Las calateas se compran por la hoja: dibujos que recuerdan la cola de un pavo real, la piel de una cebra o las escamas de una serpiente, con el envés casi siempre teñido de púrpura intenso. Son vivaces rizomatosas de la familia de las marantáceas, originarias de las selvas tropicales de América, sobre todo de Brasil, donde viven bajo el dosel del bosque, a la sombra, con humedad constante y sin variaciones bruscas de temperatura.

Esas tres condiciones son exactamente las que un piso español no ofrece. Por eso la calatea tiene fama de difícil, y en parte la merece: no es una planta de riego olvidadizo ni de rincón polvoriento. Pero casi todos sus problemas se reducen a dos cosas concretas, la humedad del aire y la calidad del agua de riego, y ambas se pueden arreglar.

Distintas calateas de hoja marcada: zebrina, ornata, crocata en flor, lancifolia y la de dibujo en medallón.

Calathea, Goeppertia y por qué cambian los nombres

Si buscas una variedad concreta te encontrarás con dos nombres científicos para la misma planta. Los estudios moleculares de la familia llevaron a separar del viejo género Calathea la mayoría de las especies cultivadas como plantas de interior, que pasaron al género Goeppertia. Así, la calatea cebra es hoy Goeppertia zebrina, la de dibujo de pavo real Goeppertia makoyana, y la llama perpetua Goeppertia crocata.

En el comercio y en el habla corriente se siguen llamando calateas, y así se usa aquí. Los cuidados son idénticos en todas ellas.

Las hojas que se mueven

Es el rasgo más llamativo del grupo y no es una impresión: las hojas de las marantáceas se elevan y se pliegan al anochecer y vuelven a abrirse por la mañana. El movimiento lo produce el pulvínulo, un engrosamiento articulado en la base del limbo que funciona como una bisagra hidráulica: al variar la presión de agua en sus células, la hoja bascula.

El fenómeno se llama nictinastia y es lo que dio a la familia el nombre popular de plantas de la oración, porque al atardecer las hojas se juntan hacia arriba como manos rezando. En una planta sana el movimiento es diario y perceptible. Cuando una calatea deja de plegar las hojas por la noche, casi siempre está estresada por falta de agua o por luz insuficiente.

Luz: ni sol ni rincón oscuro

Aquí se comete el error más extendido. Se repite que la calatea es una planta para los sitios menos luminosos de la casa, y eso no es cierto. Vive bajo el dosel del bosque tropical, donde la luz es filtrada pero abundante: lo que no tolera es el sol directo, que le quema el follaje y le decolora el dibujo en cuestión de días.

El sitio bueno es cerca de una ventana con luz indirecta clara, o a un par de metros de una ventana luminosa. En un pasillo sin ventana o en el fondo de una habitación, la planta se apaga poco a poco: las hojas nuevas salen más pequeñas y con el patrón desdibujado. Un exceso de luz, en cambio, lava los colores y deja el follaje pálido. Si el dibujo pierde contraste, mira primero la exposición.

Humedad ambiental: el factor decisivo

Las puntas y los bordes secos y crujientes son la queja universal con esta planta, y la causa es el aire seco. Una calatea quiere una humedad relativa alta, muy por encima de la que hay en una vivienda española en invierno con la calefacción encendida, cuando puede bajar del 30 %.

Qué funciona, por orden de eficacia:

  • Un humidificador. Es la única solución que de verdad cambia la humedad de la habitación.
  • Agrupar plantas. Varias plantas juntas crean un microclima más húmedo alrededor.
  • Plato con grava y agua. La maceta se apoya sobre las piedras, por encima del nivel del agua y sin tocarla. Ayuda de forma local.
  • Alejarla de radiadores y de la salida del aire acondicionado. Elemental y muy eficaz.

Pulverizar el follaje da una sensación de estar haciendo algo, pero el efecto dura minutos y, si el agua es dura, deja manchas de cal sobre la hoja. Un cuarto de baño con ventana es, en muchas casas, el mejor sitio para una calatea.

Riego y calidad del agua

Quiere el sustrato uniformemente húmedo, nunca empapado ni seco del todo. En la práctica se riega cuando el centímetro o dos superiores del sustrato empiezan a secarse, con agua templada, dejando escurrir bien y vaciando el plato. En primavera y verano suele tocar una o dos veces por semana; en invierno bastante menos, porque la planta apenas crece y el rizoma se pudre con facilidad si se mantiene húmedo en frío.

La calidad del agua importa más en esta planta que en casi ninguna otra de interior. Las marantáceas son sensibles a las sales, al cloro y en particular al flúor, y responden con necrosis en las puntas y los bordes de las hojas. Con el agua dura de buena parte del este y el sur peninsular, el problema aparece antes o después. Lo recomendable es agua de lluvia, agua embotellada de mineralización muy débil o agua osmotizada. Si solo dispones de agua del grifo, dejarla reposar veinticuatro horas elimina parte del cloro pero no la cal ni el flúor.

