Las mascotas de tamaño pequeño se han vuelto la opción por defecto en la ciudad: ocupan poco, comen menos, se transportan con facilidad y encajan mejor en un piso con terraza que un perro de treinta kilos. Hasta ahí, todo cierto. El problema empieza cuando el tamaño pequeño se vende como una categoría de producto, con etiquetas tipo toy, mini o de bolsillo, y se olvida que debajo hay un animal con las mismas necesidades de ejercicio, descanso, alimentación y compañía que cualquier otro.

Este artículo va de eso: qué tiene sentido de la moda mini, qué no lo tiene, y cómo se adapta el espacio verde de casa (la terraza, el balcón, las macetas del salón) a un animal que pesa dos kilos y que llega a todo lo que esté a menos de medio metro del suelo. Porque en un piso, el jardín está a la altura del animal, y ahí las plantas dejan de ser decoración para convertirse en algo que hay que elegir con criterio.

Qué es "mini" y qué no lo es

Conviene separar dos cosas que suelen mezclarse. Por un lado están las razas que son pequeñas de por sí, con siglos de historia y un estándar estable: chihuahua, bichón maltés, bichón frisé, papillón, caniche toy, pequinés, yorkshire terrier o shih tzu, entre las caninas. Por otro está la miniaturización forzada, que consiste en seleccionar generación tras generación los ejemplares más pequeños de una raza que no lo es tanto, o cruzar buscando el enanismo. Lo primero es una raza; lo segundo es una tendencia comercial, y las etiquetas teacup o de bolsillo no corresponden a ningún estándar reconocido.

En gatos ocurre algo parecido con la Munchkin y sus cruces, cuyo enanismo procede de una mutación que acorta las extremidades. Varias federaciones felinas no la reconocen precisamente por motivos de bienestar. Y en aves y conejos también existen las variedades enanas, con el conejo belier o el toy de menos de dos kilos como ejemplos habituales en casas españolas.

Sobre las gallinas enanas conviene un aviso previo: son animales de corral y la mayoría de las ordenanzas municipales españolas restringen o prohíben tener aves de corral en suelo urbano. Antes de plantearse un gallinero en un patio de ciudad, hay que mirar la ordenanza del municipio.

Los puntos débiles del tamaño pequeño

Un cuerpo pequeño no es un cuerpo en miniatura sin más. La estructura ósea es más frágil, el aparato digestivo tiene poca capacidad y la termorregulación es peor, así que pasan frío antes que un perro grande. Las razas toy tienen documentada una mayor predisposición a la luxación de rótula, a los problemas dentales por apiñamiento en una mandíbula corta y, en los ejemplares más extremos, a la hipoglucemia y a defectos de cierre del cráneo. Cuanto más se fuerza el tamaño hacia abajo, más aparecen estos problemas.

En alimentación, la clave no es la marca sino la constancia: raciones ajustadas, pesadas y repartidas, y control del peso. El sobrepeso castiga más a un esqueleto pequeño, y las golosinas que a un perro grande apenas le suponen nada a uno de dos kilos le suponen una parte importante de lo que come en el día. El mismo razonamiento vale para lo que mordisquean fuera del plato, que es donde entran las plantas.

Y una advertencia sobre el carácter: no hay ninguna ley que diga que un perro pequeño sea nervioso, ladrador o territorial por naturaleza. Lo que sí ocurre es que a un animal pequeño se le permite lo que a uno grande no, se le coge en brazos para resolver cualquier situación y se le educa menos. El resultado se atribuye luego al tamaño. También conviene vigilar el trato de los niños, que tienden a tomarlos por juguetes.

La terraza y el balcón con un animal pequeño

La zona verde de un piso suele ser una terraza, un balcón o un grupo de macetas. Con un animal de pocos kilos suelto por ahí, hay cuatro cosas que revisar antes que las plantas:

  • La barandilla. Un perro de dos kilos, un gato joven o un conejo pasan por huecos que parecen estrechos. Una malla o red bien fijada resuelve el problema y es lo primero que hay que instalar.
  • Las macetas colgantes y las estanterías. Un gato salta a todas ellas. Lo que esté en alto no está fuera de su alcance, solo fuera del alcance del perro.
  • Los platos de las macetas. El agua estancada acumula restos de abono y es justo la que se beben.
  • Los productos. Abonos líquidos, insecticidas, bolitas contra caracoles y babosas y cebos para roedores no se guardan en la terraza cuando hay un animal suelto. La harina de hueso y la de sangre huelen a comida y son especialmente atractivas para perros y gatos.

