Un jardín que se queda mudo de diciembre a marzo es un jardín mal planificado, no un jardín dormido. Hay arbustos, trepadoras, vivaces y bulbos que florecen precisamente en esos meses, muchos de ellos perfumados, y que en el clima español dan resultado sin apenas cuidados. La condición es elegirlos según el suelo y la zona, porque es aquí donde se separan de forma más tajante las plantas del norte húmedo y ácido de las del este y el sur calizos y secos.

La otra clave es la colocación. En invierno se sale poco al jardín, así que las plantas de floración invernal, y sobre todo las perfumadas, se plantan donde se pasa a diario: junto a la puerta, al lado del camino de entrada, bajo una ventana que se abre. Un Chimonanthus al fondo de una parcela no lo huele nadie.

Rosa de Navidad es el nombre común que recibe el Helleborus niger, que en estas fechas se llena de flores blancas que van tomando tonos rosados.

Heléboros: la vivaz que resuelve el invierno a la sombra

Conviene distinguir dos cosas que se venden juntas. El Helleborus niger es la rosa de Navidad propiamente dicha: flores grandes, blancas, que van tomando tonos rosados al envejecer, entre diciembre y febrero. Los Helleborus × hybridus, las llamadas rosas de Cuaresma, florecen algo después, de febrero a abril, y son los que ofrecen la gama amplia de colores, del crema al granate casi negro, con formas simples, dobles y moteadas.

Ambos quieren sombra o semisombra, suelo profundo, fresco y con materia orgánica, y drenaje. Toleran bien la caliza, lo que los hace utilizables en buena parte de España, pero no soportan el sol de mediodía ni el encharcamiento invernal. Van perfectos bajo árboles de hoja caduca, que en invierno dejan pasar la luz.

Un cuidado que marca la diferencia: cortar a ras las hojas viejas a finales de otoño o principios de invierno. Se ve mejor la flor, se retira el inóculo de la mancha foliar y la planta rebrota limpia. Todas las partes del heléboro son tóxicas por ingestión y la savia puede irritar la piel, así que conviene podarlo con guantes.

Arbustos perfumados de pleno invierno

Es el grupo más valioso y el más desaprovechado en los jardines españoles.

Chimonanthus praecox, el calicanto de invierno. Caducifolio, florece sobre madera desnuda entre diciembre y febrero con flores amarillo pálido de perfume penetrante. Tolera la caliza y, una vez establecido, aguanta bien la sequía estival. Tarda unos años en empezar a florecer, y esa es la razón de que se plante poco.

Hamamelis (H. mollis, H. × intermedia). Flores en forma de cintas amarillas, cobrizas o rojizas de enero a marzo, muy aromáticas. Es magnífico, pero exige suelo ácido o neutro, fresco y clima sin veranos secos y tórridos, así que su sitio en España es el norte húmedo, no el interior ni el litoral mediterráneo.

Lonicera fragrantissima y Lonicera × purpusii, las madreselvas de invierno. Arbustos rústicos y poco exigentes, con florecillas blancas cremosas de aroma intenso de diciembre a marzo. Aguantan caliza y sequía y se podan tras la floración.

Sarcococca confusa y S. hookeriana. Arbustos pequeños perennifolios para sombra profunda, con florecillas blancas insignificantes a la vista y de perfume desproporcionado, en diciembre y enero. Son de las mejores plantas que existen para un rincón oscuro junto a una entrada.

Daphne odora. Perfume de invierno sin rival, en enero y febrero, sobre un arbusto compacto perennifolio. Quiere suelo ácido o neutro, muy drenado, y semisombra. Es exigente y de vida a veces corta. Toda la planta es muy tóxica, especialmente los frutos, así que hay que pensárselo dos veces si hay niños pequeños.

Los viburnos, y en particular el durillo

El durillo (Viburnum tinus) es la mejor opción para casi cualquier jardín peninsular. Es un arbusto perennifolio autóctono del Mediterráneo, resistente a la caliza y a la sequía una vez arraigado, que florece de noviembre a abril con corimbos blancos que salen de yemas rosadas, seguidos de frutos azul metálico. Forma setos densos plantado a 80 o 100 centímetros y no pide prácticamente nada. Sus frutos son ligeramente tóxicos por ingestión.

De los caducifolios, el Viburnum × bodnantense 'Dawn' y el Viburnum farreri (que aún circula como V. fragrans) florecen sobre ramas desnudas de noviembre a marzo, con ramilletes rosa pálido muy fragantes, escalonados a lo largo de todo el invierno.

