Cuando una suculenta saca flor, la pregunta habitual es si conviene cortarla o dejarla. La respuesta corta: en la mayoría de los géneros da igual para la salud de la planta y es una decisión estética, pero en las especies monocárpicas la floración marca el final de esa roseta y ahí sí hay que saber qué se está haciendo.

Y una aclaración previa que ahorra disgustos: las flores no se siembran. Plantar una flor cortada no produce una planta nueva. Lo que puede dar plantas nuevas es la semilla que esa flor produzca si es polinizada, y la vía rápida y fiable para multiplicar suculentas sigue siendo la hoja, el esqueje o el hijuelo.

De la flor a la semilla

Para que haya semilla, la flor tiene que ser polinizada. Muchas suculentas son autoincompatibles, es decir, no fructifican con su propio polen, y necesitan otra planta genéticamente distinta de la misma especie. Dos Echeveria procedentes de la misma planta madre, multiplicadas por hoja, son clones y no se polinizan entre sí.

Después hay que esperar a que el fruto madure, recoger la semilla, sembrarla y criar las plántulas, que en muchos géneros tardan años en alcanzar tamaño. Y en el caso de los híbridos de jardinería, que es casi todo lo que se vende, la semilla no reproduce la planta madre: la descendencia sale distinta.

Por eso la semilla interesa a quien quiere obtener variabilidad o cultivar especies puras, y no a quien simplemente quiere otra planta igual.

Cortar o dejar la flor

Florecer cuesta energía. Una Echeveria que levanta un escapo de treinta centímetros y lo mantiene semanas está gastando reservas que no van a la roseta. Si se corta pronto, ese gasto se redirige al crecimiento vegetativo. Si se deja, la planta crece algo menos ese año, sin más consecuencias.

Hay dos razones prácticas para cortar. La primera es que los escapos florales tiernos son un imán para el pulgón, que se instala en el tallo y en los botones y desde ahí puede pasar a la roseta. La segunda es que, en plantas jóvenes o debilitadas, ese esfuerzo se nota.

Y una para dejarla: las flores de muchas suculentas duran semanas y son bonitas, atraen polinizadores y no dañan a la planta. En un ejemplar maduro y sano, dejar florecer no tiene ningún inconveniente.

Las monocárpicas: aquí la decisión importa

Algunas suculentas florecen una sola vez y mueren después. No es una enfermedad ni un error de cultivo, es su ciclo.

  • Sempervivum. La roseta que florece muere, pero antes ha producido decenas de hijuelos alrededor, así que el grupo continúa. Se corta la roseta seca y no se pierde nada.
  • Aeonium. La roseta que emite la inflorescencia muere. En las especies muy ramificadas eso significa perder una rama; en Aeonium tabuliforme y otras de roseta única, se pierde la planta entera.
  • Agave. Florecen una única vez tras muchos años y la planta madre muere después, dejando hijuelos de raíz. El escapo puede alcanzar varios metros.

En estos casos, cortar la inflorescencia en cuanto asoma no salva la planta. Una vez iniciada la floración, la roseta ya ha entrado en su fase final. Lo que sí conviene es asegurarse de que hay hijuelos enraizados antes de que la madre desaparezca, y separarlos si hace falta.

En las Echeveria, Haworthia, Crassula, Sedum, cactáceas y la inmensa mayoría de suculentas de colección no ocurre nada de esto: florecen desde ramas o escapos laterales, año tras año, y siguen vivas.

Cómo y cuándo cortar el escapo

El momento es cuando las flores se han marchitado y el tallo empieza a secarse. Cortar antes es prescindible, salvo que haya un problema de plaga o de vigor.

Se corta en la base del escapo, lo más cerca posible del punto de inserción y sin dañar las hojas de alrededor. El corte debe ser limpio, de un solo golpe, con una tijera de podar afilada o unas tijeras de precisión; los desgarros y las magulladuras dejan tejido machacado por donde entran los hongos con facilidad. Las tijeras se limpian y desinfectan antes de pasar de una planta a otra.

En Sempervivum y Aeonium, cuando la roseta ha muerto tras florecer, se retira entera, cortando por el tallo.

