Las suculentas y los cactus alpinos son los que viven por encima del límite del arbolado, en montañas donde el invierno es largo, la radiación ultravioleta intensa, el viento constante y la temporada de crecimiento corta. En un jardín español no fallan por frío: fallan por dos cosas que en su montaña no existen, la humedad estancada del invierno y el calor húmedo del verano a baja altitud.

Esa es la clave de todo su cultivo. Un Sempervivum aguanta sin inmutarse noches muy por debajo de cero bajo la nieve, y se pudre en una maceta encharcada de una terraza costera a diez grados. Si se resuelve el drenaje y se les da sol y aire, son de las plantas más duraderas y menos exigentes que se pueden tener.

Qué es una planta alpina

El ambiente alpino aparece allí donde la montaña supera la altitud a la que pueden crecer los árboles. No es una cuestión de latitud: existe en los Pirineos y en Sierra Nevada igual que en los Andes o en el Himalaya, solo que a alturas distintas.

Las condiciones son duras y muy específicas: temperaturas bajas con oscilaciones fuertes entre el día y la noche, radiación ultravioleta muy superior a la del llano, viento persistente que deseca, suelos jóvenes formados por fragmentos de roca con poca materia orgánica, agua abundante en el deshielo pero de drenaje inmediato, y una temporada de crecimiento de pocos meses.

Hay un matiz que suele pasarse por alto: en muchas de esas montañas la nieve funciona como aislante. Bajo un manto de nieve la planta pasa el invierno a una temperatura estable en torno a cero grados, seca y protegida del viento. Reproducir eso en un jardín de llanura es imposible, y por eso el invierno húmedo y sin nieve del clima atlántico o mediterráneo les resulta más agresivo que el frío real de su hábitat.

Cómo se adaptan

  • Tamaño reducido y porte en cojín o roseta. Crecer pegado al suelo aprovecha la capa de aire más templada y protege del viento. Las plantas en almohadilla generan además su propio microclima interior.
  • Ciclo corto. Brotan, florecen y fructifican en pocas semanas, aprovechando la ventana entre el deshielo y las primeras heladas.
  • Protección frente a la radiación. Pilosidad densa, ceras, pruina y pigmentos como las antocianinas, responsables de los tonos rojizos y púrpuras que se intensifican con el sol fuerte y el frío.
  • Hojas suculentas. En alta montaña el agua está a menudo congelada y por tanto no disponible, así que la sequía fisiológica es real pese a la nieve.
  • Raíces profundas o muy ramificadas para anclarse en sustratos inestables y buscar humedad entre las rocas.

Los géneros que interesan al jardinero

Sempervivum. Es el género alpino por excelencia y el más fácil. Nativo de las montañas europeas, incluidos los Pirineos, forma rosetas compactas que producen hijuelos unidos por estolones hasta cubrir la superficie disponible. Extremadamente rústico. Sus rosetas son monocárpicas: la que florece muere, pero deja alrededor una decena de hijas, así que la colonia continúa.

suculentas alpinas

Sedum de montaña. Varias especies del género viven en roquedos y pedreras de alta montaña europea, y son igual de resistentes. Se combinan bien con los sempervivos porque piden lo mismo.

Lewisia. De las montañas del oeste de Norteamérica, con rosetas de hojas carnosas y flores llamativas en tonos rosados, salmón y blanco. Es la más vistosa del grupo y la más delicada: no tolera el agua acumulada en el centro de la roseta. Se planta clásicamente en una grieta vertical de la rocalla o inclinada en la pared de una artesa, para que el agua escurra y nunca se quede en el corazón de la planta.

Azorella. Género andino de la familia Apiaceae que forma cojines durísimos y compactos. La llareta, Azorella compacta, crece en el altiplano a gran altitud y a un ritmo tan lento que un cojín grande tiene siglos. Es una planta fascinante pero no de jardín, y sus poblaciones han sufrido mucho por la extracción como combustible.

Dónde funcionan en España

En la mitad norte, en zonas de montaña y en el interior con inviernos fríos y veranos no excesivamente húmedos, los sempervivos y los sedum alpinos van solos. Es su clima.

En el litoral mediterráneo y en el sur el problema no es el invierno sino el verano: calor sostenido de noche, humedad y sustrato caliente. Ahí conviene darles algo de sombra en las horas centrales de julio y agosto, cultivarlos en artesa elevada para que corra el aire por debajo y usar sustrato claramente mineral. En el interior seco, con noches frescas, se comportan mejor que en la costa aunque las máximas diurnas sean más altas.

Las Lewisia son la excepción difícil: en la mitad sur peninsular sufren mucho y suelen requerir posición fresca y sombreada en verano.