Un detalle que se olvida: el acolchado de cáscara de cacao, que se vende como cubresuelos decorativo, contiene teobromina, el mismo compuesto tóxico del chocolate. No debe usarse en macetas ni parterres accesibles a perros. Cualquier corteza de pino o grava sirve igual de bien para conservar la humedad.

Plantas tóxicas al alcance de un animal pequeño

En un piso, la maceta está en el suelo y el animal duerme al lado. Estas son las especies que más conviene revisar:

  • Para gatos, los lirios. El género Lilium y también Hemerocallis son gravemente tóxicos para el gato: hojas, flores, polen y el agua del jarrón. Es la planta que hay que sacar de casa sin discusión si hay un gato, incluida cualquier composición floral regalada.
  • Aráceas de interior: potos (Epipremnum aureum), difenbaquia (Dieffenbachia), filodendro, monstera, calas y espatifilo. Contienen cristales de oxalato cálcico en toda la planta e irritan boca y garganta al masticarlas.
  • Cica (Cycas revoluta), muy vendida como planta de terraza. Toda la planta es tóxica para el perro y las semillas son la parte más peligrosa.
  • Adelfa (Nerium oleander), habitual en terrazas del sur y del levante, tóxica en todas sus partes.
  • Bulbos de narciso, tulipán, jacinto y amarilis, con la mayor concentración de tóxicos en el propio bulbo, que es lo que un perro pequeño desentierra cuando escarba.
  • Azaleas y rododendros, dedalera (Digitalis purpurea), tejo (Taxus baccata) y ricino (Ricinus communis).
  • Euforbias, incluida la flor de Pascua, por el látex irritante.
  • En la cocina, para el perro: uvas y pasas, y el género Allium (cebolla, ajo, puerro, cebollino), también cocinados o en polvo. Para el gato, además, las mismas Allium.

Si el animal ha mordido o tragado parte de una planta, la indicación es acudir al veterinario y llevar una hoja o una fotografía para identificarla. No hay remedios caseros que sirvan y no conviene provocar el vómito por cuenta propia. Puedes ampliar la lista en plantas tóxicas para gatos y en plantas tóxicas para perros.

Plantas que sí les convienen

La otra cara de la moneda es más agradecida. Con un gato en casa, una maceta de hierba gatera (Nepeta cataria) en la terraza le da un sitio propio donde revolcarse, y una bandeja con hierba de gato (avena, trigo o cebada germinados, que se siembran en cualquier recipiente bajo y crecen en pocos días) le da la fibra que muchos gatos buscan para ayudar a expulsar las bolas de pelo. Es, además, la mejor manera de que deje en paz el resto de las plantas: si tiene la suya, mordisquea la suya. El paragüitas (Cyperus alternifolius) cumple una función parecida y aguanta bien el mordisqueo.

Para pájaros pequeños, las espigas de mijo y el alpiste son el complemento clásico y se pueden cultivar en maceta. Para conejos y cobayas, la base de la dieta es el heno, siempre, y algunas aromáticas de maceta (albahaca, menta, cilantro, perejil, hojas de zanahoria) sirven como complemento en pequeña cantidad, nunca como sustituto. En todos los casos, plantas cultivadas por ti y sin tratar con ningún fitosanitario.

En resumen

Lo razonable de las mascotas pequeñas es que se adaptan mejor a un piso y a una vida urbana. Lo que no se sostiene es la miniaturización forzada como reclamo: cuanto más se estira el tamaño hacia abajo, más problemas de salud aparecen, y ningún animal es un accesorio de bolsillo. Antes de elegir por tamaño conviene pensar en tiempo disponible, ejercicio diario y años de compromiso, y mirar primero en las protectoras, donde hay muchos animales pequeños esperando.

En cuanto al espacio verde, un animal de pocos kilos vive a la altura de las macetas. Malla en la barandilla, productos de jardinería guardados, nada de acolchado de cacao, fuera lirios si hay gato y fuera cica, adelfa, aráceas y bulbos al alcance. A cambio, una maceta de hierba gatera y una bandeja de avena germinada resuelven la convivencia mejor que cualquier prohibición.


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