Amarillos de invierno: mahonias y jazmín

Las mahonias (Mahonia aquifolium, M. × media 'Charity' y afines) dan racimos amarillos aromáticos de noviembre a febrero sobre follaje perenne y espinoso. Al contrario de lo que se lee a veces, prefieren semisombra o sombra: en pleno sol y suelo seco sufren y aparecen el oídio y las quemaduras foliares. Son ideales para masas bajo arbolado y para zonas de paso donde su follaje espinoso disuada.

El jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) es una de las plantas más agradecidas que existen: caducifolio, florece de diciembre a marzo en amarillo intenso sobre tallos verdes desnudos, tolera caliza, sequía, frío y podas duras. No trepa por sí solo, hay que atarlo a un alambre o dejarlo caer desde un muro, donde forma una cascada. Se poda justo después de florecer.

Y el membrillero de flor (Chaenomeles speciosa y C. × superba) aporta rojos y rosas fuertes sobre ramas espinosas, de enero a marzo, en pleno sol y con muy pocas exigencias de suelo. Aguanta bien la caliza.

Bulbos y vivaces que asoman en invierno

Los narcisos son el grupo más fiable en España. El Narcissus papyraceus crece silvestre en buena parte del sur y el este y florece en pleno invierno, entre noviembre y febrero, sin ninguna ayuda. Después vienen los Narcissus pequeños de febrero y las variedades de jardín de marzo.

Las campanillas de invierno (Galanthus nivalis), los crocus, el acónito de invierno (Eranthis hyemalis) y el Cyclamen coum son espectaculares, pero necesitan inviernos fríos de verdad y veranos que no cuezan el bulbo. En la cornisa cantábrica, en zonas de montaña y en el interior norte funcionan; en el litoral mediterráneo y en el sur, casi nunca se naturalizan.

La joya para jardín mediterráneo seco es el Iris unguicularis, el lirio de invierno. Da flores lilas o violeta, perfumadas, de noviembre a marzo, y quiere exactamente lo que muchos jardines españoles ofrecen de serie: pleno sol, suelo pobre, calizo, muy drenado y nada de riego en verano. Cuanto peor lo tratas, mejor florece.

Acidófilas: el jardín de invierno del norte

Si tu suelo es ácido y el clima húmedo, se abre otro repertorio. Las camelias son el emblema: Camellia sasanqua florece de octubre a diciembre y Camellia japonica de febrero a abril, ambas mejor orientadas al este o al norte, protegidas del sol de mediodía y del viento seco. Puedes ver más en camelias, conocerlas es amarlas.

Los brezos son la excepción interesante del grupo: Erica carnea y Erica × darleyensis toleran suelos ligeramente calizos, a diferencia del resto de ericáceas, y florecen de diciembre a abril cubriendo taludes en masas de magenta, rosa y blanco. Hay más detalle en brezo, un vivo toque magenta.

Pieris japonica y Skimmia japonica completan el cuadro, con floración de final de invierno, follaje decorativo y frutos rojos en el caso de la skimmia. Los dos exigen suelo ácido, fresco, humedad ambiental y sombra. Fuera del norte peninsular son plantas de maceta con sustrato para acidófilas y agua descalcificada.

Una advertencia sobre la mimosa

La mimosa (Acacia dealbata) florece en enero y febrero y es una imagen habitual del invierno en Galicia y el noroeste. Conviene saber que está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. Eso implica que su comercialización, plantación, posesión y tráfico están prohibidos en España, con las excepciones que el propio real decreto contempla.

El motivo es su comportamiento: rebrota de raíz, produce enormes cantidades de semilla que germina tras el fuego y desplaza a la vegetación autóctona en el noroeste peninsular. Si buscas un amarillo perfumado de invierno, el Chimonanthus praecox, la Coronilla valentina subsp. glauca o el propio jazmín de invierno cumplen la misma función sin ese problema.

Cómo montarlo en un jardín pequeño

No hace falta espacio. Con tres plantas bien elegidas hay flor de noviembre a marzo: un durillo como fondo perenne, un jazmín de invierno sobre el muro y un grupo de heléboros a sus pies, en la parte sombreada. Sobre eso, un puñado de narcisos plantados en octubre.

Si tienes sitio para una cuarta y el suelo lo permite, una Sarcococca junto a la puerta de entrada compensa como pocas cosas: no se ve, pero se huele desde varios metros en pleno enero.

En resumen

El jardín de invierno se construye eligiendo por suelo y clima. En terreno calizo y clima mediterráneo: durillo, jazmín de invierno, membrillero de flor, Iris unguicularis, narcisos, romero, Coronilla y heléboros a la sombra. En suelo ácido y clima húmedo del norte: camelias, brezos, Hamamelis, Pieris y Skimmia.

Planta las especies perfumadas donde pases todos los días, no al fondo de la parcela. Ten en cuenta que heléboros y Daphne son tóxicos por ingestión. Y evita la mimosa (Acacia dealbata): figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y su plantación está prohibida.


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