La semilla ha germinado y ya asoma un par de hojas. A partir de aquí la planta se alimenta sola: la luz le da la energía, el agua y el sustrato le dan el resto, y tu trabajo se reduce a que no le falte ninguna de las tres cosas y a quitarle de encima lo que le estorbe. Es un papel más modesto de lo que parece, y precisamente por eso se estropea tan a menudo por exceso de intervención.

Lo que más plantas jóvenes mata en una terraza no es la sequía ni el frío: es el riego de más. Un sustrato empapado día tras día deja sin aire a las raíces, que necesitan oxígeno igual que las hojas, y la planta se ahoga y se pudre por el cuello. La segunda causa es la competencia: raíces vecinas mucho más grandes y profundas que vacían de agua el mismo volumen de tierra antes de que a tu planta le llegue el turno.

Maceta con girasoles recién nacidos

Qué pasa dentro de la planta en esas primeras semanas

Las dos primeras hojas que salen no son hojas de verdad: son los cotiledones, la reserva de la semilla convertida en pieza vegetal. Alimentan a la plántula unos días y luego se marchitan y caen, y eso es normal, no una señal de alarma. Las que vienen después, con la forma característica de la especie, son las hojas verdaderas, y con ellas empieza la fotosíntesis en serio.

Mientras esto ocurre arriba, abajo el sistema radicular se está desplegando mucho más rápido de lo que se ve. En esas semanas la planta invierte casi todo en raíz, porque de ella dependerá luego. De ahí que un contratiempo temprano (una sequía fuerte, una maceta minúscula, un trasplante brusco) marque el resto del ciclo aunque la planta sobreviva.

El riego: cuánto y cada cuánto

No hay una cifra universal, y desconfía de quien te la dé. Depende del volumen de la maceta, del tamaño de la planta, de las horas de sol, del viento, de la temperatura y del tipo de sustrato. Una misma maceta puede pedir agua cada tres días en mayo y cada día en agosto.

Lo que sí es universal es la forma de decidirlo: mete el dedo en el sustrato hasta la segunda falange. Si sale húmedo, no riegas. Si sale seco, riegas. Con macetas pequeñas, sopesarlas también funciona muy bien, porque una maceta seca pesa notablemente menos.

Cuando toque regar, riega en condiciones: agua suficiente para que el sustrato se humedezca entero y salga algo por el agujero de drenaje. Los riegos cortos y frecuentes solo mojan los dos centímetros de arriba, y eso enseña a las raíces a quedarse en la superficie, justo donde antes se seca todo.

  • Riega en la tierra, no sobre la planta. Son las raíces las que absorben. Mojar el tallo y las hojas a pleno sol favorece hongos y, en una plántula, un chorro puede tumbarla.
  • A primera o a última hora. En verano, regar al mediodía significa que buena parte del agua se evapora antes de llegar abajo.
  • Vacía el plato. Una maceta con el pie permanentemente en agua acaba con las raíces asfixiadas.
  • Mejor quedarse corto que pasarse. Una planta con sed se recupera en unas horas tras un riego; una planta ahogada, casi nunca.

Distinguir sed de ahogo

Las dos cosas dan hojas caídas y mustias, y confundirlas hace que mucha gente riegue más una planta que se está muriendo por exceso de agua. La diferencia está en el tacto y en el color.

SeñalFalta de aguaExceso de agua
SustratoSeco, a veces despegado de las paredesHúmedo o encharcado, a veces con olor agrio
HojasBlandas, mustias, bordes secos y crujientesBlandas pero pesadas, amarilleo desde abajo
Reacción al riegoSe recupera en pocas horasNo mejora o empeora
Base del talloFirmeOscura o reblandecida

Si sospechas exceso, no riegues, mueve la maceta a un sitio aireado y espera a que el sustrato se seque de verdad. Si además el tallo está blando a ras de tierra, el daño suele estar hecho.

Acolchar: el truco que más agua ahorra

El agua de una maceta o de un bancal no se va solo por las raíces; una parte grande se evapora directamente desde la superficie del sustrato, sobre todo si le da el sol de lleno. Cubrir esa superficie con una capa de material vegetal corta esa pérdida y hace que la misma cantidad de agua dure bastante más.