Cuándo florecen en España

Cada género tiene su época, y conocerla evita pensar que la planta está estropeada porque no da flor en primavera.

  • Echeveria: escapos laterales desde primavera hasta principios de verano, con flores acampanadas naranjas, rosadas o amarillas.
  • Haworthia: inflorescencias largas y finas con flores blancas discretas, sobre todo en primavera.
  • Aeonium: crecen en invierno y florecen a finales de invierno y en primavera, con grandes panículas amarillas o blancas.
  • Sedum: verano y otoño. Los sedum grandes de jardín son de las suculentas más visitadas por abejas y mariposas.
  • Kalanchoe blossfeldiana: invierno, y es una planta de día corto.
  • Schlumbergera, el cactus de Navidad: otoño e invierno, también dependiente del fotoperiodo.
  • Lithops: otoño, con una flor grande en relación con el cuerpo de la planta.
  • Cactáceas columnares y globosas: la mayoría en primavera y verano. Algunas, como los cereus nocturnos, abren de noche y la flor dura una sola noche.

Cómo conseguir que florezcan

Tres factores lo explican casi todo, y ninguno es un producto.

Madurez. Una planta joven no florece por mucho que se la cuide. En algunas cactáceas globosas eso significa varios años.

Luz. Es el factor limitante en interior. Una planta que apenas mantiene la roseta compacta no va a florecer. La misma planta en una terraza, con sol directo la mayor parte del día, florece.

Reposo invernal fresco y seco. Es la clave menos conocida y la más determinante en cactáceas y en muchas crasas. Un invierno con temperaturas frescas, sin heladas, y con el riego prácticamente suspendido induce la floración de la primavera siguiente. Una planta que pasa el invierno a veintipico grados junto a un radiador y con riego regular crece un poco y no florece nunca. En el interior peninsular esto se consigue en un porche cerrado o en una habitación sin calefacción.

En Kalanchoe blossfeldiana y Schlumbergera hay además un requisito de fotoperiodo: necesitan noches largas e ininterrumpidas para inducir la flor, y la luz artificial de una habitación por la noche puede bastar para impedirlo.

Cuidados durante la floración

La planta en flor sigue el mismo régimen de riego que el resto del año: empapar y dejar secar. No hace falta regar más porque esté florecida, y desde luego no hay que mojar las flores, que se pudren con facilidad.

Sobre el abonado conviene ser exacto, porque circula mucha confusión. Un abono equilibrado o bajo en nitrógeno, formulado para cactáceas y suculentas, aplicado diluido durante el crecimiento activo, es suficiente; los abonos específicos para suculentas están pensados precisamente para eso, con menos nitrógeno que un abono universal. Lo que no es cierto es que una dosis alta de fósforo fuerce la floración de una planta que no está en condiciones de florecer: quien decide es la madurez, la luz y el reposo invernal. El exceso de abono, sea cual sea la fórmula, produce tejido blando y acumula sales.

El pulgón es el visitante habitual de los escapos florales. En focos pequeños, un chorro de agua o una aplicación de agua jabonosa lo resuelve; los jabones potásicos de uso hortícola hacen lo mismo con una formulación pensada para plantas, y son de los productos más sencillos de tener a mano en una terraza. Se aplican siguiendo la etiqueta, nunca con la planta al sol, y no sobre hojas con pruina, porque la eliminan. Si la planta está en flor y hay polinizadores alrededor, no se trata en horas de vuelo.

En resumen

Cortar o no la flor de una suculenta es, en casi todos los géneros, una cuestión de gusto. Cortarla devuelve algo de energía a la roseta y evita que el pulgón se instale en el escapo; dejarla no perjudica a una planta madura y sana. Cuando se corta, se hace en la base, con tijera limpia y afilada, y una vez marchita.

La excepción son las monocárpicas, Sempervivum, Aeonium y Agave, donde la roseta que florece muere y cortar la inflorescencia no lo evita; lo que toca ahí es asegurar los hijuelos. Y si lo que se busca es que florezcan más, la respuesta no está en el abono, sino en dar luz suficiente y en respetar un invierno fresco y seco.


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