El coleccionismo de cactus y suculentas engancha porque el catálogo no se agota nunca: plantas que imitan piedras, columnas retorcidas en espiral, esferas casi perfectas, cascadas de tallos peludos. Algunas son obra de la evolución en los sitios más secos del planeta; otras son cultivares y formas monstruosas seleccionadas en vivero.
Aquí van diez de las más buscadas, con lo que hay que saber de cada una y, al final, el manejo común que todas necesitan. Un aviso previo: casi todas ellas necesitan mucha más luz de la que hay dentro de una casa. Su sitio es una terraza, un balcón o un invernadero, con resguardo en invierno.
Euphorbia obesa, una rara pariente de la flor de Pascua, a la izquierda. A la derecha, Myrtillocactus geometrizans 'Fukurokuryuzinboku'.
Cinco cactus de forma imposible
Myrtillocactus geometrizans 'Fukurokuryuzinboku'. Cultivar japonés de un cactus columnar de la meseta central mexicana. Lo que lo hace único es el relieve: los tallos quedan totalmente recubiertos de tubérculos hinchados y redondeados, sin la geometría regular de las costillas de la especie tipo. Color gris azulado. Es de crecimiento relativamente rápido para un cactus y aguanta bien la maceta durante años. La especie silvestre produce en México unos frutos pequeños y dulces conocidos como garambullo, aunque el cultivar rara vez fructifica en colección.
Cereus forbesii 'Spiralis'. Las costillas, en lugar de subir rectas, giran en hélice alrededor del tallo. Es un cultivar de origen sudamericano difundido en Europa desde finales del siglo pasado, que forma varios tallos de color verde azulado y con los años alcanza bastante altura. Da flores grandes, nocturnas y muy vistosas en verano. Como todo Cereus, es de crecimiento vigoroso: cuenta con trasplantarlo cada pocos años.
Cleistocactus winteri subsp. colademononis. Se sigue vendiendo con su nombre antiguo, Hildewintera colademononis, y el epíteto lo dice todo: cola de mono. Erguido de joven, con el tiempo ramifica desde la base y forma cascadas de tallos largos y colgantes cubiertos de un vello blanco y suave, formado por espinas finísimas y flexibles que no pinchan. Procede de paredes rocosas del oriente boliviano, en Santa Cruz. Da flores carnosas de color entre rojo y magenta a lo largo de los tallos, de primavera a verano. Es una planta para colgar, no para tiesto de mesa.
Eulychnia castanea 'Varispiralis'. Forma torsionada de un cultivar monstruoso de una especie columnar del norte de Chile. Los tubérculos no crecen como bultos aislados sino como gruesas espirales continuas separadas por espinas largas, de modo que vista desde arriba parece una pila de anillos verdes claros. Alcanza un par de metros con el tiempo y ramifica desde la base. Existe también una forma crestada, todavía más extravagante y más cara.
Euphorbia obesa. No es un cactus: es una euforbia sudafricana, pariente de la flor de Pascua y de las euforbias mediterráneas. La convergencia de formas con los cactus es un ejemplo de manual. Forma una esfera de tallos verde azulada con bandas transversales pardo rojizas y unas costuras longitudinales muy marcadas. Sus flores son ciatos, la estructura en copa característica del género, y aparecen en el ápice. Es dioica, así que hacen falta dos pies para obtener semilla.
Cinco suculentas que parecen otra cosa
Euphorbia meloformis f. variegata. También sudafricana y también esférica, pero con costillas marcadas y pequeños tubérculos rojizos alineados en las crestas. La forma variegada es la codiciada: bandas y manchas blanquecinas o amarillentas sin clorofila alternando con el verde. Precisamente por esa falta de clorofila crece más despacio y es más delicada que la forma verde. Prefiere sombra ligera y no baja de unos 10 ºC.
Adromischus marianae f. herrei. Una crasulácea sudafricana enana que parece un montón de guijarros llenos de aristas. Rara vez pasa de diez centímetros y forma grupos desordenados de hojas rugosas y verrugosas. El cultivar 'Red Coral' es el más buscado, de color púrpura intenso que se acentúa con luz solar directa. Es de las pocas suculentas cuya belleza está enteramente en la textura de la hoja.
Pleiospilos nelii 'Royal Flush'. De la familia de las aizoáceas, la misma de los lithops, y nativa de zonas arenosas de Sudáfrica. Sus dos pares de hojas gruesas y hendidas imitan bolos de granito. El cultivar 'Royal Flush' es el de tonos púrpuras. La flor es desproporcionadamente grande respecto a la planta, fucsia radiante con estambres amarillos, y aparece entre finales de invierno y primavera. Crece muy lentamente.
