El género Philodendron reúne más de quinientas especies descritas, y la maceta que compras etiquetada simplemente como «filodendro» puede ser cualquiera de una docena de plantas con necesidades bastante distintas. Unas trepan y necesitan un tutor para desarrollarse; otras se arrastran por el suelo del bosque y se ahogan en una maceta profunda; otras forman un tronco grueso y ocupan tres metros cuadrados de salón cuando maduran.

Saber cuál tienes delante cambia la mitad de las decisiones de cultivo. Por eso este artículo empieza por identificar el grupo antes de hablar de riegos.

Una advertencia antes de nada: es tóxica

Todos los filodendros contienen rafidios de oxalato cálcico, cristales en forma de aguja repartidos por hojas, peciolos y tallos. Al morder la hoja, esos cristales se clavan en la mucosa y provocan escozor inmediato, inflamación de labios y lengua, salivación abundante y dificultad para tragar. En perros y gatos el cuadro es el mismo y, aunque rara vez es mortal, la inflamación de la faringe puede ser seria en animales pequeños.

La savia también irrita la piel y, sobre todo, los ojos: al podar o al hacer esquejes conviene usar guantes y no llevarse las manos a la cara. Con niños pequeños o gatos en casa, la solución práctica es colgarla o subirla a una estantería, no renunciar a ella. Si hay ingestión, enjuaga la boca con agua fría y consulta con el pediatra o el veterinario; el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20.

Qué es un filodendro y qué se le parece

El género pertenece a las aráceas, la familia del potos, la Monstera, el anturio y la cala. Todos son americanos, del trópico húmedo, desde México hasta el sur de Brasil, y la mayor parte vive como hemiepífitos: germinan en el suelo, trepan por un tronco hasta la luz y acaban colgando raíces aéreas hacia abajo. Ese detalle de su biología explica por qué un filodendro trepador sube en cuanto le pones algo a lo que agarrarse, y por qué las hojas se le hacen más grandes conforme sube.

Dos aclaraciones que evitan disgustos en el vivero. La primera: Monstera deliciosa, la de las hojas agujereadas, se etiqueta a veces como filodendro y no lo es. La segunda afecta a la especie de hoja enorme y recortada que llena patios y hoteles en la costa mediterránea, la que se conocía como Philodendron bipinnatifidum o Philodendron selloum: desde la revisión de 2018 su nombre correcto es Thaumatophyllum bipinnatifidum, y no está en el mismo género. Sigue vendiéndose con el nombre antiguo, y sus cuidados sí son de filodendro, pero conviene saberlo si buscas información por el nombre científico.

Los tres grupos que vas a encontrar

Trepadores. Philodendron hederaceum (el clásico de hoja de corazón, también llamado P. scandens u oxycardium), P. erubescens y sus cultivares —'Red Emerald', 'Rojo Congo', 'Pink Princess'—, P. melanochrysum, P. hastatum. Emiten un tallo con nudos bien marcados y raíces aéreas en cada nudo. Se cultivan en tutor de musgo o colgando. Si los dejas colgar, las hojas se quedan pequeñas para siempre; si los guías por un tutor húmedo, van agrandando hoja tras hoja.

Rastreros. P. gloriosum y afines. El tallo, grueso, crece horizontal sobre el sustrato, no hacia arriba. Necesitan una maceta ancha y poco profunda, tipo jardinera, con el rizoma apoyado en superficie y semienterrado. Plantados en una maceta alta y estrecha se pudren o dejan de crecer.

De porte arbustivo. Thaumatophyllum bipinnatifidum, T. xanadu. No trepan: forman una roseta que con los años levanta un tronco grueso lleno de cicatrices foliares. Requieren espacio de verdad, no una esquina.

