Empecemos por lo incómodo: «Euphorbia acrurensis» no es un nombre botánico aceptado. No figura como especie válida en los repertorios de nomenclatura, y las plantas que se venden con esa etiqueta en los centros de jardinería españoles corresponden casi siempre a Euphorbia ammak, de la península arábiga, o a material que encaja en Euphorbia abyssinica, del Cuerno de África. Es un nombre de vivero que se propagó por catálogos y que ya nadie corrige.
Eso no significa que te hayan engañado ni que la planta sea otra cosa: es una euforbia columnar arborescente, se cuida exactamente igual la llames como la llames, y lo que importa saber es lo segundo incómodo. No es un cactus, aunque lo parezca y aunque la etiqueta lo diga, y su savia lechosa es un irritante serio para piel y sobre todo para los ojos.
De dónde sale un nombre que no existe
En el comercio de suculentas circulan desde hace décadas varios nombres que nunca llegaron a publicarse válidamente o que se aplicaron a material mal identificado: 'acrurensis' y 'eritrea' son dos de los más extendidos para euforbias columnares del este de África y de Arabia. Se transmiten de vivero a vivero con las etiquetas, y como el aspecto de estas plantas jóvenes es muy parecido entre especies, nadie nota la diferencia hasta que el ejemplar es viejo y grande.
La consecuencia práctica es que si buscas información con ese nombre encontrarás muy poca cosa y bastante contradictoria. Buscando por Euphorbia ammak o Euphorbia abyssinica aparecen datos reales de tamaño, resistencia al frío y comportamiento.
Cuál de las tres tienes en casa
Tres especies se reparten casi todas las columnas suculentas de costillas y espinas pareadas que se venden en vivero. Se distinguen así:
| Especie | Origen | Costillas | Aspecto |
|---|---|---|---|
| E. ammak | Yemen y suroeste de Arabia Saudí | 4-5, con el borde muy ondulado | Verde grisáceo o azulado, a menudo jaspeado; margen córneo continuo de color claro con espinas cortas pareadas |
| E. abyssinica | Etiopía, Eritrea, Sudán | 3-5, borde menos ondulado | Verde más franco; tronco que se lignifica pronto y forma copa de candelabro |
| E. ingens | Sudáfrica, Mozambique, Zimbabue | 4-5, con estrangulamientos periódicos marcados | Verde oscuro brillante, segmentos separados por cinturas; espinas muy pequeñas o ausentes |
Si el ejemplar tiene el borde de la costilla como una onda continua con un reborde claro y espinas de 3-6 mm en pares, casi seguro es ammak. Si está segmentado por estrangulamientos y apenas tiene espinas, es ingens. Hay un panorama del género en el apasionante mundo de las euphorbia.
Por qué no es un cactus y qué cambia
Cactus y euforbias suculentas se parecen porque han resuelto el mismo problema por caminos separados, un caso de libro de convergencia evolutiva. Pero pertenecen a familias sin parentesco y hay dos diferencias que se comprueban a simple vista:
- Las areolas. Un cactus tiene las espinas agrupadas sobre un cojinete de fieltro, la areola. Una euforbia no: sus espinas salen directamente del borde córneo de la costilla, normalmente en pares, y son restos endurecidos de estípulas o de pedúnculos florales.
- El látex. Rasca un cactus y sale savia acuosa o mucilaginosa. Rasca una euforbia y sale un látex blanco, espeso y a presión. Ese líquido es la razón de todas las precauciones.
Lo que cambia en el cultivo: las euforbias arborescentes de este grupo toleran peor el frío húmedo que muchos cactus, y sobre todo se pudren con más facilidad si se riegan estando frías.
El látex: lo que hay que saber antes de tocarla
El látex de las euforbias contiene ésteres de diterpenos, y en este grupo es un irritante potente de piel y mucosas. En la piel produce enrojecimiento, escozor y en personas sensibles ampollas que aparecen horas después. En el ojo el cuadro es serio: dolor intenso, lagrimeo, visión borrosa y en casos descritos en la literatura médica queratoconjuntivitis que ha requerido tratamiento hospitalario.
El detalle que engaña es que sale a presión. Al cortar un tallo grueso, el látex salta varios centímetros, y ahí es donde ocurren los accidentes oculares.
Protocolo básico si vas a podarla o a trasplantarla:
- Guantes de nitrilo y gafas de protección, no las de ver.
- Manga larga.
- Corta con cuchillo bien afilado y aparta la cara de la línea del corte.
- Si cae en la piel: retira primero con un papel seco y después lava con agua abundante y jabón. Frotar en seco antes de mojar ayuda porque el látex no se disuelve bien en agua sola.
- Si entra en un ojo: lava con agua corriente o suero fisiológico durante 15-20 minutos y acude el mismo día a urgencias oftalmológicas, aunque las molestias parezcan leves.
- Si se ingiere, sobre todo por parte de un niño: llama al Servicio de Información Toxicológica y no provoques el vómito.
Después, herramientas y superficies lavadas, y las manos también antes de tocarse la cara.
Cuánta luz necesita y qué pasa si no la tiene
Viene de zonas semiáridas con sol pleno. En interior quiere el sitio más luminoso de la casa: ventana al sur o al oeste, a menos de un metro, con sol directo varias horas.
Con luz insuficiente el tallo se estira y adelgaza en la punta, un fenómeno llamado etiolación. El resultado es una columna con un tramo superior más fino y débil que ya no vuelve a engrosar, y que además se dobla. Es el problema más frecuente en pisos.
Si sale a la terraza en primavera, hay que aclimatarla: dos semanas en sombra clara y después sol progresivo. Sacarla de golpe al sol de mayo produce quemaduras en forma de manchas blanquecinas o pardas que se quedan ahí para siempre.