Temperatura

Su rango cómodo está entre 18 y 24 °C, sin variaciones bruscas. Por debajo de 15 °C empieza a sufrir y con menos de 12 °C se daña de forma visible. No es una planta que aguante un balcón en invierno en ningún punto de la Península, y las corrientes de aire frío, sobre todo la que entra al abrir la puerta de la calle en enero, le hacen soltar hojas.

En verano el problema es el contrario: por encima de 28 °C con aire seco, la hoja se acartona. En las zonas más calurosas conviene la habitación más fresca de la casa durante julio y agosto.

Sustrato, maceta y abonado

Necesita un sustrato ligero, aireado y con capacidad de retener algo de humedad sin encharcarse: fibra de coco o turba con perlita y algo de corteza fina funciona bien. Las raíces son finas y superficiales, así que va mejor en maceta ancha y no muy profunda, siempre con drenaje.

Se abona de primavera a final de verano, con un fertilizante para plantas verdes a media dosis cada tres o cuatro semanas, y siempre sobre sustrato ya húmedo para no quemar las raíces. Es una planta sensible a la acumulación de sales, de modo que conviene regar de vez en cuando abundantemente para lavar el sustrato, dejando salir el agua por abajo. En otoño e invierno no se abona.

El trasplante se hace en primavera, cada uno o dos años, subiendo poco de tamaño. Es el momento de multiplicarla: se separan con cuidado las porciones de rizoma con raíces y varias hojas propias, y se plantan por separado en ambiente cálido y húmedo. Es el único método fiable, porque el esqueje de hoja no funciona.

Diagnóstico rápido de problemas

  • Puntas y bordes marrones y secos. Aire demasiado seco o agua con cal, cloro o flúor. Es el síntoma más frecuente y suele deberse a las dos cosas a la vez.
  • Hojas enrolladas hacia dentro. Falta de agua o ambiente muy seco. Si al regar se recuperan en unas horas, era sed.
  • Hojas inferiores amarillas y blandas. Exceso de riego. Revisa el drenaje.
  • Dibujo desvaído. Demasiada luz, o luz insuficiente si además la hoja nueva sale pequeña.
  • Telarañas finas y punteado en el envés. Araña roja, la plaga clásica de esta planta, que aparece precisamente cuando el aire está seco.
  • Bultos cerosos o algodonosos en peciolos y nervios. Cochinilla. Se retira a mano con un bastoncillo empapado en alcohol.
  • Hojas que ya no se pliegan de noche. Señal general de estrés: revisa riego y luz.

Las especies más habituales

  • Calatea cebra (Goeppertia zebrina). Hojas grandes, aterciopeladas, verde claro con bandas verde oscuro.
  • Calatea pavo real (G. makoyana). El dibujo más fino del grupo, casi traslúcido, sobre hoja delgada.
  • Calatea serpiente de cascabel (G. insignis, vendida como lancifolia). Hojas alargadas y onduladas con manchas alternas y envés púrpura. De las más tolerantes.
  • Calathea orbifolia. Hojas grandes y redondeadas con bandas plateadas. Muy vistosa y bastante exigente.
  • 'Medallion' (G. veitchiana). Hoja redondeada con un dibujo concéntrico muy marcado y envés vinoso.
  • Llama perpetua (G. crocata). La única que se cultiva por la flor: espigas de brácteas naranja azafrán que duran semanas. Tolera mejor la sequedad ambiental que sus parientes.

De la misma familia y con cuidados muy parecidos son las marantas (Maranta leuconeura), algo más tolerantes, las Ctenanthe y la Stromanthe de hojas variegadas en blanco y rosa.

Dos apuntes finales

Las calateas no figuran entre las plantas consideradas tóxicas para perros y gatos, lo que las convierte en una de las pocas opciones de follaje espectacular para una casa con animales. Aun así, ninguna planta de interior está pensada para ser masticada.

Sobre su supuesto papel purificador del aire, conviene la misma cautela que con el resto de plantas de interior: los ensayos que originaron esa idea se hicieron en cámaras selladas con concentraciones muy altas de contaminantes, y sus cifras no se trasladan a una habitación ventilada.

En resumen

Una calatea necesita luz filtrada abundante pero nunca sol directo, humedad ambiental alta, temperatura estable entre 18 y 24 °C y un sustrato que se mantenga húmedo sin encharcarse. Casi todos sus problemas visibles, empezando por las puntas secas, se explican por aire demasiado seco o por regar con agua dura.

Si vas a hacer una sola cosa por ella, que sea cambiar el agua del grifo por agua de lluvia o de mineralización muy débil y alejarla del radiador. Y si buscas una primera calatea que perdone algún fallo, empieza por la de hojas alargadas y envés púrpura, que es de las más tolerantes del grupo.


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