Filodendro de hoja de corazón trepando

Luz

Sotobosque tropical significa luz clara y filtrada, nunca sol directo prolongado. La colocación que mejor funciona en una vivienda española es cerca de una ventana al este, o a un par de metros de una ventana al sur o al oeste, o pegada a una al norte. Detrás de un cristal orientado al sur, entre mayo y septiembre, las hojas se blanquean y aparecen manchas secas irreversibles en una sola tarde.

La falta de luz no mata, pero deforma. Los síntomas son claros: entrenudos largos, hojas nuevas cada vez más pequeñas, tallos que se estiran buscando la ventana y pérdida de los variegados —una 'Pink Princess' en penumbra saca hojas verdes enteras y ya no vuelve atrás—. Si tu filodendro está sacando hojas la mitad de grandes que las viejas, el problema es luz, no abono.

Un matiz sobre los variegados: la parte blanca o rosa no hace fotosíntesis, así que esas plantas necesitan más luz que las verdes para sostener el mismo crecimiento, no menos.

Temperatura y dónde ponerlo en España

Vegeta bien entre 18 y 27 °C. Por debajo de 15 °C se para; por debajo de 10 °C aparecen manchas oscuras y acuosas en las hojas, y el frío por debajo de 5 °C acaba con casi todas las especies. Nada de corrientes de aire frío ni de radiador debajo.

En la mayor parte de la Península es planta estrictamente de interior. Puede pasar de junio a septiembre en una terraza a la sombra, con más humedad y crecimiento acelerado, pero hay que entrarlo antes de las primeras noches frescas de octubre. En la costa mediterránea sin heladas, en el sur de Andalucía y en Canarias, Thaumatophyllum bipinnatifidum vive en el jardín todo el año a media sombra, y de hecho es una planta muy usada allí en patios y zonas ajardinadas. En Madrid, Castilla o el interior de Aragón, ni pensarlo.

Sustrato y maceta

La raíz de un hemiepífito está acostumbrada a hojarasca, corteza y musgo, no a barro compacto. Necesita aireación. Una mezcla que funciona bien:

60 % de sustrato universal de calidad o turba rubia, 20 % de corteza de pino de calibre fino o mediano, 10 % de perlita y 10 % de fibra de coco. Un puñado de carbón vegetal ayuda a que no se agrie. Comprado, sirve un sustrato específico para aráceas o para orquídeas mezclado a partes iguales con sustrato universal.

El sustrato universal solo, comprimido y sin airear, retiene demasiada agua: es la causa de una parte importante de las podredumbres de raíz que se atribuyen a «regar mucho» cuando en realidad el riego era correcto y el que fallaba era el sustrato.

La maceta, siempre con agujeros, y subiendo un solo número por trasplante. En una maceta desproporcionada la tierra del perímetro se queda mojada durante semanas sin raíces que la agoten.

Riego

Riega cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos al tacto. En un piso español eso suele ser cada cuatro o seis días de mayo a septiembre y cada diez o quince de noviembre a marzo, pero depende tanto de la maceta, la luz y la calefacción que el calendario no vale de mucho: comprueba con el dedo.

Cuando riegues, hazlo a fondo hasta que salga agua por el drenaje, y vacía el plato pasados diez minutos. La maceta permanentemente en un dedo de agua es la receta de la podredumbre: raíces marrones y huecas, base del tallo blanda y hojas que amarillean desde abajo sin parar.

Sobre el agua: en zonas de agua dura —casi toda la mitad este y sur peninsular— conviene alternar con agua de lluvia o agua de baja mineralización. Y una precisión que se repite mal: dejar reposar el agua del grifo 24 horas evapora el cloro, pero no quita ni un gramo de cal. Si tus hojas tienen las puntas marrones y secas con un cerco amarillo, y el riego es correcto, mira la cal y las sales del abono antes que la humedad.

Humedad ambiental

Lo ideal está entre el 50 y el 70 %. En invierno, con calefacción, un salón puede bajar del 35 %, y ahí es donde empiezan las puntas secas y la araña roja.

