Plantar una semilla es enterrarla a la profundidad justa en un sustrato húmedo y esperar. La regla que resuelve casi todos los casos es sencilla: se entierra a una profundidad de dos o tres veces su propio grosor. Una semilla de girasol o de melón, que abulta como una uña, va a un par de centímetros. Una de albahaca o de lechuga, que es poco más que polvo, se queda casi en la superficie, apenas cubierta.
Lo demás es acompañar. La semilla ya trae dentro toda la reserva que necesita para salir; no le hace falta abono, ni un sustrato rico, ni sol directo hasta que asome. Le hacen falta tres cosas: humedad constante, una temperatura razonable y aire en la tierra. Si le das eso y la dejas en paz, germina. La mayoría de los fracasos de un principiante vienen de haberla enterrado demasiado, de haberla ahogado a base de riegos o de haber sembrado en el mes equivocado.
Qué le pide una semilla para germinar
Una semilla seca está en estado de latencia: viva, pero parada. Lo que la despierta es el agua. Al absorberla se hincha, la cubierta se rompe y el embrión empieza a consumir las reservas del propio grano. A partir de ese momento ya no hay marcha atrás, y si el sustrato se seca del todo durante ese proceso, la semilla se pierde.
- Humedad estable. Húmedo como una esponja escurrida, no encharcado. Los ciclos de seco y empapado son lo que más semillas mata.
- Temperatura. La mayoría de las hortalizas y flores de temporada germinan bien entre los 18 y los 25 grados. Por debajo tardan mucho más; por encima de los 30 muchas se bloquean.
- Aire. Las raíces respiran. Un sustrato apelmazado o permanentemente encharcado se queda sin oxígeno y la semilla se pudre antes de salir.
- Luz, según la especie. Casi ninguna la necesita para germinar, pero las semillas muy finas se siembran en superficie y algunas agradecen la claridad. En cuanto asoma el primer par de hojas, la luz pasa a ser lo más importante de todo.
A qué profundidad va cada semilla
Esta tabla resuelve la duda para lo que se siembra normalmente en casa. Son orientaciones: si dudas entre dos valores, quédate siempre con el menor. Una semilla demasiado superficial puede secarse y la repites; una enterrada de más gasta toda su reserva intentando llegar a la luz y no lo consigue.
| Tipo de semilla | Ejemplos | Profundidad |
|---|---|---|
| Muy fina | Albahaca, lechuga, zanahoria, tomillo | En superficie o cubierta con medio centímetro escaso |
| Mediana | Tomate, pimiento, berenjena, rabanito | Alrededor de un centímetro |
| Grande | Girasol, calabaza, melón, pepino | Dos o tres centímetros |
| Muy grande | Judía, guisante, haba, maíz | Tres o cuatro centímetros |
El sustrato importa más de lo que parece
Para germinar no sirve cualquier tierra. La del jardín, metida en una maceta, se compacta con los riegos y forma una costra por la que un tallo recién nacido no pasa. Lo que funciona es un sustrato ligero, que retenga agua pero deje pasar el aire: turba o fibra de coco con una parte de perlita o de vermiculita, o directamente un sustrato de semillero comercial, que ya viene con la textura fina y sin abonar en exceso.
Los abonos en este momento sobran. Un sustrato muy rico no acelera la germinación y puede quemar las raíces recién formadas. El abono llega después, cuando la planta ya tiene varias hojas verdaderas y ha agotado lo que traía de casa.
Paso a paso en una maceta
Vamos con el caso más habitual: una maceta, sustrato y unas cuantas semillas. Si vas a usar pipas de un melón que tienes en la nevera, sepáralas de la pulpa, lávalas bien y déjalas secar un día sobre papel; las semillas que quedan con restos de fruta se enmohecen con facilidad.

Llena la maceta hasta unos dos dedos por debajo del borde y golpéala suavemente contra la mesa para asentar el sustrato, sin apretarlo con la mano. Riega antes de sembrar: es mucho más fácil humedecer bien la tierra vacía que después, con la semilla puesta y el riesgo de desenterrarla.
Haz el hoyo con el dedo a la profundidad que toque, deja caer la semilla y cúbrela sin compactar. En las semillas grandes, ponerlas tumbadas de lado en lugar de de punta les facilita el trabajo.