El error de cultivo: el agua de invierno

Es el punto que decide si la colección dura años o una temporada. Con temperatura baja la planta está parada, no consume agua y no transpira. Si además el sustrato retiene humedad, el agua se queda semanas alrededor de la raíz sin oxígeno y los hongos del suelo hacen el resto. El resultado es una podredumbre del cuello que aparece en pleno invierno o al empezar la primavera.

No es la falta de riego lo que mata a estas plantas. Es el riego de invierno sobre un sustrato que no drena, y en exterior, la lluvia continuada sobre una maceta mal montada.

La solución es de montaje, no de producto: sustrato mineral, drenaje rápido, acolchado de gravilla y, en zonas de invierno lluvioso, un cristal o una placa transparente elevada sobre la artesa que deje pasar la luz y el aire pero desvíe la lluvia. Es una técnica clásica de los cultivadores de alpinas y funciona muy bien.

Rocalla, artesa e hypertufa

La rocalla clásica reproduce el hábitat: pendiente, piedras de buen tamaño enterradas en parte, y las plantas colocadas en las grietas y en los bordes, nunca en el fondo donde se acumula el agua.

La artesa, ya sea de piedra, de hormigón o de hypertufa, es la solución para una terraza o un patio pequeño. La hypertufa se hace con cemento, turba y perlita o arena, imita la piedra porosa, pesa poco y envejece bien, con musgos y líquenes. La condición innegociable en cualquier recipiente es el drenaje: agujeros amplios en la base y, si el fondo es plano, una capa de grava gruesa. Si la artesa comprada no tiene agujeros suficientes, se le hacen más.

Sustrato y acolchado

La mezcla es mayoritariamente mineral: gravilla, arena silícea gruesa, pómice o picón, con una fracción pequeña de sustrato para dar algo de retención y nutrientes. Nada de turba como componente principal ni de tierra de jardín. Estas plantas vienen de suelos pobres y esqueléticos y crecen más compactas y más coloreadas cuanto más pobre es el medio.

El acolchado superficial de gravilla no es decorativo: mantiene seco el cuello de la planta, que es exactamente por donde entra la podredumbre, evita salpicaduras de tierra sobre las hojas al llover y modera la temperatura del sustrato. Es de las medidas que más rendimiento dan por el trabajo que cuestan.

Riego, abonado y calendario

Se plantan preferentemente en primavera, cuando el suelo empieza a calentarse, o a principios de otoño, para que enraícen antes del invierno. Durante el primer año necesitan riegos regulares hasta establecerse; después, muy pocos.

En verano se riega solo en episodios largos de calor y sequía, y siempre al sustrato, por la mañana temprano. En invierno el riego se suspende prácticamente por completo. El abonado es mínimo o nulo: un exceso de nitrógeno produce rosetas grandes, blandas, descoloridas y mucho más propensas a pudrirse.

Multiplicación

Los Sempervivum se multiplican solos y sin ayuda. Basta con separar los hijuelos con su pequeña raíz en primavera o principios de otoño y plantarlos donde interese. Lo mismo vale para la mayoría de sedum alpinos, que enraízan a partir de cualquier fragmento de tallo.

Las Lewisia se propagan por semilla, que suele requerir un periodo de frío para germinar, y por separación de rosetas laterales en las especies que las producen. Es más lenta y más delicada que el resto.

Cactus de alta montaña

Existen cactáceas de altitud realmente resistentes al frío, especialmente en los Andes y en las montañas de Norteamérica, y varias están cubiertas de una lana densa o de espinas muy juntas que actúan como protección frente a la radiación y las heladas. Como grupo son plantas de coleccionista, exigen el mismo montaje que las alpinas y son incluso menos tolerantes a la humedad invernal.

Hay un dato legal que conviene tener presente: toda la familia Cactaceae está incluida en el Apéndice II de CITES, el convenio sobre comercio internacional de especies amenazadas. Eso significa que su comercio internacional está regulado y requiere documentación. En la práctica, para el aficionado se traduce en algo sencillo: se compran plantas de vivero con su documentación en regla y no se recolectan ejemplares del medio natural ni se compran plantas de origen dudoso. Muchas especies de altura tienen áreas de distribución diminutas y la recolección ilegal es una amenaza real para ellas.

En resumen

Las suculentas alpinas son plantas de sol, viento y suelo pedregoso, adaptadas a inviernos duros pero secos bajo la nieve y a veranos frescos. En un jardín español lo que hay que reproducir no es el frío, que sobra, sino el drenaje y la ventilación: sustrato mineral, rocalla o artesa con agujeros amplios, acolchado de gravilla y protección frente a la lluvia continuada del invierno.

Con eso, un grupo de Sempervivum y de sedum de montaña se mantiene solo durante años y se extiende por hijuelos sin ningún esfuerzo. Las Lewisia piden algo más de cuidado, sobre todo que no les quede agua en el centro de la roseta, y las cactáceas de altitud son terreno de coleccionista, con el añadido de que toda la familia está en el Apéndice II de CITES y solo deben adquirirse en vivero.


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