Lo que sube humedad de forma efectiva: un humidificador en la habitación, agrupar varias plantas, o una bandeja ancha con arcilla expandida y agua bajo la maceta (con el agua sin tocar la base del tiesto). Pulverizar las hojas es agradable pero su efecto dura minutos, y con agua calcárea deja manchas blancas. Lo que sí merece la pena mojar a diario es el tutor de musgo: si está seco, las raíces aéreas no lo colonizan y el tutor no sirve de nada más que de palo.

Abonado

De marzo a septiembre, un abono líquido para plantas verdes, con más nitrógeno que fósforo, cada quince días y a la dosis del envase o algo por debajo. En otoño e invierno, suspende: la planta apenas crece y las sales se acumulan.

Si has abonado sin descanso y ves las puntas quemadas y una costra blanquecina en la superficie del sustrato, lava la maceta haciendo pasar agua abundante por ella durante un par de minutos y deja escurrir bien. Los abonos de liberación lenta en bastoncillos funcionan, pero reparten mal la dosis y concentran sal en un punto; el líquido diluido es más controlable.

Trasplante

Cada dos años, en primavera, o antes si ves raíces saliendo por el drenaje, si el agua atraviesa la maceta sin humedecer nada o si la planta se ha frenado con buenos cuidados. Los trepadores grandes aguantan más tiempo en la misma maceta de lo que parece.

Al sacarlo, deshaz suavemente el cepellón por fuera, retira las raíces oscuras y blandas si las hay y replanta a la misma profundidad a la que estaba, salvo en los rastreros, donde el rizoma queda apoyado en superficie. Después del trasplante, riega y espera un mes antes de volver a abonar: el sustrato nuevo ya trae nutrientes y la raíz recién manipulada quema con facilidad.

Multiplicación

Los trepadores se multiplican con una facilidad casi ridícula, siempre que se respete una condición: el esqueje tiene que llevar al menos un nudo, ese engrosamiento del tallo del que salen la hoja y la raíz aérea. Una hoja suelta con su peciolo puede vivir meses en un vaso de agua y no formará jamás una planta, porque no tiene yema.

El procedimiento, de abril a septiembre: corta un trozo de tallo con uno o dos nudos y una o dos hojas, justo por debajo de un nudo. Retira la hoja más baja. Enraíza en agua —cambiándola cada tres o cuatro días— o directamente en sustrato ligero y húmedo, mejor lo segundo, porque las raíces formadas en agua son frágiles y sufren al pasar a tierra. A 22-25 °C echa raíces en dos o tres semanas.

Para un ejemplar viejo con un metro de tallo desnudo y las hojas solo arriba, la solución es el acodo aéreo: envuelve un nudo con musgo húmedo y plástico, espera a que enraíce dentro y corta por debajo. Recuperas una planta compacta y el trozo restante suele rebrotar.

Los de porte arbustivo se multiplican por los hijuelos que salen de la base, separándolos con raíz propia en primavera.

Plagas y enfermedades

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri): motas blancas de aspecto algodonoso escondidas en las axilas de las hojas y en el envés de los nervios. Se retiran una a una con un bastoncillo con alcohol de 70° y, si están extendidas, con jabón potásico repetido cada semana durante un mes.

Araña roja (Tetranychus urticae): punteado amarillo fino y telarañas muy tenues, casi siempre en invierno con calefacción. Sube la humedad y trata con jabón potásico o acaricida, insistiendo en el envés.

Trips: dejan las hojas con un aspecto plateado y puntitos negros de excrementos. Son los más difíciles de erradicar; hacen falta varios tratamientos separados una semana.

