Las plantas de interior que circulan por redes desde hace unas temporadas tienen algo en común: son bonitas en la foto y exigentes en casa. Calateas, Stephania erecta, Jatropha multifida y el cactus espina de pescado no son plantas difíciles por capricho, sino porque casi todas piden humedad ambiental alta o un ciclo de reposo que hay que respetar. Saberlo antes de comprarlas evita el disgusto de verlas decaer en seis semanas.

Aquí van las cinco que más se ven, con lo que de verdad necesitan y con la advertencia de cuáles conviene descartar si en casa hay calefacción seca, agua muy dura o poca luz. Ninguna de ellas es una planta para empezar, aunque dos son bastante más llevaderas que el resto.

Un patrón de finas rayas de distintas tonalidades verdes entre franjas gris plata caracteriza a la Calathea orbifolia. Foto: Shutterstock

Calathea orbifolia, la de las hojas grandes

Es la calatea más reconocible: hojas amplias, casi redondeadas, con rayas verdes de distintos tonos alternando con franjas gris plata y un envés más pálido. Un ejemplar adulto en maceta se mueve entre los 40 y los 75 centímetros de altura, y su porte la convierte en planta de suelo o de mesa baja, no de estantería.

Como el resto de calateas (buena parte del género se ha reclasificado hoy dentro de Goeppertia), procede del sotobosque tropical americano. Eso define sus dos exigencias: luz abundante pero sin un rayo de sol directo, y humedad ambiental alta. En un piso con calefacción de radiadores el aire baja de lo que ella tolera, y el síntoma es siempre el mismo, bordes de hoja secos y acartonados que ya no se recuperan.

Pertenece a las marantáceas y no consta como tóxica para perros y gatos, un punto a su favor frente a las aráceas. Tiene su ficha propia en calatea (Calathea orbifolia).

Calathea 'White Fusion', la más vistosa y la más delicada

Se vende como Calathea 'White Fusion' y deriva de Calathea lietzei. Su atractivo es la variegación: bandas blancas sobre el haz que dejan traslucir el púrpura del envés, con un dibujo distinto en cada hoja. Es una variegación de origen quimérico, lo que significa que la planta puede emitir hojas totalmente blancas (que no fotosintetizan y acaban muriendo) o totalmente verdes según la luz y el vigor del brote.

Necesita más luz que las calateas verdes para mantener el dibujo, siempre filtrada. Y necesita todavía más humedad ambiental, porque el tejido blanco es más fino y se deshidrata antes. Es una planta para quien ya ha sacado adelante otra calatea, no para estrenarse.

Por qué las calateas se secan por los bordes en España

Dos causas, y las dos tienen arreglo. La primera es el aire seco. Entre noviembre y marzo, con la calefacción encendida, la humedad relativa dentro de una vivienda cae mucho, y en el interior peninsular parte ya de valores bajos. Agrupar varias plantas juntas, colocarlas sobre una bandeja con grava y agua (sin que la maceta toque el agua) o llevarlas al cuarto de baño si tiene ventana funciona mejor que pulverizar las hojas, cuyo efecto dura minutos.

La segunda es el agua. Las marantáceas son sensibles al flúor y a la acumulación de sales, y en gran parte del este y el sur peninsular el agua de red es dura. Las puntas y márgenes se necrosan aunque el riego sea correcto. Riegue con agua de lluvia si puede recogerla, o al menos riegue en abundancia y espaciado para que el agua atraviese el cepellón y salga por el drenaje, arrastrando sales en lugar de acumularlas. Renueve el sustrato cada año o cada dos.

Hay más sobre el género en de las selvas de Brasil, calateas.

Stephania erecta, un tubérculo que brota

Se vende casi siempre como un caudex desnudo, una especie de tubérculo leñoso del tamaño de una patata grande, del que hay que esperar que salgan los brotes. De ese ápice surgen tallos finos con hojas redondeadas y peltadas (el pecíolo se inserta en el centro del limbo, no en el borde), de nervadura clara. El efecto es el de una planta escultórica más que frondosa.

El caudex es un órgano de reserva de agua, y de ahí se deduce todo su manejo: el riego escaso es la norma. Se trata como una suculenta, dejando secar el sustrato entre riego y riego, en una mezcla muy drenante y en maceta ajustada. En otoño pierde el follaje y entra en reposo; durante ese periodo no se riega, o se riega mínimamente, hasta que rebrota en primavera. Un caudex regado durante la parada invernal se pudre, y esa es la causa habitual de fracaso.