Acolchado de restos vegetales entre dos plantas de cucurbitácea

Sirven las hojas secas, los restos de poda triturados, la paja o la corteza. La capa tiene que ser generosa, de varios centímetros: una mano de hojas sueltas no hace nada. Dos precauciones: deja unos centímetros libres alrededor del tallo, porque el material húmedo pegado al cuello favorece las podredumbres, y cuando riegues, aparta la capa o riega debajo, de forma que el agua llegue a la tierra y no se quede retenida arriba.

Girasoles jóvenes rodeados de una capa de hojas secas

El acolchado tiene otros dos efectos que se agradecen: amortigua las subidas de temperatura del sustrato en verano y frena la germinación de hierbas espontáneas, que necesitan luz para arrancar. Si quieres profundizar, en el sitio hay una entrada dedicada a el mantillo y sus usos.

La competencia por el agua es real

Una planta joven plantada al lado de arbustos establecidos lo tiene muy difícil. Un rosal de varios años, un seto o un árbol tienen raíces largas, profundas y con mucha más capacidad de absorción: se llevan el agua del riego antes de que llegue a las raíces cortas de la recién llegada. La planta se queda pequeña, con las hojas mustias por la tarde, y por mucho que riegues no remonta.

Plántula de calabaza en un arriate junto a otras plantas

La solución no es regar el doble, sino separar. En un arriate con vecinos grandes, planta a una distancia razonable del pie de esos vecinos, o cultiva directamente en maceta o en un cajón, donde el volumen de sustrato es tuyo y de nadie más. Cortar raíces ajenas a golpe de azada funciona a veces, pero rebrotan y de paso se maltrata a la planta grande.

Malas hierbas y mantenimiento

Alrededor de tus plantas van a salir hierbas espontáneas, y en una maceta compiten por el mismo litro de agua y los mismos nutrientes. Quitarlas cuando son pequeñas cuesta un minuto y sale la raíz entera; cuando ya están hechas, arrancarlas remueve las raíces de lo que te interesa. Hazlo con el sustrato ligeramente húmedo y con la mano, tirando desde la base.

Aparte de eso, el mantenimiento de estas semanas es poco más que mirar. Revisa el envés de las hojas de vez en cuando, que es donde se instalan pulgones y ácaros, y quita las hojas secas o dañadas de la base para que el aire circule.

Cuándo trasplantar

Una plántula de semillero se trasplanta cuando tiene dos o tres pares de hojas verdaderas y se puede coger por el cepellón sin que se deshaga. Antes es frágil; mucho después, las raíces habrán empezado a dar vueltas al recipiente.

  • Riega el semillero un rato antes: el cepellón sale entero y las raíces sufren menos.
  • Coge la plántula por las hojas o por el cepellón, nunca por el tallo, que se aplasta con nada.
  • Prepara el hoyo antes de sacarla, para que pase el menor tiempo posible con las raíces al aire.
  • Trasplanta a última hora de la tarde o en un día nublado, y riega justo después.
  • Cuenta con unos días de parón. Es normal: la planta está rehaciendo raíces antes de volver a crecer.

Lo que sí conviene esperar

El crecimiento no es lineal ni igual para todas. Las cucurbitáceas y los girasoles avanzan muy rápido en cuanto hace calor y se nota de una semana a otra; otras especies pasan semanas aparentemente quietas mientras trabajan bajo tierra. Y no todo lo que siembras llega a fruto: es perfectamente normal perder una parte por el camino.

Girasoles al cabo de un mes de la siembra

Cuando una planta se queda atrás pese a recibir el mismo riego que sus vecinas, casi siempre hay una explicación de este tipo: menos horas de sol, menos volumen de sustrato, un drenaje peor o unas raíces ajenas compitiendo debajo. Merece la pena buscarla antes de cambiar de fertilizante.

En resumen

Después de germinar, una planta necesita luz abundante, un sustrato que se moje entero y se seque entre riegos, espacio para sus raíces y una capa de acolchado que le conserve la humedad. Comprobar el sustrato con el dedo antes de cada riego resuelve la mayoría de los problemas, porque evita el error más caro, que es regar por costumbre y no por necesidad.

Si algo va mal, mira primero el agua, después la luz y después la competencia de raíces, en ese orden. Y guarda la calma con los ritmos: hay semanas en las que no pasa nada visible y en cambio se está construyendo todo lo que sostendrá a la planta cuando llegue el calor. Si aún estás en la fase anterior, repasa cómo plantar una semilla.


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