Entre las suculentas de colección hay un grupo con toxicidad real, y el riesgo más frecuente en una casa española no es una intoxicación por ingestión sino un accidente con látex: el jugo lechoso de las Euphorbia irrita la piel y, si salta a un ojo, puede causar una lesión ocular grave. Basta un esqueje mal cortado, un tallo roto al mover la maceta o llevarse la mano a la cara después de podar. Por eso las euforbias suculentas se manipulan con guantes y con protección ocular, siempre, y no se podan con niños alrededor.
La segunda vía de riesgo son los animales de casa. Varias suculentas muy comunes (los Kalanchoe, el árbol de jade, los aloes, la lengua de suegra, los collares de perlas) están descritas como tóxicas para perros y gatos por ingestión, y un gato que mordisquea una hoja no necesita comerse la planta entera para acabar en el veterinario. Ante un contacto o una ingestión, en personas o en animales, la indicación es una sola y es la misma en todos los casos: acudir al médico o llamar al Instituto Nacional de Toxicología, y al veterinario si es un animal. Nada de provocar el vómito, ni dar leche, ni remedios caseros.
Las euforbias y su látex
Las Euphorbia suculentas son el grupo verdaderamente problemático, y son muchísimas: Euphorbia tirucalli (el palo de rayo o lápiz), Euphorbia trigona, Euphorbia lactea, Euphorbia milii (la corona de Cristo), Euphorbia obesa, Euphorbia ingens y decenas más que se venden habitualmente como cactus, aunque no lo son.
Todas ellas contienen un látex blanco y lechoso a presión en todos sus tejidos, que sale en cuanto se rompe una parte de la planta. Ese látex lleva ésteres de diterpeno, compuestos irritantes que actúan sobre la piel y las mucosas.
Qué describe la literatura sobre sus efectos:
- En la piel: enrojecimiento, escozor, ampollas. La reacción puede tardar horas en aparecer, así que quien no nota nada al momento tiende a confiarse.
- En los ojos: el caso serio. Dolor intenso, inflamación de la córnea y pérdida de visión que puede prolongarse días. Es una urgencia oftalmológica y hay que ir al médico, no esperar a ver cómo evoluciona.
- Por ingestión: irritación intensa de boca, garganta y aparato digestivo.
La manipulación segura no es complicada: guantes de nitrilo, gafas de protección al podar o al cortar esquejes, la planta trabajada al aire libre, no tocarse la cara y lavar bien las manos y las herramientas al terminar. Si sale látex, se corta el sangrado pulverizando agua fría sobre el corte. Y en cuanto a los restos de poda, no se queman ni se trituran junto a la cara.
El látex blanco de las euforbias sale a presión en cuanto se rompe un tallo. Es el principal riesgo de este grupo.
Adenium y Pachypodium
La rosa del desierto (Adenium obesum) y los Pachypodium son suculentas de la familia de las apocináceas, la misma que la adelfa, y contienen glucósidos cardiotónicos, compuestos que actúan sobre el corazón. Su savia se ha usado tradicionalmente en África como veneno de flechas, y eso ya dice bastante.
En una casa son plantas perfectamente cultivables, pero conviene saber lo que son: no se podan sin guantes, no se dejan restos al alcance y no se colocan donde un niño pequeño o un animal puedan morderlas. Los Pachypodium añaden espinas duras al conjunto.
Kalanchoe
El género Kalanchoe contiene bufadienólidos, otro grupo de compuestos con actividad sobre el corazón, presentes en toda la planta y también en las flores. Están descritos casos de intoxicación en ganado en Sudáfrica y en Australia con las especies del grupo del Kalanchoe daigremontiana y Kalanchoe tubiflora, las que producen plantitas en el borde de las hojas, y también aparecen citadas como tóxicas para perros y gatos las especies ornamentales de interior, incluido el Kalanchoe blossfeldiana de floristería.
Las que llenan las hojas de plantitas merecen mención aparte por otra razón: cada una de esas plantitas cae y enraíza, así que además de tóxicas son colonizadoras muy eficaces. En zonas cálidas del litoral se escapan de los jardines con facilidad, y no conviene tirar los restos al campo ni al contenedor de orgánica sin bolsa cerrada.
Árbol de jade, aloes, lengua de suegra y collar de perlas
Cuatro plantas muy corrientes que aparecen en las listas de tóxicas para animales de compañía, y que casi nadie tiene identificadas como tales.
Árbol de jade (Crassula ovata). Descrita como tóxica para perros y gatos, con vómitos, apatía e incoordinación. El compuesto responsable no está identificado, y ese es un dato honesto que rara vez se cuenta.
