El espliego y el lavandín son las dos lavandas que ocupan los campos de cultivo, y también las dos que mejor resuelven un jardín en el interior peninsular, donde el cantueso y la Lavandula dentata tienen problemas con el frío o con la cal. A ellas se añade un tercer grupo menos conocido y muy interesante para clima seco: las lavandas de follaje plateado, varias de ellas ibéricas.
Aquí van las diferencias entre unas y otras y los cultivares que de verdad merecen la pena. El manejo común (sol, drenaje, riego escaso y poda sin bajar a la madera vieja) está en la primera parte, y el cantueso y la lavanda dentada, en la segunda.
Una abeja libando en una flor de lavanda. Su riqueza en néctar las convierte en un festín para estos extraordinarios polinizadores y las mariposas.
Lavandula angustifolia, el espliego
Es la lavanda de referencia y la más rústica del género: soporta inviernos duros, con heladas fuertes y repetidas, lo que la convierte en la única opción sólida para el interior norte peninsular y la meseta. Crece de forma silvestre en las montañas del Mediterráneo occidental, incluidas sierras del este de España.
La planta tipo forma una mata redondeada de 50 a 80 centímetros en flor, con hojas largas y estrechas (de ahí el epíteto angustifolia) de un verde grisáceo, tan aromáticas como las flores. Las espigas son compactas, de color lavanda, y salen al cabo de pedúnculos largos y sin ramificar. Florece de mayo o junio a agosto.
Quiere suelo seco, pobre en nutrientes y bien drenado, y tolera perfectamente la caliza, algo que la diferencia del cantueso. Su punto flojo, comparada con las otras lavandas mediterráneas, es la sequía: es la que menos aguanta el verano seco prolongado, y en Murcia o Almería sufre bastante más que la dentata. Según la intensidad del frío puede comportarse como semiperenne y perder parte del follaje para rebrotar en primavera.
Es la especie con el aceite esencial de mejor calidad y la que se usa en perfumería fina, aunque su rendimiento por hectárea es bajo comparado con el del lavandín.
Cultivares de espliego
Es la lavanda con más selección hortícola detrás, y las diferencias entre cultivares se centran en el tamaño de la mata y en el tono de la espiga. Varios de ellos tienen el Award of Garden Merit de la Royal Horticultural Society por su comportamiento en jardín.
| Cultivar | Altura en flor | Color de la espiga |
|---|---|---|
| 'Hidcote' | 40-60 cm | Violeta oscuro intenso |
| 'Munstead' | 40-60 cm | Azul lavanda clásico |
| 'Folgate' | 40-60 cm | Lavanda brillante |
| 'Imperial Gem' | 40-60 cm | Azul violeta oscuro |
| 'Twickel Purple' | 40-60 cm | Púrpura, espigas largas |
| 'Nana Alba' | 30-40 cm | Blanco |
| 'Rosea' | 60-90 cm | Rosa pastel |
'Hidcote' es el más plantado en setos bajos por su compacidad y por el color oscuro de la espiga, que aguanta bien seco. 'Nana Alba' es el mejor para maceta pequeña por su porte diminuto. 'Rosea' es de mata mayor y combina especialmente bien con rosales. En todos ellos el requisito más estricto es el drenaje: en suelo pesado se pierden en el primer invierno lluvioso.
Lavandula x intermedia, el lavandín
El lavandín es un híbrido natural de Lavandula angustifolia y Lavandula latifolia, y es lo que se ve en los campos de la Provenza y también en los de Brihuega, en Guadalajara. Es estéril, así que se multiplica siempre por esqueje, y hereda de sus padres un vigor considerable.
Es la lavanda más grande: de 80 a 120 centímetros en flor, con espigas largas al cabo de tallos ramificados, más resistente y con mucho más volumen que el espliego. Florece más tarde, en pleno verano, lo que resulta útil para prolongar la temporada.
