La variedad de formas dentro de las plantas crasas es tan grande que resulta más útil conocerlas por géneros que por especies sueltas: cada género tiene su carácter, sus exigencias de luz y su ciclo, y saber a cuál pertenece una planta dice de inmediato cómo tratarla. Esta segunda parte repasa los géneros que más se encuentran en el comercio y los rasgos que permiten identificarlos. Los cuidados generales, riego, sustrato, luz y multiplicación, están en La creatividad de las crasas, primera parte.
Merece la pena avisar de algo antes de empezar: la nomenclatura de las suculentas está en revisión constante y muchas etiquetas de vivero conservan nombres antiguos. Aquí se indica el nombre con el que se venden habitualmente y, cuando ha cambiado, también el actual.
Unos largos y apretados rizos verdes distinguen a la Crassula Hottentot, también llamada collar de jade.
Aeonium
Rosetas planas sobre tallos leñosos más o menos ramificados, con aspecto de palmerita en miniatura. El género es sobre todo canario, con la mayor parte de sus casi cuarenta especies endémicas del archipiélago, y eso explica su comportamiento. Los hay verdes (Aeonium arboreum), casi negros (‘Zwartkop’), crema y verde (‘Sunburst’) o tricolores (‘Kiwi’), y el color se intensifica cuanto más sol reciben.
Dos particularidades que hay que conocer. La primera es su ciclo invertido: crecen en otoño, invierno y primavera y descansan en verano, cuando cierran las rosetas y sueltan las hojas inferiores. Eso no es un problema de riego, es lo normal. La segunda es que sus rosetas son monocárpicas: la roseta que florece muere después, aunque la planta sobrevive por las ramas laterales. En un ejemplar de un solo tallo sin ramificar, la floración es el final.
Cotyledon
Suculentas sudafricanas de hojas gruesas y opuestas, muchas de ellas cubiertas de una pruina blanca cerosa que las protege del sol y que se borra al tocarlas: las huellas quedan marcadas de forma permanente. Cotyledon orbiculata y sus formas onduladas tienen hojas anchas con el borde marcado en rojo. Cotyledon tomentosa, conocida como pata de oso, es distinta: hojas pequeñas, cubiertas de un fieltro gris y rematadas en unos dientes pardos que le dan un aspecto de zarpa.
Dan flores acampanadas colgantes, en tonos naranja y rojo, sobre tallos largos. Quieren pleno sol y muy poca agua. Conviene saber que varias especies del género son tóxicas por ingestión y han causado intoxicaciones en ganado.
Crassula
El género que da nombre a la familia, y el más diverso en formas. La más conocida es el árbol de jade (Crassula ovata), de tronco engrosado y hojas redondeadas y brillantes, que con los años forma un arbolito de aspecto de bonsái y puede vivir décadas. Sus variantes de hojas tubulares soldadas, ‘Gollum’ y ‘Hobbit’, y las de tonos rojizos al sol, como ‘Hummel’s Sunset’, se usan mucho en composiciones.
Pero el género va mucho más allá. Hay crásulas que parecen rizos apretados, otras con las hojas ensartadas en el tallo formando torres cuadradas (Crassula perforata, Crassula rupestris), otras que forman columnas densísimas de hojas superpuestas como un templo, y algunas con follaje escarlata al sol. Crassula muscosa, de tallos finos cubiertos de escamas verdes, parece un musgo rígido.
Casi todas quieren mucha luz y sequía. El árbol de jade es de las suculentas más tolerantes con el descuido, aunque no con el exceso de agua. Es levemente tóxico para perros y gatos.
Echeveria
Las rosetas más perfectas del mundo suculento, con alrededor de 150 especies mexicanas y centroamericanas y un número incontable de híbridos. El color va del verde azulado glauco (Echeveria elegans) al rosa, el lila (‘Perle von Nürnberg’) y el morado, con formas de borde ondulado y rizado (Echeveria shaviana) y otras de hoja aterciopelada (Echeveria pulvinata, Echeveria setosa).
Florecen en varas laterales arqueadas con flores acampanadas, y a diferencia de los sempervivos y los aeonios la roseta no muere al florecer. Producen hijuelos alrededor de la madre y se multiplican con enorme facilidad por hoja. Necesitan mucha luz: una echeveria que abre la roseta y se estira lo está pidiendo a gritos. Muchas están cubiertas de pruina, así que se manipulan por el tiesto y no por las hojas.
Haworthia y Haworthiopsis
Pequeñas rosetas de hojas puntiagudas que recuerdan a aloes en miniatura. El grupo se ha dividido recientemente en varios géneros, de modo que las de hoja dura y rayada en blanco, las más vendidas, hoy se llaman Haworthiopsis (la antigua Haworthia fasciata o attenuata), mientras que Haworthia conserva las de hoja blanda con ventanas translúcidas en la punta, como Haworthia cooperi y Haworthia retusa. Esas ventanas son una adaptación notable: en su hábitat la planta vive casi enterrada y solo asoma esa parte transparente, por la que entra la luz hacia el interior.
Son la excepción del grupo en cuanto a exposición. No toleran el sol directo, que las pone rojizas y les seca las puntas, y prefieren luz filtrada o sombra clara. Eso las convierte en las mejores suculentas para una habitación con ventana orientada al norte o al este. Se multiplican por hijuelos, no por hoja.
