto. Hay dos tipos: unas cortas y rígidas que buscan una superficie a la que adherirse, y otras largas y flexibles que caen hasta el suelo para absorber. No las cortes salvo que molesten mucho, y aprovéchalas: dirígelas hacia el tutor de musgo, o entiérralas en la propia maceta. Cada raíz aérea que enraíza es agua y nutrientes extra para la planta.

Distinguirla de las plantas con las que se confunde

PlantaCómo reconocerla
Monstera deliciosaHoja adulta de hasta 90 cm, con hendiduras profundas en el margen y agujeros cerrados. El geniculum (la articulación entre peciolo y hoja) tiene un reborde ondulado.
Monstera deliciosa 'Borsigiana'Igual pero de porte menor y entrenudos más cortos y regulares; hojas hasta unos 50 cm y geniculum liso, sin ondulación. Crece más rápido y cabe mejor en un piso.
Monstera adansoniiHoja de 20-40 cm, alargada y asimétrica, con agujeros ovalados en el interior pero margen entero, sin hendiduras. Tallos finos, planta trepadora o colgante.
Thaumatophyllum bipinnatifidum (antes Philodendron selloum)Hoja muy dividida en lóbulos pero sin agujeros cerrados. No trepa: forma un tronco propio y una roseta enorme.
Epipremnum pinnatum 'Cebu Blue' y afinesHojas mucho más pequeñas y estrechas, azuladas; solo fenestran de adultas y con apoyo.

El nombre Philodendron pertusum aparece a veces en etiquetas antiguas: es un sinónimo obsoleto de la fase juvenil de la Monstera deliciosa, no una planta distinta.

Luz: dónde ponerla exactamente

Quiere luz clara e indirecta, abundante: a uno o dos metros de un ventanal, pegada a una ventana al norte, o al este con sol suave de mañana. Tolera bien un par de horas de sol directo de primera hora, que incluso favorece hojas más grandes; lo que no tolera es el sol del mediodía a través del cristal en verano, que decolora y quema.

Con poca luz sobrevive perfectamente, y por eso está en tantos rincones oscuros de oficina, pero deja de crecer, saca hojas pequeñas sin agujeros y estira los entrenudos hasta veinte centímetros. Si la tuya tiene tallos largos y pelados con hojas pequeñas al final, es falta de luz, no falta de abono.

Riego: el margen es amplio, pero hay un límite

Riega cuando los cinco primeros centímetros de sustrato estén secos, a fondo, hasta que drene, y vacía el plato. En un piso a 21 grados, con maceta de 24 cm, eso suele ser cada siete a diez días de mayo a septiembre y cada quince a veinte de noviembre a marzo.

Es bastante tolerante a que se le olvide un riego y muy poco tolerante al exceso continuado. La señal de encharcamiento es inequívoca: hojas amarillas empezando por las de abajo, con manchas pardas de contorno difuso y halo amarillo, y sustrato que sigue húmedo días después. La de sed es lo contrario: hojas caídas, blandas, que se recuperan horas después de regar.

El agua del grifo le sienta bien salvo en zonas de dureza extrema; no es tan sensible como las Marantaceae. Si tu agua es muy dura, alterna con agua de lluvia cada pocos riegos.

Sustrato, maceta y trasplante

Al ser una trepadora epífita, quiere un sustrato que se parezca a la corteza cubierta de hojarasca donde vive: dos partes de sustrato universal, dos de corteza de pino de calibre medio, una de perlita gruesa y una de fibra de coco, con un puñado de carbón vegetal si lo tienes. Un sustrato de jardinería normal, solo y compactado, la asfixia.

Maceta con drenaje amplio, subiendo de tamaño cada dos años en primavera, con incrementos de cuatro o cinco centímetros de diámetro. Y una maceta pesada: una monstera adulta con tutor tiene el peso muy arriba y vuelca con facilidad, arrastrando hojas de medio metro.

Abonado y velocidad de crecimiento

Abono líquido para plantas verdes cada dos o tres semanas de abril a septiembre, a la dosis del envase o algo menos, sobre sustrato húmedo. De octubre a marzo, nada.

Con buena luz, tutor y abono, una monstera en interior saca de seis a doce hojas nuevas al año y puede ganar medio metro de altura. Cada hoja tarda entre una y tres semanas en desplegarse desde que asoma la vaina enrollada. Sin tutor y en penumbra, cuatro hojas al año y todas pequeñas.

