Las plantas crasas se han hecho un sitio en cualquier casa con luz porque parecen indestructibles, y en buena medida lo son. Pero se mueren, y casi siempre por lo mismo: exceso de agua y falta de luz. Ese es el resumen de todo lo que sigue. Una crasa a la que se riega poco y se le da mucha luz sobrevive a la ignorancia del que la cuida; una a la que se riega cada semana en un rincón oscuro se pudre en tres meses.

Lo interesante es que sus formas, esas rosetas geométricas, esos collares de cuentas, esos tallos que parecen colas de animal, no son un capricho decorativo sino soluciones a un problema concreto: cómo almacenar agua y perder la menos posible. Entender esa lógica es lo que hace que uno deje de seguir instrucciones y empiece a cuidarlas bien. Esta primera parte trata de qué son y cómo se cultivan; los géneros más interesantes están en La creatividad de las crasas, segunda parte.

Cuatro echeverias en recipientes individuales. Su bajo consumo de agua y sus raíces poco profundas permiten cultivarlas en recipientes con poca tierra.

Qué es una crasa y en qué se diferencia de un cactus

Suculenta es toda planta que almacena agua en hojas, tallos o raíces. No es una categoría botánica sino una estrategia, y por eso hay suculentas en familias que no tienen nada que ver entre sí: crasuláceas (echeverias, crásulas, sedums, kalanchoes), asfodeláceas (aloes, haworthias, gasterias), aizoáceas, apocináceas y euforbiáceas, entre otras. Los cactus, en cambio, sí son una familia concreta, las cactáceas, y se reconocen por la aréola, la almohadilla de la que salen espinas y flores. Una euforbia africana con espinas no es un cactus, y lo delata su látex blanco.

Cómo funcionan por dentro

La mayoría de las suculentas usan un tipo de fotosíntesis llamado metabolismo ácido de las crasuláceas, o CAM por sus siglas en inglés. Mantienen los estomas cerrados durante el día, cuando abrirlos supondría perder agua a chorros, y los abren de noche para capturar dióxido de carbono, que fijan en forma de ácido málico y almacenan en las vacuolas de las células. Al día siguiente, con los estomas ya cerrados, liberan ese carbono internamente y lo emplean en la fotosíntesis.

Es un sistema que ahorra agua de forma espectacular y tiene un precio: la planta crece despacio, porque el carbono que puede almacenar por la noche es limitado. De ahí que sea inútil intentar acelerarlas con abono y riego.

El resto de su anatomía sigue la misma lógica. La cutícula cerosa impermeabiliza la hoja. La pruina, el polvillo blanco azulado de muchas echeverias, refleja la radiación solar; se borra con el dedo y no se regenera, así que las huellas quedan marcadas para siempre. Y las raíces son superficiales y extendidas, para aprovechar la lluvia escasa antes de que se evapore, motivo por el cual viven bien en recipientes anchos y poco profundos.

Luz: el factor que más se descuida

La mayoría necesita mucha luz, y una casa tiene mucha menos de lo que parece. La señal de que falta es inequívoca: la planta se ahíla, los entrenudos se alargan, la roseta se abre y pierde compacidad y los colores rojizos o azulados se apagan hacia el verde. Ese estiramiento no se corrige, hay que decapitar y reenraizar la punta.

En interior, el sitio es junto a una ventana al sur o al oeste, lo más cerca posible del cristal. En exterior, la mayoría agradece pleno sol, con excepciones: las haworthias, las gasterias y muchos senecios se queman al sol directo y prefieren luz filtrada, y los aeonios necesitan sombra en las horas centrales del verano.

El cambio de interior a exterior debe ser gradual. Una planta que ha pasado el invierno junto a una ventana y se saca de golpe al sol de abril se quema en un día, con manchas pardas que no desaparecen. Se aclimata sacándola una hora el primer día e incrementando la exposición durante dos semanas. Lo mismo vale para plantas recién compradas, que suelen venir de invernadero sombreado.

Riego: remojar y dejar secar

La pauta correcta no es regar poco cada vez: es regar bien y espaciar mucho. Se moja todo el volumen del sustrato hasta que salga agua por los agujeros, se vacía el plato y no se vuelve a regar hasta que el sustrato esté seco por completo, incluida la parte profunda. En verano, en una terraza, eso puede ser cada diez o quince días; en interior, mucho menos.

En invierno la mayoría entra en reposo y el riego se reduce al mínimo o se suspende, sobre todo si están a la intemperie o en un sitio frío. El agua en el sustrato con temperaturas bajas es la combinación que las mata.

Hay una excepción que casi nadie menciona: los aeonios y otras suculentas canarias crecen en otoño e invierno y descansan en verano, al revés que las demás. En agosto cierran las rosetas y pierden las hojas de abajo, y eso no es sed sino su ciclo normal. Regarlas entonces es la forma más rápida de pudrirlas.

Se riega siempre el sustrato y no la planta: el agua acumulada en el centro de una roseta quema al sol y pudre el corazón si el ambiente es fresco.

Sustrato, maceta y trasplante

El sustrato tiene que drenar rápido. Los comerciales para cactus y crasas sirven, aunque muchos llevan demasiada turba; mejoran añadiéndoles un tercio o la mitad de material mineral: perlita, arena de sílice gruesa, puzolana o gravilla volcánica. Un sustrato mayoritariamente mineral es más difícil de estropear con un riego de más.