Es de cultivo muy fácil y se adapta a más tipos de suelo que las demás, incluso a terrenos algo más pesados y húmedos, y le da igual el pH. Resiste bien el frío, aunque menos que el espliego. Su densidad y su porte cerrado ahogan la hierba a su alrededor, lo que ahorra bastante trabajo de escarda en plantaciones en masa.
Entre sus cultivares, 'Grosso' es el más cultivado industrialmente y uno de los más fiables en jardín, de espigas largas y azul violeta. 'Provence' es algo más claro y de secado excelente. 'Hidcote Giant' produce espigas muy largas que se inclinan por el peso. Hay también lavandines de flor blanca y alguno de follaje variegado con márgenes crema.
Lavandula latifolia, la alhucema
Uno de los progenitores del lavandín merece sitio propio. La Lavandula latifolia, llamada alhucema o espliego macho, es nativa de la Península y muy común en el este y el sur, sobre suelos calizos y en pleno secarral.
Tiene hojas más anchas que el espliego, tallos florales ramificados y una floración claramente más tardía, de julio a septiembre, cuando casi todo lo demás ha terminado. Aguanta mejor el calor y la sequía que la angustifolia. Su aroma es más alcanforado y penetrante. En un jardín seco español es una planta autóctona, gratuita en cuanto a mantenimiento y muy útil para estirar la floración hasta el final del verano.
Las lavandas de follaje plateado
Un grupo de especies e híbridos tiene tallos y hojas cubiertos de una densa pelusa blanquecina que les da aspecto afelpado y color gris plata. Esa capa de pelos es una adaptación a la insolación fuerte y a la sequedad, y de paso hace que la planta luzca todo el año, también fuera de la floración.
La Lavandula lanata, la alhucema bravía, es un endemismo del sur de España: crece en la serranía de Ronda y en sierras del este de Andalucía y de Murcia, sobre roquedos calizos. Es la más blanca de todas, con hojas anchas cubiertas de lana espesa, y produce espigas moradas al cabo de tallos largos, hasta un metro en flor. Adora los suelos calizos que drenen bien y es sensible a la humedad persistente sobre el follaje. Sirve para maceta y para afianzar taludes secos.
La Lavandula x chaytorae, cruce de angustifolia con lanata, combina el follaje ceniza de la segunda con la rusticidad y la forma compacta de la primera, y es bastante más fácil de cultivar que la lanata pura. Forma matas bajas en forma de cojín y da espigas violetas. Hay varios cultivares de hoja blanco ceniza que están entre lo mejor que se puede plantar en un jardín de grava.
La Lavandula x losae es un híbrido de origen ibérico, de follaje afelpado que se aclara en verano y espigas ramificadas violetas, con floración de julio a agosto y porte pequeño.
Las lavandas canarias
El archipiélago canario cuenta con especies endémicas del género que no se parecen a las peninsulares. Pertenecen a un grupo distinto dentro de Lavandula, el de las lavandas de hoja dividida, y tienen el follaje finamente recortado, casi de helecho, y espigas al cabo de tallos ramificados, muy largos y esbeltos.
La más conocida es la Lavandula canariensis, presente en varias islas, propia de zonas bajas y secas y de coladas volcánicas. Florece durante muchos meses, prácticamente todo el año en su ambiente, y su aspecto ligero y aireado poco tiene que ver con la mata compacta de un espliego. En jardinería son plantas de clima suave: no toleran el frío peninsular y su sitio natural es Canarias y, con protección, el litoral más cálido.
En resumen
Para el interior peninsular con inviernos fríos, Lavandula angustifolia y sus cultivares, que aguantan la helada y toleran la caliza. Para masas grandes, setos y floración de pleno verano, el lavandín, más vigoroso y adaptable. Y para el secarral calizo del este y el sur, la Lavandula latifolia autóctona, que además florece cuando ya no queda nada más en flor.
Las lavandas de follaje plateado, con la andaluza Lavandula lanata a la cabeza, aportan color todo el año y son una elección natural en jardín de grava, siempre con drenaje impecable. Escalonando especies (dentata y cantueso en primavera, espliego a principios de verano, lavandín y latifolia después) se consigue lavanda en flor durante buena parte del año.