El fruto que le puso el apellido

El epíteto deliciosa viene de su fruto. En su hábitat, la planta produce una espata blanca y un espádice que, tras la polinización, se convierte en una infrutescencia cilíndrica de unos 20-25 cm parecida a una mazorca cubierta de escamas hexagonales verdes. Tarda entre doce y catorce meses en madurar, y lo hace de forma progresiva desde la base: las escamas se van desprendiendo poco a poco y dejan ver la pulpa.

Conviene decir con claridad que el fruto sin madurar está cargado de rafidios de oxalato cálcico, cristales en forma de aguja que producen un ardor intenso en boca y garganta, y que la maduración es desigual dentro de la misma pieza. Es una fruta que se comercializa de forma marginal en algunos países tropicales y que no tiene sentido intentar aprovechar en casa. En un piso español, además, no vas a llegar a ese punto: la floración en interior es rarísima y requiere una planta muy adulta trepada a varios metros.

Multiplicarla por esqueje

Es sencillo si respetas una condición: el esqueje debe llevar un nudo, que es el engrosamiento del tallo de donde salen la hoja y la raíz aérea. Un trozo de peciolo con hoja, sin nudo, echa raíces en el vaso y no crece nunca; le falta la yema.

  1. Elige un tramo con uno o dos nudos y al menos una hoja, mejor si el nudo ya tiene una raíz aérea empezada.
  2. Corta con cuchilla limpia a un par de centímetros por debajo del nudo.
  3. Enraíza en agua (raíces en dos o tres semanas, cambiando el agua cada tres o cuatro días) o directamente en una mezcla de perlita y corteza fina, tapado.
  4. Cuando las raíces midan cinco o seis centímetros, pasa a maceta pequeña y riega generosamente el primer mes.

La mejor época es de abril a julio. El acodo aéreo, envolviendo un nudo con esfagno húmedo y plástico durante un mes antes de cortar, es el método más seguro para tallos gruesos y para no perder una planta grande.

Problemas frecuentes y qué significan

Hojas amarillas desde abajo con sustrato húmedo: exceso de riego. Espacia y comprueba el drenaje.

Puntas y bordes marrones y secos: aire muy seco o sales acumuladas. Sube la humedad y lava el cepellón.

Hojas nuevas pequeñas y sin agujeros: falta de luz o falta de apoyo vertical.

Gotas de agua en las puntas por la mañana: gutación, es normal. La planta expulsa el exceso de agua por unos poros del margen. Si ocurre a diario, riegas de más.

Punteado plateado y telarañas finas: araña roja, típica de invierno con calefacción.

Motas blancas algodonosas en el envés y en los nudos: cochinilla algodonosa. Alcohol de 70 grados con bastoncillo y repetición a los diez días; el detalle en cómo combatir la cochinilla algodonosa.

Para el enfoque centrado en el cultivo diario, tienes también los cuidados de la monstera.

Toxicidad para perros, gatos y niños

Toda la planta contiene rafidios de oxalato cálcico, los mismos cristales del fruto verde, repartidos por hojas, peciolos y savia. Al masticar un trozo, esas agujas microscópicas se clavan en la mucosa y producen dolor, hinchazón de labios y lengua, babeo y dificultad para tragar, de forma inmediata. Es una irritación mecánica intensa, y por lo general el propio dolor impide que el animal siga comiendo, así que los casos graves son raros; el riesgo mayor es la inflamación de la vía aérea en animales pequeños.

Es tóxica para perros, gatos y caballos. Colócala fuera del alcance, recoge los recortes de poda y lávate las manos después de manipularla, porque la savia también irrita la piel sensible y los ojos. Si hay contacto en boca, enjuaga con agua y llama al veterinario. Es una planta de la familia de las aráceas, y ese rasgo lo comparte con todas ellas, como está explicado en la ficha de las aráceas.

En resumen

Los agujeros aparecen porque una hoja grande y perforada capta mejor los destellos de luz del sotobosque y aguanta mejor el viento, y se forman por muerte celular programada mientras la hoja aún está enrollada en la yema: una hoja ya desplegada no los va a desarrollar. Para conseguirlos hacen falta luz clara, hoja de más de 20 cm y, sobre todo, un tutor por el que trepar. Riego cuando los cinco primeros centímetros estén secos, sustrato con mucha corteza y perlita, abono quincenal de abril a septiembre. Se multiplica por esqueje con nudo. Y contiene oxalatos: tóxica para gatos, perros y niños que muerden.


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