Después, un riego suave. Que el agua no caiga a chorro sobre el punto donde has sembrado, porque la desplaza y la deja a la vista o la entierra más de la cuenta. Un pulverizador o un vaso vertido despacio contra la pared de la maceta hacen el trabajo.
Siembra siempre más de una. Aunque el paquete diga que germina el noventa por ciento, en casa nunca sale así. Dos o tres semillas por maceta, y si nacen todas, dejas la más fuerte y cortas las otras a ras de tierra con unas tijeras en lugar de arrancarlas, para no mover las raíces de la que se queda.
¿Hay que remojar las semillas antes?
Es una práctica muy extendida y en algunos casos ayuda de verdad, pero no en todos. Tiene sentido en semillas de cubierta dura y gruesa (judías, guisantes, habas, calabaza), donde unas horas de remojo, entre seis y doce, adelantan la entrada de agua y por tanto la salida. Doce horas suelen ser el techo: pasado ese punto la semilla se queda sin oxígeno y empieza a fermentar.
En semillas pequeñas y de cubierta fina no aporta nada, y encima las vuelve pegajosas e imposibles de manejar. Si tienes dudas, siémbralas en seco sobre sustrato bien humedecido y déjate de complicaciones.
Los primeros días, hasta que asome
Este es el tramo delicado. La superficie del sustrato tiene que mantenerse húmeda de forma continua, porque es justo ahí donde está la semilla. Un truco que funciona bien es tapar la maceta con un plástico transparente o un plato hasta que veas los primeros brotes: la humedad se conserva sola y casi no hay que regar. En cuanto asome algo verde, se retira, sin excepción, porque si sigue puesto las plántulas se estiran y se pudren.
Y ahí sí llega la luz. Una plántula recién nacida en un sitio oscuro se estira buscando la ventana, se queda con un tallo largo, fino y pálido, y ya no se recupera. Colócala en el punto más luminoso que tengas y gírala cada dos días para que crezca recta.

Métodos de siembra
En una terraza o un alféizar todo se reduce a sembrar en macetas o en semillero, pero conviene conocer los nombres porque aparecen en cualquier manual y algunos se pueden llevar a una jardinera grande o a un bancal.
- A voleo. Se esparcen las semillas por la superficie y se cubren con una capa fina de sustrato. Rápido, pero irregular. Va bien para céspedes, abonos verdes y hojas de corte.
- En líneas o surcos. Se abre una zanja poco profunda, se siembra dentro y se cubre. Facilita luego el riego, el aclareo y distinguir lo sembrado de lo que sale solo.
- A golpes o en hoyos. Dos o tres semillas por hoyo, separados entre sí. Es lo propio de semillas grandes: calabaza, melón, judía.
- A tresbolillo. En zigzag, con cada planta en el centro del hueco que dejan las de la fila anterior. Aprovecha mejor el espacio y airea más el conjunto.
- En semillero. Se siembra en alvéolos o recipientes pequeños y se trasplanta cuando la planta tiene un tamaño manejable. Es lo más eficiente si el espacio de cultivo escasea o si quieres adelantar la temporada a cubierto.
Cuándo sembrar
No todo se siembra en cualquier momento, y esta es la causa silenciosa de muchos fracasos. Las especies de verano (melón, calabaza, tomate, girasol) piden calor y días largos: se siembran en primavera, y si el sitio es frío, primero en semillero protegido. Las de hoja y de raíz aguantan mucho mejor el fresco y admiten siembras de otoño y de final de invierno.
Si estás leyendo esto en pleno invierno y te apetece sembrar un melón, puedes hacerlo y probablemente germine junto a una ventana, pero la planta se quedará estancada y no llegará a fruto. Merece más la pena esperar unas semanas o cambiar de cultivo. La regla práctica: mira la temperatura mínima nocturna de tu zona, y para las especies de calor no siembres fuera hasta que se sostenga por encima de los diez grados.
Errores frecuentes
- Enterrar de más. El más común con diferencia, y no tiene arreglo una vez hecho.
- Regar demasiado. Un sustrato empapado durante días pudre la semilla. Húmedo, no encharcado, y siempre con agujero de drenaje en la maceta.
- Dejar el plástico puesto. Después de la germinación deja de ayudar y empieza a hacer daño.
- Poca luz tras nacer. Produce plántulas larguiruchas que se doblan solas.
- Semillas viejas. Pierden capacidad de germinar con los años, cada especie a su ritmo. Si son de hace mucho, siembra el doble.
- Impaciencia. Hay semillas que tardan cuatro días y otras dos o tres semanas. Escarbar para ver qué pasa es la forma más segura de estropearlas.
En resumen
Plantar una semilla es poco más que enterrarla dos o tres veces su grosor en un sustrato ligero y húmedo, mantener esa humedad estable hasta que asome y darle luz en cuanto lo haga. Ni el abono, ni el remojo, ni la maceta cara cambian gran cosa; la profundidad, el agua justa y la época del año lo cambian todo.
Siembra varias, apunta la fecha en una etiqueta y date margen. Lo que se aprende de las que no salen es exactamente lo mismo que se aprende de las que sí, y con dos o tres tandas ya tendrás calibrado cuánta agua pide tu maceta en tu ventana, que es un dato que no viene en ningún sobre de semillas.