En cuanto a enfermedades, la que hay que reconocer rápido es la podredumbre bacteriana (Pectobacterium, antes Erwinia): manchas oscuras, blandas y acuosas que se extienden rápido, con un halo amarillo y mal olor. No hay fungicida que la resuelva, porque no es un hongo. Corta la hoja o el tallo afectado con tijera desinfectada bien por debajo de la lesión, baja el riego, deja de mojar el follaje y ventila. Si ha llegado al tallo principal, lo razonable es salvar esquejes sanos de la parte alta y descartar el resto.

Las manchas foliares por Xanthomonas se parecen pero avanzan más despacio, con borde definido. El tratamiento práctico es el mismo: retirar, secar, ventilar.

Leer las hojas: qué significa cada síntoma

Una hoja de la base amarillea entera y se cae, mientras la planta saca hojas nuevas arriba. Es envejecimiento normal. No hay nada que corregir.

Varias hojas amarillean a la vez, la tierra está siempre húmeda y el tallo blando en la base. Exceso de agua o sustrato compactado. Deja secar, comprueba el drenaje y, si el cuello está afectado, replanta en sustrato aireado tras limpiar las raíces podridas.

Puntas y bordes marrones y secos. Aire seco, agua calcárea o exceso de sales de abono. Sube humedad y lava el sustrato.

Manchas pardas con centro seco y borde amarillo, en la cara expuesta a la ventana. Quemadura de sol directo. Aparta la planta o filtra con un visillo.

Hojas nuevas pequeñas y entrenudos largos. Falta de luz, o trepador sin tutor.

Hojas que lloran gotas de agua por el borde al amanecer. Es gutación, y es normal en aráceas: la planta expulsa el exceso de agua absorbida por la noche. Si ocurre a diario, riegas de más.

Cómo limpiar las hojas

El polvo acumulado reduce la luz que llega a la hoja y esconde plagas, así que la limpieza tiene una función real. Se hace con un paño suave o una esponja humedecida en agua tibia, sujetando la hoja por debajo con la otra mano para no forzar el peciolo. Si el agua de tu grifo es muy dura, usa agua de lluvia o embotellada para no dejar cerco de cal. Con plantas pequeñas, una ducha templada de dos minutos en el baño hace el trabajo y de paso arrastra ácaros.

Sobre los remedios caseros que circulan: la leche, la cerveza, el aceite y la mayonesa no deben tocar una hoja. Dejan una película que tapona los estomas, dificulta el intercambio gaseoso, atrae polvo y, en el caso de la leche, se agria y favorece hongos. Los abrillantadores comerciales en aerosol tienen el mismo inconveniente de fondo: dan brillo tapando la superficie de la hoja. Si aun así quieres usarlos, hazlo muy de tarde en tarde y nunca sobre hojas jóvenes todavía tiernas.

Una hoja limpia con agua ya brilla lo suficiente. Y si quieres reforzar el brillo sin taponar nada, un paño humedecido con agua a la que has añadido unas gotas de zumo de limón funciona y se seca sin residuo.

En resumen

El filodendro es una planta de interior de las aráceas americanas, tolerante y de crecimiento rápido, siempre que se le den luz clara sin sol directo, entre 18 y 27 °C, un sustrato aireado con corteza y perlita, y riegos cuando los tres primeros centímetros de tierra estén secos. Es tóxica por oxalato cálcico: fuera del alcance de niños y mascotas, y guantes al podar.

Identifica primero qué tipo tienes. Si trepa, ponle un tutor de musgo y mantenlo húmedo, porque de ello depende que las hojas crezcan. Si es rastrero, maceta ancha y baja. Si es un Thaumatophyllum, reserva sitio: no cabe en una esquina, y en la costa mediterránea o en Canarias estará mejor en el jardín a media sombra.

Abona de marzo a septiembre y para en otoño. Multiplica por esqueje de tallo con nudo —nunca por hoja suelta—. Limpia las hojas solo con agua, sin leche ni aceite. Y ante manchas oscuras, blandas y de olor desagradable, actúa rápido con la tijera: la podredumbre bacteriana no espera y ningún fungicida la para.


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