Aloes. Aquí hay que separar dos cosas que no son lo mismo. El gel transparente del interior de la hoja y el látex amarillo que hay justo debajo de la piel son sustancias distintas. Ese látex contiene aloína, un compuesto antraquinónico de acción purgante e irritante, y es el responsable de las intoxicaciones descritas en perros y gatos que mordisquean una hoja. Un aloe de jardín no es una planta que deba usarse por cuenta propia con ningún fin, y este sitio no da consejo médico ni dietético.
Lengua de suegra (Dracaena trifasciata, la antigua Sansevieria). Contiene saponinas y figura como tóxica para perros y gatos por ingestión, con cuadro digestivo.
Collar de perlas y compañía (Curio rowleyanus, antes Senecio rowleyanus, y otras del grupo). Los senecios contienen alcaloides pirrolizidínicos, hepatotóxicos, y el género entero se maneja con precaución. Al ser una planta colgante y a la altura de la cara, es de las que más tentación producen a un gato.
El riesgo que más veces manda a urgencias: las espinas
Con diferencia, el problema más frecuente con cactus y suculentas no es químico sino mecánico, y se subestima porque parece trivial.
Las espinas de muchos cactus son largas, duras y con la punta ganchuda, y una punción profunda puede alcanzar tejidos delicados o dejar un fragmento dentro. Pero lo peor son los gloquidios de las Opuntia: penachos de espinitas diminutas, con microscópicas barbas, que se desprenden al mínimo roce, se clavan por cientos, no se ven y no se sacan con pinzas. Cualquiera que haya cogido un higo chumbo sin guantes lo sabe. Provocan una irritación que dura días, y si entran en un ojo o se inhalan el asunto es serio.
Los agaves añaden una púa terminal capaz de atravesar ropa, bordes dentados y una savia irritante que produce dermatitis de contacto. Al trabajar con un agave grande, lo sensato es cortar antes las púas terminales de las hojas que quedan a la altura de la cara.
Guantes gruesos, mangas largas, gafas y pinzas o papel de periódico enrollado para sujetar la planta al trasplantar. Los cactus con espinas serias y los agaves adultos no van al borde de un camino, ni junto a una puerta, ni a la altura de los ojos de un niño.
Qué hacer si ocurre algo
La respuesta es corta y no admite improvisación.
- Contacto con látex en la piel: lavar la zona con abundante agua y jabón, sin frotar, y consultar al médico si aparece reacción.
- Contacto en los ojos: lavar con abundante agua y acudir a urgencias oftalmológicas de inmediato. Es la situación más grave de todo este artículo.
- Ingestión, en personas: acudir al médico o llamar al Instituto Nacional de Toxicología. Conviene llevar una foto de la planta o un trozo identificable.
- Ingestión, en animales: al veterinario, con la misma información sobre qué planta es.
Lo que no se hace, en ningún caso: provocar el vómito, dar leche, agua salada, aceite ni ningún remedio doméstico, ni esperar a ver si se pasa solo. Y este artículo no sustituye ni sustituirá al criterio de un profesional sanitario o veterinario.
Convivir con ellas
Tener suculentas tóxicas en casa no es un problema si se organizan bien. Lo que funciona es sencillo: las euforbias y los adenios en altura o en habitaciones sin acceso libre, las colgantes fuera del alcance de los gatos, los cactus espinosos lejos de los pasos, y una etiqueta en la maceta con el nombre de la especie, que es lo que va a necesitar el veterinario o el médico si algo pasa.
Y una precaución que cubre casi todo lo demás: identificar la planta antes de comprarla. Muchas suculentas se venden sin nombre o con un nombre comercial inventado, y sin saber qué especie es no hay manera de saber si es una de las que hay que colocar en alto. Un vivero serio te dice el nombre científico.
En resumen
La mayoría de las suculentas son inofensivas, pero hay un grupo que no lo es. El riesgo principal en una casa es el látex de las Euphorbia, irritante para la piel y capaz de producir una lesión ocular grave, así que se podan siempre con guantes y protección ocular. Después vienen las plantas tóxicas por ingestión para perros y gatos: Kalanchoe, árbol de jade, aloes, lengua de suegra y los senecios colgantes.
El accidente más frecuente, sin embargo, es mecánico: espinas, púas de agave y sobre todo los gloquidios de las chumberas, que se clavan por cientos y no se sacan. Guantes, gafas y colocación sensata resuelven casi todo. Y si ocurre algo, la única indicación es acudir al médico o llamar al Instituto Nacional de Toxicología, y al veterinario si es un animal, sin intentar nada por cuenta propia.