Una advertencia que no suele acompañar a la venta: buena parte de los caudex que llegan al mercado proceden de recolección en el medio natural en el sudeste asiático, no de cultivo. Merece la pena preguntar el origen.

Jatropha multifida, la planta del coral

Tiene porte de arbolito, hojas palmeadas divididas en lóbulos largos y finos que dan un follaje de filigrana, y ramilletes de flores pequeñas de un rojo coral que explican el nombre común. Es originaria de América tropical y pertenece a las euforbiáceas.

Es una planta tóxica. Las semillas son la parte más peligrosa por ingestión, y el látex blanco que exuda al cortar tallos u hojas es irritante para la piel y especialmente para los ojos. Pode con guantes, lávese después y no la ponga al alcance de niños pequeños ni de animales que muerdan plantas. Si hay ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.

De cultivo no es difícil. Quiere mucha luz, riego moderado dejando secar el sustrato entre riegos, y una parada invernal en la que el riego se reduce al mínimo y se retoma a finales del invierno, cuando la planta arranca. No tolera el encharcamiento. En la Península solo puede vivir en el exterior todo el año en enclaves litorales sin heladas del sur y el sureste, y con soltura en Canarias; en el resto es planta de interior o de terraza en verano, a resguardo en invierno. Su pariente Jatropha podagrica se cultiva igual.

Epiphyllum anguliger, el cactus espina de pescado

Su nombre común lo describe: tallos planos y carnosos con los bordes recortados en zigzag, erguidos al principio y colgantes conforme se alargan. Es de los cactus para colgar más agradecidos. Hoy figura en muchas clasificaciones como Disocactus anguliger, y procede de los bosques húmedos de México.

El punto clave es que no es un cactus de desierto. Es epífito: en su medio crece sobre las ramas de los árboles, con las raíces al aire y materia orgánica en descomposición alrededor. Por tanto no quiere sustrato mineral de cactus ni sol directo, sino un sustrato ligero y aireado (mezcla para plantas verdes con corteza de pino y perlita), luz abundante filtrada, ambiente templado y humedad moderada.

El riego es el de un cactus epífito: se espera a que el sustrato esté seco, con riegos regulares en primavera y verano y muy espaciados en otoño e invierno. Si las condiciones le convienen, produce flores blancas grandes y muy fragantes, que abren de noche y duran poco, hacia el final del verano y el otoño. Los cuidados están desarrollados en cuidados del cactus orquídea.

Cuál elegir según la casa que tenga

Si su casa es seca en invierno y el agua del grifo es dura, descarte las calateas o asuma que dará hojas por perdidas cada temporada. En ese escenario, el cactus espina de pescado y la Stephania son mucho mejores apuestas: los dos toleran aire seco y ninguno depende de la calidad del agua.

Si tiene un cuarto de baño con ventana o una cocina luminosa, ahí es donde las calateas dan su mejor versión. Si hay niños pequeños o animales en casa, las calateas son la opción tranquila y la Jatropha la que hay que descartar o situar fuera de alcance.

Una última nota sobre un argumento que acompaña a estas plantas en muchos sitios: la idea de que purifican el aire de una habitación viene de ensayos hechos en cámaras cerradas y pequeñas. En una vivienda real, con su ventilación, el número de plantas necesario para notar algo sería enorme. Cómprelas porque son bonitas, que es razón suficiente.

En resumen

De las cinco plantas de moda, las dos calateas piden humedad ambiental alta y agua blanda, y son las primeras que sufren con la calefacción. La Stephania erecta se maneja como una suculenta con caudex y necesita que se respete su reposo invernal sin riego. La Jatropha multifida es fácil de cultivar pero tóxica, con las semillas y el látex como partes de riesgo. El cactus espina de pescado es epífito, no de desierto, y probablemente el más agradecido del grupo.

Antes de comprar, mire la habitación donde va a ir la planta y no al revés: cuánta luz recibe a un metro de la ventana, cómo está el aire en enero y qué tal es el agua de su grifo. Elegir a partir de esos tres datos hace más por la planta que cualquier cuidado posterior.


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