Riego, mes a mes
Toda la mortalidad de esta planta en casa se explica por exceso de agua en la estación fría. El calendario orientativo para un interior español, con la planta en maceta de barro y sustrato mineral:
- Marzo y abril: se reanuda, un riego ligero cada 3 semanas.
- De mayo a septiembre: riego abundante cada 12-18 días, siempre dejando que el sustrato se seque por completo entre uno y otro.
- Octubre: se espacia a un riego al mes.
- De noviembre a febrero: prácticamente seco. Un riego muy ligero cada 6-8 semanas si la casa está caldeada; ninguno si está fría.
Nunca se riega si la temperatura va a bajar de 12 °C en los días siguientes. Y nunca se deja agua en el plato: la podredumbre empieza en la base del tallo, se ve como una zona blanda de color pardo oscuro y cuando es visible suele ser tarde.
Sustrato, maceta y el problema del peso
Sustrato muy drenante, con dominio del componente mineral: mitad arena gruesa de río o gravilla de 2-5 mm, un cuarto de perlita o pómice, un cuarto de sustrato para cactus o de mantillo maduro. Una capa de grava en superficie mantiene seco el cuello del tallo y evita podredumbres.
La maceta debe ser de barro cocido y pesada, y aquí el motivo es mecánico: una columna de metro y medio con la mayor parte de su masa arriba vuelca con un roce. Si la planta ya es alta, conviene añadir lastre de grava gruesa en el fondo y usar una maceta ancha, aunque la raíz no lo necesite.
Trasplante cada tres o cuatro años, en abril o mayo, subiendo un tamaño. Es una operación que requiere las mismas protecciones que la poda, porque siempre se rompe alguna raíz o se raspa el tallo.
Cuánto crece y qué hacer cuando llega al techo
En su tierra alcanza de 6 a 10 metros y forma un candelabro con tronco leñoso. En una maceta de interior crece entre 15 y 30 cm al año con buena luz, y bastante menos en un piso oscuro. En un salón de 2,50 m de altura, una planta comprada con 60 cm toca el techo en unos cinco o seis años.
Cuando llega ese momento hay dos opciones:
Despuntar. Se corta la parte superior con cuchillo afilado, con todas las protecciones. La planta responde ramificando por debajo del corte, y el resultado es un candelabro. La cicatriz queda visible siempre.
Sacarla al exterior, si el clima lo permite, donde puede seguir creciendo sin límite.
El trozo cortado se puede enraizar: se deja secar en un sitio ventilado y a la sombra de dos a cuatro semanas, hasta que el corte forme un callo seco y duro, y después se coloca sobre sustrato mineral apenas humedecido. Enraiza en dos o tres meses en primavera. Plantarlo antes de que cicatrice es la forma más segura de que se pudra.
Dónde puede vivir fuera en España
Estas euforbias arborescentes toleran mínimas de unos 5 °C con el sustrato seco, y sufren daños por debajo de 3 °C. Eso las deja fuera del jardín en casi toda la Península:
- Canarias y costa de Almería, Málaga y Murcia: pueden vivir en el suelo todo el año, protegidas del viento frío.
- Litoral mediterráneo y sur atlántico: en maceta, fuera de mayo a octubre y a cubierto en invierno.
- Interior, meseta y norte: planta de interior todo el año, con salida a la terraza solo en verano.
Con humedad ambiental alta y frío se pudren aunque no hiele. En Galicia y la cornisa cantábrica el enemigo no es la helada, es el invierno húmedo.
Manchas, corcho y otros sustos
La base del tallo se vuelve marrón y áspera. Si está dura y seca, es suberificación: el tejido viejo se convierte en corteza, es normal en ejemplares con años y no se puede revertir. Si está blanda y húmeda, es podredumbre, y hay que cortar por encima de la zona sana y salvar la parte alta como esqueje.
Manchas amarillas o blanquecinas repentinas en una cara. Quemadura solar. Suele ocurrir tras un cambio de sitio.
Costillas hundidas y planta arrugada. Falta de agua prolongada o raíz perdida. Comprueba primero la raíz: si está sana, riega y se rehidrata en días.
Puntos algodonosos blancos en las axilas de las costillas. Cochinilla algodonosa, la plaga más habitual en este grupo. También aparece cochinilla en la raíz, que se detecta al trasplantar como un polvillo blanco entre las raicillas.
Niños y animales
El látex es irritante para cualquier mamífero. Un perro o un gato que la muerda tendrá dolor bucal, babeo, posible vómito y diarrea; si el látex le entra en el ojo, es una urgencia veterinaria. Con las espinas, además, hay riesgo de pinchazo.
La recomendación es directa: colócala donde no la alcancen ni las mascotas ni los niños pequeños, y no la pongas en un pasillo estrecho donde alguien pueda rozarla al pasar. Hay más información en suculentas tóxicas y peligrosas.
En resumen
El nombre «Euphorbia acrurensis» no tiene validez botánica y lo que hay detrás de la etiqueta es casi siempre E. ammak o E. abyssinica: euforbias columnares del este de África y de Arabia que no son cactus, que no tienen areolas y que sueltan un látex a presión capaz de dañar seriamente un ojo. Pide el sitio más soleado de la casa, sustrato mineral, maceta pesada de barro y un riego que se reduce casi a cero de noviembre a febrero. Crece de 15 a 30 cm al año, se despunta cuando llega al techo y el trozo cortado enraíza si se deja cicatrizar dos o tres semanas antes de plantarlo. Guantes y gafas siempre que se corte.