Bajo el nombre de magnolia caben dos plantas que se parecen poco en el jardín. Una es el magnolio de hoja perenne, Magnolia grandiflora, un árbol grande y oscuro que abre flores blancas enormes en verano entre el follaje. La otra es el grupo de las magnolias caducas, Magnolia x soulangeana, Magnolia stellata y compañía, que a finales de invierno se cubren de flor con las ramas todavía desnudas y luego sacan la hoja. Si vas a comprar una, esa es la primera decisión y condiciona todo lo demás.
La segunda cosa que conviene saber antes que ninguna otra: el género es acidófilo. En los suelos calizos de buena parte del este y el sur de España, y con agua de riego dura, la magnolia amarillea entre los nervios y se queda clavada. No es falta de abono ni de riego, es clorosis férrica, y es el motivo número uno por el que fracasan las magnolias recién plantadas aquí.
Magnolia caduca en plena floración, con la flor abierta antes de que salga la hoja. Es la estampa que la hace reconocible a finales de invierno.
Una flor muy anterior a las abejas
Las magnoliáceas pertenecen a uno de los linajes más antiguos de las plantas con flor, y su flor lo delata en varios detalles que se ven a simple vista.
No tiene pétalos y sépalos diferenciados. Lleva tépalos, piezas iguales entre sí dispuestas en varios verticilos, porque la separación entre cáliz y corola es una especialización posterior que este grupo nunca llegó a adquirir. Lo mismo pasa en tulipanes y narcisos, aunque por otros caminos.
En el centro, en lugar de un pistilo único, hay un eje alargado con muchos carpelos independientes dispuestos en espiral y, debajo, muchos estambres también en espiral. Los carpelos son duros y correosos, y esa dureza tiene una explicación: la flor la polinizan escarabajos, que no liban con delicadeza sino que mastican y se revuelcan dentro. El linaje es anterior a la aparición de las abejas, así que la flor se construyó para el visitante que había entonces. La propia flor se calienta ligeramente y desprende aroma para retenerlos dentro durante horas.
Del conjunto de carpelos sale luego el fruto, que no parece un fruto: un cono leñoso con forma de piña pequeña que, al madurar, se abre y deja colgando de un hilo unas semillas rojas y carnosas. Es de las cosas más bonitas y menos fotografiadas del árbol, y ocurre en otoño.
Los tipos que de verdad vas a encontrar
Magnolia grandiflora. Perenne, del sureste de Estados Unidos. Árbol de gran porte, de copa densa y hoja gruesa, brillante por el haz y a menudo con un fieltro pardo ferruginoso por el envés. Florece en verano, con flores blancas muy grandes y muy perfumadas que van abriendo de una en una durante semanas. Es la magnolia de los paseos y jardines históricos del norte y del noroeste. Pide espacio de verdad y no es planta para un patio pequeño. Los cuidados, en la ficha de la Magnolia grandiflora.
Magnolia x soulangeana. Caduca, híbrida, y con diferencia la más plantada en jardín particular. Porte de arbolito o arbusto grande de varios troncos, y flores en copa, blancas con la base rosada o púrpura, abiertas antes que la hoja. Tiene el problema clásico de florecer pronto y perder la flor en una helada tardía, que es lo que se explica en la ficha del híbrido.
Magnolia stellata. Caduca y japonesa, la más pequeña del grupo habitual. Arbusto de crecimiento lento con flores de muchos tépalos estrechos, en estrella, blancas o rosadas, que abren todavía antes que las de la soulangeana. Es la opción sensata cuando el sitio es corto, y tienes su cultivo en la ficha de la Magnolia stellata.
Magnolia liliiflora. Caduca, arbustiva, de flor estrecha y púrpura por fuera. Es uno de los dos padres de la soulangeana y también se planta por sí sola.
Magnolia denudata, el yulan chino, caduca y de flor blanca pura, es el otro padre y una planta con siglos de cultivo en China.
Magnolia sieboldii. Caduca, de floración más tardía y flor algo colgante, blanca, con el manojo de estambres de un rojo intenso en el centro. Menos frecuente en vivero y muy agradecida en clima fresco.
A partir de ahí, el vivero vende sobre todo cultivares, es decir, selecciones con nombre propio que se escriben entre comillas simples y sin cursiva. Los híbridos modernos de flor amarilla, por ejemplo, proceden del cruce con Magnolia acuminata, la magnolia pepinillo norteamericana. Casi todos van injertados, y de ahí que un ejemplar de vivero florezca al poco de plantarlo mientras una planta de semilla tarda años.