Kalanchoe
El más popular es Kalanchoe blossfeldiana, la planta de flor de interior que florece en los días cortos del invierno, pero el interés del género está sobre todo en el follaje. Kalanchoe luciae y Kalanchoe thyrsiflora, que se confunden con frecuencia, tienen hojas anchas y planas apiladas como discos, con los bordes teñidos de rojo cuando reciben sol. Kalanchoe tomentosa, la planta panda, tiene hojas afelpadas de gris plateado con motas pardas en el margen.
Aparte están los antiguos Bryophyllum, hoy incluidos en Kalanchoe, como Kalanchoe daigremontiana, que producen en el borde de las hojas hileras de plantitas completas, con raíces incluidas, que caen y enraízan solas. Esa capacidad las hace fascinantes en una maceta y problemáticas fuera de ella: en las zonas cálidas del país, y muy especialmente en Canarias, se han naturalizado y se comportan como invasoras. No deben tirarse a la basura vegetal ni al monte.
Todo el género contiene bufadienólidos, compuestos cardiotóxicos, y se considera tóxico por ingestión para perros y gatos.
Pachyphytum y Pachyveria
Hojas gruesas, redondeadas y muy carnosas, en el caso de Pachyphytum oviferum con forma y tamaño de huevo pequeño, cubiertas de una gruesa capa de pruina blanca que les da un aspecto casi irreal. Como en las echeverias, esa capa no se regenera y las huellas dactilares quedan grabadas.
Dan flores rojizas y blancas colgantes sobre un tallo arqueado. Los cruces con echeverias han producido los híbridos del género Pachyveria, que combinan la roseta ordenada de unas con la carnosidad de las otras. Cultivo idéntico al de las echeverias: mucha luz, sustrato mineral y riego muy espaciado.
Senecio y Curio
Un grupo muy heterogéneo del que se han separado recientemente varias especies al género Curio. Los más cultivados son los colgantes: el collar de perlas (Curio rowleyanus, antes Senecio rowleyanus), con hojas esféricas ensartadas en un hilo, y el collar de limones (Curio citriformis), de hojas en forma de gota puntiaguda. Ambos son ideales para cesta colgante y para estanterías altas.
Otros tienen hojas cilíndricas y azuladas dispuestas como dedos, o ramillas cubiertas de una felpa blanca densa, como Senecio haworthii. En general prefieren luz brillante pero filtrada, no sol directo, y son especialmente sensibles al exceso de agua: el collar de perlas se pudre con enorme facilidad si el riego es frecuente. Muchas especies del género contienen alcaloides pirrolizidínicos, que son hepatotóxicos, y se consideran tóxicas por ingestión para personas y animales.
Los géneros para tener fuera todo el año
La mayoría de lo anterior no aguanta las heladas. Para una terraza expuesta en el interior peninsular, los dos géneros a los que recurrir son otros.
Sempervivum, la siempreviva de tejados, forma rosetas apretadas que resisten fríos muy intensos y viven en un dedo de tierra, sobre un muro o entre piedras. Sus rosetas son monocárpicas, mueren tras florecer, pero para entonces han producido decenas de hijuelos alrededor. Sedum reúne desde tapizantes de pocos centímetros hasta vivaces erectas de medio metro que florecen a finales de verano, y muchas de sus especies son igualmente rústicas. Su cultivo está detallado en Sedums: mucha belleza, pocos cuidados.
A ellos se pueden sumar, en zonas de invierno suave y siempre con suelo seco, los ágaves y bastantes aloes, que aportan volumen y estructura a una composición de exterior.
Cómo combinarlos en una composición
Al montar un cuenco o una jardinera de suculentas, la regla que evita casi todos los fracasos es agrupar plantas con las mismas necesidades. Una haworthia de sombra y una echeveria de pleno sol en el mismo recipiente condena a una de las dos, y lo mismo ocurre al mezclar un aeonio, que crece en invierno, con especies que en esa época están en reposo y no deben regarse.
En cuanto a la composición visual, funciona bien combinar tres papeles: una planta alta o de tallo que dé altura (una crásula, un aeonio), varias rosetas de tamaño medio como masa principal (echeverias, pachifitos), y algo colgante que rompa el borde del recipiente (un collar de perlas, un sedum rastrero). Un acabado de gravilla mineral en la superficie unifica el conjunto, mantiene el cuello de las plantas seco y evita que salpique la tierra al regar.
En resumen
Los géneros que se encuentran habitualmente responden a perfiles bastante definidos: aeonios canarios de ciclo invertido que crecen en invierno y descansan en verano; cotiledones y pachifitos de hoja gruesa cubierta de pruina que no debe tocarse; crásulas de formas asombrosas y gran tolerancia al descuido; echeverias de roseta perfecta, que piden mucha luz y se multiplican por hoja; haworthias de sombra, las únicas para una ventana poco soleada; kalanchoes de follaje espectacular, y senecios colgantes que se pudren con facilidad.
Para exterior sin protección en clima frío, la respuesta son los sempervivos y los sedums. Al combinar varias en un mismo recipiente hay que agrupar las que comparten necesidades de luz, riego y estación de crecimiento. Y conviene tener presente que varios de estos géneros, en especial Kalanchoe, Cotyledon y Senecio, son tóxicos por ingestión, y que los kalanchoes que producen plantitas en el borde de las hojas se comportan como invasores en las zonas cálidas del país.