La maceta debe tener agujero de drenaje, sin excepción, y ser proporcionada al cepellón: un tiesto grande retiene humedad demasiado tiempo alrededor de unas raíces pequeñas. El barro sin esmaltar, que transpira, ayuda a quien tiende a regar de más.

El trasplante se hace en primavera, con el sustrato seco. Conviene manipularlas con delicadeza: las hojas se desprenden con nada y cualquier herida es puerta de entrada para los hongos. Después se espera una semana antes del primer riego, para que las raicillas rotas cicatricen.

Frío: cuáles aguantan y cuáles no

Aquí hay muchísima diferencia entre géneros y conviene no generalizar.

  • Muy rústicas. Los sempervivos y buena parte de los sedums resisten fríos intensos y pueden quedarse fuera todo el año en casi toda España. Son la mejor opción para una terraza sin protección.
  • Rústicas con matices. Muchos ágaves y algunos aloes aguantan heladas ligeras si el sustrato está seco.
  • Sensibles. Echeverias, crásulas, kalanchoes, pachifitos y aeonios sufren cerca de los cero grados y mueren con heladas. En zonas de helada se entran en invierno o se cubren.

Un dato clave: la resistencia al frío de una suculenta depende de la humedad. La misma planta que aguanta una helada seca muere con una helada tras días de lluvia. En el litoral mediterráneo, donde apenas hiela, la mayoría pasa el invierno fuera sin problema si se las protege de la lluvia continuada.

Abonado, plagas y problemas

El abonado es mínimo y solo para las de maceta: un fertilizante específico para cactus y crasas, bajo en nitrógeno, de marzo a septiembre, a la dosis del envase o a la mitad, y siempre sobre sustrato humedecido para no quemar las raíces. Abonar de más produce crecimientos blandos y plantas frágiles.

Los problemas habituales tienen causas identificables:

  • Base blanda, oscura y con mal olor: podredumbre por exceso de agua. Se corta por encima de la zona sana y se reenraíza la parte buena; la planta original no se recupera.
  • Cochinilla algodonosa: las motas blancas algodonosas en las axilas de las hojas. Aparece con poca ventilación y sombra. Existe también una cochinilla de raíz, que solo se ve al sacar el cepellón y es la causa de muchas plantas que se paran sin motivo aparente.
  • Araña roja: con calor y aire seco; deja un punteado plateado o pardo en la superficie de las hojas.
  • Manchas pardas secas: quemadura solar por exposición brusca. No desaparecen.
  • Hojas amarillentas y blandas: casi siempre exceso de riego.

Multiplicación

Es la parte más agradecida del cultivo. Hay tres caminos y los tres funcionan.

Por hoja. Válido en echeverias, crásulas, sedums, pachifitos y graptopétalos. Se separa una hoja sana tirando con un giro suave, procurando que salga entera con su base; una hoja rota por la mitad no brota. Se deja cicatrizar dos o tres días a la sombra, se apoya sobre sustrato seco sin enterrarla y se pulveriza cada pocos días. En dos o tres semanas emite raíces y una plantita, y la hoja madre se consume.

Por esqueje de tallo. Se corta una punta con varias hojas, se dejan cicatrizar el corte dos o tres días y se planta en sustrato ligeramente húmedo. Es el método para las que forman tallo, como aeonios, crásulas o kalanchoes, y el que sirve para recuperar una planta ahilada o pudrida por abajo.

Por hijuelos. Muchas producen rosetas hijas alrededor de la madre. Se separan con un poco de raíz y se plantan directamente. Es el sistema más rápido y seguro.

La época buena es la primavera y el principio del verano. Lo que hay que evitar siempre es regar antes de que aparezcan raíces: la humedad sobre un tejido sin cicatrizar produce podredumbre.

Toxicidad y una advertencia

Bastantes suculentas populares son tóxicas por ingestión. Los kalanchoes contienen bufadienólidos cardiotóxicos y son un motivo frecuente de consulta veterinaria. Las euforbias suculentas segregan un látex blanco muy irritante que puede causar quemaduras en la piel y lesiones serias si alcanza los ojos, así que se podan con guantes y gafas. Varias especies de Senecio y de Cotyledon también son tóxicas. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.

Y una advertencia de otro tipo. La uña de gato (Carpobrotus edulis), suculenta rastrera muy plantada en taludes del litoral, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, que prohíbe su comercialización, tenencia y plantación en España: forma tapices densos que asfixian la vegetación de dunas y acantilados. Tampoco deben tirarse restos de poda de suculentas al monte o cerca de la costa, porque muchas enraízan a partir de un fragmento.

En resumen

Las crasas son plantas que han resuelto la escasez de agua almacenándola y abriendo los estomas solo de noche, lo que las hace ahorradoras y lentas. Cultivarlas bien consiste en darles mucha luz, aclimatándolas poco a poco a cualquier cambio de exposición, y regarlas empapando el sustrato y dejándolo secar del todo antes del siguiente riego, con el riego casi suspendido en invierno.

El sustrato debe ser mayoritariamente mineral, la maceta con agujero y proporcionada, el abonado escaso y el trasplante en primavera. Los sempervivos y muchos sedums aguantan el invierno a la intemperie en casi toda España; echeverias, crásulas, kalanchoes y aeonios no. Y multiplicarlas por hoja, esqueje o hijuelo es sencillo si se respeta la regla de dejar cicatrizar el corte antes de plantar y no regar hasta que haya raíces.


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