Lithops optica var. rubra. Los lithops son aizoáceas, no cactáceas, y se conocen como plantas piedra porque imitan los cantos rodados de los pedregales del sur de África donde viven, casi enterradas y con solo una ventana traslúcida asomando por la que entra la luz. Esta variedad namibia luce una coloración púrpura excepcional y da flores blancas en otoño. Con los años forma colonias de muchas cabezas.
Lithops gracilidelineata. Apenas tres centímetros de altura y una capacidad de camuflaje total sobre la grava de cuarzo blanco de su zona de origen, también en Namibia. Flores amarillas de unos cinco centímetros. Los ejemplares suelen mantenerse solitarios y se propaga sobre todo por semilla.
El manejo común: luz, sustrato, agua
Luz. Todas ellas quieren muchísima. En verano viven perfectamente al aire libre, en un balcón o terraza, con sombreo ligero en las horas centrales para las que vienen de vivero acostumbradas a malla y para las variegadas, que se queman. Dentro de casa, solo pegadas a la ventana más luminosa y sabiendo que es una solución de invierno, no permanente.
Sustrato. Muy mineral. La proporción habitual es de al menos un 50 por ciento de árido, pumita, grava fina, arena silícea lavada o akadama, mezclado con un sustrato para cactus. Para los lithops y los pleiospilos conviene subir a un 70 u 80 por ciento de mineral, porque un exceso de materia orgánica les revienta las hojas.
Maceta. Con drenaje, siempre. Los lithops y demás plantas piedra necesitan tiestos profundos, porque su raíz principal desciende bastante más de lo que sugiere el tamaño de la planta visible.
Riego. Empapar y luego dejar secar por completo, nunca chorritos frecuentes. De primavera a otoño, cada una o dos semanas según calor y tamaño de tiesto; en invierno, prácticamente nada.
Invierno. Cuando el termómetro se acerque a los 10 ºC, a cubierto: un lugar muy luminoso, fresco y seco. La combinación de frío y sustrato húmedo es lo que las mata.
Los lithops tienen su propio calendario
Merece un apartado porque es la causa de que tantos coleccionistas los pierdan. Los lithops renuevan sus hojas una vez al año: en invierno y primavera, el par nuevo crece a costa del viejo, que se va consumiendo hasta quedar como una piel de papel.
Durante ese proceso no se riegan. Ni una gota, desde que aparece el par nuevo hasta que el viejo está totalmente seco y arrugado, lo que suele ocurrir hacia finales de primavera. Regar en ese momento hace que la planta se hinche y reviente, o que produzca dos pares de hojas superpuestos que la debilitan. Después de la renovación se riega espaciadamente en verano, algo más en otoño, que es cuando florecen, y nada de nuevo en pleno invierno.
Precauciones al comprar y al manipular
Las euforbias suculentas tienen un látex blanco cáustico. Irrita la piel de forma seria, y en los ojos puede provocar daños importantes. Guantes y gafas al podar o trasplantar, y lavarse de inmediato si salpica. Si entra en contacto con los ojos, hay que acudir al médico.
Sobre la legalidad, un dato concreto que conviene conocer: la familia de las cactáceas figura en su totalidad en el Apéndice II del convenio CITES, y también las euforbias suculentas. En la práctica esto significa que las plantas de colección deben proceder de propagación artificial y con la documentación en regla, algo normal en el comercio establecido. La recolección en la naturaleza y la compra de ejemplares de origen dudoso, especialmente por internet y desde fuera de la Unión Europea, están detrás de la presión sobre poblaciones silvestres de varias de estas especies.
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En resumen
Estas diez rarezas cubren el abanico de lo que hace interesante al coleccionismo de suculentas: cultivares monstruosos y espiralados de cactus columnares como el Myrtillocactus 'Fukurokuryuzinboku', el Cereus forbesii 'Spiralis' y la Eulychnia castanea 'Varispiralis'; formas naturales asombrosas como la cola de mono boliviana; y suculentas no cactáceas que imitan piedras, como Euphorbia obesa, los Pleiospilos y los Lithops.
El manejo es común a casi todas: mucha luz, mejor al aire libre en verano; sustrato con al menos la mitad de árido, y más en las plantas piedra; maceta con drenaje y profunda para los lithops; riego abundante seguido de secado completo; y resguardo luminoso y seco cuando la temperatura se acerca a los 10 ºC. Los lithops tienen un calendario propio marcado por la renovación anual de hojas, durante la cual no se riegan en absoluto. Y con las euforbias, guantes: su látex es cáustico.