Flor en copa, con los tépalos rosados por fuera y más claros por dentro. Es la forma típica de las magnolias caducas de jardín.
Tamaño, espacio y dónde no plantarla
Las dos familias piden cosas muy distintas. La grandiflora es un árbol de sombra densa y permanente, con raíces superficiales y extendidas, que acaba ocupando mucho y que no conviene arrimar a un pavimento, a un muro o a un lindero. Bajo su copa no crece casi nada, entre la sombra cerrada y la hojarasca coriácea que tarda en descomponerse, así que conviene decidir desde el principio que ese trozo de jardín va a ser sombra y no césped.
Las caducas son otra cosa: arbolitos o arbustos grandes, de crecimiento lento y copa abierta, que caben en un jardín normal y que en invierno dejan pasar la luz. También tienen raíces superficiales y carnosas, y eso tiene dos consecuencias prácticas: se estropean si cavas alrededor, y agradecen un acolchado en vez de laboreo.
En las dos, la poda sobra. La magnolia cicatriza mal y su forma natural es la buena. Se quita lo seco y poco más.
Dónde prospera en España
El norte atlántico y la cornisa cantábrica son su terreno ideal: suelos ácidos, humedad, veranos suaves. Galicia, Asturias y el norte de Portugal están llenos de magnolios enormes, y no es casualidad.
En el interior peninsular el problema no es tanto el frío del invierno, que aguantan, como la helada tardía de marzo sobre las caducas ya en flor y el golpe de calor seco del verano. Una posición resguardada del viento y del sol de poniente cambia bastante el resultado.
En el litoral mediterráneo y en el sur manda el suelo. Sobre caliza, y regando con agua dura, la magnolia va a clorosarse tarde o temprano. La salida realista es plantarla en un sustrato ácido bien preparado o directamente en maceta grande, regar con agua de lluvia cuando puedas y olvidarte de corregir un suelo calizo entero, que es una batalla perdida.
Flores blancas con el conjunto de estambres teñido de rojo en el centro. Ese eje central con los carpelos y los estambres en espiral es el rasgo que identifica a la familia.
El significado que se le ha atribuido
El nombre del género no viene de ninguna leyenda: se lo dedicó Linneo a Pierre Magnol, botánico de Montpellier, uno de los primeros en agrupar las plantas por familias. La primera especie descrita por los europeos fue una magnolia del este de Norteamérica, a finales del siglo XVII.
Lo que se le atribuye como significado es una convención cultural, y tiene dos orígenes distintos. En China, Magnolia denudata se cultivaba en los jardines imperiales desde hace siglos y se asociaba a la pureza y a la distinción; era una planta de rango, y su flor aparece con ese sentido en pintura y cerámica. En Occidente, el lenguaje de las flores del siglo XIX, ese código victoriano que asignaba mensajes a cada especie para intercambiar recados, le adjudicó la dignidad y el amor a la naturaleza. Y en Estados Unidos la magnolia acabó convertida en emblema del Sur, hasta ser la flor del estado de Misisipi.
Conviene entenderlo como lo que es: costumbre y literatura, no una propiedad de la planta. Una magnolia no transmite nada, se le ha atribuido. Lo mismo vale para su aroma, que es real y muy reconocible en el árbol, aunque la nota de magnolia de los perfumes suele ser una reconstrucción de laboratorio, porque extraer el aroma directamente de la flor es caro y da mal rendimiento.
En resumen
La magnolia no es una planta, son dos: el árbol perenne de flor grande en verano, que necesita sitio de sobra, y las caducas de flor temprana sobre la rama desnuda, que caben en un jardín pequeño y que arriesgan la floración con cada helada tardía. Su flor conserva rasgos de un linaje antiquísimo, con tépalos en vez de pétalos y sépalos, carpelos duros en espiral y escarabajos como polinizadores, y su fruto en forma de piña con semillas rojas colgando es de lo mejor que da en otoño.
Antes de comprar una, mira el agua y el suelo que tienes. Si son calizos, decide desde el principio si vas a maceta con sustrato ácido o si te quedas con otra planta, porque una magnolia clorótica no se arregla a base de abono. Y si el suelo acompaña, elige el tamaño adulto que de verdad te cabe, plántala donde no tengas que podarla nunca y déjala crecer, que es un árbol de los que mejoran con los años.